Entradas populares

martes, 26 de mayo de 2009

¿POR QUÉ, CÓMO Y CUÁNDO RENACEMOS?


Si leemos estas enseñanzas con una mente abierta y discernimos sobre lo explicado hasta ahora en este blog, podemos llegar fácilmente a la conclusión de que la clave del desarrollo humano, de la evolución y, cómo no, y como medio para vencer definitivamente el miedo a la muerte, es admitir la creencia en el Renacimiento y en la Ley de Causa y Efecto. Estas leyes forman parte del proceso que llamaos “evolución” el cual permite un desenvolvimiento progresivo del hombre desde las formas físicas más groseras e irracionales hasta la propia perfección y desarrollo de los poderes latentes en dinámicos, o lo que es lo mismo, ser un dios creador a imagen y semejanza de nuestro Padre. La Ley de Renacimiento explica las diferencias entre los hombres y el porqué de las circunstancias y actitudes de los mismos. Actúa desde el Mundo del Pensamiento con una relación directa con el Ego (y sus renacimientos en diversas formas humanas) y con su voluntad, puesto que la mente y la voluntad tienen relación directa con el karma y es el Mundo del Pensamiento el hogar del Triple Espíritu donde ha de volver cuando se libere del renacimiento.
Cuando el Ego siente la necesidad de tener y vivir nuevas experiencias porque el fruto de la anterior vida ha sido asimilado y los trabajos pensando en la próxima se han efectuado, despierta del sueño en el que se encuentra. Pero hay que aclarar que cuanto mayor grado de espiritualidad se haya alcanzado en la vida pasada, más larga será la estancia en estas regiones puras y espirituales del Mundo del Pensamiento. La estancia allí suele variar entre nueve y catorce siglos y en ese tiempo puede desarrollar nuevas facultades relacionadas con el arte y con todo lo abstracto. Es por este motivo por el que el Ego renace con la sabiduría o esencia de todas sus anteriores vidas más lo que haya adquirido en el Cielo siempre y cuando lo haya deseado. El Ego renace con esas facultades o esencia pero, como ya se ha mencionado, tiene que hacer frente a su destino y a toda una serie de pruebas y tentaciones que tienen relación con su vida pasada; por tanto, estas pruebas y tentaciones del mal, despiertan (como las semillas en primavera) al paso del Ego para adherirse a su cuerpo de deseos. Junto con esta parte del mal también están todas las cualidades materiales, tendencias, facultades mentales, etc. que el Ego necesitará para expresar su nueva personalidad.
En el capítulo anterior pudimos ver cómo, a partir de que el Ego graba o se lleva la película de su vida pasada para extraer el beneficio o quintaesencia de la misma gracias al Purgatorio y al Cielo, termina descansando hasta sentir una nueva llamada que le lleve al renacimiento. Una vez almacenada dicha quintaesencia extraída de los diferentes cuerpos para ser usada como simiente de los cuerpos mental y de deseos futuros y para uso como conciencia y voluntad en la próxima vida, el Ego está listo para comenzar un nuevo día de actividad. Es decir, una vez hecho el contacto con el Yo superior, Triple Espíritu o Ego después de haber abandonado los cuerpos inferiores y después de haber permanecido en ese estado de descanso, por lo general inconscientes, comienza el proceso de descenso donde el Ego:
1º. Despierta las fuerzas de los átomos-simiente de los futuros cuerpos para que atraigan la materia cuya vibración estén sintonía con el propio desarrollo del individuo y en relación con su futuro destino kármico.
2º. Reúne la materia que va a necesitar una vez que ha emitido su propia nota-clave vibracional y prepara la materia con sus características y cualidades para que se vallan formando los cuerpos principalmente a partir del nacimiento del cuerpo físico.
3º. Organiza la materia etérica para que los vórtices puedan cumplir con su misión respecto a la vitalidad y a las conexiones con el cuerpo físico.
