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martes, 26 de mayo de 2009

LA REENCARNACIÓN Y LA EVOLUCIÓN DEL SER HUMANO




Cada cierta cantidad de años surge entre la humanidad una nueva enseñanza o idea que indica el comienzo de una nueva era para el progreso de la misma. Hace poco más de un siglo nació el concepto de la “Evolución” unido a la cual y a continuación surgió el de la “Reencarnación”. Reencarnación significa el sucesivo renacimiento de la vida en formas (cuerpos) más capacitadas para sentir y pensar, y Evolución significa el sucesivo ascenso de esa vida a través de formas cada vez más complejas en su estructura. Aunque esta obra solo trata del renacimiento del hombre, hay que dejar claro que estos dos principios están siempre unidos y también se relacionan con los tres reinos que nos siguen. La diferencia, como ya hemos dicho, es que la vida que anima una planta pertenece a un espíritu grupal que evoluciona a través de esa especie de planta pero la vida de esa planta no evoluciona de forma individual sino que evoluciona a través de las especies. Lo mismo ocurre con los animales, la vida de un animal salvaje evolucionará a través de las diferentes especies o razas hasta alcanzar una que conviva con el hombre donde la propia afinidad le lleve a las puertas de la individualización como ser humano.
El ser humano que en su momento tuvo un estado de conciencia (no un cuerpo) similar al del animal, evoluciona a través de los cuerpos de las diferentes razas renaciendo cada, aproximadamente, mil cien años cuando la Tierra ha cambiado lo suficiente como para poder experimentar en otro ambiente. Pero el ser humano no viene por primera y última vez de un estado espiritual ni renace en cuerpos de plantas o animales como algunos afirman, pues esto sería un atraso en su evolución. El objeto del renacimiento es facilitar al Alma las experiencias y los medios necesarios para que progrese en conocimiento y en espiritualidad, lo que le hará sabio y creador gracias al desarrollo dinámico de sus poderes latentes.
Si, como dijo Cristo, debemos ser perfectos como nuestro Padre en los cielos es perfecto, está claro que la única manera de conseguirlo es a través del renacimiento y la evolución. Nosotros no mandamos a un hijo un día a primarias, otro al instituto y otro a la universidad para que obtenga una carrera, al igual, la humanidad se sirve de lo aprendido en una vida para progresar un poco más en la siguiente hasta que alcance la perfección espiritual. Lo mismo que no recordamos detalladamente como aprendimos muchas cosas en la infancia, tampoco el hombre que renace recuerda como desarrollo determinadas facultades que él tiene desde que nació.
Si bien hay millones de orientales que viven en la creencia de un más allá y en que el Alma renace aún sin tener “pruebas” de ello, a la vez que otros muchos no creen en determinados descubrimientos científicos, en occidente, creemos en la gravedad, en el magnetismo, en fuerzas invisibles e hipótesis que no podemos ver, oír ni tocar y sin embargo no creemos en la reencarnación. La mayoría de los occidentales prefieren creer que todo es fruto de la casualidad, de la nada o de la naturaleza que ha creado el Universo pero, si desde el átomo hasta un sistema solar todo está dentro de un orden (no de un caos) y unas leyes ¿Quién ha creado ese orden y para qué?
Como el fin de la existencia del hombre es la perfección a través de la evolución y esta perfección no se puede alcanzar en una sola vida, no queda otra explicación más lógica que creer en el renacimiento. Una vez que se cree en el renacimiento y antes de creer en un Dios personal que pone a cada hijo suyo en cualquier lugar incluso como si no tuviera sentimientos, es mejor creer en la Ley de Consecuencia o de Causa y Efecto. Una vez aclarado esto, lo que hay que tener claro es que es el Yo superior el que, en forma de vida individual, se manifiesta a través de los cuerpos que necesita para poder experimentar y evolucionar en la Tierra. Después de la vida física, esa “vida individual” va abandonando los cuerpos que ya no necesita (como el niño abandona los libros según pasa de curso) previa extracción del desarrollo obtenido con cada uno de ellos, el cual va guardando y acrecentando el Yo superior. De esta forma se puede ver el renacimiento, la vida individual se puede manifestar con mil profesiones, caracteres, etc. pero esas personalidades mueren y la vida que las animó subsiste y las enlaza sirviéndose de las anteriores para progresar en las siguientes. El origen de esa vida son los mundos espirituales a los que en un futuro volveremos, pero mientras tanto el Alma va ensartando el resultado de las experiencias de sus personalidades como si se tratara de un rosario; de esta forma volveremos al lugar de donde procedemos pero con nuestro “título” obtenido.
Hay quien opina que la vida en el más allá (la muerte) es como un sueño, y en cierto modo tienen razón porque vamos al lugar que nos corresponde de acuerdo a nuestras creencias, fe y carácter. De esta forma el malvado se encontrará entre malvados, el materialista que no ha hecho mal pero tampoco se ha esforzado en hacer el bien se encontrará con una vida post-morten monótona entre sus negocios, y el incrédulo que no tiene fe en la inmortalidad del Alma ni en otra vida se encontrará en una especie de vacío. Pero eso no es todo, como la Ley del Karma es justa y como, aunque los cuerpos se desintegren, ciertos éteres que los componían tienen relación con nuestra vida pasada, éstos volverán a formar parte de nuestro destino y cuerpos (similarmente al estado post-morten) para formar parte del destino que nos corresponde. El Yo superior es inmortal y por tanto solo asimila la “esencia espiritual” de cada vida rechazando lo contrario. Por consiguiente, quien rechaza la idea de la inmortalidad del Alma y el renacimiento está retrasando su progreso como el niño que suspende y no quiere estudiar para intentar aprobar en una segunda oportunidad.
En la vida de cualquier persona hay un tiempo de adaptación al medio, otro de aprendizaje en el manejo de los objetos físicos y, cuando se es adulto y profesional, hay otro tiempo en el que se esfuerza por progresar (para no quedarse atrás) a la vez que en sus horas de descanso asimila cada nuevo conocimiento que obtiene. Así mismo, el Yo espiritual, el peregrino o pensador, se adapta en sus primeros renacimientos como tal, experimenta y llega a dominar la materia física, y asimila lo aprendido después de cada muerte para así ser más “profesional” en la siguiente vida. Así es que, las vidas aquí en la tierra son el medio de experimentación y aprendizaje, mientras que la vida después de la muerte es la manera en que el Yo superior asimila la esencia espiritual de las experiencias para poder evolucionar y desarrollar su poderes latentes. Sin embargo, tanto una vida como la otra son una especie de ilusión y sueño donde el actor (el hombre) actúa y cuya experiencia y maestría repercuten en el guionista, (el Yo superior) lo que le servirá a este último para crear otra obra de mayor calidad.
Si nosotros fuésemos incapaces de ver y estudiar lo que ocurre bajo la tierra cuando se planta una semilla estaríamos en el mismo caso de los animales que son ignorantes de todo ello. Diríamos que, en ese caso, veríamos la planta pero ignoraríamos que el origen está en lo invisible, es decir, en la semilla y en las fuerzas de la naturaleza. El hombre es la planta, el Yo superior es la semilla y la fuerza o vida es el propio Espíritu creado por Dios. Y lo mismo que nosotros plantamos la semilla y la cuidamos y regamos para que dé fruto, así mismo hace Dios con nosotros; de ahí la parábola del sembrador.
El renacimiento debe existir hasta que el hombre (la vida reencarnante) sea capaz de expresar perfectamente la conciencia del Yo superior, pero mientras tanto renace de acuerdo al deseo de experiencia como base de la evolución. Los renacimientos nunca son independientes, lo mismo que nosotros pertenecemos a una familia también el hombre que renace lo hace unido a otras Almas pertenecientes al mismo grupo con los cuales tiene alguna relación kármica. El hombre renace sin apremio y de acuerdo al karma grupal e individual, pero también lo hace por responsabilidad y para cumplir sus obligaciones y hacer frente a las deudas cuanto antes. Cuanto más evolucionado antes vuelve para cumplir con esos requisitos y más disfruta con sus cualidades espirituales en la vida, incluso ayudando a los que van tras de él.
La Ley de Renacimiento fue necesaria desde el mismo momento en que obtuvimos la autoconciencia y comenzamos a ser responsables de nuestros actos, por eso va unida a la de Causa y Efecto. Pero esta ley no ha sido comprendida en Occidente y ha sido mal interpretada en Oriente porque ha hecho que se dediquen a la vida interna y no a experimentar y crear en el mundo físico como base necesaria para el progreso material y, en definitiva y como fruto de las experiencias, espiritual. Sin embargo, la humanidad no tiene otro camino que admitir, comprender y actuar en consecuencia de acuerdo a estas dos Leyes Divinas. No en balde dijo Cristo a los hombres que podían ser salvados por el Alma y por el Cristo que llevan dentro y que el que no vuelva a nacer no podrá ver el Reino de Dios.
Si la humanidad tuviera este conocimiento más interiorizado y más presente respecto a lo humanitario, religioso, político, etc. su comportamiento sería muy diferente y su progreso espiritual mucho más rápido. La Ley de Renacimiento enseña que hay una recapitulación de experiencias pasadas; que hay que volver a hacerse responsable de antiguas obligaciones; que se vuelve a tratar con las mismas Almas de otras vidas; que se tiene que hacer frente a determinadas experiencias que son necesarias para el progreso; que se tiene que saldar las deudas del pasado, y que el principal motivo es afrontar el destino y actuar de manera positiva con la intención de terminar las relaciones con los demás en paz y en armonía. Este conocimiento hará que el hombre sea más libre y que tenga mejores intenciones en la vida en general y su efecto será iluminador para que termine superando las pruebas más fácilmente que hasta ahora. Se dice que mientras el hombre no alcance la perfección sentirá el impulso de renacer para continuar el proceso voluntariamente, pero es el conocimiento del Plan por parte de Yo superior el principal motivo. Sin embargo, en el fondo, el mayor motivo es alcanzar la perfección para sacrificarse por los demás.
Renacimiento es progreso y desarrollo del carácter, progreso porque, aunque una persona se haga “mala” hasta cierto grado en una vida, el resultado del purgatorio siempre aporta beneficio; y carácter porque es el resultado de las experiencias de todos los renacimientos, Pongamos algún ejemplo: Una persona poco evolucionada que solo piensa en sí mismo, es egoísta, y está dominada por los deseos, vicios y pasiones, siempre estará creando pensamientos de esa índole. Esos mismos pensamientos (como ocurre con el obseso) siempre estarán con él a la vez que le incitan a crear más pensamientos de la misma naturaleza e incluso a actuar según los mismos. Si no existiera el purgatorio, cuando esta persona volviera a renacer lo haría con las mismas tendencias y tendría que formar su molde etérico (y especialmente el cerebro) con los éteres cuya vibración se correspondería con los hechos de su última vida. Renacería de unos padres cuya genética estaría relacionada con las limitaciones que la Ley de Consecuencia le traería en esa vida y, por tanto, su Alma poco podría ayudarle. Pero el efecto del purgatorio, así como el del cielo, se graba en la conciencia y, aunque nazca con un karma duro que afrontaren su destino, el Alma siempre podría hablar y, en el caso de no ser así porque su karma le afecte a la mente, el resultado de esa otra vida siempre sería importante para su progreso. De esta forma vemos como es el pasado quien crea en mayor medida el futuro pero siempre se pueden dar pasos a favor del desarrollo espiritual personal.
Por el contrario, si una persona es altruista, fraternal y siempre está planeando o trabajando para ayudar a los demás, sus pensamientos aumentarán esos hechos. Cuando muera no pasará por el purgatorio sino que irá directamente al cielo donde grabará en su conciencia el resultado de toda esa felicidad quedando así como tendencia para el carácter de la próxima vida. El cuerpo etérico se formará con materia de una más elevada vibración y renacerá en el seno de una familia donde encuentre oportunidades para desarrollar más esas tendencias, formando así un carácter más elevado. El carácter benévolo de su anterior vida le facilitará un cuerpo y un cerebro que le permita poder hacer buenas obras y poder escuchar más claramente la voz de su conciencia lo que, en definitiva, es progreso. De esta forma, vida tras vida y victoria tras victoria se va formando el carácter que puede diferenciar a una persona benevolente de otra malévola, es más, puede diferenciar a un cuerpo donde la persona sufre de otro de gran belleza, moralidad e intelectualidad.
Ha habido casos en que una persona ha recordado hechos de su vida pasada, sobre todo en el caso de los niños. Hay otros en que una persona en estado de trance o sonambulismo ha hablado una lengua de la que no sabía nada en su vida presente, otros de personas que recuerdan (y se ha comprobado) donde vivieron y murieron en otra vida, en definitiva, que recuerdan algo que nada tiene que ver con su vida actual. Por lo general, la mayoría de las personas no recuerdan nada de sus anteriores vidas por las razones que más adelante explicaremos pero cuando el desarrollo espiritual es elevado ocurre exactamente igual que nos ocurre a todos cuando son despertamos, es decir, que no hemos olvidado lo que hicimos ayer. La noche entre dos días es lo mismo que el tiempo entre la asimilación de las experiencias de la vida pasada y la preparación de la futura, pero cuando la persona de elevado desarrollo tiene continuidad de conciencia, se acuerda perfectamente de su anterior vida.
Esa es el motivo que marca la diferencia entre la naturaleza animal y la humana, un animal vive con las mismas características de su especie, con los mismos instintos y hábitos, sin desarrollar una vida social como lo hace la humanidad. Su herencia es solo física y no acumulan internamente la experiencia como lo hace el hombre a través del renacimiento y respecto a lo social, moral e intelectual. El hombre ha creado el mundo en que vivimos gracias al desarrollo obtenido en sus anteriores vidas, pero el animal no ha podido crear nada de eso porque su progreso sólo se aplica al paso de una especie o raza a otra. Mientras que el animal acumula las impresiones recibidas del exterior en una raza porque esa vida aún no se ha individualizado y no tiene autoconciencia, el hombre acumula la esencia espiritual de sus experiencias en cada nuevo renacimiento. Un animal no puede responder a las sugestiones morales e intelectuales pero un individuo sí gracias a su Yo superior. Pero, como sabemos, eso solo ocurre a partir de cierta cantidad de renacimientos ya que, en sus comienzos, el ser humano era similar a los animales.
¿Qué puede dar explicación, sino el renacimiento, al hecho de que una gran Alma renazca en una familia de baja moral e intelectualidad? Esa gran Alma puede tener un enorme parecido a sus padres o hermanos como efecto de la genética pero el aspecto o carácter interno es sólo suyo como fruto de su pasado y nada tiene que ver con las Almas que hacen de padres o hermanos. ¿Qué hace que una persona se convierta en un genio viniendo de padres humildes y de poco desarrollo intelectual? ¿Qué hizo que Mozart compusiera e interpretara esas sinfonías y esa música delicada y melodiosa sino las experiencias en ese mismo campo en sus vidas pasadas? Mozart nació de padres músicos porque necesitaba unos genes que le facilitaran determinadas cualidades físicas como son los dedos y el oído, pero Mozart expresó y demostró conocimientos y habilidades instintivas que nadie le había enseñado. Un niño puede ser educado y puede asistir al colegio como otros muchos, pero no todos pueden ser genios porque pocas son las Almas que han progresado tanto en ciertas materias y en cierta cantidad de vidas. No todas las personas valen para ser monjas y no todas las monjas son capaces de hacer obras como han hecho algunas que han pasado a la historia ¿Qué es eso sino el fruto de varias vidas dedicadas a ayudar a los demás y al deseo de hacer mayores obras amorosas, altruistas y fraternales?
Es fácil encontrar a personas muy inteligentes y morales en las religiones así como en el mundo del ocultismo, sin embargo y aunque muy similares en lo intelectual y en lo moral, el religioso rechazará la filosofía oculta y muchos ocultistas rechazarán las enseñanzas de las iglesias. Unos abrazan la religión por la fe y porque se guían por el corazón y otros buscarán en la filosofía oculta porque se guían por la mente y buscan respuestas convincentes y no fe. ¿Y todo por qué? Porque lo que para uno es familiar por haber estado en contacto con esa materia en otra vida, para otro es extraño y prefiere buscar por otros caminos. Así el que en otra vida ha estado en contacto con alguna filosofía como esta, se sentirá inclinado irremediablemente a estudiar todos estos temas, pero el que en su desarrollo pasado no ha alcanzado aún este nivel, lo rechazará y preferirá creer en su religión aunque no comprenda ciertas cosas ni nadie sea capaz de explicárselo. La intuición es el reconocimiento de unos hechos practicados en otras vidas y, por tanto, es la expresión del Yo superior, así es que, la persona que intuitivamente percibe estas verdades, debe aprovechar esta vida para progresar aún más en su desarrollo intelectual y espiritual. Y el que no “reconoce” estas verdades hará bien en olvidarse de otras teorías y dogmas y en abrir su mente a este conocimiento que le puede hacer mucho bien tanto durante la vida como después de la muerte.
Un ejemplo más para explicar lo que es la reencarnación y creer en ellas es cuando vemos que un niño nace de padres delincuentes, que viven en la pobreza, que están dominados por las pasiones animales y que apenas tienen moral ni discernimiento y otro niño que es todo lo contrario. El primero estaría condenado a delinquir por la propia genética, por la “educación” y por el ambiente donde se desarrolla; el segundo, de padres puros e inteligentes, tendría una educación que le traería una vida de placer y encaminada hacia el bien. Bien, si sólo hay una vida como afirman los que no creen en el renacimiento ¿Qué Dios puede hacer o permitir esto? Y si esto es, como dicen otros, el resultado de las fuerzas ciegas de la naturaleza ¿Con qué pruebas y causas se puede encontrar el hombre en cualquier momento de su vida? Es más, en el caso de los dos niños, el desvalido y condenado a esa vida de pobreza y sufrimiento, lo único que hará será crear odio y resentimiento hacia todo lo que le rodea y todo sin tener culpa de nada. Sin embargo, aunque el Renacimiento y la Ley de Consecuencia pueden llevar a alguien a ese mismo destino, la Justicia Divina siempre actúa como tal y siempre facilita medios para salir y tomar el camino del bien. Las posibilidades bien aprovechadas se convierten en poderes y elevadas tendencias en la próxima vida y esas tendencias bien trabajadas se convertirán en mayor desarrollo y nuevas posibilidades en la siguiente.
También los que creen en un Dios personal tienen muchos motivos para meditar sobre esa absurda teoría, por ejemplo: Si Dios crea un espíritu nuevo para cada nacimiento quiere decir que ese Dios debe estar pendiente de toda la humanidad cada vez que practica el sexo para hacer que nazca un niño. Ese mismo Dios en el ejemplo anterior de los niños sería verdaderamente malvado. ¿Y para qué crearía ese Dios un mundo como este si cuando nace por su voluntad un genio y muere al cabo de unos años no permite que renazca para que su genio sea de gran ayuda a la humanidad?
El renacimiento es lo que hizo que se crearan razas para que las Almas pudieran manifestarse en cuerpos cada vez más flexibles y adaptados al progresivo desarrollo interno. Cuando un Alma ha renacido cierta cantidad de veces en diferente sexo y época y ya no puede extraer más beneficio de esos cuerpos de raza, entonces renace en otra nueva. Esta es la explicación de porqué, (como en las especies animales) aunque la humanidad quiera impedirlo, una raza deja de ser fértil y termina por no poder tener niños.
Si los cuerpos no se cristalizasen y, por tanto, fuésemos capaces de mantenerlos jóvenes y flexibles durante toda una eternidad no necesitaríamos renacer para aprender las lecciones que necesitamos y para desarrollar los poderes del Espíritu. Pensar que no existe el renacimiento es como pensar que construimos colegios, instituto y universidades para que los niños asistan un solo día a cada uno de ellos. Así pues, después de cada vida el hombre asimila lo aprendido y descansa a la vez que se prepara para continuar su aprendizaje en la vida siguiente como lo hacen los niños en el colegio día tras día. La sabiduría, el verdadero Amor fraterno y los poderes espirituales no se pueden desarrollar en una sola vida. Un inventor puede crear con su imaginación la máquina más perfecta pero si no la construye y la pone en funcionamiento para ver sus fallos y corregirlos de nada sirve. Así mismo ocurre con el hombre, en su esencia espiritual es perfecto pero esa perfección está latente y debe ser manifestada y desarrollada aquí en la Tierra por medio del renacimiento en cuerpos físicos. Una persona puede planear la creación de una gran empresa y ver cómo funciona perfectamente en su mente pero cuando la lleve a cabo es posible que encuentre fallos y errores que le pueden llevar a la quiebra, de ahí que la humanidad deba aprender también a ser perfecto en sus creaciones mentales.
Como está escrito en el libro sagrado, Cristo alimentaba (enseñaba) a las multitudes con leche (parábolas) y a sus discípulos con carne (verdades ocultas) En todas las religiones ha habido una enseñanza exotérica para la multitud y otra más profunda para los estudiantes más avanzados que ya en otra vida se habían acercado a esas verdades, de ahí la frase de Cristo a sus discípulos: “A vosotros os he dado a conocer los misterios del reino de Dios; más a los otros por parábolas.” Entre esos misterios estaba el del renacimiento tal y como podemos ver en la siguiente conversación donde Cristo pregunta ¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre?” Los discípulos responden “Algunos dicen que es Juan el Bautista; y otros Elías, y otros Jeremías o algún otro de los profetas.” Si esta respuesta hubiera extrañado a Cristo puesto que todos estaban muertos, se hubiera sorprendido y les hubiera corregido, sin embargo, su respuesta fue “Y vosotros, ¿Quién decís que soy?
Otro ejemplo claro de la enseñanza del renacimiento por parte de Cristo es cuando refiriéndose a Juan el Bautista dice: “Éste es Elías.” O también esta otra: “Y si queréis recibirle él es aquel Elías que había de venir.” Luego entonces, Cristo está afirmando que el Espíritu que habitó en el cuerpo de Elías en ese momento lo hacía en el cuerpo de Juan el Bautista, frase que reitero en el Monte de la Transfiguración cuando dijo “Ya vino Elías e hicieron de él todo lo que quisieron; y los discípulos entendieron que les estaba hablando de Juan el Bautista.” Pero la Biblia no solo muestra esta teoría en las palabras de Cristo y sus discípulos sino que también los sacerdotes judíos tenían este conocimiento, de no ser así no hubieran preguntado a Juan el Bautista “¿Eres tú Elías?” Por otro lado vemos en la Biblia que hay personajes que incluso antes de nacer ya tienen una misión encomendada y, si esto es así, es porque esas Almas están preparadas para llevarla a cabo, lo que sería imposible si solo hubiera una sola vida porque ¿Dónde y cómo se han preparado y han aprendido esas cualidades que tienen que poner en práctica en esa determinada misión? Por ejemplo: Un Ángel predijo el nacimiento de Sansón y la misión que tenía de derrotar a los Filisteos; El Señor dijo al profeta Jeremías “Antes de que salieras del seno de tu madre yo te santifiqué y te ordene profeta de las naciones”; incluso a Jesús y a Juan se les asigna su misión antes de nacer.
Desde el nacimiento del hombre como tal hace millones de años hasta nuestros días, el mundo físico ha sido transformado de materia bruta o virgen a ser utilizado de mil maneras según el hombre ha ido desarrollando su mente y su voluntad. Ese mismo desarrollo que ha transformado al hombre prehistórico en lo que hoy somos ha hecho que cada individuo sea un mundo respecto a su carácter, sentimientos, forma de pensar y a que cada uno tenga cierto grado de desarrollo espiritual. Cualquiera que quiera interpretarlo con una mente abierta tendrá que admitir que esto no hubiera sido posible si no existiera el renacimiento y la evolución del Espíritu en los cuerpos, si no fuera así cabe preguntarse ¿para qué serviría lo aprendido en la Tierra en una sola vida si en el cielo no le es necesario?
Como en cada vida evolucionamos en todos los sentidos y después en el purgatorio grabamos el resultado de nuestros errores y en el cielo hacemos lo mismo respecto a las virtudes, el resultado es que en cada vida rechazamos más el mal y sentimos el impulso de hacer el bien y de investigar y trabajar la materia física para un mayor progreso de la humanidad. De esta forma razonamos más, utilizamos la voluntad para que haya más paz y fraternidad entre los hombres y, por tanto, damos paso al Espíritu para que manifieste sus poderes en nuestro destino. Cada vez somos más responsables, más conscientes de lo que hacemos y nos dejamos aconsejar más por ese impulso espiritual interno. Si cada Alma que renace comenzara desde cero y al finalizar su vida ya no volviera a renacer, todo esto no sería posible. El propósito de la vida no es obtener felicidad y acumular riqueza sino experimentar para desarrollar cualidades cada vez más elevadas hasta conseguir identificarnos con nuestro verdadero Yo superior. La experiencia es el conocimiento de las causas que producen los actos y esto, junto al desarrollo de la mente y de la voluntad, son los motivos principales para que exista el renacimiento. Si no existiera el renacimiento ¿Qué utilidad tendría la vida? ¿Para qué luchar por nada? ¿Por qué una vida de felicidad en un cielo eterno debería ser la recompensa de una buena vida? ¿Qué beneficio podría producir una buena vida en un cielo donde todo el mundo es ya feliz?


Francisco Nieto

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