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viernes, 15 de enero de 2010

INFLUENCIA PLANETARIA EN LA EVOLUCIÓN DE LA HUMANIDAD (I)


Como cualquier estudiante esotérico sabe, Dios es el creador del sistema solar y, por tanto, del planeta tierra y de la humanidad. Al igual que un caracol forma su sólida concha de sus propios jugos (los que, si los descompusiéramos, llegaríamos a comprender que su origen es invisible, atómico) y lo mismo que todas las creaciones del hombre tienen su origen en su mente (ideas que han tenido forma de pensamiento y por tanto, invisibles), así mismo, Dios, en Su propio mundo y con Su propia mente, crea varios mundos de diferente grado de densidad de “materia”, siendo los planetas y el Sol los más grandes elementos de su creación física.
El Sol es el representante del poder de Dios pero tras lo que vemos está la gloria de este Señor del Universo que, a través del mismo, irradia Luz, Vida y Conciencia. Lo mismo que la luz del Sol puede parecer diferentes clases de luces según la superficie donde se refleje, así, Él mismo y con Su propia conciencia manifiesta (diferencia dentro de Él mismo) millones de conciencias individuales que, como Espíritus algún día alcanzarán la perfección.
El verdadero astrólogo también es esotérico y sabe que la humanidad se desarrolla a través del renacimiento y de la Ley de Consecuencia que es la que administra el karma de cada uno, pero también sabe que nosotros, como diminutas conciencias, estamos evolucionando gracias a las conciencias que actúan por medio de los planetas. Las jerarquías colaboradoras de Dios actúan sobre la humanidad por medio de Rayos especializados en cierta clase de conciencia divina (entre otras cosas) y somos nosotros los que, a través de millones de años, estamos interiorizando y transformando esos estados de conciencia creando así nuestro propio mundo y carácter individual. Es cierto que cada planeta y cada signo nos influyen en sentido moral, espiritual y físico, pero estas jerarquías también hacen que evolucionen los diferentes reinos y conciencia de los mismos. Por ejemplo, Saturno endurece las formas y, por supuesto nuestros huesos, Marte se relaciona con el calor de la sangre y es impulsivo, el Sol representa la vida, Mercurio la mente, etc. Sin embargo, el aspecto más importante a tener siempre presente es lo concerniente con el desarrollo espiritual.
Las conciencias de estas jerarquías astrológicas (y más cercanamente a nosotros las planetarias) representan la perfección, una perfección que nosotros debemos alcanzar en el futuro y que ahora estamos comenzando a dar los primeros pasos. Para nuestros estado actual evolutivo el Sol representa una meta que podríamos definir como: nobleza de sentimientos; lealtad, fuerza de voluntad para alcanzar lo elevado; entusiasmo; independencia y generosidad. Cada planeta tiene igualmente sus virtudes o estados de conciencia, sin embargo, se dice que también tienen sus “defectos”. En realidad y como es lógico, no es así, las jerarquías que nos influyen a través de los planetas no tienen defectos puesto que están tan elevadas, espiritualmente hablando, que es imposible describirlo. Por tanto, tenemos que llegar a la conclusión de que los defectos son los que nosotros tenemos y debemos transformar en dichas virtudes; o lo que es lo mismo, debemos dejar morir por inanición (olvidarnos) los defectos que tengamos para esforzarnos en desarrollar las virtudes que representan dichas jerarquías planetarias. Esta es la razón, entre otras, por la que cada uno de nosotros es un mundo aunque seamos chispas idénticas de un mismo Fuego o gotas de agua salada del mismo océano, cada uno somos el resultado del pasado, y más concretamente, de la capacidad que hayamos tenido para adaptarnos al mundo y para asimilar los estados de conciencia de los planetas y jerarquías que dirigen el desarrollo de la humanidad.
El verdadero ser humano es inmortal, es un Espíritu creado y, a la vez, parte de Dios, y estamos aquí en la tierra desarrollando los aspectos del Espíritu de Dios gracias al renacimiento en diferentes cuerpos de progresivo desarrollo. Pero como en el principio, aun con la conciencia divina, no teníamos conciencia individual, tuvimos que alcanzarla en el pasado y fue ahí cuando nació el “Yo”, cuando caímos en los “defectos de los planetas”. Así es que cuando nos dejamos dominar pro las pasiones o somos violentos estamos desarrollando la parte contraria de las virtudes espirituales de Marte; cuando utilizamos la astucia para hacer algo incorrecto o malo, estamos utilizando lo contrario de las virtudes mentales de Mercurio; cuando somos déspotas, arrogantes u ostentosos, estamos practicando lo contrario a lo elevado del Sol; cuando somos materialistas, egoístas, intolerantes o malintencionados, estamos desarrollando lo contrario a las virtudes de Saturno y así sucesivamente. Por consiguiente, todos los planetas reflejan y emiten a su vez rayos hacia nosotros para ayudarnos individual y colectivamente a alcanzar la perfección.
