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jueves, 22 de julio de 2010

LOS ANIMALES, NUESTROS HERMANOS MENORES (yVI)


En mis artículos: “El porqué del vegetarianismo” y “El beneficio de los aminoácidos” colgados en mis blogs ya expuse suficientes motivos como para discernir y extraer las conclusiones oportunas para no comer carne, es decir, para no ser causante de tanta matanza animal. La destrucción de una vida es un crimen pero cuando se mata con ensañamiento y crueldad aun siendo un animal, tendrá peores consecuencias ante la ley, demostrandoesto que quien lo hace es que no tiene sensibilidad, sentimientos hacia los animales, conciencia, ni nada de lo que nos hace compasivos y humanitarios. Precisamente por lo repugnante que es, no quiero detallar las barbaridades que se hacen con los animales (sobre todo en algunos países subdesarrollados) Los animales no fueron creados para que fueran víctimas de nuestros caprichos, ni para que los utilicen y maltraten los niños como juguetes y tampoco para la conveniencia de la barriga o el placer del paladar. Son animales de compañía que están para ayudarnos, bien como medio de transporte, porque producen alimento, porque comen insectos que perjudican la agricultura, porque acaban con las plagas, etc. pero, por supuesto para lo que principalmente están entre nosotros es para que los humanicemos con nuestras vibraciones procedentes de los buenos sentimientos y pensamientos. Nosotros debemos ser sus compasivos protectores y no unos tiranos y opresores.


Es cierto que la caída del hombre hace millones de años le hizo un malvado y egoísta ser que solo pensaba en él, pero es que hoy seguimos siendo casi iguales que aquellos prehistóricos por no decir que muchos matan solamente por deporte y por placer. No nos hemos preocupado de estudiar a fondo el beneficio que nos pueden hacer muchos animales. Somos ignorantes de sus maravillosos instintos y de la cooperación que nos pueden facilitar, pero también lo somos de los deberes que tenemos hacia ellos puesto que están unidos a nuestro destino y a nuestro karma. Solo nos fijamos en el daño que algunos animalillos nos pueden causar pero no queremos ver ni intentar su utilización para muchas cosas que nos ayudarían; la regla para muchos es “matar para beneficio propio.” Aunque creamos que no, los animales aman la vida como nosotros la nuestra y presienten y demuestran (aunque intenten defenderse) el miedo a la muerte, de ahí que, como dije en mi otro artículo, debemos fomentar la protección y el amor a los animales dentro de nuestras posibilidades.


Como he mencionado varias veces en este artículo, la vida de los animales tiene el mismo origen que la nuestra y que la de los otros reinos, la única diferencia está en los cuerpos que utilizan esas vidas para evolucionar en el mundo físico y el grado de conciencia que han obtenido. El mineral solo tiene un cuerpo físico; el vegetal tiene uno físico y uno etérico que es la vida que le anima, hace crecer y reproducirse, pero el animal tiene, además, otro llamado astral o de deseos que les hace como nosotros en sentido de que tienen y emiten sentimientos, deseos y emociones; esto junto a su cerebro y un (podríamos llamar) principio o instinto mental, debería hacer que razonáramos más respecto a cómo actuamos con ellos. No tenemos derecho sobre sus vidas y si conociéramos y respetáramos las Leyes Divinas al respecto comprenderíamos que esas mismas leyes se encargarían de eliminar lo perjudicial para que nuestra convivencia y desarrollo en común fuera estable y fructífero. Pongamos como ejemplo los caballos, vacas, elefantes y otros muchos mamíferos de los que (egoístamente) protegemos, en estos casos podemos comprobar que, no sólo son sumisos y buenos, sino que, además, parece como si aprendieran y fortalecieran su “inteligencia” gracias a nuestra mutua convivencia. Si nosotros les tratamos bien ellos nos aportan (además de su colaboración) cariño, fidelidad, obediencia y en algunos casos amor; prueba de ello es que hoy se tienen como mascota a animales que no hace tantos años se mataban por placer. ¿No son, por tanto, dignos de nuestro amor y protección?
No comer carne, además de purificar nuestro organismo y librarnos de karma respecto a los animales, eleva nuestra inteligencia y nuestra moral, es decir, nos ayuda purificar la personalidad. Seguramente que muchos no estén de acuerdo con esto pero un vegetariano no sería capaz de matar a un animal mientras que un carnívoro poco desarrollado puede trabajar perfectamente en un matadero y quitar la vida a un sinfín de animales a diario y vivir tan tranquilo. Digo más, ¿Cuántas personas de las que comen pollo o vaca serían carnívoros si para comer tuvieran que matar ellos a esos animales? Algunos sí, claro, pero otros muchos no, lo que demuestra que lo que llamamos evolución también implica moral, sensibilidad, razonamiento, etc., y por eso, los más evolucionados espiritualmente, cada vez más están dejando de comer carne. Es más algunos pueden ser tan defensores de la vida de los animales que podrían rechazar la relación social con una persona que trabaje en un matadero. Dice la filosofía oculta que el que mata animales se embrutece, pues bien, el que come carne también se embrutece y, por tanto, colabora con el embrutecimiento de quienes matan a los animales para que sirvan como alimento a la sociedad.

Francisco Nieto

martes, 6 de julio de 2010

LOS ANIMALES, NUSTROS HERMANOS MENORES (V)


Según la teoría científica de la evolución, la forma humana es la superior respecto a los reinos que nos siguen y por eso suponen que la evolución llevará a los otros reinos hacia una forma similar a la nuestra, en cierto modo es así. Pero lo que la ciencia no ha podido explicar es cuál es el eslabón perdido entre el animal y el hombre puesto que ya se empieza a dudar de que sea el antropoide, y de hecho, el esoterismo lo niega. Algunos de los animales domésticos muestran más inteligencia y más sentimientos y emociones que los antropoides, y sin embargo, su forma no evoluciona hacia la humana (como muchos afirman) como los antropoides. Y es que el verdadero animal no es el cuerpo sino la vida que lo anima para adquirir experiencia y conciencia al igual que el Alma que anima el cuerpo del hombre. Esta vida divina animal contiene todos los grados posibles de desarrollo respecto a la forma y a la conciencia animal como resultado de haber sido también un Alma-grupo mineral y vegetal.


Cada animal que muere aporta al Alma-grupo los resultados de su vida y, por tanto, cuando nace otro animal de esa especie (integrada en ese Alma-grupo) nace con todas las posibilidades de desarrollo obtenidos por sus vidas hermanas de dicho Alma-Grupo, a lo que añadirá el resultado de esa nueva vida. Así es que, lo que llamamos instinto animal no es otra cosa que la “memoria” de las experiencias pasadas que actúan también como conciencia del Alma-Grupo. Y como estas experiencias han dejado una determinada vibración en cada vida individual, llega el momento en que esas diferentes vibraciones (experiencias propias) hacen surgir nuevos núcleos cuya “vida interna” se manifiesta en una nueva especie de esa clase de animal pero más evolucionada (de lobo a pastor alemán y de éste a otros más domésticos) Así, según evolucionan esas vidas (según su adaptabilidad al medio y a la ley de supervivencia) se van creando especies de pocos miembros pero cada vez más cercanos al hombre (más adelantados e independientes) siendo la convivencia con los humanos el paso previo para hacer de eslabón perdido.

De una forma generalizada diríamos que un perro doméstico está atrayendo y desarrollando cierta cantidad de materia mental que le permite elevarse por encima del común de su Alma-Grupo. A la vez y sabiendo que el Triple Espíritu (los átomos permanentes situados en los mundos superiores) ha estado percibiendo el resultado de las experiencias en los diferentes reinos, éste envía unas divinas radiaciones que hacen que ese perro esté preparado para convivir, totalmente adaptado, entre los humanos. Este trabajo efectuado en el Mundo del Pensamiento (donde se encuentran las Almas-grupos) es el que, tras otra nueva emanación de vida y conciencia divina, convierte su aspecto grupal en cuerpo causal, el representante del Espíritu en este mundo. Si bien es cierto que los animales están entre nosotros (entre otras cosas) para sernos útiles, también lo es que nosotros deberíamos ayudarles de manera que aceleremos su individualización y para ello no hay mejor método que domesticarlos, no despertar su instinto salvaje, hacer que desarrollen cualidades humanas, y tenerlos en un ambiente cuyas vibraciones procedan de buenos sentimientos y pensamientos.


Aunque he mencionado la palabra “reencarnar” para referirme al trabajo de un Alma-Grupo cuando facilita los cuerpos necesarios a las vidas evolucionantes que agrupa y guía en su desarrollo, lo cierto es que un animal no reencarna o renace como tampoco es un Alma independiente. Se considera Alma independiente cuando una vida evolucionada hasta el grado de lo que conocemos como “animal doméstico” recibe un rayo que desciende del propio Espíritu creado originalmente por Dios, en busca de esa vida que gracias a su desarrollo propio aspira y siente la necesidad de estar junto al hombre. Estas vidas animales, aun sin tener una conciencia como la nuestra, se sienten atraídas por los humanos y buscan su comprensión y por eso intentan penetrar en nuestra vida, complacernos y ayudarnos. De esta forma comienzan a atraer materia de las regiones más concretas o inferiores del Mundo Mental para ponerla en vibración e ir formando su futura Alma o Cuerpo Causal.

