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domingo, 26 de diciembre de 2010

CÓMO AYUDAR POR MEDIO DEL PENSAMIENTO (II)


Si los pensamientos que queremos hacer llegar a una persona en forma de ayuda, consejo o consuelo, son suficientemente fuertes, claros y concentrados, sin duda que le alcanzarán. Aún en el caso de que no ocurra en el mismo momento, se quedarán flotando y le penetrarán cuando su mente esté fatigada o inactiva. Son infinitas las cosas en que podemos beneficiar a otros con nuestros pensamientos auxiliadores, en la calle, en el trabajo, a familiares, vecinos, amigos, etc. Es importante no pensar mal para no ir dejando semillas de discordia por donde nos encontremos, pero también lo es expresar lo mejor de nosotros en pensamiento, palabra y obra ante cualquier persona y lugar. Esto, a su vez, rodeará nuestros cuerpos en forma de aura etérica y emitiremos vibraciones de bondad allá donde nos encontremos.

Veamos, por tanto, algunos ejemplos de lo que podemos hacer con nuestra mente a lo largo del día y de la noche. Uno de los beneficios que podemos obtener de la mente es cuando la sabemos preparar antes de dormirnos pero, ¿qué es el sueño? Cuando, después de estar todo el día gastando energía y destruyendo tejidos del cuerpo, llega la noche, al no poder reabastecerse más, el "yo" abandona el cuerpo físico con su cuerpo de deseos y con su mente para reconstruir y revitalizar dicho cuerpo. Como consecuencia y puesto que la conciencia pasa a dos mundos relacionados con dichos cuerpos, el cuerpo físico queda dormido pero el hombre sigue existiendo en esos mundos aunque no pueda imprimir lo que hace en el cerebro.

La diferencia de estar despierto o dormido en relación a lo que estamos tratando es que cuando se está fuera del cuerpo no interviene el cerebro físico, y la mente es, como consecuencia, más poderosa en cuanto a la creación de pensamientos. Aun en los estudiantes esotéricos, de poco sirven estos conocimientos porque no se suelen tener en cuenta ya que en vez de dormirnos con cierta intención de aprovechamiento nocturno, nos dormimos pensando en nuestros asuntos cotidianos. Entonces no “emitimos pensamientos con determinada intención” sino que seguimos pensando en nosotros mismos y en nuestros asuntos, no obteniendo así ningún resultado o ayuda.

Entre las muchas cosas que hacemos y que podemos hacer cada noche después de dejar el cuerpo físico dormido, está la de obtener respuestas a nuestros problemas o dudas. Así es que comenzando por preparar papel y lápiz por si nos hace falta por la mañana para escribir algún recuerdo, lo primero que hay que tener en cuenta es que cuando vayamos a dormir no hay que dar vueltas a dicho problema o duda. Es importante no intentar encontrar la solución en ese momento porque eso impediría coger el sueño, más bien al contrario, hay que tener muy claro lo que se desea y plantearlo con claridad para después dejarlo en el aire. Con esto, lo que estamos haciendo es dormirnos con esa idea activa, y con el yo o pensador preparado para que se ocupe del problema. En muchos casos se obtiene respuesta porque el Yo o Ego se encarga de imprimirlo en el cerebro, pero estas impresiones duran muy poco y por eso se aconseja apuntarlas cuando nos despertamos.

Si, como hemos explicado, el hombre es más libre y poderoso para pensar cuando está fuera del cuerpo físico, quiere decir que también podemos hacer otras obras benefactoras a otras personas desde esos mundos. En este caso da igual que la persona esté muerta o dormida, es decir, que ayudemos a un vivo mientras duerme que a una persona que hace poco que ha fallecido. Como en el ejemplo anterior, hay que tener una idea muy clara respecto a lo que se quiere hacer y representarse lo más perfectamente posible a la persona a la cual queremos dirigir nuestros pensamientos. Si se hace esto con la intención y el fuerte deseo de encontrar a esa persona para ayudarla, dicha imagen mental atraerá a la persona y se efectuará la comunicación. Es importante que antes de dormirse, el interesado en ayudar a otro, esté relajado mental y emocionalmente porque la inquietud, la agitación o una emoción fuerte, crean remolinos en el cuerpo de deseos y éstos impiden que haya buenos resultados; a veces hay algún recuerdo o “sueño” de ello pero, aunque no fuera así, eso no impide que se cumplan los deseos de la comunicación. Todo pensamiento, esté dormido o despierto el pensador, que es dirigido con fuerte voluntad y persistencia a un fin determinado, cumple una misión. Si creamos pensamientos de esta forma para ayudar a alguien, a una misión, a un grupo o movimiento, etc., que no nos quepa duda que estas corrientes de pensamiento alcanzarán al grupo o personas y dejarán su mensaje en sus cuerpos mentales.

El hecho de que cada uno de los cuerpos mencionados esté constituido de materia más sutil o etérica uno respecto a otro, no significa que no cumplan una misión o que sus acciones no tengan sus efectos. Por ejemplo, la repetición de un hecho hace que el cuerpo etérico cree un hábito; la repetición del deseo de consumir tabaco o alcohol crea apego o pasión hasta el punto de verse la persona dominada. Respecto a la mente, aunque su actividad no sea tan fácilmente demostrable, es más poderosa que los demás cuerpos y por eso les domina o puede dominar. En realidad la mente es creadora puesto que todo lo creado por el hombre tiene su origen en ella, y está capacitada, entre otras muchas cosas, para comunicarse con otras mentes. Las imágenes que llegan a los ojos gracias a las ondas de luz (vibraciones electromagnéticas) y que luego se traducen en impulsos nerviosos para llegar al cerebro, son las que capta la mente (puesto que es etérica y compenetra al cerebro físico) y de estas imágenes es de donde extrae el conocimiento el yo (también representado como voluntad) Cuando el yo desea expresarse utiliza la mente para razonar el hecho, ésta pone en actividad el área del cerebro correspondiente y, por último, lo expresa por medio del sistema nervioso como palabra u obra.

En el caso de los muertos es diferente puesto que no tienen cerebro físico ni sentidos, pero eso no representa un inconveniente sino lo contrario porque las mentes se comunican directamente y las formas de los pensamientos son tan reales en ese mundo como los objetos en nuestro mundo físico. Cuando una persona abandonan su cuerpo definitivamente comienza otra forma de vida muy diferente a la terrestre por el hecho de no tener sentidos físicos con que expresarse, como consecuencia se ve obligada a vivir internamente sintiéndose mucho más identificado con su mente que lo que lo estaba aquí en la tierra. Por otro lado, el cuerpo de deseos hace las veces del físico y “encuentra” toda clase de expresión (salvo pocas excepciones) para que el hombre pierda la comunicación con el mundo físico, con la particularidad de que cuanto más poderosa sea la barrera que impide expresarse más receptividad interna hay respecto a lo que proceda de las mentes y del mundo de pensamiento.

Esto es así hasta el punto de que, cuanto más desarrollo espiritual haya obtenido una persona en su vida física, más poder interno, de comunicación y de expresión tendrá en esos mundos superiores. Así es que, un pensamiento de amor fraternal o de cariño a una persona fallecida le es más real y le causa más efecto que si se le dijera ante ella misma o físicamente. Los pensamientos de ayuda, consuelo amor, etc., (excepto los que pueden atraerles en algún sentido hacia la tierra) dirigidos a un fallecido no solo le darán paz y amor sino que también le ayudarán a atravesar mucho antes las regiones inferiores de ese mundo. Es triste que estas personas no puedan verse ayudadas por sus familiares y amigos por el hecho de no conocer o no creer en esta enseñanza, pero lo cierto es que cuando se envía un pensamiento con voluntad y concentración en la imagen del ser querido fallecido, este pensamiento actuará como un Ángel Guardián.


Francisco Nieto

sábado, 11 de diciembre de 2010

CÓMO AYUDAR POR MEDIO DEL PENSAMIENTO (I)


¿Cuántas veces al día tenemos a la mente bajo control hasta el punto de poder decir que pensamos voluntaria y conscientemente? ¿Cuántas veces somos responsables de lo que pensamos y cuántas discernimos para elegir entre pensar bien o mal? La verdad es que, en la mayoría de los casos, muy pocas. Podemos estar centrados responsablemente en un asunto y actuar y pensar correctamente, pero entre este asunto y el siguiente pueden pasar incluso horas sin tener un control verdadero sobre los cuerpos que nos llevan a hablar, actuar y pensar. Por un lado, el cuerpo de deseos nos está tentando constantemente con las cosas que ya ha experimentado muchas veces y que producen placer, ocurriendo que nuestra voluntad cede gustosamente sin que nos pongamos a analizar el hecho para ver si nos beneficia o nos perjudica. Por otro lado, la mente se deja dominar por dichas tentaciones y por deseos que, más egoístas que altruistas, satisfagan nuestros sentidos, ante lo cual tampoco se utiliza la razón para evitarlo. Por último, el cuerpo físico, impulsando por las repeticiones anteriores y por el cuerpo de deseos y al no ser frenado por el discernimiento ni por la voluntad, actúa de forma automática, por impulso o por instinto buscando egoístamente una vida cómoda y de placer.

De todos los cuerpos que utiliza el hombre, (el verdadero yo) entendiendo que dicho hombre se manifiesta como conciencia y voluntad, la mente es la que debería predominar sobre los demás puesto que, si se requiere, tiene el poder suficiente como para dirigir el cuerpo físico y vencer a los impulsos, instintos y deseos que llevan al hombre a actuar de la manera que lo hace. Pero el poder de la mente no se debe utilizar solamente para el control de los vehículos o cuerpos del verdadero hombre, sino que se puede utilizar también para propósitos altruistas y benefactores respecto a las demás personas; es más, la Ley de Consecuencia recompensa más las buenas obras que se hacen al prójimo que las que se hacen sobre uno mismo. Y es por este razonamiento por lo que deberíamos de preguntarnos ¿Si mi mente está pensando todo el día, por qué no utilizarla para beneficiar al prójimo en los momentos de ocio y descanso?

Antes de entrar a fondo en lo que trata este artículo conviene, sobre todo pensando en los que apenas saben nada sobre filosofía oculta, explicar algo sobre lo que somos y muy especialmente sobre la mente. El ser humano está compuesto de:

1º.- Un cuerpo físico cuya materia es igual que la de cualquier otro objeto, es decir, de átomos; por tanto, ni tiene deseos, ni sentimientos, ni tampoco piensa como ocurre con el mineral.


2º.- Un cuerpo etérico o vital (de materia más sutil) que es el que mantiene vivo al cuerpo físico y el que encarga de que el organismo cumpla sus funciones; si fuéramos solo estos dos cuerpo seríamos como las plantas que nacen, crecen, se reproducen y mueren, pero no tienen deseos ni piensan.


3º.- Un cuerpo de deseos o emocional que es el que hace que el cuerpo físico actúe en una dirección o en otra según sus deseos, sentimientos y emociones; su fin, entre otros, es que el hombre tenga experiencias que le sirvan para evolucionar. Si sólo tuviéramos esos cuerpos seríamos como los animales.

4º.- Un cuerpo mental que sirva al hombre para obtener conocimiento, discernir entre lo correcto o incorrecto y entre lo verdadero y lo falso, y para que sea consciente de su ser y del sentido de la vida para así poder imponer su voluntad y dirigir su destino.

Razonando lo que estamos tratando, está claro que es la mente la que, bajo la dirección de la voluntad y la conciencia, puede llevar por buen camino a los demás cuerpos y para obtener mayor beneficio y rendimiento respecto a nuestro desarrollo y a la humanidad. La mente crea y emite pensamientos, pero también recibe y se deja llevar por otros ajenos y por determinadas atmósferas mentales. Por consiguiente, no se trata nada más que de decidir entre crear pensamiento buenos o malos, fuertes o débiles, egoístas o altruistas, interesados o indiferentes, etc.; y por otro lado, controlar la mente de tal manera que la observación sobre ella permita elegir, recibir y rechazar los pensamientos que lleguen del exterior y los impulsos del cuerpo de deseos.

Pero, veamos lo qué es y cómo actúa un pensamiento. Cada pensamiento repercute sobre su cuerpo mental, y cuando se repiten pensamientos de la misma naturaleza se crean las costumbres o hábitos. También repercuten sobre los demás cuerpos, por ejemplo, determinado pensamiento puede producir un sentimiento, deseo o emoción que impulse al cuerpo físico a la acción. Los pensamientos atraen a otros pensamientos de similar naturaleza de igual manera que la vibración emitida por un instrumento musical y trasportada por el aire puede estimular la misma nota musical en otro instrumento afinado con el mismo diapasón. También afecta a las diferentes regiones de los mundos según la naturaleza del pensamiento, así, los pensamientos malévolos aumentarán los malos sentimientos y pensamientos de esos mundos y, a su vez, a los cuerpos mentales de las personas que vibren en ese grado de desarrollo. El pensamiento afecta al cuerpo mental de otra persona según la fuerza, la claridad y la voluntad y persistencia con que se envíen o creen. Pero para que un pensamiento afecte a alguien éste tiene que estar atento o tener esa vibración en su cuerpo mental, ya que si no es así, el pensamiento pasará de largo como pasan las palabras por los oídos de alguien que está pensando en un problema y no escucha a quien le habla. Sin embargo, cuando un pensamiento penetra en la mente de otro, éste vibrará hasta intentar reproducir lo que es o dejarla hasta verse fortalecido por otro pensamiento similar.

En la vida cotidiana de cualquier persona suele haber tres clases de pensamientos:

1º.- Los que se crean con una intención determinada.
2º.- Los que flotan a su alrededor y que pueden ser suyos o atraídos de otras personas por estar en sintonía.
3º.- Los que se crean, la mayoría de las veces inconscientemente, y se van dejando por donde esté su creador, manifestando así su propio carácter y personalidad.

Es muy importante pensar consciente y positivamente para que el efecto de nuestros pensamientos sea de ayuda a los demás, pero tan importante como eso es estar atentos a lo que nuestra mente piensa como efecto de lo que nos afecta del exterior porque cuando cedemos a pensamientos malos, su vibración se asentará en nuestro cuerpo mental para germinar y fortalecerse con cada pensamiento que de esa naturaleza atraiga. Cuando ocurre esto, esa maldad se manifestará en pensamiento, palabra y obra. De hecho, cuando una persona tiene arraigado el hábito de pensar mal es porque en otra vida ha acumulado pensamientos de esa naturaleza y estarán ahí hasta que los transforme haciendo exactamente lo contrario.

Hay veces que conocemos a alguien que tiene problemas y sabemos, o hemos intentado y no hemos podido, que por su carácter o poca relación con él, no nos va a escuchar. Es en estos casos cuando nuestra actividad mental debe dirigirse hacia él para ayudarle a expensas de su cerebro físico; es decir, actuando o influyendo en su cuerpo de deseos y su mente. Por muy poderosa que sea esa mente o por muy centrada que esté en sus problemas o asuntos, siempre habrá una oportunidad de influenciarle con nuestra mejor voluntad, sea despierto o sea dormido.


Francisco Nieto

sábado, 27 de noviembre de 2010

POR QUÉ NO EXISTE LA MUERTE


Basándome en el título de mi último libro, que es una afirmación de que la muerte no existe, quisiera dejar claro con este artículo tal enseñanza a través de una serie de razonamientos lógicos dando a los lectores las afirmaciones necesarias para que les haga reflexionar al respecto. Pero, claro, aunque mis escritos suelen estar basados en las enseñanzas ocultas, es lógico que mis razonamientos sean comprendidos, al menos, por casi todas las personas, así es que, al igual que en el libro, en este artículo voy a intentar explicar que la muerte no existe porque el verdadero ser humano pensante que habita el cuerpo físico, no es el cuerpo físico puesto que es simplemente materia.

Comencemos por diferenciar el Yo pensante de todo lo demás, es decir, del no-yo. Cuando, refiriéndonos a nosotros mismos, decimos “yo”, estamos afirmando que somos autoconscientes, que nos identificamos a nosotros mismos como un Yo separado de los demás yoes y de los demás objetos que nos rodean porque nuestra conciencia no se identifica con ellos en ningún sentido.

El Yo, o verdadero ser humano, no puede ser el cuerpo físico puesto que éste está compuesto de átomos (con sus protones, neutrones, electones, quark...) como cualquier otro objeto físico. Si fuéramos el cuerpo físico también nos identificaríamos con cualquier objeto y los objetos tendrían sentimientos y pensarían como nosotros pero no es así, luego entonces, el Yo es algo más que el cuerpo físico. Es más, ni siquiera el cuerpo físico es materia puesto que a la composición del átomo se la podría denominar más bien energética.

No podemos ser el cuerpo físico puesto que, en realidad, el cuerpo físico no ve, ya que son los ojos los que captan las ondas de luz (vibraciones electromagnéticas) que hacen que podamos recibir en el cerebro las imágenes que nos rodean. Una vez en la retina, la luz produce unos impulsos nerviosos que llegan al cerebro reflejando así dichas imágenes. ¿Esto significa que es el cerebro quien ve? Por supuesto que no, ya hemos dicho que nosotros no somos materia física y el cerebro es materia física. Además y por otro lado, si nosotros fuéramos el cerebro ¿cómo se reflejaría y dónde estarían las emociones, los deseos, los sentimientos…? El cerebro es, simplemente, el ordenador central del sistema nervioso central puesto a disposición del Yo y, por tanto y como todo lo demás, es no-yo, sin embargo le pertenece al Yo y es uan herramienta imprescindible para su desarrollo aquí en la Tierra.

Es cierto que el cuerpo físico tiene vida y que gracias al sistema nervioso, al cerebro, a los impulsos eléctricos, etc., hacen pensar a la mayoría de las personas que son ellas mismas, pero lo cierto es que lo más aproximado a eso sería el cerebro. El cerebro recibe las ondas sonoras que, procedentes del oído, también ponen en actividad las neuronas pero, como en el caso anterior de la vista, ¿Quién es el que distingue los sonidos y decide cuál le gusta más o menos? Ni las neuronas, ni los impulsos eléctricos, ni ninguna otra actividad cerebral puesto que el cerebro es solamente el vehículo físico de la mente.

Para comprender lo que intentamos explicar hay que saber quién es y dónde está situado el Yo. Ya hemos dicho que el Yo no es material porque si lo fuéramos nos sentiríamos como cualquier objeto; por el hecho de tener vida tampoco somos un “Yo” puesto que entonces las plantas (que tienen cuerpo físico y vida) tendrían conciencia y se manifestarían como yoes autoconscientes; tampoco por el hecho de tener sentimientos, deseos y emociones nos puede hacer pensar que somos yoes puesto que entonces nos identificaríamos con los animales que también los tienen. La gran diferencia con esos reinos, y más aún con los animales, es que, además de tener cerebro como ellos, nosotros tenemos la mente. Y por el hecho de que la mente (inmaterial) compenetre etéricamente el cerebro físico ya hacen pensar a otras muchas personas que el Yo es la mente.

Es cierto que la mente tiene influencia y poder sobre el cerebro, pues, éste es, al fin y al cabo, un centro de operaciones pero no es el controlador u operador. Se ha demostrado que el pensamiento (los hábitos, la concentración, etc.) pone en actividad las áreas correspondientes del cerebro según sea lo que se piense, sobre todo cuando se piensa voluntaria y conscientemente. También se ha demostrado que esa actividad puede transformar el cerebro, lo que nos lleva a confirmar que nosotros no somos el cerebro y, aunque parece ser que fuéramos la mente, lo cierto es que tampoco lo somos.

Como podemos comprender si estudiamos el papel de la mente, ésta tampoco puede ser el Yo individual de cada persona, la mente forma parte de la personalidad (cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo de deseos y cuerpo mental) mientras que el Ego, el Yo superior es la individualidad que utiliza dichos cuerpos con más o menos poder según el desarrollo adquirido a través de los renacimientos. ¿Por qué no tiene un poder total? pues porque la personalidad no ha evolucionado lo suficiente como para facilitarle su expresión, es más, ni siquiera puede controlar continuamente (como algún día se hará) la mente ya que, como sabemos, está casi todo el día suelta pensando en cosas de las que nos somos conscientes y cambiando de un motivo a otro sin control ni razonamiento.

Cuando la humanidad aún no había desarrollado la razón hace millones de años, el Yo superior no tenía apenas posibilidad de hablarnos. Fue en gran parte gracias al estado purgatorial después de cada vida y al karma de cada renacimiento como el hombre comenzó a oír la “voz de la conciencia”, es decir, las advertencias del Yo superior para que no hiciéramos el mal. El cuerpo más perfecto y evolucionado de todos es el cuerpo físico, precisamente por ser el más antiguo en desarrollo y por tener la conciencia en él y en el mundo físico, pero el cuerpo físico es un vehículo de acción bajo la influencia del cuerpo de deseos (deseos, sentimientos, emociones, pasiones…) Este otro cuerpo es el que ha dominado al hombre desde hace millones de años haciendo que se apegue a todo lo material y haciéndole egoísta y depravado.

A partir de obtener la mente comenzamos a controlar un poco dicho cuerpo de deseos pero aún hoy nos dejamos llevar demasiado por él. En occidente es donde más se domina al cuerpo de deseos gracias a que la voluntad ha sabido utilizar la mente para el desarrollo humano en todos los sentidos, pero aun así y como he dicho antes, la mente sigue actuando a su antojo la mayor parte del tiempo y no controla como debería al cuerpo de deseos. El objetivo próximo es controlar la mente para gobernar el cuerpo de deseos y utilizarle en beneficio propio en sentido moral, intelectual y espiritual pero para conseguir esto debemos facilitar la comunicación del Yo superior, o sea, purificar la personalidad para que pueda expresarse el Yo.

Así es que el yo verdadero tampoco es la mente y si en algún sitio conocido tuviéramos que situarle sería en la mente abstracta, que es como decir casi totalmente fuera de nuestro alcance actual. Pero tampoco podemos decir que no tengamos alguna comunicación con él desde el punto de vista de la personalidad, el Yo superior se expresa como voluntad, como intuición e incluso podemos acercarnos a él por medio de la concentración, la meditación y la contemplación. El mayor inconveniente para conseguirlo es que el no-yo o yo personal está constantemente pensando con la mente concreta u objetiva y dejándose llevar por los deseos y sentimientos que nos impulsan a actuar y a pensar más mal que bien. Sin embargo, algún día conseguiremos esa comunicación directa y él dirigirá a la personalidad a través de lo que hoy llamamos mundo mental abstracto.

Comprendiendo que la voluntad representa un aspecto del Yo superior es fácil admitir que:

1º.- La voluntad domina a la mente.
2º.- La mente (dirigida voluntaria y conscientemente por el Yo) se sitúa por encima de los deseos y sentimientos (cuerpo de deseos) porque, como sabemos, si queremos los podemos dominar.
3º.- Los deseos, sentimientos y emociones impulsan al cuerpo físico a actuar en una dirección o en otra.

Lo que significa que:

1º.- Un cuerpo físico por sí solo no puede actuar porque no es el Yo.
2º.- Un cuerpo físico con deseos y sentimientos actuaría sin control dejándose llevar por los mismos, lo que tampoco representaría al Yo.
3º.- Un cuerpo físico con deseos, sentimientos y mente sería similar al caso anterior puesto que la mente, sin la voluntad del Yo que la controle, andaría de un lado para otro más o menos dominada por el cuerpo de deseos.
4º.- Pero todo lo anterior más la voluntad sí sería y es lo que actualmente somos, un Yo con sus cuerpos de expresión.

Ya hemos visto que el cuerpo físico no es el Yo que nos permite autoreconocernos como individuos separados unos de otros y de todo lo que nos rodea, incluyendo nuestros propios cuerpos. Basándonos en todo lo explicado hasta ahora, podemos decir que para nosotros, como humanos antoconscientes de nosotros mismos, la muerte no existe porque solo es el abandono del cuerpo físico como abandonamos una herramienta o la ropa que ya no nos sirve. Pero si la muerte no existe ¿Qué ocurre en el momento de la muerte? Ni más ni menos que lo que acabamos de decir, abandonamos el cuerpo físico porque ya ha cumplido la misión respecto al servicio que debía prestarnos en nuestra vida y destino. Pero, como ya hemos podido razonar, como el verdadero Yo se manifiesta con los otros cuerpos, y por tanto, aún tiene sentimientos y deseos y aún piensa, sigue siendo el mismo en los otros mundos.

Nosotros abandonamos el cuerpo físico durante unas horas cada noche, y por eso mismo perdemos la conciencia de forma similar al momento de la muerte. Esa pérdida de conciencia es la salida del Yo, o lo que es lo mismo, la salida de la conciencia y de la voluntad, por eso queda aparentemente muerto. La diferencia es simplemente que en el momento de la muerte del cuerpo físico rompemos el hilo que nos conecta a este cuerpo y durante el sueño no ¿Y por qué no se rompió en la primera noche que abandonamos el cuerpo? Pues porque no era el momento de la muerte, lo que significa que el Yo viene con un destino para experimentar, aprender y evolucionar. ¿Cómo? Llevándose la película de la vida y extrayendo la qintaesencia de ella para que aborrezcamos el mal y nos esforcemos por hacer el bien. Y cuando, al cabo de un tiempo después de la muerte, ese Yo haya hecho los trabajos pertinentes respecto a su futura vida y destino kármico, renacerá con otro cuerpo físico (que es lo que hemos estado haciendo desde hace millones de años hasta hoy) y por eso el hombre, el Yo hace cada vez unas creaciones e invenciones más perfectas y asombrosas. De manera que si naciéramos por primera vez en cada vida no podríamos hacer todo lo que hacemos puesto que no traeríamos nada del pasado en sentido de experiencia ni como conciencia.

Así es que nosotros, como Yoes, renacemos y utilizamos en cada vida un cuerpo físico más perfecto, moral, inteligente y espiritual, gracias a lo experimentado anteriormente en otros muchos cuerpos físicos. Y esto será así hasta que desarrollemos una serie de virtudes espirituales que hagan posible el desarrollo de los poderes de este Yo (Alma o Espíritu) hasta el punto, aún muy lejano, de ser a “imagen y semejanza de nuestro Padre que está en los Cielos”.

Como mi intención al escribir este pequeño artículo es intentar explicar que no somos el cuerpo físico y que, después de la muerte del mismo, seguimos siendo iguales internamente, ahora pregunto ¿Para qué enterrar el cuerpo que es totalmente negativo desde el punto de vista esotérico, y desde el de la salud? Si el sentimiento más común entre los familiares de algún fallecido es pensar: “Yo sé que no está ahí en la tumba está como alma en el cielo o en algún otro sitio”. ¿Por qué enterrar su cuerpo si, en realidad, los “fallecidos” siguen vivos y nos escuchan y están junto a nosotros estemos donde estemos?

Francisco Nieto

sábado, 13 de noviembre de 2010

DESDE LO QUE FUIMOS HASTA LO QUE DEBEMOS SER (yII)


En realidad son los estados de conciencia los que marcan el desarrollo espiritual de cada persona. Cuando éramos aún conscientes en los mundos superiores utilizábamos un cuerpo nuevo, después de abandonar el que ya no servía, pero no conocíamos la muerte como lo hacemos ahora al no ser conscientes de esos mundos. Cuando un familiar abandona su cuerpo en la muerte decimos que ha muerto porque no tenemos desarrollada la clarividencia que nos permite verle en sus cuerpos invisibles, pero cuando uno es clarividente y ve salir a su familiar del cuerpo o contacta consciente y voluntariamente con él en los mundos superiores, puede afirmar que la muerte no existe o que ha vencido a la muerte.


Se dice que conocimos el dolor, el sufrimiento y la muerte cuando perdimos la consciencia de los mundos superiores y nos vimos encerrados aquí en el cuerpo físico con un solo estado de conciencia, el de vigilia actual. Sin embargo, algunos adelantados de la humanidad (porque se han esforzado y adaptado y aprendido más que los demás) que ya no necesitan experimentar más en cuerpo físico en la tierra, son conscientes de esos mundos y también del físico, así es que para ellos no existe ese sufrimiento ni muerte sino que todo es una continuidad de vida y de consciencia.

Cuando obtuvimos la autoconsciencia también adquirimos un libre albedrío que hizo que nos liberásemos de los guías que dirigían nuestro desarrollo como autómatas y como lo hacen actualmente con los animales. Pero a la vez comenzó a actuar sobre nosotros la Ley de Consecuencia, en gran parte responsable de nuestro dolor y sufrimiento como efecto del mal que hacíamos. La Ley de Renacimiento nos pone a cada uno en el lugar que nos corresponde para que obtengamos las experiencias que necesitamos para acelerar nuestro desarrollo, y la Ley de Consecuencia hace que recojamos los frutos de lo que sembramos en nuestra vida anterior según fuera bueno o malo. Por tanto, el dolor y el sufrimiento proceden de nosotros mismos según hagamos uso del libre albedrío y de la voluntad, y así seguirá siendo hasta que nuestra propia evolución nos lleve a actuar de manera altruista, amorosa y fraternal con todo ser viviente y actuemos siempre para la gloria de Dios.


En un futuro, cuando nuestra consciencia se sitúe en los mundos superiores no reconoceremos la muerte ni el sufrimiento porque renaceremos siendo conscientes en los diversos mundos. En un futuro, incluso mucho más lejano, volveremos a obtener aquella conciencia que como Espíritus vírgenes teníamos pero que no podíamos utilizar, sin embargo, como individuos autoconscientes, la utilizaremos puesto que para eso fuimos creados y estamos hechos a imagen y semejanza de Dios.


Pero antes de obtener esa consciencia divina debemos obtener otros estados previos. En una etapa o período posterior al actual donde nuestra conciencia crea pensamientos e ideas, seremos capaces de dar vida a esas formas mentales como lo hacen otras jerarquías creadoras para dar vida a los cuerpos que habitamos y que habitan las diferentes especies. Después aprenderemos a facilitar deseos y sentimientos a esos cuerpos como hicieron esas jerarquías respecto a nuestros cuerpos durante la involución. Después aprenderemos a facilitarles una mente para que esas formas se hagan autoconscientes y comiencen su desarrollo independiente como hicieron con nosotros. Por último, volveremos a integrarnos en Dios y nuestra conciencia se unirá a la suya pero no la perderemos sino que seremos dioses creadores y nuestro campo de experiencia y de desarrollo de la conciencia ya no serán cuerpos similares a los actuales sino que serán de mayor poder y expresión.


Pero antes de todo eso y según se eleve nuestra conciencia por los diferentes mundos una vez que no tengamos necesidad de renacer en cuerpos físicos, tendremos una conciencia pictórica que anulará la necesidad de hablar puesto que el lenguaje serán imágenes mentales donde no habrá posibilidad de error, donde no habrá mentira, y donde seremos conscientes del desarrollo interno de cada uno porque le veremos tal y como es aunque quiera esconder algo. En esa misma etapa nos pondremos en contacto consciente con las jerarquías que en el pasado nos ayudaron y aún lo hacen, y colaboraremos con ellas en los Planes de Dios respecto a los reinos de la naturaleza que nos siguen. La fuerza o energía creadora que hoy utilizamos para pensar, hablar y procrear será utilizada para ayudar a otros espíritus evolucionantes y para hacer nuestros primeros trabajos como jerarquía creadora.

Estos son los futuros trabajos y estados de conciencia de la humanidad y lo mismo que algunos ya han obtenido la consciencia en los mundos superiores gracias a su esfuerzo por ser mejores y amorosos servidores de Dios y del prójimo, también cada uno de nosotros podemos acelerar ese proceso para liberarnos de la muerte y obtener ese grado de consciencia. Cuando se lleva una vida pura en pensamiento, palabra y obra, se eleva la vibración de nuestra aura y ésta brilla hasta que algún Maestro se fija en nosotros y nos observa y pone a prueba en nuestras debilidades. Si superamos esta etapa estaremos listos para recibir las instrucciones necesarias que nos llevarán a recibir la primera iniciación. Esta iniciación se convertirá en una nueva ampliación y elevación de la conciencia que nos permitirá ver y comprobar que lo que aquí se ha dicho y otras muchas enseñanzas ocultas más son ciertas.


Con cada iniciación se expande más la conciencia, se comprueban y comprenden las enseñanzas normalmente llamadas ocultas y se desarrollan poderes que serán utilizados para beneficiar a nuestros hermanos y a los reinos que nos siguen. Pero para conseguir esto no nos queda más remedio que comenzar a controlar nuestros cuerpos (la mente, los deseos y los sentimientos) para no utilizarlos para el mal y la desarmonía y sí para lo contrario; entonces y por méritos propios, recibiremos los poderes y la expansión de conciencia que concede la iniciación.


Nadie nos puede regalar nada, todo lo que deseamos alcanzar lo tenemos que ganar y merecer; ningún poder se puede desarrollar en nosotros si no nos esforzamos por ser mejores servidores de Dios y de nuestro prójimo, por tanto, analicémonos, veamos cuáles son nuestros defectos y qué virtudes debemos alcanzar y pongámonos a trabajar cuanto antes para comprobar que la felicidad no se consigue con medios materiales sino elevando la conciencia hacia los mundos de lo divino.

Francisco Nieto

sábado, 30 de octubre de 2010

DESDE LO QUE FUIMOS HASTA LO QUE DEBEMOS SER (I)


Cuando comúnmente decimos “Yo soy” o “Yo existo” nos estamos refiriendo a que nos reconocemos como individuos separados del resto de la humanidad, a que nuestra conciencia nada tiene que ver con la de los demás, y a que nos reconocemos como individuos con un libre albedrío y una voluntad propia. Esto es lo que en esoterismo llamamos “autoconsciencia” y es lo que nos diferencia en un grado muy elevado de los reinos que nos siguen, sin embargo y sabiendo que la vida evoluciona a través de la forma, (cuerpos materiales) para alcanzar este grado de consciencia hemos tenido que pasar por otros similares a los que tienen actualmente el mineral, el vegetal y el animal.


Todo lo existente en el universo tiene vida y esa vida evoluciona a través de las formas, sean dinámicas o estáticas e inertes, pero la Vida Universal Una tiene un mismo origen y ese origen es Dios. Uno de los propósitos de la vida, o mejor dicho, de Dios, es que la vida adquiera consciencia a través de las formas y que esa consciencia evolucione hasta el mismo grado que Él como Padre y Creador. Así es que, nosotros, como individuos autoconscientes actualmente, hemos de admitir que tuvo que haber un principio donde no lo éramos y tiene que haber una meta a la que la propia evolución nos llevará a adquirir la consciencia universal.


Nuestro origen está unido al planeta Tierra como éste lo está a su vez al sistema solar, la vida evolucionante que anima nuestros cuerpos tiene el mismo origen que la que anima un planeta, la diferencia está en el grado de consciencia del Espíritu que anima los cuerpos no en el tamaño o forma de los cuerpos. Con esto quiero decir que la vida que anima una forma inerte como el mineral, en un futuro lejano la animará como forma vegetal y animal para, por fin, adquirir una autoconsciencia como la nuestra y reconocerse como un yo independiente. Para comprender esto veamos cuál es nuestro origen como Espíritus o vidas separadas de Dios.
Sin querer profundizar demasiado para no complicar al estudiante o principiante, diremos que cuando Dios (nuestro creador y origen) desea manifestarse lo hace por medio de una creación como es el sistema solar. Para nosotros un sistema solar solo tiene forma material y vida pero para que ese sistema solar haya surgido de los confines del espacio y se mueva, y evolucione, y cumpla un propósito y muera, ha tenido que haber deseo, sentimiento, voluntad e inteligencia para que evolucione y mantenga sus órbitas. Por tanto, un sistema solar es la expresión de un gran Espíritu que llamamos Dios como nuestro cuerpo es la expresión de nuestro Espíritu, y lo mismo que el sistema solar surge de lo invisible (a nuestros ojos) hasta que se crea la materia y ésta se cristaliza, también ocurre lo mismo con nuestro cuerpo. El Espíritu es el polo opuesto de la materia pero es la vida procedente de ese Espíritu la que evoluciona a través de las formas materiales utilizándolas para adquirir experiencias y desarrollar la conciencia.

Antes de que se creara y cristalizara la materia de lo que hoy llamamos sistema solar, nosotros, como espíritus vírgenes, existíamos (aunque ya diferenciados “en” y “por” Dios) en nuestro propio mundo espiritual. Como parte de Dios éramos omniconscientes y teníamos todos sus poderes latentes pero no éramos autoconscientes como individuos y, por tanto, ni los podíamos ni los sabíamos utilizar como tal, eso se conseguirá al final de esta manifestación de Dios cuando alcancemos nuestra meta de perfección espiritual. Desde entonces y hasta hace unos millones de años, cuando obtuvimos el grado de humanos, hicimos un descenso hacia el mundo material comúnmente llamado “involución” y durante esa involución de la vida hacia la materia se consiguieron los siguientes objetivos:

1º.- La adquisición de varios cuerpos de diferentes grados de vibración o densidad de materia que, en nuestro estado actual, llamamos cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo de deseos y cuerpo mental.
2º.- Con la ayuda de otros espíritus también creados por Dios en otras manifestaciones anteriores (Ángeles, Arcángeles….) se construyó o condensó el sistema solar con nuestro planeta que es nuestro campo de experiencia y evolución.
3º.- Comenzamos a adquirir los diferentes grados de conciencia que nos han ayudado a ser lo que somos actualmente.

El primer grado de conciencia fue similar al que actualmente tienen los minerales, es decir, una conciencia de trance profundo, en el cual y como es lógico, no éramos consciente del mundo físico como no lo es el mineral. El mineral evoluciona, como podemos ver en sus muy variados aspectos de forma y densidad, y lo hace gracias a los impactos del exterior (frio, calor, magnetismo, transformaciones que hace el hombre, vibraciones…) Cuando esa vida ha adquirido cierto grado de conciencia a nivel planetario y en forma grupal, (no hay aún individualidad) se individualiza un poco y comienza su evolución en formas vegetales duras y grotescas para ir adquiriendo sensibilidad y terminar con las formas bellas y delicadas que conocemos. Esta evolución en el reino vegetal hace que la vida tome más contacto con el hombre y que las vibraciones de éste y de los muy diferentes medios de desarrollo y ambientes le faciliten un superior grado de conciencia al que se suele llamar de sueño sin ensueños. En esta etapa, además del cuerpo físico, también obtuvimos un cuerpo etérico o vital que nos permitía crecer y reproducirnos. Después, la evolución de la vida a través de las formas y con la ayuda de las Jerarquías Creadoras (Espíritus ante el Trono) pasamos a utilizar cuerpos similares a los que conocemos como animales (no fuimos animales sino que adquirimos una conciencia similar a la que ellos tienen ahora) Esa conciencia es la de sueño con ensueños que es como la que tenemos cuando soñamos y similar a la que tienen los animales. A la vez adquirimos un cuerpo de deseos que nos permitía manifestar deseos, sentimientos y emociones y es al final de esa etapa (similar a los animales domésticos más evolucionados) cuando nos facilitaron la mente, lo que nos permitió obtener una nueva conciencia que llamamos de vigilia por medio de la cual somos conscientes del mundo físico. Así es que, mientras involucionábamos como vida espiritual desde los mundos espirituales hacia el físico a la vez que se condensaba el planeta, adquiríamos los cuerpos que hoy tenemos y los grados de conciencia que nos permiten decir “Yo soy” o “Yo existo”.


Nuestro estado actual evolutivo ha hecho que perdiéramos la consciencia de los mundos superiores donde antes sí lo éramos como Espíritus pero, a la vez, nos ha facilitado la autoconciencia del mundo físico y de nosotros mismos, a lo que hay que añadir el libre albedrío y la voluntad como expresión del Espíritu. Nuestra siguiente meta es volver a adquirir la consciencia de los mundos superiores donde vamos (como almas) después de cada muerte de nuestro cuerpo físico y para ello estamos renaciendo. El Renacimiento y la Ley de Consecuencia que administra nuestro karma son las Leyes Divinas que hacen que nuestras experiencias de cada vida se conviertan en la voz de la conciencia que nos advierte cuando vamos a hacer mal (porque ya lo hicimos) y nos tortura cuando lo hemos hecho. Las reencarnaciones, las experiencias, son como las clases y los días que durante años enseñan a un niño lo más básico para que después sepa moverse y progresar responsablemente en la vida. En cada vida aprendemos de las experiencias y extraemos la quintaesencia de las mismas que serán la base para que la próxima sea mejor y para que elevemos la conciencia un poco más hacia nuestro Espíritu y hacia Dios.


Al igual que Dios experimenta y obtiene y eleva Su conciencia gracias a Sus creaciones o manifestaciones, también nosotros lo hacemos con cada reencarnación y a través de nuestros cuerpos. Una vez que nuestra evolución nos ha permitido obtener los diferentes cuerpos y grados de conciencia, no podemos ir marcha atrás para renacer (como algunos dicen) como animales ni en ninguna otra clase de forma. En cada renacimiento y de acuerdo a lo experimentado y desarrollado en las anteriores vidas, hacemos los trabajos necesarios en los mundos superiores (invisibles a nuestros ojos físicos) para conectar los nuevos y más desarrollados cuerpos (mental, de deseos, etérico y físico) a nuestra Alma o Yo superior, el cual recogerá el fruto de las experiencias de la vida y lo unirá (lo positivo) al fruto o conciencia de las anteriores. Así es que cuanto mejor uso de los cuerpos y mejor voluntad, y mejores acciones, mejores resultados obtendremos de cada vida y menos renacimientos tendremos que hacer hasta alcanzar el próximo grado de conciencia.


Nuestro futuro pasa por obtener la conciencia de los mundos superiores al igual que hemos obtenido la del mundo físico; por la no necesidad de renacer y, por tanto, vencer a la muerte; por vencer al cuerpo de deseos y a la mente concreta que son los que nos apegan a la materia y nos hacen ver un mundo no real; por identificiarnos con nuestro propio Yo superior y actuar como él; y por ser creadores, como espíritus, y respecto a otras formas evolutivas como hicieron algunas jerarquías con nosotros hace millones de años.


Francisco Nieto

sábado, 16 de octubre de 2010

HACIA LA PERFECCIÓN DE LOS CUERPOS (yIII)


Hasta aquí he descrito lo que podríamos denominar los primeros pasos en la búsqueda de la Verdad, lo que también se consigue por medio del sendero de devoción y, cada vez más, por el camino de las enseñanzas ocultas. El trabajo que se realiza y lo que se aprende por medio de estos conocimientos ocultos desarrollan los dos aspectos más importantes en el hombre que le llevarán a la liberación de una manera más rápida, estos son el corazón y la mente, es decir, el amor y el discernimiento. Esto a su vez, y gracias al conocimiento que se adquiere, le lleva a purificar sus cuerpos y, por último, a contactar con algún Maestro que le preparará para la iniciación, lo que le hará consciente de los mundos invisibles mientras duerme.
Veamos cuál es el trabajo a realizar sobre los cuerpos.


La purificación del cuerpo físico trata de mantenerle sano y puro y para ello es necesario tomar alimentos sanos y libres de toxinas, y eliminar todo aquello que pueda dominar la voluntad del hombre o llevarle a adquirir vicios y malas costumbres. Por otro lado y después de cierto progreso, la persona se hace vegetariana voluntariamente al comprender que comer animales es impedir que unos hermanos menores nuestros puedan evolucionar a través de sus cuerpos. No tenemos necesidad de matar animales para comer y mucho menos para otras cosas. La naturaleza nos ofrece todo lo necesario para poder estar bien alimentados por medio del mundo vegetal y de otros alimentos procedentes de los animales como la leche y los huevos. Lo mismo que vivieron grandes personajes de la historia y muchos místicos sin comer carne podemos vivir nosotros. Solo tenemos que interesarnos por la nutrición para ver que lo que necesitamos lo tenemos en cualquier supermercado sin necesidad de consumir animales.


La purificación del cuerpo de deseos es otro de los pasos que tenemos que dar como preparación para adquirir la iniciación en un futuro. Los deseos y pasiones animales, los instintos y los apetitos, y costumbres del cuerpo de deseos, suelen subyugar la voluntad y la mente del hombre haciéndole caer en vicios. Es el hombre con su voluntad y su discernimiento quien debe dirigir su destino, por tanto, debe dominar todos esos aspectos inferiores de la personalidad. Los deseos son necesarios también para el desarrollo espiritual pero para ello es necesario utilizar el discernimiento para elegir y desarrollar lo bueno mientras rechazamos lo malo. De esta manera, al no alimentar lo malo en nosotros, muere de inanición, a la vez que, deseando y teniendo buenos sentimientos reemplazamos los malos. Podríamos hablar de los pecados capitales, de las bienaventuranzas y de todo lo que predicó Cristo en el Sermón de la Montaña entre otras muchas cosas, pero nos podemos valer de infinidad de cosas para tener buenos sentimientos y deseos las 24 horas del día. En mi libro “Métodos esotérico prácticos para el desarrollo interno” doy algunos de los mejores técnicas para el desarrollo espiritual pero he de decir que el simple hecho de programarse cada mañana para hacer el bien y no caer en el mal, más la revisión de lo que hemos hecho durante el día al acostarnos para así rectificar, nos puede ayudar mucho.


El trabajo sobre el cuerpo mental también puede ser variado pero todo debe partir del conocimiento de que la mente está por encima de los deseos y, por tanto, no tenemos que hacer nada más que cambiar voluntariamente nuestros deseos, aspiraciones y anhelos para que éstos sean de naturaleza elevada, devocional o intelectual. Pero para conseguirlo lo primero que debemos aprender es a callar, a observar y a escuchar mientras meditamos para hablar poco pero de forma razonada, responsable y con la mejor voluntad de ayudar o ser constructivos. ¿Cómo podemos conseguir esto? o lo que es lo mismo, ¿Cómo podemos ver el lado bueno de los hechos? Hablando poco mientras razonamos para no escuchar los aspectos negativos, no fijarnos en esos mismos aspectos, y no decir o practicar lo malo. Es necesario fijarse en lo bueno, en lo que sea motivo para crear buenos sentimientos y pensamientos, en lo que satisfaga internamente, y en lo que nos aliente a seguir buscando a Dios en todo lo que nos rodea. Aconsejo la observación junto al discernimiento de lo que se observa, la meditación de lo que hacemos a diario y lo que somos, y la práctica de la oración y otros ejercicios espirituales.


Pero junto a esos deberes diarios tienen que estar como hábitos: El servicio desinteresado y amoroso al prójimo allá donde surja la ocasión; llevar una vida sencilla, humilde y ejemplar ética y moralmente; y ser un vivo ejemplo de Cristo ante los demás. Junto a lo anterior, pero una vez que ya se aprecia cierto progreso como es, por ejemplo, estar todo el día pendiente de que estamos haciendo lo correcto, hay otros aspectos complementarios que podemos llevar a la práctica. Éstos son algunos: La meditación sobre hechos o ideales elevados; la adoración; la contemplación; y todos los rituales donde se invoque, alabe o adore a Dios o tengan relación con lo divino y espiritual. Con estos ejercicios se desarrollan: La intuición, la inspiración, los sentimientos elevados, el discernimiento sobre temas abstractos y la moral. Esto a su vez, nos debe hacer humildes y hacer que rechacemos lo material, la búsqueda de engrandecimiento, el bienestar y la fortuna. Nos debe concienciar para superar toda clase de tentaciones y para ser un sacrificio viviente y consciente en todo momento; nos debe hacer cambiar el egoísmo y amor familiar por el amor y el servicio al prójimo; nos debe llevar a escuchar y a compadecernos de quienes necesitan ayuda; nos debe llevar a comer lo necesario para estar sanos y vivir y no vivir para comer; y nos debe llevar a ser verdaderos colaboradores de Cristo emitiendo vibraciones de amor hacia todo ser viviente.

Estos son algunos de los requisitos necesarios para poder pensar en la posibilidad de ser discípulo de un Maestro.

.- Lo mismo que debemos ser responsables con el cumplimiento de nuestros deberes familiares, laborales, sociales, etc., así mismo el aspirante debe tener siempre presente la vida espiritual y trabajar para obtener la conciencia del Ego, su Yo superior. Esto lleva implícito el desarrollo del discernimiento para saber diferenciar lo que es real y parte del Espíritu de lo que no lo es y pertenece al mundo material. La mente debe estar centrada en las cosas celestiales y no en asuntos terrenales que de nada sirven porque, si no es así, no superará las tentaciones, las tensiones ni las pruebas. Es así como el aspirante desarrolla la indiferencia hacia lo superfluo y cómo utiliza y da importancia a lo material en su justa medida.

.- El control de la mente y su fortalecimiento junto a la voluntad es otro de los requisitos. El aspirante no debe perder el tiempo pensando cosas que no sirven para nada ni dejar la mente suelta puesto que, controlándola, nos podemos beneficiar mucho nosotros y más aún a la humanidad. A la vez que se controla la mente hay que poner orden y disciplina en el cuerpo de deseos, es decir, hay que eliminar los más bajos y groseros sentimientos y deseos puesto que son ellos los que nos tientan y nos hacen caer en el mal. La observación de nosotros mismos y del mundo que nos rodea hará que nos conozcamos mejor y que podamos luchar contra lo que entorpece el desarrollo deseado. La oración o repetición de mantras espirituales es preferible a dar rienda suelta a la mente, esto es una manera de controlarla y de fortalecerla en la devoción y en los ideales espirituales. La concentración mental como ejercicio será de mucha ayuda a la hora de controlar la personalidad. La meditación, también como ejercicio diario en los ratos libres, ayudará a hacer un correcto uso de los diferentes cuerpos evitando la búsqueda y el disfrute de los placeres terrenales. Cuanto mayor control y desarrollo positivo de la mente mayor obediencia de los demás cuerpos; más quietud mental; mejor conducta en las relaciones; más control de la palabra y de los deseos; menos fanatismo; más paciencia; menos resentimiento; más fe en lo superior; y más confianza propia.

.- El desarrollo de la tolerancia es necesario desde el mismo momento en que sabemos que todos somos hermanos e hijos de Dios, aunque cada uno tengamos diferente grado de evolución. Lo mismo respecto a la comprensión porque los errores de los demás (entre otras cosas) son nuestros errores, bien porque los tengamos, bien porque los hayamos tenido, o bien porque quizás los tengamos en el futuro.


.- La paciencia también es muy importante respecto a los demás y a lo que nos traiga el destino porque, por muy malo que sea, su origen está en nosotros. Todo lo que nos ocurre y lo que traemos como personalidad es la cosecha de lo que sembramos ayer, así es que, la paciencia es una virtud que nos ayudará a alcanzar nuestra meta.

Estos requisitos traerán la paz y el equilibrio necesarios para trabajar a favor de nuestro Yo superior a la vez que abandonamos los malos hábitos de nuestra mente y de nuestros cuerpo de deseos. Los cambios en la manera de pensar y en la nueva vida harán que nazca un gran anhelo por el desarrollo espiritual, por la liberación y por la unión con nuestro verdadero Yo. Cuando esta sed espiritual ya no se puede apagar con lo material es cuando se está preparado para ser un discípulo. Sin embargo, si el esfuerzo y la actitud son enfocados desde la posición del Ego, veremos todo con su conciencia y cada vez se tendrá menos deseos inferiores y materiales; el Ego también representa el mundo del Amor, por tanto, actuar en su nombre implica dar Amor.

Actualmente, gran parte de la humanidad actúa y piensa egoístamente, dirigiendo sus fuerzas hacia adentro. Quien desee ser verdaderamente un aspirante a discípulo y a la iniciación debe hacer lo contrario, es decir, dirigir su atención y sus fuerzas hacia el exterior y actuar fraternal y altruistamente en pensamiento, palabra y obra. Este servicio a la humanidad debe aumentar según se desarrolle espiritualmente el aspirante y más aun cuando se despierte algún poder. A partir de que el aspirante o discípulo obtiene algún poder, por pequeño que sea, éste no solo no debe contarlo sino que, además, no debe utilizarlo para beneficio propio, para satisfacer curiosidades, o para producir fenómenos ni actuar públicamente. Lo mismo que en la vida física debemos ser responsables y cumplir con nuestros deberes, también debe ser así respecto a nuestros deseos, sentimientos y pensamientos, o sea, debemos colaborar con el Ego en su trabajo de influenciar positivamente a la mente para que pueda vencer el aspecto grosero y animal del cuerpo de deseos. Si de verdad queremos actuar como lo haría el Ego, debemos elevar la conciencia del Mundo de Deseos al Mundo del Pensamiento, sólo así seremos dueños de nuestros propios cuerpos y les podremos gobernar a voluntad y para el bien.

Francisco Nieto

domingo, 3 de octubre de 2010

HACIA LA PERFECCIÓN DE LOS CUERPOS (II)


El futuro de la humanidad pasa, como de hecho algunos ya lo han conseguido, por eliminar la materia mental relacionada con todo lo que no sea espiritual, devocional, moral y positivamente intelectual. Entonces, cuando solo se responde a lo sublime y elevado y se actúa con voluntad y no dejándose llevar por los sentidos ni por el aspecto negativo del cuerpo de deseos, el Ego se expresa en los mundos de una manera más noble y más sutil. La mente debe ser un instrumento perfecto en manos del Yo superior para poder colaborar en el desarrollo intelectual de la humanidad, de esta forma avanzaremos a pasos agigantados a la vez que eliminamos el mal de la tierra.


El estado de conciencia de occidente está en un punto que hace que muchas personas se interesen por acelerar su desarrollo espiritual, bien por medio del esoterismo o bien por la devoción a Dios o a elevados ideales. Existen hermanos nuestros que se han esforzado tanto que se encuentran muy lejos por delante del común de la humanidad, son grandes iniciados que incluso no tienen porqué renacer. ¿Qué podemos hacer nosotros? ¡Vivir intensamente! pero siempre guiados por las Leyes Divinas, servir de corazón, hacer las cosas con la mejor voluntad, estar atentos a todo lo que ocurre para ser conscientes de ello y actuar en consecuencia desde un estado de conciencia de amor. Vivir intensamente también es ser conscientes en todo momento de lo que nos ocurre y de cómo respondemos.


Es necesario comprender que nuestra voluntad es un aspecto de nuestro propio Espíritu como el propio Espíritu es parte de Dios; pues bien, el libre albedrío es, en cierto modo, un aspecto de la voluntad que, en su origen, procede de Dios. Pero ¡cuidado! “procede” de Dios pero no es la Voluntad de Dios y por eso debemos utilizar el libre albedrío para hacer que esa voluntad encerrada en el hombre se desarrolle y eleve hacia la voluntad de Dios. Entonces cabe preguntarse a menudo y a modo de autoayuda ¿Cómo actuaría yo si tuviera la voluntad de Dios? Se trata de abandonar progresivamente el libre albedrío personal en favor del desarrollo de la voluntad en nosotros.
Debemos ser prácticos y responsables, sobre todo los que hemos obtenido estos conocimientos, dicho de otra forma, deberíamos considerarnos como células o neuronas en el cuerpo de Dios para así comprender que lo que hacemos como conjunto (bueno o malo) tiene su correspondiente efecto. Nuestro deber es desarrollar el Espíritu de Dios en nuestras vidas y en todo cuando nos rodea y no ser juguetes de la personalidad y del destino. La voluntad debe ser utilizada para buscar el reino de Dios porque todo lo demás nos será dado por añadidura.


Lo mismo que desde la infancia hasta la vejez nos elevamos con cada experiencia, así mismo ocurre con cada vida, ya que con cada nacimiento nos encontramos en un plano intelectual y espiritual más elevado. Cuando a través del ocultismo sabemos de la existencia de Maestros e iniciados de gran sabiduría que no necesitan renacer, parece como si nosotros no fuéramos capaces de conseguirlo, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que el grado actual de desenvolvimiento hace que no estemos contentos con nuestra vida, que tengamos resentimiento, que no veamos con buenos ojos a los que son diferentes a nuestras ideas, a nuestra política y a nuestra religión. Nos es muy fácil caer en la crítica, la envidia, en el complejo de superioridad respecto a los débiles y pobres y, en definitiva, en actuar contra todo aquel que limite a nuestro yo.


Para acercarnos moral, intelectual y espiritualmente a esos grandes seres y a los niveles donde ellos actúan debemos comenzar por desarrollar nuevas y elevadas aspiraciones e ideales y, a continuación, buscar un apoyo o motivo que nos sirva como impulso. Siempre ha habido grandes personajes que han dejado un ejemplo de vida o una enseñanza para quien quiera verla y llevarla a la práctica, estos son los escritores, poetas, religiosos e incluso científicos que han hablado del origen divino del universo; pero el más grande de todos fue Cristo. Antes de Cristo ya hubo otros “mensajeros” para otras épocas y razas pero para occidente tenemos su ejemplo a seguir. El ejemplo de aquel que precisamente vino a dar la enseñanza que occidente necesita actualmente; aquel que dejó una enseñanza y predicó un ejemplo de vida como nadie lo había hecho antes; aquel que dijo que todos somos hijos de Dios y hermanos; y aquel que predicó que las obras que Él hacía las podríamos hacer nosotros algún día.


Cuando una persona descubre que la humanidad está compuesta de una sola vida procedente de Dios y que, por tanto, somos hermanos aunque en cuerpos de diferentes razas, da igual cómo se llame su Dios porque lo importante es que esa persona ha dado el primer paso en el camino de perfección. Un artista, un músico, un científico, un filósofo, cualquiera puede, a través de la meditación y el discernimiento en el camino elegido en la tierra, comenzar a percibir el origen divino de las cosas. Cuando uno se consagra a un trabajo como resultado de una necesidad interna, tarde o temprano descubre que todo procede de Dios, que nuestra vida es de Dios y que somos inmortales, entonces y si persiste en sus investigaciones y en escuchar a su conciencia, comprenderá que hay una vida superior aún estando aquí en la Tierra.