4º. Elije, dentro de lo posible, a los futuros padres de acuerdo a las líneas generales programadas y según el karma respecto a la herencia física y a las relaciones con las personas que serán su futura familia.
5º. Como en algunos puntos anteriores, los Señores del Destino o Ángeles Archiveros le facilitan el trabajo del cuerpo etérico con la ayuda de otros seres inferiores a nosotros y una clase de elemental constructor que permanecerá unido al cuerpo físico hasta el momento de la futura muerte; un elemental que intenta retener (como cuando está vivo) al cuerpo físico y el etérico aún después de la muerte.
El trabajo para el nuevo renacimiento comienza por vivificar el átomo-simiente de la mente con la intención de despertar sus fuerzas latentes para que atraigan la materia mental que necesita y con la que tenga afinidad según su propio desarrollo espiritual. Así es que el cuerpo mental expresará las facultades que obtuvo en su última vida menos el mal que purgó, más la quintaesencia del bien; por tanto no hay imágenes del pasado porque se borraron pero sí el efecto o poderes resultantes. Como la región concreta del Mundo del Pensamiento tiene varias regiones, podemos imaginar este proceso de la siguiente manera: Imaginemos que echamos (lentamente para que no se mezclen) en un recipiente cuatro líquidos de diferente densidad y peso, éstos quedarán superpuestos uno sobre otro quedando el más denso y pesado en el fondo. Si imaginamos que esos líquidos son la materia mental de diferente graduación y que el Ego se sumerge y va descendiendo cogiendo el material que le corresponde de cada líquido o región, entenderemos cómo se forma el cuerpo mental. Por tanto el Ego atrae de cada región la materia que formará parte de esa mente según el resultado de su última vida y de acuerdo a cómo será la próxima respecto a su karma.
Este mismo proceso se lleva a cabo en el Mundo de Deseos. El Ego desciende, se sumerge cada vez más en los grados más densos de las diferentes regiones atrayendo la materia que esté en sintonía con las cualidades desarrolladas en la última vida. Pero también atraerá la materia relacionada con sus debilidades y negatividades porque, entre otras cosas, tendrá que ser tentado. Sin embargo, como el cuerpo vital tiene forma, o mejor dicho, es el molde del cuerpo físico, el proceso para su formación no es el mismo. Lo único parecido con los otros cuerpos es que su átomo-simiente se pone en actividad para atraer la materia etérica (en cantidad y calidad) que formará parte del cuerpo vital. Como ya dijimos, este cuerpo lo construyen las personas que están en el Cielo bajo la dirección de los Ángeles y con la ayuda de los espíritus de la naturaleza. Lo mismo que en el átomo-simiente del cuerpo físico en el corazón guarda las imágenes de la vida según se van sucediendo, también en el cuarto éter de este cuerpo están impresas las escenas de la vida futura, pero es el Ego quien incorpora la quintaesencia de todos sus anteriores cuerpos vitales y hace un aporte original para que su vida no esté basada solamente en sus acciones pasadas. Este trabajo individual del Ego es la base para que haya nuevas y originales causas a lo largo de la vida y para que así pueda manifestar su libre albedrío que rompe con la repetición monótona de la Ley de Causa y efecto, esto es “Evolución”.
El Ego, como sabemos, gravita alrededor de los padres que le van a facilitar el material que necesita para su cuerpo físico, el cual tiene relación solamente como herencia física y no anímica. Pero también, este Ego busca la manera en que esa herencia física le pueda ayudar a manifestar determinadas cualidades. Es decir, si ya trabajó en otra vida en determinada carrera y profesión y se especializó en desarrollar nuevos conocimientos, en esta vida buscará a los padres que le favorezcan con esa materia física y que le puedan facilitar la continuación de esas investigaciones y trabajos. Esta es la base de lo que llamamos “genio”, o sea, la identificación de que esa Alma es avanzada después de un largo y gran trabajo en varias vidas; como ejemplo tenemos a Mozart y a otras familias de grandes compositores de la música clásica. Estos casos de genialidad no se pueden aplicar a la herencia de la materia física porque si fuera así esa genialidad iría pasando de padres a hijos. La materia de los padres debe servir para que se manifieste el genio pero no es el genio, un hijo puede nacer de un genio y, sin embargo, no sigue ni le atrae el trabajo de su padre, lo que demuestra que el genio no se hereda con el cuerpo físico.
