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sábado, 12 de junio de 2010

LOS ANIMALES, NUESTROS HERMANOS MENORES (III)


Nosotros nos estamos haciendo maestros en el manejo de la materia física y eso nos ha facilitado el desarrollo de la mente, de los sentidos, de los deseos y sentimientos, etc., mientras que los animales están familiarizándose con la forma y con el mundo físico para obtener la base de lo que será su propio “ser”. Hay una gran diferencia en esto y es que el aprendizaje que los animales están haciendo hoy junto al ser humano es superior al que hizo el hombre cuando era aún un autómata puesto que el planeta no es igual ni las experiencias tampoco, por tanto y aunque el hombre ha impedido mucho el desarrollo de los animales como “conciencias”, éstos alcanzarán un grado superior al nuestro cuando obtengan el grado de “humanos”. Como podemos ya intuir claramente, somos (los animales y nosotros) unas vidas que a través de infinidad de cuerpos, especies, reinos, etc. y bajo la guía y tutela de otras Jerarquías creadas por Dios antes que la nuestra, estamos evolucionando a través de las formas materiales para que, gracias a los impactos externos y experiencias, desarrollemos una conciencia propia que nos facilite una voluntad que es la que nos permitirá trabajar para desarrollar las virtudes latentes que tenemos (como seres creados por Dios) en poderes dinámicos espirituales.

La evolución se demuestra en todas las cosas y en todos los reinos, hay minerales duros y menos duros y tierras de muy diversos grados de densidad; hay vegetales que se alimentan y viven sobre piedras, otros sobre tierra y otros incluso de otros vegetales; los animales, al igual que el hombre que se divide y evoluciona por medio de razas y subrazas, también evoluciona gracias a especies que van de las más salvajes a las domésticas. Sin embargo, todos evolucionamos sirviéndonos unos de otros incluso dentro del mismo reino, especie o raza. Así, el vegetal se sirve del mineral, el animal se sirve del vegetal, y el hombre se sirve de todos ellos gracias a que ha obtenido la voluntad y la mente, que le permiten ser libres para actuar como quieran pero responsables de todos sus actos ante las Leyes de Dios.

Aunque la vida que anima los cuerpos de los animales fue “diferenciada” de Dios después que la nuestra su proceso de evolución es muy similar al nuestro, y por eso se dice que son nuestros hermanos menores como nosotros lo somos, al fin y al cabo, de los Ángeles. Cuando estas chispas divinas creadas por Dios comienzan a manifestarse en su descenso desde los mundos espirituales hacia el mundo físico (ver diagrama de los mundos) son ayudadas por determinadas Jerarquías para que obtengan unos cuerpos que les serán necesarios para poder evolucionar en dicho mundo. La humanidad tiene cuatro cuerpos de los cuales extrae el beneficio de las experiencias de cada vida para luego abandonarlos como el que abandona un traje porque está viejo o no le vale. El primer cuerpo y donde tenemos centrada nuestra conciencia es el físico que se relaciona con el mundo físico, el segundo es el cuerpo vital o etérico que es el que anima el cuerpo físico y se relaciona con los sentidos y la memoria, de él se habla como de un fantasma etérico o como un cuerpo magnético o aura; el tercero es un cuerpo de deseos, sentimientos y emociones y está compuesto de materia del Mundo de Deseos o emocional; el cuarto es la mente con la cual deberíamos gobernar el resto de los cuerpos correctamente para no caer en el aspecto animal ni en el materialismo que nos lleva a actuar con maldad, ésta está formada por materia del Mundo del Pensamiento.


Bien, los minerales solo tienen un cuerpo físico (no crecen, ni se reproducen, ni tienen sentimientos, ni razón…); los vegetales tienen un cuerpo físico y otro etérico, por eso crecen se reproducen y mueren cuando se les quita la vitalidad o vida; los animales, sin embargo, ya muestran una gran diferencia con los anteriores reinos, y es que además de esos mismos cuerpos también tienen el cuerpo de deseos que les permiten parecerse mucho a nosotros, es decir, que pueden desear, tener sentimientos y emociones, procrear, etc. A estos solo les falta el cuerpo mental que es lo que nosotros obtuvimos hace millones de años y que nos permitió tener voluntad y libre albedrío, es decir, ser humanos. Esto nos debe llevar a comprender que todo el bien que hagamos por los animales es una ayuda para que adquieran esa autoconciencia humana; mientras que las matanzas, los malos tratos y otros hechos malévolos son impedimentos para su desarrollo y evolución hacia nuestro estado de conciencia. Nosotros somos responsables ante la Ley de Consecuencia del mal que hagamos a los animales puesto que obtuvimos la voluntad, la razón y el libre albedrío para así poder acelerar nuestro proceso evolutivo pero, lo mismo que en nuestros primeros tiempos “caímos” en el mal, ahora seguimos cometiendo errores y haciendo maldades entre nosotros mismos y con los animales. Sin embargo, los animales, además de no hacer mal intencionadamente, no están bajo la Ley del Karma porque no son individuos acumuladores de experiencias que les lleve a renacer como tal, sino que están unidos a un Alma-Grupal donde el fruto de lo vivido en un cuerpo y especie se disuelve y engrandece lo vivido por todos los demás animales de esa especie. Cuando esa Alma-Grupal considera que esas vidas han evolucionado lo suficiente como para dar un paso más en la evolución, les prepara para obtener un cuerpo mental y los medios necesarios como para comenzar a caminar en un cuerpo y con una conciencia humana.


Al igual que ocurre en los colegios, institutos y universidades respecto a los niveles de aprendizaje, ocurre con los animales y ha ocurrido con los humanos y todas las Jerarquías o enjambres de Espíritus creados por Dios; siempre ha habido precursores y rezagados. Así, por ejemplo, en la oleada de Espíritus de los Ángeles se rezagaron los Luciferes y éstos ser sirvieron y se sirven de nosotros para continuar su desarrollo; en nuestra oleada o enjambre de Espíritus, los rezagados evolucionan en otras razas y subrazas excepto los primeros y más rezagados que hoy habitan los cuerpos de los antropoides. Entre los Ángeles los precursores están a nivel de los Arcángeles y más elevados aún, entre los humanos, los precursores están más allá del nivel de los Ángeles; entre los animales los adelantados están esperando ya la oportunidad (el siguiente cambio) de continuar su evolución como humanos. El ser humano siente la necesidad de renacer porque su Alma sabe que es a través de los diferentes cuerpos y de las experiencias como puede alcanzar la perfección espiritual, pero los animales no puesto que aún no tienen esa Alma (el yo) individual sino que son guiados a través de las especies (de más salvaje a más domésticas) hasta que lo acumulado por ese Alma-Grupo sea suficiente como para que sirva como base de la iniciación en el reino humano.


Las Leyes Divinas y las Jerarquías Creadoras de Dios son las que han hecho que la evolución nos haya llevado hasta lo que somos como igualmente ocurre con los animales. Pero para que nosotros hayamos alcanzado el nivel evolutivo actual hemos pasado por unas etapas que, desde el punto de vista de la conciencia, bien podríamos llamar mineral, vegetal y animal; es decir, cuando apenas teníamos conciencia de nada como el mineral, cuando nuestra consciencia comenzó a percibir algo similar al estado de sueño, cuando nuestra conciencia era como la de los animales (como cuando se sueña) y por último, la conciencia de vigilia actual. Sabiendo pues, que hemos llegado a ser como los animales (en estado de conciencia) y que hemos llegado al estado actual gracias a las Jerarquías Divinas que nos preceden ¿cuál debería ser nuestra actitud respecto al reino animal que nos sigue en la escala evolutiva? En nuestro estado animal, antes de desarrollar la mente y la autoconciencia de una forma definida, éramos egoístas, astutos, crueles y más animales que humanos pero, aunque es cierto que nosotros hicimos nuestra parte, fue gracias a esas Jerarquías como nos elevamos sobre el estado animal para poder razonar y utilizar el libre albedrío y la voluntad para el bien. Nosotros estamos domesticando a los animales, estamos ayudando a las Jerarquías que dirigen su evolución a que los animales puedan progresar de acuerdo a nuestra forma de vida y estado actual de planeta, pero si todo el mundo fuera consciente de quienes son verdaderamente los animales, seríamos una ayuda imprescindible para dichas Jerarquías y para nuestros hermanos menores.


Nosotros y los animales tenemos en común la utilización de los mismos cuerpos excepto la mente pero, aun así y puesto que tenemos un cuerpo de deseos similar, hay una diferencia y es que el animal siente el dolor y el sufrimiento que se le causa pero no puede utilizarlo como un medio para evolucionar. Cuando el hombre vence un aspecto animal se eleva en su conciencia, y si se esfuerza por desarrollar la virtud o polo opuesto correspondiente, se elevará más aún porque ha sabido utilizar su propia voluntad. Pero el animal no lo puede hacer porque su conciencia es grupal y no tiene razón ni voluntad, por eso también son dignos de compasión. Deberíamos recordar que en nuestro propio pasado ocurrió lo mismo y que el mal que hemos seguido haciendo hasta nuestros días repercute en ellos e impide su normal ritmo evolutivo; de ahí la necesidad de erradicar los malos tratos a los animales y de transformar la compasión en ayuda para que no tengan esa impotencia de no extraer un provecho de su sufrimiento.


Actuado así, no solo ayudaremos a nuestros hermanos menores sino que, además, no tendremos que hacer frente a ese karma en nuestro destino futuro. De lo que sí extraen un beneficio los animales es de las vibraciones que captan cuando están cerca de nosotros, cuando les damos cariño, les cuidamos y les alimentamos, pero esto (en muchos casos) no es nada más que el resultado temporal del antojo de un niño. Mientras no comprendamos que nosotros somos lo que somos, en gran parte gracias a los animales, no podremos comenzar a devolverles la deuda kármica que tenemos con ellos. Es deber de la humanidad tratar con cariño a los animales, ayudarles en su desarrollo, utilizarles cuando se deba como ayuda pero darle su alimento y cuidado y, en definitiva, ayudarles a evolucionar sin ninguna clase de sufrimiento.

Francisco Nieto

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