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domingo, 3 de enero de 2010

LA RESPONSABILIDAD POR NUESTROS PENSAMIENTOS


Hay un axioma muy conocido en el mundo del ocultismo que dice que “Así como el hombre piensa en su corazón, así es él.” En realidad, bien por nuestros propios hábitos de pensamiento o bien porque tienen su origen en las ideas que proceden de las regiones abstractas, la gran mayoría de los pensamientos son de nuestra propia creación. Sabiendo esto y también que toda acción física tiene su origen en la mente creadora, podemos asegurar que nosotros somos responsables de nuestros pensamientos y de nuestros actos que han sido pensados por la mente e impulsados a su manifestación por el cuerpo de deseos. Sin embargo hay que reconocer que no todos los pensamientos son siempre nuestros, pues, lo mismo que el sonido de un diapasón hace vibrar a otro que esté a su lado por la ley de simpatía, así mismo, nuestros pensamiento pueden atraer o verse atraídos por otros de la misma naturaleza. Lo que significa que cuando creamos malos pensamientos estamos aumentando el mal en todo aquel que esté pensando en algo similar y estamos sembrando la atmósfera de malos pensamientos allá donde nos encontremos lo que, a su vez y de alguna manera, engrandece el mal existente en el Purgatorio. He aquí la importancia de utilizar nuestro libre albedrío y nuestra voluntad para pensar siempre bien, ya que si pensáramos siempre bien actuaríamos siempre bien.
Utilizar la mente para crear pensamientos buenos de forma voluntaria y consciente tiene muchas ventajas para el propio desarrollo y para la propia humanidad. Si mantenemos pensamientos de amor al prójimo, de fraternidad, altruismo, etc. en nuestra mente, éstos actuarán como un incentivo y terminaremos actuando en esa misma línea de acción con los demás. Por otro lado, nuestra aura cambiará hasta tal punto que sentiremos una alegría interna hasta entonces desconocida, que atraerá la simpatía de las personas que nos rodean. Pero es que, además, como esos pensamientos despiertan sus correspondientes sentimientos en el cuerpo de deseos, veremos a esas mismas personas con otros ojos, a través de una atmósfera de verdadera hermandad, entonces evocaremos lo mejor que hay en ellos mismos. Luego entonces, podemos llegar a la conclusión de que, si no hemos desarrollado determinadas virtudes o cualidades espirituales será difícil que las podamos ver en los demás. Por consiguiente, somos los responsables de nuestros pensamientos como lo somos de los actos que son sus efectos, y esto debería ser motivo suficiente para meditar sobre el uso voluntario y consciente del pensamiento.


Francisco Nieto

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