Respecto al renacimiento dentro de una familia o círculo, hay que tener presente que en una vida nos relacionamos con muchas personas, con algunas de ellas habrá sido para bien y con otras para mal, lo que implica que tenemos toda una serie de deudas en muy diferentes sentidos (amor, odio, injurias…) Como la Ley de Consecuencia es muy exacta y justa no permite que por el hecho de ser otra vida se olviden dichas deudas, por tanto, las personas que se odiaron se volverán a unir para que las circunstancias les úna y terminen (de una forma u otra) amándose fraternalmente. Las personas renacemos para conquistar el mundo, para superar y gobernar al yo inferior o personalidad y a para conquistarnos a nosotros mismos, pero también para conocer y superar el mal desarrollando el bien. Para que lo anterior se cumpla los Ángeles del Destino tienen en cuenta que:
1º. Si surge una oportunidad para que un Ego renazca y cumpla con el destino deseado y necesario y para ello tienen que adelantar varios siglos un nacimiento, lo harán sin dudarlo; el tiempo de descanso que no pueda disfrutar se le dará en otra vida y si no encuentra dónde renacer y está más tiempo de lo debido en el Cielo, en otra vida se lo descontarán.
2º. El Ego renace cuando las estrellas lo favorecen por sus posiciones que, por cierto, deben estar de acuerdo con el destino de ese Ego.
Estando ya en el nivel que estamos, es muy posible que más de un lector se haya hecho la siguiente pregunta ¿Por qué tenemos que renacer? Lo primero que debemos tener claro es que el motivo principal es la “experiencia” y no el disfrute de los placeres o la felicidad terrenal. El disfrute de los placeres no enseña nada, es pasajero y al final terminamos cansados de ellos; por otro lado, es imposible hallar una satisfacción permanente para todos nuestros deseos y lo que es peor, los placeres no satisfacen al Alma sino que terminan creando adicciones y malos hábitos. Como consecuencia, estos placeres terrenales nos causan dolor y sufrimiento, sin embargo son nuestros mejores maestros. Cuando por el uso irresponsable de un instrumento u objeto nos herimos, estamos aprendiendo a ser más responsables y a utilizar ese instrumento de manera que no nos perjudique; y cuando ofendemos moralmente a otro, la conciencia nos está enseñando a través del remordimiento y del dolor; cuando no hacemos caso a estas enseñanzas y repetimos el error, el efecto será más duro y así continuará hasta que cambiemos la forma de actuar. Nosotros no podemos aprender desde los mundos superiores, debemos experimentar físicamente, como tampoco un niño puede obtener el título universitario por ir unos pocos días al colegio y el resto quedarse en casa jugando. No recordamos las experiencias de cómo aprendimos a ser responsables o a tener determinadas habilidades pero cada uno renacemos con ellas y así deberá ser hasta que hayamos aprendido todas. La Ley de Renacimiento trabaja para el desarrollo del bien, primero en nosotros y, como efecto, en los demás y en el mundo. Si no hubiera renacimiento ¿de qué nos serviría ser buenos si no lo podemos utilizar para beneficiar a otros y en el Cielo no nos hace falta?
No podemos dejar de renacer mientras no hayamos alcanzado la perfección, la espiritualización del hombre o, dicho de otra forma, hasta que el Yo superior pueda manifestarse plenamente en el yo inferior o personalidad. Naturalmente que tampoco dejaremos de renacer mientras tengamos el deseo de hacerlo porque haya algo que nos atraiga; esto es, falta de perfección. El Ego, en su propio mundo, sabe cuál es el Plan de Dios y de ahí surge la voluntad para renacer y continuar el desarrollo espiritual y, aunque sabemos que uno de los motivos principales para renacer es la perfección, he de decir que, junto a esa perfección de la personalidad, va unido el deseo de sacrificarse y de llevar a la práctica el servicio amoroso y desinteresado a todo ser viviente que venga detrás de nosotros.
