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martes, 7 de julio de 2009

VISIONES DEL SENDERO DEL DISCIPULADO


Tendría yo entre 25 y 30 años, cuando ya llevaba muchos años leyendo todo lo que caía en mis manos que tratara sobre algo misterioso, cuando comencé a tratar con unas personas que seguían a Eugenio Siragusa, un italiano que decía ser enviado de los hermanos mayores extraterrestres. Entre la gente que conocí había un matrimonio con el cual pasamos mi esposa, otros amigos y yo, muchas noches y madrugadas de fin de semana charlando sobre el fenómeno ovni y sus mensajeros y guías espirituales que cuidaban de la humanidad y que, cuando esta estuviera en peligro, se llevarían a algunos que ya estaban preparando como discípulos para que en un futuro fueran semilla de una nueva raza. Naturalmente que esto tenía más de falso que de verdadero, el sendero del discipulado es algo parecido aunque el fin no sea “ser semilla de una futura raza” tal y como lo interpretaban mis amigos. Estos amigos me contaron un día lo que ellos sabían sobre la reencarnación y el karma y, entonces, ocurrió algo que, al cabo de un tiempo, me hizo tener una especie de visión o despertar de algo en mí que me decía que yo ya había estado en contacto con ese conocimiento en una anterior vida. Naturalmente que esto no es nada excepcional, mi caso es uno más entre millones pero, cuando ocurrió le pregunté a mis amigos ¿Cómo es posible que hayáis dejado de interesaros por esas cosas y hayáis vuelto a vuestra antiguas costumbres? Para mí fue como descubrir algo maravilloso, que aunque ya creía en ello, hizo que me lanzara a la búsqueda de libros sobre esos y otros temas que hoy llamo filosofía oculta o simplemente ocultismo. Al cabo de muchos años y ya siendo probacionista de la Fraternidad Rosacruz Max Heindel me di cuenta de que mis amigos no se habían esforzado ni habían persistido lo suficiente como para vencer algunas pruebas del destino, y habían caído en las costumbre más normales de la humanidad como por ejemplo fumar y beber alcohol.
Cuando una persona, como en mi caso, siente la llamada o rememora internamente de alguna manera algo relacionado con la filosofía oculta y sabe a ciencia cierta que debe continuar un desarrollo espiritual que comenzó en el pasado, puede asegurar que tiene el compromiso de hacerlo desde antes de nacer; es decir, que se comprometió a seguir estudiando y trabajando por ese desarrollo, lo que actualmente se llama “camino del discipulado.” A algunas otras personas les pasará lo que a mí, mientras que otras comenzarán en esta vida a interesarse por el ocultismo, lo que no significa nada porque el que comienza ahora puede perfectamente adelantar al veterano por el simple hecho de que no supere el período de probacionismo o discipulado que lleva a la primera iniciación. Lo que sí es cierto es que cuando a alguien se le permite comprender y ver lo grandioso que puede ser el final de este camino, es difícil que no cambie su carácter, su vida y, por tanto, su destino, para dedicarse a cumplir unos ideales de servicio amoroso y desinteresado a los demás y a Dios mismo.
Cuando en los mundos espirituales (todos tarde o temprano) comprendemos esta visión espiritual de nuestro destino y vemos que debe ser el resultado de las Leyes de Renacimiento y Consecuencia, tenemos una ampliación de conciencia que, a su vez, se manifiesta en una serie de impulsos nobles en la siguiente vida; por eso, la comprensión interna de un ideal elevado lleva consigo el compromiso de su logro. ¿Y esto por qué? Pues porque, cuando el ser humano a través de su evolución, llega a necesitar esta “sabiduría oculta”, comienza un acercamiento progresivo y más acelerado hacia su propio Yo o Ego. Y es este Ego, en contacto directo con esa chispa diferenciada de Dios (Espíritu) el que nos habla siempre que puede para despertarnos de este sueño terrenal y para que veamos la luz que brilla en nosotros mismos; de ahí que digamos como dijo el mayor Maestro del Amor, Cristo, que en nosotros está el Camino, la Verdad y la Vida.
A lo largo de muchísimos renacimientos hemos pasado por lo más egoísta y por el mayor materialismo terrenal, pero la experiencia nos enseñó que tiene más valor el inegoísmo y el servicio desinteresado a los demás. También hemos pasado por muchas sectas, desde las más fanáticas y crueles hasta otras actuales, pero de todas hemos aprendido (hasta ver y comprender el mal) porque en ese momento y estado de conciencia le necesitábamos. Las religiones también han estado presente en nuestro desarrollo y nos han servido para comprender que hay un Dios, en unas un Dios personal y cruel y en otras un Dios amoroso. El continente, la raza, la cultura y todas nuestras experiencias han servido como puertas para conectar con ese Alma y para que nuestro Yo superior nos haga ver o intuir que hay una vida superior. Es entonces cuando nuestra conciencia comienza a hablarnos más claramente, precisamente cuando el altruismo vence al egoísmo y cuando no reconocemos el odio porque lo hemos transformado en amor al prójimo. Entonces es cuando, aun habiendo traicionado los elevados ideales y habiendo caído una y otra vez, nos levantamos una y mil veces para ser fieles a esos ideales aunque tengamos que sacrificarnos y sufrir.
Los grados hasta llegar a la iniciación son varios, contando desde cualquier persona de ideales elevados podríamos definirlos así:

1º.- La persona de ideales elevados que dedica parte de su vida y sus medios a servir o a ayudar a la humanidad. Este no tiene por qué ser ocultista, sino que puede comenzar este sendero por medio de religiones, sectas, O.N.G. o similares.
2º.- Los que después de una primera fase, sabiéndolo o no sabiéndolo, están en prueba por su Maestro. Suele ocurrir que la persona pide a Dios que le facilite o ayude a ser mejor o bien que a través de la religión, el ocultismo, etc., le faciliten el camino de liberación del renacimiento y cosas similares. Así es que, cuando un Maestro de compasión ve o sigue durante una o varias vidas la trayectoria de esa Alma, decide tomarle en probación para darle mayores oportunidades de expansión de conciencia y para cambiar su karma. Le facilitará las cosas para que obtenga un gran conocimiento pero también para que demuestre que desea ser mejor y servir amorosamente a los demás. El Maestro probará su fortaleza ante las tentaciones que pondrán a prueba sus debilidades en todos los sentidos; comprobará si se adapta al plan de su Maestro pero siempre dejándole libre para que tome las decisiones oportunas. El fin de todo esto es que el Maestro le acepte y haga un seguimiento más profundo y un trabajo que acelere el desarrollo del aspirante.
La intención del Maestro o Hermano Mayor en estos casos es de hacer del aspirante su discípulo para, una vez superada la fase, presentarle para que reciba la primera iniciación. Pero el Hermano Mayor no obliga ni exige obediencia, solo da las pautas y ejercicios, el resto es cosa del aspirante, el cual, puede o no aprovechar la oportunidad de evolucionar más rápidamente. El período de prueba suele ser de 5 a 7 años, aunque claro, hay quien consigue ser discípulo y llegar a la iniciación en menos tiempo porque demuestra un gran desarrollo intelectual, un amor al prójimo y un deseo de ayudar altruistamente a la humanidad, que son muy bien valorados por el Maestro. Naturalmente que el Hermano Mayor inspira y ayuda al discípulo pero es éste quien debe esforzarse y sacrificarse si de verdad quiere aprovechar la oportunidad de adelantar varias vidas y hacerse un colaborador de los Hermanos Mayores. Así, cuando el aspirante se convierte en discípulo dando muestras de que está preparado para ser un amoroso, responsable y fiel colaborador de la Gran Fraternidad Blanca, el Maestro le presentará como candidato y ante un “padrino”, un hierofante y, a veces, junto a otros candidatos, recibirá la primera iniciación.
A partir de que el aspirante comienza a recorrer el sendero del discipulado, todo su esfuerzo se centrará en servir amorosa y desinteresadamente a la humanidad y a hacer los ejercicios y deberes responsablemente bajo la dirección de su Maestro con la única intención de que la personalidad vaya disminuyendo en poder. Como es de suponer, al debilitarse la personalidad, aumenta la influencia del Yo superior, o lo que es lo mismo, cada vez actuamos más como Egos y menos como personalidad. Esto lleva consigo dos nuevos aspectos del progreso, estos son:

1º.- El desarrollo de poderes como la clarividencia y la salida del cuerpo físico conscientemente.
2º.- Que el Ego comienza a recibir más influencia del propio Espíritu.
Aunque aquí no toca, diré que uno de los obstáculos que el aspirante debe superar para alcanzar la iniciación es el hecho de vencer al Guardián del Umbral, el cual es, ni más ni menos, que una especie de monstruo que representa y está formado por todas las maldades cometidas en el pasado; hasta que no venza a este “ser” no podrá ser consciente en los mundos invisibles. A partir de la primera iniciación, el iniciado pertenece al grupo que, en cumplimiento de la Voluntad de Dios, pasará a la siguiente gran fase eliminando así la posibilidad de verse fuera de este esquema evolutivo (condenación eterna) Esto significa que en la presente ronda alcanzará la “perfección” o nirvana y estará a salvo de los 16 Senderos de Destrucción.
Por lo general, suelen pasar varias vidas entre una iniciación y otra (salvo excepciones) y en cada una de ellas se aumenta el grado de purificación y se expande o eleva la conciencia. Pero también dependerá esto mucho según el karma acumulado del pasado, según el progreso espiritual, y según el esfuerzo y purificación del individuo; sin embargo, siempre habrá más desarrollo de poderes y más conocimiento oculto que le vaya preparando para el siguiente grado de “Hermano Lego”.
Cuando hablamos de purificación y de liberación del peligro de no pasar a la siguiente ronda o etapa, estamos refiriéndonos a que el discípulo debe esforzarse mucho por purificar su carácter y, por tanto, vencer sus defectos. Estos son algunos de los obstáculos a superar o aspectos que desarrollar:

