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miércoles, 16 de septiembre de 2009

HACER LO QUE QUEREMOS


Todos hemos pasado, pasamos actualmente, y pasaremos en el futuro por etapas de poco entendimiento de los misterios de la vida y del ser, sobre todo cuando tenemos problemas y queremos solucionarlos de la mejor manera. Por ello, muchas veces nos preguntamos por qué nos ocurren ciertas cosas o por qué cuando queremos hacer el bien nos sale todo mal.
San Pablo dijo: “Porque no entiendo lo que hago, ni hago lo que quiero, sino que lo que aborrezco, aquello hago. Porque no hago el bien que quiero, más el mal que no quiero eso hago. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mi, porque según es el hombre interior, así me deleito en la Ley de Dios”.
Pablo nos habla de esa lucha por hacer el bien y de su desviación hacia el mal por dejarse llevar por las tentaciones. Nos habla de la lucha del Espíritu contra la personalidad, la lucha de la voluntad por controlar la mente para utilizarla en el gobierno de los deseos y sentimientos bajos del cuerpo de deseos.
Según evoluciona el ser humano y supera, por medio de la experiencia, las pruebas de la vida, o mejor dicho, las pruebas que él mismo ha creado en su pasado, así se va dando cuenta que surgen otras nuevas.
Algunas personas se preguntan ¿Por qué? La respuesta sería: Porque si no fuera por estas pruebas y tentaciones que nos trae la “escuela” de la vida, no evolucionaríamos. Está claro, que si en una vida llegamos a un determinado grado de desarrollo por medio de las experiencias y pruebas del destino, nuestra conciencia es más elevada y amplia, por consiguiente, si tenemos que evolucionar como todo en la naturaleza evoluciona, tendremos que experimentar y ser probados en la siguiente vida.
Pero ¿Qué son esas pruebas o experiencias que hacen que evolucionemos? Son el efecto de las causas cometidas en las vidas pasadas, que nos llevan a vivir en un determinado lugar y a convivir con determinadas personas con las cuales tenemos algunas deudas. El hecho es el siguiente: Según evolucionamos, la materia de nuestros cuerpos (mental y astral) se va purificando (por eso, las pruebas son cada vez más sutiles y elevadas) y nuestros cuerpos son más débiles ante las tentaciones, al menos al principio del sendero espiritual.
A través de la vida, estamos atrayendo materia astral y mental hacia nuestros cuerpos que se corresponden con esos mundos, y según sean nuestros pensamientos y sentimientos, así de pura será esa materia. Esto es el resultado de muchas vidas y según nos esforcemos en ser mejores, esa materia responderá mejor a las influencias externas. Eso significa que cuando a un hombre le afecta algo negativamente, es porque ese algo ya lo conoce y a estado en la materia que componen sus cuerpos.
Cuando vemos que una persona hace algo que no nos gusta, es porque nosotros ya lo hemos hecho y experimentado antes, ya lo hemos sido, y aquí surge la tentación de responder o actuar bien o mal por medio de un sentimiento o un pensamiento. “Queremos hacer el bien pero hacemos el mal” porque nuestra voluntad es débil, las pruebas superadas en otra vida deben ser confirmadas y por eso tenemos materia de ese grado en nuestros cuerpos. Si nuestra voluntad es fuerte y concentrada, las venceremos y eliminaremos poco a poco, y si no las superamos y “hacemos el mal que no queremos”, entonces aumentaremos esa materia y, a su vez, éstas atraerán más cuando volvamos a cometer esos mismos errores. Si seguimos esa regla no nos quedará más remedio que sufrir las consecuencias en el purgatorio después de la muerte, pero ¿Por qué no empezar a actuar ya en esta vida?
El desarrollo espiritual es la “elevación y ampliación de la conciencia”, el tomar conciencia de las cosas es sabiduría, si practicamos positivamente ese “tomar conciencia” en todo lo que hacemos, pensamos y decimos, nuestras experiencias irán dirigidas siempre hacia lo elevado y humanitario de la vida. Así nos rodearíamos de material astral y mental más elevada y pura, eso es, al fin y al cabo, “concentración”.
Si una persona concentra su mente, será dueño de todo lo que piense, diga o haga, pero además, si la utiliza para crear pensamientos elevados y sentimientos humanitarios y altruistas, estará atrayendo voluntaria y conscientemente la materia necesaria para que sus cuerpos sean más puros. Si por medio de la persistencia, la paciencia y la clara voluntad de acción, la persona es creadora de sentimientos y pensamientos espirituales, estará venciendo las tentaciones y pruebas del destino, y estará haciendo “el bien que desea hacer” pero que antes no podía.
Hasta ahora la humanidad se ha dejado llevar normalmente por sus deseos, sentimientos y emociones, no ha sabido utilizar la mente para dominarlos y cambiarlos, o lo que es lo mismo, ha evolucionado gracias al sufrimiento en la vida física y en el purgatorio que pasamos después de la muerte por no ser dueño de sus propios vehículos.
Cuando tomamos conciencia de que estamos por encima de nuestro cuerpo de deseos (astral) y de nuestra mente, estamos en posesión de una gran verdad que nos hará libres. Entonces buscamos la experiencia y las pruebas de la vida para superarlas y para elevarnos hacia un plano superior, así creamos voluntaria y conscientemente pensamientos y sentimientos de ayuda para la humanidad. Entonces descubrimos que por encima de las preocupaciones y los problemas está el Yo superior, el Ego, al que nada de eso le afecta y el que sólo busca la unión con Dios.
Si nos conocemos a nosotros mismos, conoceremos nuestras virtudes y defectos, nuestras debilidades y fortalezas. Si meditamos nuestras actuaciones diarias, encontraremos la clave de por qué somos de determinada manera, y si analizamos nuestros pensamientos y sentimientos, veremos el motivo de nuestras acciones.
Resumiendo, “Así como un hombre piensa, será él en su corazón”, “Según sean sus ideales, así será su línea de actuación en la vida”, “Según sea el poder de su voluntad y de concentración, así podrá conseguir elevarse por encima de lo material”.

Francisco Nieto Vidal

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