Hay una esencia oculta más allá de lo comprensible y relacionada con el origen de nuestro esquema evolutivo, que se manifiesta como Ley de Periodicidad. Aunque no es fácil de comprender su razón de ser, sin embargo está relacionada con aspectos como el día y la noche, la vida y la muerte física y cualquier otro aspecto relacionado con la doble polaridad. Por consiguiente, el renacimiento está relacionado con esta Ley como lo está el flujo y el reflujo, el sístole y el diástole del corazón e incluso la manifestación y reabsorción del Universo. Eso nos lleva a pensar que aunque renacemos por la voluntad y con el deseo de perfección y servicio amoroso, hay algo por encima de todo eso que nos lleva a crear. Este impulso, presión o deseo espiritualizado es el que tuvo que tener nuestro Dios antes de crear su esquema evolutivo donde nosotros estamos evolucionando. Algo similar debemos sentir nosotros para que surja ese deseo y esa voluntad de renacer para ser creativos en los diferentes mundos como lo hizo Dios con su esquema septenario. Es cierto que en los primeros pasos en el sendero como humanos el deseo de renacer procede del aspecto inferior del cuerpo de deseos, pero progresivamente se transforma en deseo de perfección y, por último, será deseo de servir y ayudar a la humanidad. Cuando lleguemos a la perfección prevista por nuestro creador, entonces ese impulso-deseo espiritualizado hará que podamos crear un esquema similar al creado por nuestro Dios.
Pero, el deseo, desde el punto de vista terrenal tiene un papel importante en el porqué del renacimiento. El deseo encadena pero también ayuda a evolucionar dependiendo de la naturaleza que tenga. Con el deseo (además de la voluntad) trabajamos y sembramos durante la vida pero, después de la muerte y una vez cosechada la esencia espiritual de la vida, ese deseo debe desaparecer para que no ate a la personalidad y solo tenga esa esencia como medio de trabajar en la próxima vida. Sin embargo, mientras haya falta de experiencias y por tanto, no hayamos alcanzado la perfección, nuevos y elevados deseos nacerán en cada vida para que los podemos trabajar y experimentar. Pero por encima de todo eso y pensando en el propio desarrollo espiritual, cada persona debe ir desechando los deseos materiales y más bajos en sentido personal (placeres, éxitos, dinero…) y continuar en esa línea hasta que incluso no desee ni siquiera ayuda para su desarrollo personal sino para la humanidad.
Algunas personas mayores se sienten tan defraudadas de la vida que casi desean abandonar este mundo cuanto antes. Bien por lo que han hecho y cómo lo han hecho o bien por lo que pudieron hacer y no aprovecharon la oportunidad sino todo lo contrario, lo cierto es que, en esos momentos, sus deseos y aspiraciones no son terrenales y, por tanto, no encuentran satisfacción en la vida. Pero otras muchas personas también anhelan irse y se sienten defraudadas porque quisieron construir y vivir en un mundo de dicha y felicidad y no lo consiguieron. Estos aspectos de la personalidad que tienen su origen en el mismo destino y en sus libre albedrío tendrán su respuesta y solución después de la muerte pero también, y esto es lo importante, serán motivos para renacer. Cuando el Alma desea y ansía determinadas cosas de la vida terrestre con seguridad que esos deseos serán motivo para el renacimiento. Es cierto que algunos deseos se pueden ver con repugnancia en el estado post-morten y por eso precisamente mueren de inanición, pero mientras el hombre se sienta atraído por determinados objetos o circunstancias de la vida terrestre, tendrá que renacer para satisfacerlos si no es capaz de reprimirlos.