Como ya hemos dicho, todos los planetas influyen al hombre en su sendero evolutivo, sus jerarquías nos han facilitado todo lo necesario en el pasado para que lleguemos al grado actual de desarrollo y lo continuarán haciendo en el futuro hasta que alcancemos la perfección prevista. Esto es algo así como si dejamos a un niño en una habitación con todas las piezas necesarias para construir un juguete y poco a poco le vamos estimulando la mente en ese sentido hasta que de él mismo surjan las ideas de cómo se hace. Hasta que las jerarquías nos facilitaron el germen de la mente nos guiábamos por un instinto similar al de los animales, pero a partir de ese momento fuimos aprendiendo a utilizar la razón, primero para aprender a sobrevivir y a protegernos y después a utilizar todo lo que nos rodeaba para nuestro propio beneficio. Evidentemente, éramos como animales, tremendamente egoístas, y por eso de nada hubiera servido que nos hubieran influenciados los planetas benéficos como Júpiter o Neptuno. En aquella época, además de la Luna por lo que respecta al nacimiento, nos influían los planetas Marte y Saturno a la vez que lo intentaba Mercurio para el desarrollo de la mente. Poco más tarde vendría la influencia de Venus y bastante después la de Júpiter.
Los primeros pasos del hombre como tal fueron dados en unas condiciones bastante más negativas que positivas, y por eso las influencias procedían principalmente de Marte y Saturno. Esto es algo así como si un hombre poco desarrollado y poco adaptado a occidente le hacen renacer en un barrio donde hay delincuencia, droga y otros vicios, aunque también otras cosas buenas donde poder elegir. Tiene donde elegir pero su poco razonamiento le llevará a lo más fácil y cómodo desde el punto de vista egoísta, entonces Marte y Saturno actuarían sobre su karma dándole lo que se merece según sus decisiones y hechos. Después de cierta cantidad de vidas y de sufrimiento por sus errores, este hombre se adaptaría, desarrollaría su mente y elegiría amistades y cosas positivas en su vida diaria. Marte se relaciona con el cuerpo de deseos y hace que la persona sea egoísta y que tenga deseos y pasiones por los que luchar violentamente si es necesario, y más si es para sobrevivir. Saturno colaboraba en el pasado en esto porque hace que los hombres se sientan tan solitarios y abatidos que se desesperen y actúen con maldad, pero el resultado final de Saturno en sus “castigos kármicos” es moral. Sin embargo, tanto la estancia en la cárcel como un castigo o una necesidad, todos son incentivos que intentan guiar hacia un determinado grado de desenvolvimiento y conciencia.
Como espíritus hijos de Dios que somos debemos desarrollar las cualidades o poderes de nuestro Padre, debemos conseguir ser como Él porque así está escrito. Aunque hemos descendido hasta este mundo material y hemos pasado por etapas similares a los animales, las jerarquías planetarias siempre nos muestran sus virtudes espirituales, otra cosa es que nos esforcemos o no en desarrollarlas. Gracias a Marte (fuerza, impulso, deseo…) sobrevivíamos, procreábamos, nos alimentábamos y deseábamos cuando dábamos nuestros primeros pasos. Hoy Marte sigue actuando igual pero ya no influye de la misma manera a los que comprenden que la vida no es solo egoísmo, disfrute animal, lucha, etc., sino que estas personas utilizan el incentivo y los deseos de Marte para el altruismo, para luchar por el bien de la humanidad y para buscar el desarrollo espiritual por cualquier sendero a su alcance.
Marte proyecta, impulsa, hace que el hombre sea creador, es decir, actúa desde adentro hacia afuera, pero Saturno actúa de forma contraria hace que tomemos conciencia de nuestros actos y de sus resultados, actúa de fuera para dentro. Saturno representa la parte más elevada de la personalidad pero siempre dependiendo de si la voluntad se centra en los asuntos celestiales y en la voluntad divina o no; de cualquier forma Saturno termina formando una razón que está por encima de los deseos y sentimientos de Marte y por encima de la mente común de la humanidad. Saturno es un puente entre la mente analítica, perceptiva y de pensamientos concretos y entre la mente abstracta con la que trabaja nuestro verdadero Yo; es el que retiene los resultados de nuestros actos en nuestra conciencia. Por tanto, Saturno está relacionado con el karma porque recoge el fruto de las experiencias y las transmite a la conciencia. La conciencia es el resultado del conocimiento del bien y del mal y Saturno actúa plenamente en la adquisición de ese conocimiento; Marte pasa del amor y de la devoción personal a la devoción a lo superior y al amor puro. Marte es energía e impulso para que la vida se desarrolle y evolucione a través de la forma, pero Saturno cristaliza y elimina la forma cuando ya no sirve para el desarrollo a la vez que extrae el conocimiento. Marte representa el impulso de los sentidos pero Saturno representa al Yo que busca su propio desarrollo.
El signo de Aries, con su regente Marte, rige la primera parte del desarrollo humano que va de Aries a Virgo pero, en ese pasado, Saturno colaboró en la construcción y endurecimiento del cuerpo físico del hombre-animal; pero Libra con su exaltado Saturno rige la evolución futura que va de Libra a Acuario. Libra representa el equilibrio entre el Yo superior y la personalidad, entre el hombre-animal y el hombre-espiritual, entre lo real y lo falso, entre la muerte y la inmortalidad; es en este punto donde nos encontramos ahora y, por tanto, debemos dirigirnos hacia la luz y la inmortalidad. Pero lo mismo que Saturno nos llevó del instinto a la autoconciencia, nos tiene que llevar a la supra conciencia o conciencia de Dios. Saturno hizo que naciera el Ego individual y hará de puente para que este se funda con el Espíritu Divino.

Francisco Nieto

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