Todos vemos, nos encontramos o conocemos circunstancias, enseñanzas y personas que nos pueden servir también como ejemplo para descubrir esa vida superior. Un buen amigo sincero y noble que no le gusta criticar ni hacer mal; un sacerdote o un devoto de cualquier religión que intente llevar a la práctica las enseñanzas de Cristo; un filósofo o escritor que intuye que hay un Dios de amor creador de todo y padre nuestro; una persona ocultista avanzada que a través de estos conocimientos es un ejemplo a imitar o, ¿por qué no? todo aquel que practica el mal y que nos está diciendo lo que no debemos hacer. Todo aquel que nos despierta algún elevado ideal o sentimiento positivo debe servirnos como estímulo para esforzarnos hasta encontrar esa nueva filosofía de vida, pues, al fin y al cabo, son mensajeros que nos sirven de ayuda. Solo es necesario observarles, discernir la ayuda que podemos obtener de ellos y llevarla a la práctica o simplemente vivir los sentimientos internos que nos despiertan.
Un músico, un poeta, un pintor o un humilde y devoto cristiano entre otros muchos pueden despertar en nosotros los más bellos y elevados sentimientos si los queremos observar y revivir en nosotros. Pero también los que viven en la pobreza, el mendigo que vemos todos los días pero que no nos fijamos en él, la mujer abandonada que se sacrifica y en su humildad y sencillez saca adelante a sus hijos, o la persona que aún sin tener apenas para vivir siempre tiene una sonrisa en los labios y nos estrecha la mano con entusiasmo y simpatía. De todos ellos nos podemos servir para transformar nuestro carácter y comenzar una nueva vida que nos acerque a nuestro verdadero Yo.


Desde los grandes filósofos como Platón o Pitágoras, pasando por grandes santos de la iglesia como Santa Teresa y otros como Tomás de Kempis, Gandhi, Teresa de Calcuta, etc., han dejado como ejemplo de vida y en forma de escritos una enseñanza que nos puede llevar muy alto en el sendero de santidad. Pero para llevar a la cima hay que recorrer el camino pues de otra forma no lo conseguiremos; Dios no puede venir a nosotros si no le buscamos, si no nos esforzamos y si no persistimos. Nos podemos servir de todo para buscar a Dios, nos podemos valer muy especialmente de estos conocimientos esotéricos (si ya en esta vida los comprendemos) para comprender la existencia y la creación de Dios pero, a partir de ahí, debemos buscarle en nuestro interior, un poco más allá de donde nacen nuestros más elevados sentimientos y aspiraciones. Cuando se alcanza esa comprensión ya es indiferente que nos digan que Dios es injusto o que no existe porque en nuestro interior sabemos que existe y cuál es Su Poder; ese Dios del que han hablado los profetas, las religiones, los santos, los filósofos, los místicos e incluso la mirada y el ejemplo de un verdadero cristiano.


Francisco Nieto

sábado, 18 de septiembre de 2010

HACIA LA PERFECCIÓN DE LOS CUERPOS (I)


Hace millones de años, cuando nació la especie humana, el cuerpo físico estaba compuesto de la materia más grosera y apenas era sensible a las vibraciones elevadas que le rodeaban excepto a lo que era similar a él. Para desarrollar el cuerpo físico es necesario afinar el sistema nervioso y el cerebro con tal de sensibilizarlos ante cualquier impresión que alcance a su poder vibratorio. Se trata de hacer un vehículo de conciencia activo y armónico para el Yo superior con la intención de que sea sensible a las vibraciones de los mundos internos, es decir, hacer que la personalidad sea un fiel servidor de su verdadero Yo y sea consciente de que existe gracias a él.


Según el Ego actúa libremente sobre la mente, el cerebro, y el sistema nervioso, expulsa la materia mental más grosera y atrae otra de más elevada vibración afín a su expresión. De esta forma aumenta la capacidad del cerebro para responder a lo superior a la vez que le hace más delicado; el sistema nervioso también se hace más dinámico en sus respuestas al cerebro (al Ego) y se hace más equilibrado. Es así como la personalidad, el hombre, va prestando más atención a su Yo superior y va abandonando sus intereses egoístas y costumbres terrenales. Si a partir de ese momento el hombre se dedica al estudio de estos conocimientos esotéricos y a la práctica de cualquier otro ideal elevado devocional, cada vez controlará más su mente y su cuerpo de deseos elevando así sus vibraciones.


Hacer del cuerpo de deseos un vehículo de conciencia lleva un proceso similar a lo dicho anteriormente. Desde que el hombre centró su conciencia en el cuerpo y en el mundo físico perdiendo así la consciencia de los mundos invisibles hasta ahora, solo algunos pocos han desarrollado la capacidad de ser autoconscientes allí y traerse el recuerdo de su estancia en el Mundo de Deseos. Algunos ni siquiera reciben las impresiones de los “objetos” existentes en ese mundo pero el común de la humanidad ya se está familiarizando y comienza a relacionar las impresiones que reciben con los objetos que la producen despertando así progresivamente la conciencia en ese mundo. Esto concede nuevas facultades a la mente del hombre, lo que le permitirá dominar el ambiente donde se encuentre y defenderse de los peligros que allí acechan; al final del desarrollo, el cuerpo de deseos será utilizado como lo es actualmente el cuerpo físico.


Además de lo dicho anteriormente sobre la mente, he de decir que su desarrollo como vehículo de conciencia entra ya en el sendero de perfección o iniciación cuando somos enseñados por los Maestros. Pero está claro que hasta entonces también podemos adelantar el proceso simplemente intentando controlar la mente, meditando, concentrándola voluntariamente en todo lo que estemos haciendo, y observando todo lo que nos rodea para ser conscientes de ello. Lo mismo que un recién nacido se va haciendo consciente del mundo físico según pasan los años, así el hombre, aunque no lo crea, está trabajando para que en un futuro pueda ser consciente en los mundos superiores.


Además de facilitar el trabajo para que el Ego pueda manifestarse en la personalidad tal y como queda dicho, el hombre puede acelerar ese proceso también por otros medios. Para ello intentará tener constantemente los cuerpos a disposición del Ego, es decir, cultivando pensamientos nobles y elevados, desarrollando y creando sentimientos relacionados con el amor fraternal y el altruismo y, en definitiva, llevando una vida devocional y libre de ataduras hacia los vicios y pasiones animales. La oración, la concentración, la meditación, la observación, la contemplación y otros ejercicios espirituales son de gran ayuda para el desarrollo del Alma.

Cuando un Ego va a renacer atrae la materia mental necesaria para crear su mente de acuerdo a su grado de desarrollo evolutivo. Como ocurre con los demás cuerpos, la materia mental se divide en grados que, en el hombre, suele manifestarse en tres clases que son: el poco desarrollado, el término medio como el hombre occidental actual, y el muy desarrollado.
El poco desarrollado atrae la materia de las subdivisiones inferiores del Mundo del Pensamiento, creando así un pequeño y desorganizado cuerpo mental. Estas personas de muy poco desarrollo intelectual se dejan dominar más por su cuerpo de deseos, tienen muy poca actividad interna y responden poco y lentamente a los estímulos externos, lo que retrasa el desarrollo de la mente. Los placeres, las pasiones, el miedo y cualquier otra vibración producen movimiento en el cuerpo de deseos y éste estimula a la mente para que responda con la razón. La repetición de impactos externos así como la acción del cuerpo de deseos iniciaron y desarrollan la imaginación y la memoria, lo que estimula lo interno y los sentidos para que haya acción y discernimiento para repetir lo que más gusta, sea bueno o malo.

Con el paso del tiempo y viendo el hombre los resultados de su acción, aún poco razonada, comienza a atraer materia de las regiones siguientes del Mundo del Pensamiento y a expulsar la más grosera de su cuerpo mental. De esta forma, en cada renacimiento adquiere más posibilidades de hacer un más correcto uso de su razón por medio del discernimiento. Así, el hombre que no ha llegado al término medio de su evolución y que es aún esclavo de sus deseos pasionales, mantiene una gran lucha interna.

El hombre medianamente desarrollado tiene un cuerpo mental más grande y más organizado compenetrando su cabeza física, su materia suele proceder de la segunda, tercera y cuarta subdivisión del Mundo del Pensamiento. La mayoría de nosotros vigorizamos nuestra mente gracias a la imaginación, la razón, el discernimiento y, en general, gracias a todo hecho donde pongamos interés. Sabiendo esto podemos decir que en cada uso específico de la mente modificamos lo que era hasta ese momento y, por el contrario, que cuando hay inacción y desinterés intelectual y nos dejamos llevar por el cuerpo de deseos, la mente se va atrofiando. Cuanto más se repiten ciertos aspectos o vibraciones mentales más desarrollo obtiene la región con que se corresponda, mientras que la materia que no vibra al unísono es reemplazada por otra.


Es conveniente interesarse por aprender y experimentar en todos los sentidos meditando sobre lo que somos y lo que deseamos conseguir pero siempre de manera equilibrada para que ni haya plétora ni atrofia u obstáculos. Cuando uno desea estudiar y esforzarse por aprender algo, la mente intenta esquivar la acción porque no está acostumbrada a esa clase de vibraciones, la cuesta adaptarse y por eso hay que planificarlo para conseguirlo sin prisas pero sin pausa. La persistencia y la repetición son la clase para que la mente se familiarice con esa clase de vibraciones mentales y comience a responder positivamente a la vez que transforma y expulsa la materia antigua e inservible.


Naturalmente que si una persona así se deja llevar por deseos y pasiones que interfieran o sean contrarios a las metas que desea conseguir, terminará abandonado, mientras que si persiste y lucha terminará atrofiando y expulsando las vibraciones que se correspondan con esos deseos y pasiones del cuerpo de deseos. La meta inmediata del hombre actual es obtener un cuerpo mental formado por la materia de las cuatro regiones inferiores y controlar su mente fortaleciendo su voluntad para que ésta no se deje llevar por el cuerpo de deseos.


Francisco Nieto

domingo, 5 de septiembre de 2010

NUESTRA RESPONSABILIDAD ANTE NUESTROS PROBLEMAS (yII)




Cuando el aspirante espiritual toma conciencia de que espiritualizando el carácter se superan mejor los problemas y se es más feliz interna y externamente, le es todo más fácil. Es cierto que para conseguirlo debe estar pendiente las 24 horas del día, de sí mismo, o sea, de cómo piensa, de cuáles son y qué intenciones tienen sus deseos, de cómo son sus sentimientos y emociones, de qué naturaleza son sus costumbres, y de su comportamiento respecto al prójimo respecto a si es egoísta, o es servicial, etc. Cuando al cabo de unos años de esfuerzo y oración, el estudiante se analiza, comprende que ha merecido la pena el esfuerzo porque ya no ve tantos ni tan graves problemas como al principio. Entonces ya casi se ha superado el temor y la desconfianza y se ha desarrollado la fe y la tranquilidad de que, si no se viene abajo, superará todas las aflicciones. Es cierto que habrá algunos karmas maduros (deudas inevitables) pero ya no afectarán igual que antes porque se sabe que, una vez pagada la deuda, ya no volverá más. Con este fortalecimiento interno, el estudiante debe asentar en su conciencia que nunca más será un perdedor porque la fuerza del Espíritu está con él y está preparado para hacer frente a sus responsabilidades y problemas del destino.



Si nos mentalizáramos de que nuestros problemas y pruebas del destino son oportunidades de desarrollo y ayuda por parte de los Ángeles del Destino, estaríamos convencidos y desarrollaríamos la confianza propia necesaria para afrontar el destino con la tranquilidad de que lo superaremos y de que vamos a dar grandes pasos en el sendero de perfección; si, por el contrario, tenemos dudas y temores, no alcanzaremos el grado de perfección previsto. Lo ideal sería aceptar con alegría los retos y no quejarnos por hechos que nosotros mismos hemos aceptado antes de renacer. Según va progresando el estudiante de ocultismo y una vez que ha fortalecido su voluntad y confianza propia, da un paso más en la manera de afrontar su destino. Entonces se dedica a analizar cuáles han sido o son los problemas y retos de su vida para intentar averiguar sus causas a la luz de la Ley de Consecuencia.


