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domingo, 4 de octubre de 2009

ENFRENTÁNDONOS AL DOLOR


Sabemos, como estudiantes de la Filosofía Rosacruz, que deberemos enfrentarnos al dolor en numerosas ocasiones. Sabemos también, que ésa es la mejor manera de liquidar nuestras anteriores deudas, de aprender nuestras lecciones y de avanzar más rápidamente en el camino de retorno al Padre. Sin embargo, pienso que no debemos enfrentar ése dolor dejándonos llevar por él, ni intentado obtener la compasión de los demás, sino de una forma positiva e intentando ver todo el beneficio que nos aporta, con lo cual, en vez de dolernos, nos va a satisfacer.
Max Heindel, nos dice que dos pensamientos no pueden ocupar la mente al mismo tiempo, y nos da un método para sacar nuestros malos pensamientos de la mente, simplemente substituyéndolos por otros buenos. Yo he pensado que lo mismo podemos hacer con nuestros sentimientos y con todo cuando nos produce dolor. Se trata simplemente de buscar lo positivo de nuestro dolor y automáticamente ése se trasmutará en alegría. Será entonces cuando, verdaderamente, como Cristo podremos decir !Padre, como me glorificas¡
Paso ahora a contaros algunas de las maneras en que yo he conseguido hacer que el dolor se transformase en alegría y satisfacción personal. Lo hago así, porque la manera en que aprendo yo mejor, es a través de mis experiencias, y porque la teoría sola puede llevar a interpretaciones erróneas, mientras que los ejemplos vivos, no dejan lugar a dudas.
El primer ejemplo, es muy sencillo: A mí me gusta mucho comer, y recuerdo una ocasión en que, estando invitada a una comida y sin poder hacer nada más que esperar para comer, mi hambre iba aumentando cada vez más... hasta que cogí un periódico que había allí; me abstraí tanto en su lectura, que mi sensación de hambre desapareció hasta el punto de que cuando nos llamaron para comer, casi prefería seguir leyendo.
En mis relaciones con los hombres, me he llevado más de un chasco, así que, en vez de dejarme arrastrar por el dolor, en una de esas ocasiones, se me ocurrió la idea de que, dejándome llevar por la amargura y la tristeza, estaba dejando pasar una maravillosa oportunidad, para aprender como debería comportarme yo, como hombre, en mi siguiente encarnación. Así lo hice, viéndome en la obligación de tener que ponerme en el sitio del hombre que me había dañado, para poder imaginarme cómo lo debería de hacer yo, en mi próxima existencia. No cabe la menor duda, de que yo estaba en una situación mucho más ventajosa que el hombre en cuestión a la hora de encontrar dicha solución, ya que como mujer sé y siento como tal. Así que, forzosamente, habría de serme infinitamente más fácil hallar dicha solución. ¿Me creeréis si os digo que, hasta ahora, aún no he sabido encontrar la manera idónea de afrontar dicha situación, cuando en mi existencia venidera, me halle en el sitio en que está colocado ahora, el hombre? Y es que, las mujeres, somos muy difíciles de comprender y de satisfacer (entiéndase esto en el buen sentido de la palabra, por favor). La solución, espero hallarla, más tarde o más temprano, pero lo más importante de la cuestión es que, mientras tanto, mi dolor a desaparecido, tampoco le mando malos sentimientos, ni pensamientos a ése hombre, sino que, por el contrario, le comprendo y estimo.
No creáis que siempre he reaccionado así a la primera. Las primeras veces mis reacciones eran fatales, mandando malos sentimientos y pensamientos por doquier, despotricando y quejándome... Por favor, debemos aprender a controlar esos primeros impulsos, pues cuanto hagamos y digamos será nefasto para nosotros y los que nos rodean. Para eliminar y transmutar esos primeros impulsos negativos, también he hallado algunas tácticas que a mi me valen. Son éstas: en cuanto empiezo a notar el pinchazo del dolor o amargura, en seguida me apresuro a ponerme en contacto con Dios diciéndole que use ése dolor para limpiarme toda por dentro, así empiezo a imaginarme como la amargura penetra por cada rincón de mi cuerpo y me limpia. ¡Os aseguro que funciona! ¡Probadlo! Otras veces, me fuerzo a pensar: ¡Que bien, una nueva oportunidad de quemar karma! Otras veces, tal y como dice el poema de Antonio Machado que os transcribo más adelante, me imagino como, las abejas, trasformarán la amargura que ahora me aqueja, en esa dulce miel que me deleitará con su sabor.
Por último, ya sólo deseo deciros que, tal y como dijo Cristo, Su Reino no es de este mundo. Es decir, Él no va a transformar las circunstancias que, por karma, nos toca vivir; es más, como caminantes voluntarios del sendero, seguro que se nos añadirán más circunstancias adversas que a la normalidad de la humanidad; ya que como sabemos, es la mejor manera de acelerar nuestra marcha en el camino de retorno al Padre, convirtiéndonos así, en seres más aptos para el servicio a la humanidad. Pero si que va a transformar nuestra manera de sentir, de pensar, de afrontar, de comprender, de amar.. El Reino de Cristo es interno, no externo y, como tal, debemos buscarlo en nuestro interior, para que nos ayude a afrontar alegremente todas y cada una de nuestras pruebas. Entonces, las piedras que hacen tropezar a la mayoría de la humanidad, se convertirán para nosotros en agarraderos para escalar la montaña de la Iniciación. Y, al igual que Cristo, ante la mirada atónita del resto de la humanidad, diremos: ¡Señor, cómo me glorificas!

ANOCHE CUANDO DORMIA (de Antonio Machado)

Anoche cuando dormía, soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía dentro de mi corazón.
Di, ¿Por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida en donde nunca bebí

Anoche, cuando dormía, soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar..

Anoche cuando dormía, soñé, ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón.


De una buena Amiga anónima

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