Nuestra actitud debe ser como cuando nos acostamos disgustados con nosotros mismos porque hemos actuado mal ante algunas personas y nos proponemos enmendarnos y esforzarnos para no caer más en ello. En el estado post-morten tenemos la oportunidad de enfocar y desarrollar estos deseos y anhelos terrenales desde un estado de conciencia que puede hacer que eliminemos esos deseos que nos hacen renacer. Cuando hablamos de deseo por alguna cosa, persona o circunstancia terrestre, estamos diciendo que ese Ego se sentirá atraído para renacer sin hacer distinciones entre si el deseo es por algo bueno o malo. Hay personas que aun renacen por deseos buenos de ayudar a la humanidad pero, aunque sea así, están dando motivos para que se sientan atraídos hacia la tierra. Aun el amor, que es un aspecto más elevado del deseo, puede atraernos para renacer. Llegamos por tanto a la conclusión de que, respecto al deseo y pensando en evitar el renacimiento cuanto antes, el Alma no debe sentir el más mínimo deseo de renacer por anda existente en el mundo físico. Esta es una manera de hacer que el karma actué en los mundos superiores respecto a nosotros y no en lo terrenal.
Pero el motivo del renacimiento va más allá y lo podemos generalizar desde un punto de visa más amplio. Si bajo la Ley de Causa y Efecto cada causa tiene su efecto como cada efecto deber tener su causa, quiere decir que cada causa que el hombre realiza en el mundo y con su cuerpo físico, debe tener su efecto en ese mismo mundo físico. Si de todas las causas que cometemos a lo largo de la vida no tienen una reacción correcta y adecuada y, como es lógico, tampoco podemos cosechar lo que corresponda en esa misma encarnación, debemos admitir que ese es otro motivo por el cual debemos renacer, es decir, la Ley de Renacimiento es necesaria para nuestra propia evolución pero que algún día deberemos superar. Como dijo el místico alemán Goethe: “De todas las fuerzas que encadenan al mundo, el hombre se libera cuando consigue dominio propio.” De una forma general, el hombre renace: Según las exigencias que haya respecto a las deudas kármicas; por la atracción que siente de lo que él inició en su vida terrestre; por un sentido de responsabilidad para cumplir con sus deberes según las deudas que tenga por sus relaciones sociales; y por la necesidad de cumplir las obligaciones instintivas por las Leyes Divinas que rigen en los tres mundos donde actualmente evoluciona.
Está claro que no es fácil que el Ego tenga un destino donde todo lo que haga y con quien se relacione esté controlado por la Ley de Causa y Efecto o por el karma. Casi siempre se renace en una familia con la que tenemos alguna deuda o algo en común, y lo mismo ocurre respecto a algunas otras personas con las que tendremos relaciones a lo largo de nuestra vida, bien como vecinos, amigos o compañeros de trabajo, etc.; pero con la gran mayoría de las personas con las que nos relacionamos no tienen nada o no tenemos nada pendiente con ellos. Estas personas, así como ciertos lugares y hechos de nuestras vidas, están ahí para favorecernos con nuevas relaciones, circunstancias y oportunidades de desarrollo. El motivo, entre otros, es que no todas las personas con las que tenemos deudas de nuestra última vida han renacido en el mismo lugar que vamos a renacer ni en los mismos años. Así es que el Ego es llevado por los Ángeles del Destino a renacer en determinada familia pero ofreciéndole la posibilidad (en algunas ocasiones) de elegir entre varios destinos aunque, eso sí, una vez hecha la elección ya no se puede dar marcha atrás y, por tanto, el individuo será controlado para que cumpla irremediablemente sus compromisos.