Sabiendo que cuando se maltrata o no se cuida como debe de ser el cuerpo físico, (el vehículo imprescindible para obtener desarrollo gracias a las experiencias en este mundo) de una forma u otra, éste se verá afectado por la enfermedad, el estudiante analizará sus enfermedades para corregir esa tendencia y eliminar ese karma de su destino. Eso mismo hará respecto a otros aspectos de su vida, por ejemplo si le engañan o estafan (es posible que él estafará en otra vida, por tanto, no debe hacerlo) si otras personas le traen complicaciones que él no ha creado (en otra vida las creó y debe experimentar lo que se siente) y así sucesivamente. Lo importante en estos casos es no actuar negativamente por nuestra parte y hacer el bien que podamos en esa situación o a la persona. Así, si nos parece que una persona tiene algo contra nosotros o tiene mal carácter, no debemos tratarle con recelo ni crear malos sentimientos hacia él, si no que le trataremos con amabilidad, con respeto y como a un verdadero hermano; es la manera de actuar responsablemente y superar los problemas.



No cabe la menor duda de que el ejercicio de la voluntad y la persistencia son sumamente importantes a la hora de cumplir con nuestras responsabilidades y superar las pruebas y obstáculos. Tiene que ser un karma maduro o un problema que no cojamos a tiempo para que no lo resolvamos con éxito si de verdad tenemos voluntad y persistencia. Habrá veces en que, aun esforzándonos, no conseguiremos controlar la situación como quisiéramos y nos puede parecer que fracasamos o que no obtenemos ningún progreso. En estos casos podemos estar seguros de que progresamos, siempre y cuando nuestros deseos y esfuerzos sean sinceros y nuestra voluntad buena. Un esfuerzo hecho con buena voluntad y sin ánimo de perjudicar a nadie ni a nada, por lo general, trae buenos resultados aunque no lo parezca.



No olvidemos que cuando decidimos formalmente acelerar nuestro desarrollo espiritual en una determinada vida, después de que en otras ya hayamos dado los primeros pasos, es muy posible que también esté “programado”, como posibilidad un contacto con algún Maestro o discípulo aceptado. Pero, de una forma u otra, lo que sí es cierto es que nuestros Hermanos Mayores que van a la cabeza de la evolución humana y otros muchos Maestros, siempre están observándonos deseosos de que tomemos la gran decisión de esforzarnos y sacrificarnos para alcanzar la primera iniciación. Ellos están siempre dispuestos a ayudarnos pero no lo pueden hacer si nosotros no acumulamos determinado poder interno por nuestros propios medios, y para eso no solo hay que ser más amorosos y altruistas sirvientes de los demás sino que también debemos orar a Dios. La mayoría de las personas solo rezan y piden a Dios cuando los problemas les superan, sin embargo, Dios y todos sus Ángeles y Jerarquías siempre están dispuestos a ayudarnos enviándonos una efusión de amor y de luz para fortalecernos internamente.


Evidentemente la espiritualización del carácter y la perfección no se alcanza ni siquiera con las primeras iniciaciones, son necesarias varias vidas para estar tan desarrollado espiritualmente como para no temer una caída en los defectos del pasado, hasta entonces somos tentados y puestos a prueba una y otra vez para estar seguro de que podemos dar otro paso. Las tentaciones resistidas y superadas representan progreso pero las caídas vuelven a traernos pruebas y problemas. Por muchas caídas que tengamos jamás seremos abandonados de la mano de Dios pues el amor, la bondad y la misericordia no cesan de descender hacia nosotros pero, al que mucho se le da mucho se le exigirá. Mucho se espera de los que andamos en las escuelas de ocultismo comenzando ya el sendero de perfección, precisamente porque mucho se nos da gratuitamente. Pero también la Ley de Consecuencia será más exigente y más dura con quienes, con estos privilegios, caen y vuelven a caer en el materialismo, en el disfrute de los placeres y sentidos, y en los más bajos deseos.



Si queremos cumplir con nuestras responsabilidades y superar el destino para adentrarnos en el Sendero de Santidad debemos levantarnos cada día con la intención de vivir la vida espiritual, con el corazón lleno de gratitud y amor a Dios, y nuestra voluntad y nuestra mente enfocadas en vivir las enseñanzas de Cristo.

Francisco Nieto

sábado, 21 de agosto de 2010

NUESTRA RESPONSABILIDAD ANTE LOS PROBLEMAS (I)


Cuando somos ignorantes de las enseñanzas ocultas esotéricas vamos por la vida actuando por instinto, dejándonos llevar por las costumbres y las circunstancias y, más que de forma razonada, actuando con impulsividad y descontrol. Son muy pocas las veces que forzamos las circunstancias para controlar la situación, y cuando actuamos con voluntad y persistencia para conseguir o superar algo, suele ser cuando los problemas nos obligan a salir de ellos a cualquier precio; pero si todo esto lo llevamos a la vida del estudiante esotérico y aspirante espiritual ya cambia en diferentes aspectos.


La mayoría de las personas no analizan sus actitudes y acciones diarias, no se paran a pensar cuándo mienten, cuándo responden de mala manera, por qué rechazan a otros, por qué ante un problema actúan negativamente o perjudicando a otros, por qué tienen envidia o critican, por qué se dejan dominar por los vicios (alcohol, tabaco, drogas, sexo…) y un sinfín de cosas más. Pero desde el mismo momento en que un estudiante serio de ocultismo (como por ejemplo de la Fraternidad Rosacruz Max Heindel) se hace aspirante pensando en acelerar su desarrollo espiritual, comienza a cambiar todo eso.


El hecho de que una persona comience en esta vida a interesarse seriamente por la filosofía oculta suele significar, entre otras cosas: Primero, que ya en su anterior o anteriores vidas tuvo contacto con ella y, Segundo, que trae un compromiso de antemano para esforzarse por acelerar su crecimiento interno. Así es que la primera diferencia entre una persona cualquiera y el aspirante espiritual es que este último va a estar pendiente de sí mismo y de todo lo que hace para poder corregirse y que, como consecuencia, va a desarrollar la voluntad y la persistencia para conseguirlo.


Los estudiantes de una escuela de ocultismo seria saben que el progreso se consigue (sobre todo al principio) como efecto de aplicar las enseñanzas a la vida cotidiana con la intención de hacer el bien al prójimo y espiritualizar su carácter. Sin embargo, pronto empiezan a darse cuenta de que, lo que antes no les afectaba porque no le daban importancia, ahora les quita el sueño porque no es fácil de corregir o superar. Y es por esta razón por la que algunos se preguntan que por qué les pasa a ellos tal o cual cosa o por qué le ponen pruebas que no pueden superar.


Las enseñanzas ocultas nos hacen conscientes de nuestras responsabilidades, de nuestros defectos, de nuestros deberes y de muchas de las lecciones que nos faltan por aprender y eso, a su vez, trae a la conciencia (sin que lo sepamos) los compromisos que hicimos antes de renacer. De una manera muy resumida diríamos que el estudiante serio que profundiza en estas enseñanzas ocultas y espirituales, trae como compromiso principal, el despertar el Cristo interno, es decir, esforzarse por cumplir las enseñanzas de Cristo. Pero como, por lo general, estamos acostumbrados a aprender más por nuestros errores y por la experiencia que por los consejos y la aplicación constante de una nueva filosofía de vida, parece que todo nos sale mal y que nos vienen más dificultades que antes. Es cierto que debemos esforzarnos y sacrificarnos mucho para dominar la naturaleza inferior puesto que llevamos muchos años y vidas bajo su yugo, pero no lo es que nos pongan más pruebas y dificultades que antes de emprender este camino de regeneración.


El propósito de la vida es aprender y evolucionar por medio de las experiencias y no por medio del dolor y del sufrimiento. El mal y las dificultades que tengamos que afrontar y superar son siempre efecto de las causas que hicimos en el pasado y no como efecto de un dios antojadizo que nos quiera perjudicar o poner a prueba. Es más, son problemas y dificultades que nosotros mismos aceptamos antes de renacer como medio de desarrollo espiritual y de la voluntad; por tanto, son fuente de ayudas internas y externas.


Aunque para algunos sea difícil de comprender que determinadas personas pasen toda su vida abrumados por problemas económicos, laborales y de salud, deben de saber que, antes de nacer y, por tanto, antes de enfocarlo a través del cerebro físico, el Alma, sabia ella en los mundos superiores, sabiendo cuáles son sus necesidades espirituales y sus deudas del pasado, acepta dicho destino. Nuestro Ego o Yo superior sabe que el destino no puede ser tan duro como para no poder superarlo, sabe que, en líneas generales, está “programado” para que lo podamos superar y extraer el desarrollo que necesitamos, y sabe que los Ángeles del Destino, quienes así lo programan, siempre dejan las oportunidades necesarias para que ejerzamos la voluntad y el libre albedrío para conseguir las metas fijadas. Por tanto y bajo esta perspectiva, deberíamos tener suficiente confianza propia como para no tener temores ni preocupaciones que alteren los propósitos de nuestro Yo superior.


Como veterano estudiante de astrología que me considero y como cualquier astrólogo sabe, el horóscopo muestra las tendencias que traemos respecto a nuestro carácter, así es que podemos ser celosos, impulsivos, críticos, etc., y también, en sentido contrario, benevolentes, generosos, devocionales, comprensivos, pacíficos,…. Estas tendencias pueden ser simples tendencias o posibilidades pero también sabemos que algunas están ya asentadas como carácter y otras se pueden consolidar en esta vida con un pequeño esfuerzo por nuestra parte. De ahí que el estudiante de astrología medite sobre su horóscopo y destino con la intención de “conocerse a sí mismo” para, a continuación, poner manos a la obra y conseguir eliminar sus defectos y fortalecer y desarrollar nuevas virtudes.


De forma parecida a lo que hemos dicho en los párrafos anteriores respecto a dejarse llevar por las circunstancias y problemas, el estudiante de astrología que busca su desarrollo espiritual, no debe dejarse dominar por el significado de un aspecto negativo de su horóscopo. El hecho de que dos planetas relacionados con el carácter estén mal aspectados o mal situados no significa que debamos manifestar mal carácter sino que, lo que nos está diciendo es que debemos esforzarnos por transmutar ese aspecto con otros positivos para dominar esa tendencia planetaria. Tampoco el hecho de tener malos planetas y aspectos en los signos y casas relacionas con el matrimonio significa que los problemas matrimoniales nos vayan a superar sin poder hacer nada por nuestra parte. Tanto por la astrología como por el conocimiento de uno mismo por medio de la meditación y el discernimiento, sabemos que el optimismo es mejor que la melancolía o que la esperanza es mejor que el enfoque negativo de dichas tendencias. Siempre tenemos medios y maneras de manifestar nuestras virtudes con tal de contrarrestar los defectos y las dificultades, de esta manera se superan los problemas y se consolida un carácter fuerte y positivo.


Francisco Nieto

jueves, 22 de julio de 2010

LOS ANIMALES, NUESTROS HERMANOS MENORES (yVI)


En mis artículos: “El porqué del vegetarianismo” y “El beneficio de los aminoácidos” colgados en mis blogs ya expuse suficientes motivos como para discernir y extraer las conclusiones oportunas para no comer carne, es decir, para no ser causante de tanta matanza animal. La destrucción de una vida es un crimen pero cuando se mata con ensañamiento y crueldad aun siendo un animal, tendrá peores consecuencias ante la ley, demostrandoesto que quien lo hace es que no tiene sensibilidad, sentimientos hacia los animales, conciencia, ni nada de lo que nos hace compasivos y humanitarios. Precisamente por lo repugnante que es, no quiero detallar las barbaridades que se hacen con los animales (sobre todo en algunos países subdesarrollados) Los animales no fueron creados para que fueran víctimas de nuestros caprichos, ni para que los utilicen y maltraten los niños como juguetes y tampoco para la conveniencia de la barriga o el placer del paladar. Son animales de compañía que están para ayudarnos, bien como medio de transporte, porque producen alimento, porque comen insectos que perjudican la agricultura, porque acaban con las plagas, etc. pero, por supuesto para lo que principalmente están entre nosotros es para que los humanicemos con nuestras vibraciones procedentes de los buenos sentimientos y pensamientos. Nosotros debemos ser sus compasivos protectores y no unos tiranos y opresores.