Es la unión de ese rayo del Espíritu y la vida que busca instintivamente el aspecto humano la que hace que esa vida se independice del Alma-Grupo y forme su propia alma individual o "Yo superior". Es a partir de ahí cuando se considera un Alma reencarnante puesto que ha obtenido los medios necesarios para desarrollar la mente y, por tanto, un grado más elevado de conciencia; pero también es a partir de ese momento cuando deberá hacerse responsable de sus actos y, por consiguiente, de su propio karma y destino. Ya no compartirá el fruto de sus experiencias dentro del alma-grupal sino que, con cada vida, acumulará el resultado de sus experiencias como un tesoro sobre el cual se basarán los Ángeles para crearle un futuro destino. Sin embargo, que nadie piense que porque tenga un animal doméstico bueno, obediente, cariñoso… va a renacer éste en su vida próxima como humano, no, aún no ha llegado ese momento, es más, cuando renazcan como humanos (con conciencia propia o de vigilia) no tendrán el cuerpo exactamente igual al nuestro como nosotros tampoco lo teníamos cuando obtuvimos la conciencia de “Yo”.


Hasta ahora hemos hablado, principalmente, de la vida que anima los cuerpos de los animales por cuyo medio desarrollan la conciencia, lo que nosotros seguimos haciendo pero ya individualizados con conciencia propia y en cuerpos más perfectos que los de los animales. Pero para comprender un poco más todo este proceso evolutivo que hace que un animal pase a humano tenemos que hablar de los cuerpos. Para que un cuerpo físico exista ha debido ser creado un molde etérico por los espíritus de la naturaleza bajo la dirección de los Ángeles para que los átomos físicos se agrupen y den la forma adecuada. En el animal, el Alma-Grupo se encuentra en el Mundo del Pensamiento donde (como el inventor, que antes de crear físicamente su invento, tiene el modelo o arquetipo en su mente) crea un arquetipo de cada especie animal según las necesidades y desarrollo de esas vidas que alberga. Cuando un animal va a nacer, las Jerarquías creadoras correspondientes le facilitan el cuerpo que necesitan de los subplanos y mundos donde evolucione; así, el animal doméstico tiene un cuerpo físico, un etérico, uno de deseos o astral y algo de materia del Mundo del Pensamiento.

Cuando el hombre pasó de animal a humano a principios de la época atlante, su estado de conciencia era algo similar a los animales domésticos actuales, nos acababan de dar el germen de la mente pero no la habíamos desarrollado y actuábamos más por instinto animal que por humanos. Entonces se produjo una caída que llevó a parte de la humanidad a la degeneración, éstos humanos se fueron degradando y rezagando del resto de los humanos y las Jerarquías tuvieron que crear nuevos arquetipos y cuerpos de deseos para ellos puesto que no podrían habitar los de sus hermanos adelantados (nosotros). Este es el eslabón perdido, esas vidas han continuado renaciendo pero, aun partiendo de un mismo cuerpo igual que el que teníamos nosotros en aquella época (anterior y algo parecido a los monos), ellos han seguido evolucionando por una rama diferente a la nuestra que hoy llamamos antropoides. Por consiguiente, los antropoides son hermanos nuestros de Espíritu pero rezagados en sus cuerpos y conciencias, con lo que podemos concluir en que el hombre no procede del antropoide sino que el antropoide es un rezagado o menos evolucionado nuestro. La clave de esto estuvo en que el, hasta entonces animal, había desarrollado cierto grado de conciencia (como nuestros perros o gatos domésticos) y las Jerarquías dividieron sus cuerpos de deseos en dos, actuando la parte superior como un Alma humanizada sobre la inferior animalizada, y fue aquí donde los antropoides actuales no pudieron entrar porque no pudieron hacer esa división y tuvieron que seguir una línea evolutiva más animal. Aquellos humanos cuya división les permitió unirse a su Espíritu por medio del eslabón de la mente, somos nosotros, pero los que se entregaron a satisfacer las pasiones animales bajo el impulso de su cuerpo de deseos, no podían utilizar éste como vehículo interno propio y se les puso bajo la guía de un Espíritu-Grupo como animales.


Francisco Nieto