1º.- La irritabilidad, el orgullo, la sensualidad y la ira son obstáculos importantes que hay que superar en el Sendero del Discipulado pero, como es lógico, antes ya se ha debido de trabajar otros aspectos menores de la personalidad que le esclavizan y atan a la rueda de renacimientos (envidia, crítica, gula, etc.)
2º.- Un segundo obstáculo trataría de superar la incredulidad o duda respecto al Plan evolutivo de Dios del que él es parte y respecto a las Leyes que intervienen en dicho proceso evolutivo gracias a las cuales él obtendrá una conciencia como Dios y un desarrollo de sus poderes divinos. Varias vidas antes del discipulado debe pasar de incredulidad a duda, a hipótesis y a ideales que, una vez vividos y experimentados prepararán al candidato para la iniciación. Mientras haya dudas el candidato no pasará de discípulo.
3º.- Otro aspecto importante relacionado con el discipulado es la aceptación de que ciertos ritos, ceremonias, invocaciones, oraciones, etc., son conductores de fuerzas espirituales que, utilizados de forma voluntaria, ayudan al hombre a armonizar su conciencia y voluntad personal con la conciencia y voluntad divina. Aunque sirven de mucha ayuda a los aspirantes, sin embargo, no son imprescindibles para adquirir cierto grado de sabiduría ni para colaborar con la obra de Dios. Recordemos que hay hermanos nuestros más avanzados así como Ángeles y Arcángeles que nos ayudan en nuestro desarrollo, pero que, en definitiva, somos nosotros quienes debemos esforzarnos y superar los obstáculos. Lo primero es reconocer que somos hijos de un Dios y que tenemos todas sus posibilidades dentro de nosotros, y lo segundo expulsar todas las dudas, creencias, supersticiones y lo que entorpezca nuestra unión con lo superior fuera de nosotros. Con estos pasos y con la ayuda del Maestro el candidato eleva su desarrollo mental al nivel de la intuición y de la comprensión de verdades inimaginables para el común de la humanidad. Y si el Maestro ve que el candidato se esfuerza por superar la personalidad y por desarrollar el Espíritu, colaborará todavía más para que amplíe su conciencia, sin embargo, aún le quedará mucho que hacer al aspirante.
4º.- La conciencia de “personalidad” o yo respecto al cuerpo físico que hace pensar al individuo que la salud, los problemas, la muerte, etc., le afectan a él en vez de a su cuerpo son otro obstáculo para el sendero de perfección. Cuando se desarrolla el discernimiento, la observación y la capacidad de análisis, a la vez que se adquieren elevados ideales y conecta con alguna religión o escuela oculta elevada y seria, comienzan a comprender que la mayoría de lo que pensaba que era (cuerpo de deseos, emociones, ideas, etc.) en realidad no son él. Esto lleva al individuo a identificarse cada vez más con su verdadero Yo superior o Ego, lo que, a su vez, le lleva a disfrutar de una nueva forma de ver la vida.

Estos pasos, entre otras cosas, son los que llevan al ser humano de elevados ideales y que está dispuesto a servir a Dios y a la humanidad, a las puertas de la iniciación. A partir de aquí la vida está llena de felicidad, una felicidad interna que hace que cuando mire con amor y humildad a los hombres que aún siguen atados a la tierra, le cause dolor. Este iniciado se hace mensajero de Dios entre sus hermanos, imitador y practicante de la obra de Cristo, colaborador de las Jerarquías superiores para eliminar cuanto antes la ignorancia y el apego material de los hombres, y luz para alumbrar a sus hermanos que andan en la obscuridad. El Sendero del Discipulado está lleno de sacrificios, de esfuerzos y persistencia, de renuncias dolorosas e incluso de separación por parte de otros que no comprenden el cambio de personalidad. Pero también es un sendero que llena de gozo, de una felicidad a veces inexplicable, de un deseo intenso de servir y amar al prójimo, de entusiasmo, de inspiración y de esperanza. Este es el Sendero de la Transfiguración, una transfiguración que hará que, tanto durante el día como por las noches mientras el cuerpo físico duerme, las experiencias y el aprendizaje sean en unos planos hasta ese momento desconocidos. Es ahora, cuando el Yo superior ha vencido a la personalidad, cuando puede decir “Yo soy Yo, ya no soy ese otro yo que era”.


Francisco Nieto

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