Es cierto que la caída del hombre hace millones de años le hizo un malvado y egoísta ser que solo pensaba en él, pero es que hoy seguimos siendo casi iguales que aquellos prehistóricos por no decir que muchos matan solamente por deporte y por placer. No nos hemos preocupado de estudiar a fondo el beneficio que nos pueden hacer muchos animales. Somos ignorantes de sus maravillosos instintos y de la cooperación que nos pueden facilitar, pero también lo somos de los deberes que tenemos hacia ellos puesto que están unidos a nuestro destino y a nuestro karma. Solo nos fijamos en el daño que algunos animalillos nos pueden causar pero no queremos ver ni intentar su utilización para muchas cosas que nos ayudarían; la regla para muchos es “matar para beneficio propio.” Aunque creamos que no, los animales aman la vida como nosotros la nuestra y presienten y demuestran (aunque intenten defenderse) el miedo a la muerte, de ahí que, como dije en mi otro artículo, debemos fomentar la protección y el amor a los animales dentro de nuestras posibilidades.


Como he mencionado varias veces en este artículo, la vida de los animales tiene el mismo origen que la nuestra y que la de los otros reinos, la única diferencia está en los cuerpos que utilizan esas vidas para evolucionar en el mundo físico y el grado de conciencia que han obtenido. El mineral solo tiene un cuerpo físico; el vegetal tiene uno físico y uno etérico que es la vida que le anima, hace crecer y reproducirse, pero el animal tiene, además, otro llamado astral o de deseos que les hace como nosotros en sentido de que tienen y emiten sentimientos, deseos y emociones; esto junto a su cerebro y un (podríamos llamar) principio o instinto mental, debería hacer que razonáramos más respecto a cómo actuamos con ellos. No tenemos derecho sobre sus vidas y si conociéramos y respetáramos las Leyes Divinas al respecto comprenderíamos que esas mismas leyes se encargarían de eliminar lo perjudicial para que nuestra convivencia y desarrollo en común fuera estable y fructífero. Pongamos como ejemplo los caballos, vacas, elefantes y otros muchos mamíferos de los que (egoístamente) protegemos, en estos casos podemos comprobar que, no sólo son sumisos y buenos, sino que, además, parece como si aprendieran y fortalecieran su “inteligencia” gracias a nuestra mutua convivencia. Si nosotros les tratamos bien ellos nos aportan (además de su colaboración) cariño, fidelidad, obediencia y en algunos casos amor; prueba de ello es que hoy se tienen como mascota a animales que no hace tantos años se mataban por placer. ¿No son, por tanto, dignos de nuestro amor y protección?
No comer carne, además de purificar nuestro organismo y librarnos de karma respecto a los animales, eleva nuestra inteligencia y nuestra moral, es decir, nos ayuda purificar la personalidad. Seguramente que muchos no estén de acuerdo con esto pero un vegetariano no sería capaz de matar a un animal mientras que un carnívoro poco desarrollado puede trabajar perfectamente en un matadero y quitar la vida a un sinfín de animales a diario y vivir tan tranquilo. Digo más, ¿Cuántas personas de las que comen pollo o vaca serían carnívoros si para comer tuvieran que matar ellos a esos animales? Algunos sí, claro, pero otros muchos no, lo que demuestra que lo que llamamos evolución también implica moral, sensibilidad, razonamiento, etc., y por eso, los más evolucionados espiritualmente, cada vez más están dejando de comer carne. Es más algunos pueden ser tan defensores de la vida de los animales que podrían rechazar la relación social con una persona que trabaje en un matadero. Dice la filosofía oculta que el que mata animales se embrutece, pues bien, el que come carne también se embrutece y, por tanto, colabora con el embrutecimiento de quienes matan a los animales para que sirvan como alimento a la sociedad.

Francisco Nieto

martes, 6 de julio de 2010

LOS ANIMALES, NUSTROS HERMANOS MENORES (V)


Según la teoría científica de la evolución, la forma humana es la superior respecto a los reinos que nos siguen y por eso suponen que la evolución llevará a los otros reinos hacia una forma similar a la nuestra, en cierto modo es así. Pero lo que la ciencia no ha podido explicar es cuál es el eslabón perdido entre el animal y el hombre puesto que ya se empieza a dudar de que sea el antropoide, y de hecho, el esoterismo lo niega. Algunos de los animales domésticos muestran más inteligencia y más sentimientos y emociones que los antropoides, y sin embargo, su forma no evoluciona hacia la humana (como muchos afirman) como los antropoides. Y es que el verdadero animal no es el cuerpo sino la vida que lo anima para adquirir experiencia y conciencia al igual que el Alma que anima el cuerpo del hombre. Esta vida divina animal contiene todos los grados posibles de desarrollo respecto a la forma y a la conciencia animal como resultado de haber sido también un Alma-grupo mineral y vegetal.


Cada animal que muere aporta al Alma-grupo los resultados de su vida y, por tanto, cuando nace otro animal de esa especie (integrada en ese Alma-grupo) nace con todas las posibilidades de desarrollo obtenidos por sus vidas hermanas de dicho Alma-Grupo, a lo que añadirá el resultado de esa nueva vida. Así es que, lo que llamamos instinto animal no es otra cosa que la “memoria” de las experiencias pasadas que actúan también como conciencia del Alma-Grupo. Y como estas experiencias han dejado una determinada vibración en cada vida individual, llega el momento en que esas diferentes vibraciones (experiencias propias) hacen surgir nuevos núcleos cuya “vida interna” se manifiesta en una nueva especie de esa clase de animal pero más evolucionada (de lobo a pastor alemán y de éste a otros más domésticos) Así, según evolucionan esas vidas (según su adaptabilidad al medio y a la ley de supervivencia) se van creando especies de pocos miembros pero cada vez más cercanos al hombre (más adelantados e independientes) siendo la convivencia con los humanos el paso previo para hacer de eslabón perdido.

De una forma generalizada diríamos que un perro doméstico está atrayendo y desarrollando cierta cantidad de materia mental que le permite elevarse por encima del común de su Alma-Grupo. A la vez y sabiendo que el Triple Espíritu (los átomos permanentes situados en los mundos superiores) ha estado percibiendo el resultado de las experiencias en los diferentes reinos, éste envía unas divinas radiaciones que hacen que ese perro esté preparado para convivir, totalmente adaptado, entre los humanos. Este trabajo efectuado en el Mundo del Pensamiento (donde se encuentran las Almas-grupos) es el que, tras otra nueva emanación de vida y conciencia divina, convierte su aspecto grupal en cuerpo causal, el representante del Espíritu en este mundo. Si bien es cierto que los animales están entre nosotros (entre otras cosas) para sernos útiles, también lo es que nosotros deberíamos ayudarles de manera que aceleremos su individualización y para ello no hay mejor método que domesticarlos, no despertar su instinto salvaje, hacer que desarrollen cualidades humanas, y tenerlos en un ambiente cuyas vibraciones procedan de buenos sentimientos y pensamientos.


Aunque he mencionado la palabra “reencarnar” para referirme al trabajo de un Alma-Grupo cuando facilita los cuerpos necesarios a las vidas evolucionantes que agrupa y guía en su desarrollo, lo cierto es que un animal no reencarna o renace como tampoco es un Alma independiente. Se considera Alma independiente cuando una vida evolucionada hasta el grado de lo que conocemos como “animal doméstico” recibe un rayo que desciende del propio Espíritu creado originalmente por Dios, en busca de esa vida que gracias a su desarrollo propio aspira y siente la necesidad de estar junto al hombre. Estas vidas animales, aun sin tener una conciencia como la nuestra, se sienten atraídas por los humanos y buscan su comprensión y por eso intentan penetrar en nuestra vida, complacernos y ayudarnos. De esta forma comienzan a atraer materia de las regiones más concretas o inferiores del Mundo Mental para ponerla en vibración e ir formando su futura Alma o Cuerpo Causal.

Es la unión de ese rayo del Espíritu y la vida que busca instintivamente el aspecto humano la que hace que esa vida se independice del Alma-Grupo y forme su propia alma individual o "Yo superior". Es a partir de ahí cuando se considera un Alma reencarnante puesto que ha obtenido los medios necesarios para desarrollar la mente y, por tanto, un grado más elevado de conciencia; pero también es a partir de ese momento cuando deberá hacerse responsable de sus actos y, por consiguiente, de su propio karma y destino. Ya no compartirá el fruto de sus experiencias dentro del alma-grupal sino que, con cada vida, acumulará el resultado de sus experiencias como un tesoro sobre el cual se basarán los Ángeles para crearle un futuro destino. Sin embargo, que nadie piense que porque tenga un animal doméstico bueno, obediente, cariñoso… va a renacer éste en su vida próxima como humano, no, aún no ha llegado ese momento, es más, cuando renazcan como humanos (con conciencia propia o de vigilia) no tendrán el cuerpo exactamente igual al nuestro como nosotros tampoco lo teníamos cuando obtuvimos la conciencia de “Yo”.


Hasta ahora hemos hablado, principalmente, de la vida que anima los cuerpos de los animales por cuyo medio desarrollan la conciencia, lo que nosotros seguimos haciendo pero ya individualizados con conciencia propia y en cuerpos más perfectos que los de los animales. Pero para comprender un poco más todo este proceso evolutivo que hace que un animal pase a humano tenemos que hablar de los cuerpos. Para que un cuerpo físico exista ha debido ser creado un molde etérico por los espíritus de la naturaleza bajo la dirección de los Ángeles para que los átomos físicos se agrupen y den la forma adecuada. En el animal, el Alma-Grupo se encuentra en el Mundo del Pensamiento donde (como el inventor, que antes de crear físicamente su invento, tiene el modelo o arquetipo en su mente) crea un arquetipo de cada especie animal según las necesidades y desarrollo de esas vidas que alberga. Cuando un animal va a nacer, las Jerarquías creadoras correspondientes le facilitan el cuerpo que necesitan de los subplanos y mundos donde evolucione; así, el animal doméstico tiene un cuerpo físico, un etérico, uno de deseos o astral y algo de materia del Mundo del Pensamiento.

Cuando el hombre pasó de animal a humano a principios de la época atlante, su estado de conciencia era algo similar a los animales domésticos actuales, nos acababan de dar el germen de la mente pero no la habíamos desarrollado y actuábamos más por instinto animal que por humanos. Entonces se produjo una caída que llevó a parte de la humanidad a la degeneración, éstos humanos se fueron degradando y rezagando del resto de los humanos y las Jerarquías tuvieron que crear nuevos arquetipos y cuerpos de deseos para ellos puesto que no podrían habitar los de sus hermanos adelantados (nosotros). Este es el eslabón perdido, esas vidas han continuado renaciendo pero, aun partiendo de un mismo cuerpo igual que el que teníamos nosotros en aquella época (anterior y algo parecido a los monos), ellos han seguido evolucionando por una rama diferente a la nuestra que hoy llamamos antropoides. Por consiguiente, los antropoides son hermanos nuestros de Espíritu pero rezagados en sus cuerpos y conciencias, con lo que podemos concluir en que el hombre no procede del antropoide sino que el antropoide es un rezagado o menos evolucionado nuestro. La clave de esto estuvo en que el, hasta entonces animal, había desarrollado cierto grado de conciencia (como nuestros perros o gatos domésticos) y las Jerarquías dividieron sus cuerpos de deseos en dos, actuando la parte superior como un Alma humanizada sobre la inferior animalizada, y fue aquí donde los antropoides actuales no pudieron entrar porque no pudieron hacer esa división y tuvieron que seguir una línea evolutiva más animal. Aquellos humanos cuya división les permitió unirse a su Espíritu por medio del eslabón de la mente, somos nosotros, pero los que se entregaron a satisfacer las pasiones animales bajo el impulso de su cuerpo de deseos, no podían utilizar éste como vehículo interno propio y se les puso bajo la guía de un Espíritu-Grupo como animales.


Francisco Nieto