Esto es algo parecido a un laberinto, si el ratón tiene que llegar al queso y elude el camino más corto para perderse por el laberinto (la vida contraria al desarrollo) le cerrarán el que haya elegido para obligarle a elegir otro hasta que por fin y obligatoriamente llegue a la meta prevista. Esta es la clave que determina la Ley de Causa y Efecto y el libre albedrio. El destino suele ser escogido libremente, pero es que, en la propia vida, siempre tenemos opción de elegir entre hacer el bien o el mal o actuar de una manera u otra. Si elegimos el camino correcto progresaremos y nos facilitarán más oportunidades pero si hacemos lo contrario nos irán cerrando puertas o poniendo impedimentos para que elijamos otro camino. El karma maduro o deudas pendientes no las podemos eludir ni retrasar porque nos comprometimos a saldarlas pero, respecto al futuro, somos libre de actuar como queramos aunque, eso sí, si actuamos mal estaremos creándonos nuevas deudas, o lo que lo mismo, más problemas y limitaciones. ¿Qué significa esto? Que cuando el hombre haya evolucionado hasta el punto de dominar su cuerpo de deseos y de controlar su mente, estará preparado para liberarse de las ataduras que le retienen en la Tierra.
Para que haya un nacimiento en una familia son necesarias dos cosas: Primera que el átomo-simiente del cuerpo físico sea colocado en la cabeza de un espermatozoide del padre, y segundo que el cuerpo vital que ha sido modelado por los Ángeles sea también colocado en la matriz de la futura madre. De esta forma el átomo-simiente atraerá la cantidad y calidad de materia física, la cual se irá uniendo al molde etérico para formar el cuerpo físico. Sin embargo, aunque en los demás cuerpos no lo podemos hacer, en este caso, es el mismo Ego que va a renacer el que incorporará la quintaesencia extraída de sus cuerpos físico del pasado dejando el resto al aspecto “herencia” de los padres; aspecto físico que, por cierto, él no puede utilizar aunque sí elegir como elige a los padres. Lo cierto es que aún no tenemos la suficiente experiencia y desarrollo como para construir nuestro cuerpo, por tanto, nuestra intervención es mínima pero sí lo suficiente como para que nuestro cuerpo tenga algo de nuestra propia expresión como Espíritus.
Pero ¿qué es lo que hace que el Ego renazca en determinado lugar y familia? Sin duda que la Ley del karma. Esta Ley, a través de la cual trabajan los Ángeles del Destino, es la que facilita el cuerpo de raza y las características generales de su medio ambiente. Esto según las circunstancias sociales para la próxima vida, según las facultades del individuo y su necesidad de experiencias, y según su karma maduro, pero de cualquier forma, tendrá que saldar sus deudas en forma de castigo y recibir sus premios en forma de casualidades y suerte.
Además de lo que llamamos facultades o poderes de la mente alcanzados, están las tendencias o inclinaciones dominantes que se desarrollaron en la última vida y que bien podríamos llamar “cualidades”. Son estas cualidades las que hacen a un individuo un buen carpintero o un buen matemático pues son el resultado de trabajos pasados, de ideales y aspiraciones, y del trabajo realizado en el Segundo Cielo. De aquí la necesidad de tener ideales y aspiraciones elevadas, practicar el altruismo y ser humildes entre otras cosas porque eso nos llevará a las regiones donde podamos desarrollar el Espíritu. También es aconsejable pensar en nuestra vida cotidiana respecto a nuestras relaciones y actitudes porque son los lazos y deudas con otros los que nos crean el nuevo destino, cabría preguntarse ¿Creamos armonía o desarmonía? ¿Intentamos vencer a lo más bajo de nuestro cuerpo de deseos o nos complacemos en los placeres y vicios terrenales? ¿Intentamos controlar la mente para hacer el bien o la dejamos desbocada para caer en lo peor? Estos aspectos tendrán su manifestación y efecto en el futuro cuerpo mental y de deseos, en el sistema nervioso, en la sensibilidad, etc. No nos olvidemos que los Ángeles del karma tienen el archivo de lo que cada uno de nosotros hace en pensamiento, palabra y obra, sin embargo, según el destino, no renacemos con las posibilidades suficientes como para poder utilizar todas nuestras “cualidades”.


Francisco Nieto

No hay comentarios: