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sábado, 30 de octubre de 2010

DESDE LO QUE FUIMOS HASTA LO QUE DEBEMOS SER (I)


Cuando comúnmente decimos “Yo soy” o “Yo existo” nos estamos refiriendo a que nos reconocemos como individuos separados del resto de la humanidad, a que nuestra conciencia nada tiene que ver con la de los demás, y a que nos reconocemos como individuos con un libre albedrío y una voluntad propia. Esto es lo que en esoterismo llamamos “autoconsciencia” y es lo que nos diferencia en un grado muy elevado de los reinos que nos siguen, sin embargo y sabiendo que la vida evoluciona a través de la forma, (cuerpos materiales) para alcanzar este grado de consciencia hemos tenido que pasar por otros similares a los que tienen actualmente el mineral, el vegetal y el animal.


Todo lo existente en el universo tiene vida y esa vida evoluciona a través de las formas, sean dinámicas o estáticas e inertes, pero la Vida Universal Una tiene un mismo origen y ese origen es Dios. Uno de los propósitos de la vida, o mejor dicho, de Dios, es que la vida adquiera consciencia a través de las formas y que esa consciencia evolucione hasta el mismo grado que Él como Padre y Creador. Así es que, nosotros, como individuos autoconscientes actualmente, hemos de admitir que tuvo que haber un principio donde no lo éramos y tiene que haber una meta a la que la propia evolución nos llevará a adquirir la consciencia universal.


Nuestro origen está unido al planeta Tierra como éste lo está a su vez al sistema solar, la vida evolucionante que anima nuestros cuerpos tiene el mismo origen que la que anima un planeta, la diferencia está en el grado de consciencia del Espíritu que anima los cuerpos no en el tamaño o forma de los cuerpos. Con esto quiero decir que la vida que anima una forma inerte como el mineral, en un futuro lejano la animará como forma vegetal y animal para, por fin, adquirir una autoconsciencia como la nuestra y reconocerse como un yo independiente. Para comprender esto veamos cuál es nuestro origen como Espíritus o vidas separadas de Dios.
Sin querer profundizar demasiado para no complicar al estudiante o principiante, diremos que cuando Dios (nuestro creador y origen) desea manifestarse lo hace por medio de una creación como es el sistema solar. Para nosotros un sistema solar solo tiene forma material y vida pero para que ese sistema solar haya surgido de los confines del espacio y se mueva, y evolucione, y cumpla un propósito y muera, ha tenido que haber deseo, sentimiento, voluntad e inteligencia para que evolucione y mantenga sus órbitas. Por tanto, un sistema solar es la expresión de un gran Espíritu que llamamos Dios como nuestro cuerpo es la expresión de nuestro Espíritu, y lo mismo que el sistema solar surge de lo invisible (a nuestros ojos) hasta que se crea la materia y ésta se cristaliza, también ocurre lo mismo con nuestro cuerpo. El Espíritu es el polo opuesto de la materia pero es la vida procedente de ese Espíritu la que evoluciona a través de las formas materiales utilizándolas para adquirir experiencias y desarrollar la conciencia.

Antes de que se creara y cristalizara la materia de lo que hoy llamamos sistema solar, nosotros, como espíritus vírgenes, existíamos (aunque ya diferenciados “en” y “por” Dios) en nuestro propio mundo espiritual. Como parte de Dios éramos omniconscientes y teníamos todos sus poderes latentes pero no éramos autoconscientes como individuos y, por tanto, ni los podíamos ni los sabíamos utilizar como tal, eso se conseguirá al final de esta manifestación de Dios cuando alcancemos nuestra meta de perfección espiritual. Desde entonces y hasta hace unos millones de años, cuando obtuvimos el grado de humanos, hicimos un descenso hacia el mundo material comúnmente llamado “involución” y durante esa involución de la vida hacia la materia se consiguieron los siguientes objetivos:

1º.- La adquisición de varios cuerpos de diferentes grados de vibración o densidad de materia que, en nuestro estado actual, llamamos cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo de deseos y cuerpo mental.
2º.- Con la ayuda de otros espíritus también creados por Dios en otras manifestaciones anteriores (Ángeles, Arcángeles….) se construyó o condensó el sistema solar con nuestro planeta que es nuestro campo de experiencia y evolución.
3º.- Comenzamos a adquirir los diferentes grados de conciencia que nos han ayudado a ser lo que somos actualmente.

El primer grado de conciencia fue similar al que actualmente tienen los minerales, es decir, una conciencia de trance profundo, en el cual y como es lógico, no éramos consciente del mundo físico como no lo es el mineral. El mineral evoluciona, como podemos ver en sus muy variados aspectos de forma y densidad, y lo hace gracias a los impactos del exterior (frio, calor, magnetismo, transformaciones que hace el hombre, vibraciones…) Cuando esa vida ha adquirido cierto grado de conciencia a nivel planetario y en forma grupal, (no hay aún individualidad) se individualiza un poco y comienza su evolución en formas vegetales duras y grotescas para ir adquiriendo sensibilidad y terminar con las formas bellas y delicadas que conocemos. Esta evolución en el reino vegetal hace que la vida tome más contacto con el hombre y que las vibraciones de éste y de los muy diferentes medios de desarrollo y ambientes le faciliten un superior grado de conciencia al que se suele llamar de sueño sin ensueños. En esta etapa, además del cuerpo físico, también obtuvimos un cuerpo etérico o vital que nos permitía crecer y reproducirnos. Después, la evolución de la vida a través de las formas y con la ayuda de las Jerarquías Creadoras (Espíritus ante el Trono) pasamos a utilizar cuerpos similares a los que conocemos como animales (no fuimos animales sino que adquirimos una conciencia similar a la que ellos tienen ahora) Esa conciencia es la de sueño con ensueños que es como la que tenemos cuando soñamos y similar a la que tienen los animales. A la vez adquirimos un cuerpo de deseos que nos permitía manifestar deseos, sentimientos y emociones y es al final de esa etapa (similar a los animales domésticos más evolucionados) cuando nos facilitaron la mente, lo que nos permitió obtener una nueva conciencia que llamamos de vigilia por medio de la cual somos conscientes del mundo físico. Así es que, mientras involucionábamos como vida espiritual desde los mundos espirituales hacia el físico a la vez que se condensaba el planeta, adquiríamos los cuerpos que hoy tenemos y los grados de conciencia que nos permiten decir “Yo soy” o “Yo existo”.


Nuestro estado actual evolutivo ha hecho que perdiéramos la consciencia de los mundos superiores donde antes sí lo éramos como Espíritus pero, a la vez, nos ha facilitado la autoconciencia del mundo físico y de nosotros mismos, a lo que hay que añadir el libre albedrío y la voluntad como expresión del Espíritu. Nuestra siguiente meta es volver a adquirir la consciencia de los mundos superiores donde vamos (como almas) después de cada muerte de nuestro cuerpo físico y para ello estamos renaciendo. El Renacimiento y la Ley de Consecuencia que administra nuestro karma son las Leyes Divinas que hacen que nuestras experiencias de cada vida se conviertan en la voz de la conciencia que nos advierte cuando vamos a hacer mal (porque ya lo hicimos) y nos tortura cuando lo hemos hecho. Las reencarnaciones, las experiencias, son como las clases y los días que durante años enseñan a un niño lo más básico para que después sepa moverse y progresar responsablemente en la vida. En cada vida aprendemos de las experiencias y extraemos la quintaesencia de las mismas que serán la base para que la próxima sea mejor y para que elevemos la conciencia un poco más hacia nuestro Espíritu y hacia Dios.


Al igual que Dios experimenta y obtiene y eleva Su conciencia gracias a Sus creaciones o manifestaciones, también nosotros lo hacemos con cada reencarnación y a través de nuestros cuerpos. Una vez que nuestra evolución nos ha permitido obtener los diferentes cuerpos y grados de conciencia, no podemos ir marcha atrás para renacer (como algunos dicen) como animales ni en ninguna otra clase de forma. En cada renacimiento y de acuerdo a lo experimentado y desarrollado en las anteriores vidas, hacemos los trabajos necesarios en los mundos superiores (invisibles a nuestros ojos físicos) para conectar los nuevos y más desarrollados cuerpos (mental, de deseos, etérico y físico) a nuestra Alma o Yo superior, el cual recogerá el fruto de las experiencias de la vida y lo unirá (lo positivo) al fruto o conciencia de las anteriores. Así es que cuanto mejor uso de los cuerpos y mejor voluntad, y mejores acciones, mejores resultados obtendremos de cada vida y menos renacimientos tendremos que hacer hasta alcanzar el próximo grado de conciencia.


Nuestro futuro pasa por obtener la conciencia de los mundos superiores al igual que hemos obtenido la del mundo físico; por la no necesidad de renacer y, por tanto, vencer a la muerte; por vencer al cuerpo de deseos y a la mente concreta que son los que nos apegan a la materia y nos hacen ver un mundo no real; por identificiarnos con nuestro propio Yo superior y actuar como él; y por ser creadores, como espíritus, y respecto a otras formas evolutivas como hicieron algunas jerarquías con nosotros hace millones de años.


Francisco Nieto

sábado, 16 de octubre de 2010

HACIA LA PERFECCIÓN DE LOS CUERPOS (yIII)


Hasta aquí he descrito lo que podríamos denominar los primeros pasos en la búsqueda de la Verdad, lo que también se consigue por medio del sendero de devoción y, cada vez más, por el camino de las enseñanzas ocultas. El trabajo que se realiza y lo que se aprende por medio de estos conocimientos ocultos desarrollan los dos aspectos más importantes en el hombre que le llevarán a la liberación de una manera más rápida, estos son el corazón y la mente, es decir, el amor y el discernimiento. Esto a su vez, y gracias al conocimiento que se adquiere, le lleva a purificar sus cuerpos y, por último, a contactar con algún Maestro que le preparará para la iniciación, lo que le hará consciente de los mundos invisibles mientras duerme.
Veamos cuál es el trabajo a realizar sobre los cuerpos.


La purificación del cuerpo físico trata de mantenerle sano y puro y para ello es necesario tomar alimentos sanos y libres de toxinas, y eliminar todo aquello que pueda dominar la voluntad del hombre o llevarle a adquirir vicios y malas costumbres. Por otro lado y después de cierto progreso, la persona se hace vegetariana voluntariamente al comprender que comer animales es impedir que unos hermanos menores nuestros puedan evolucionar a través de sus cuerpos. No tenemos necesidad de matar animales para comer y mucho menos para otras cosas. La naturaleza nos ofrece todo lo necesario para poder estar bien alimentados por medio del mundo vegetal y de otros alimentos procedentes de los animales como la leche y los huevos. Lo mismo que vivieron grandes personajes de la historia y muchos místicos sin comer carne podemos vivir nosotros. Solo tenemos que interesarnos por la nutrición para ver que lo que necesitamos lo tenemos en cualquier supermercado sin necesidad de consumir animales.


La purificación del cuerpo de deseos es otro de los pasos que tenemos que dar como preparación para adquirir la iniciación en un futuro. Los deseos y pasiones animales, los instintos y los apetitos, y costumbres del cuerpo de deseos, suelen subyugar la voluntad y la mente del hombre haciéndole caer en vicios. Es el hombre con su voluntad y su discernimiento quien debe dirigir su destino, por tanto, debe dominar todos esos aspectos inferiores de la personalidad. Los deseos son necesarios también para el desarrollo espiritual pero para ello es necesario utilizar el discernimiento para elegir y desarrollar lo bueno mientras rechazamos lo malo. De esta manera, al no alimentar lo malo en nosotros, muere de inanición, a la vez que, deseando y teniendo buenos sentimientos reemplazamos los malos. Podríamos hablar de los pecados capitales, de las bienaventuranzas y de todo lo que predicó Cristo en el Sermón de la Montaña entre otras muchas cosas, pero nos podemos valer de infinidad de cosas para tener buenos sentimientos y deseos las 24 horas del día. En mi libro “Métodos esotérico prácticos para el desarrollo interno” doy algunos de los mejores técnicas para el desarrollo espiritual pero he de decir que el simple hecho de programarse cada mañana para hacer el bien y no caer en el mal, más la revisión de lo que hemos hecho durante el día al acostarnos para así rectificar, nos puede ayudar mucho.


El trabajo sobre el cuerpo mental también puede ser variado pero todo debe partir del conocimiento de que la mente está por encima de los deseos y, por tanto, no tenemos que hacer nada más que cambiar voluntariamente nuestros deseos, aspiraciones y anhelos para que éstos sean de naturaleza elevada, devocional o intelectual. Pero para conseguirlo lo primero que debemos aprender es a callar, a observar y a escuchar mientras meditamos para hablar poco pero de forma razonada, responsable y con la mejor voluntad de ayudar o ser constructivos. ¿Cómo podemos conseguir esto? o lo que es lo mismo, ¿Cómo podemos ver el lado bueno de los hechos? Hablando poco mientras razonamos para no escuchar los aspectos negativos, no fijarnos en esos mismos aspectos, y no decir o practicar lo malo. Es necesario fijarse en lo bueno, en lo que sea motivo para crear buenos sentimientos y pensamientos, en lo que satisfaga internamente, y en lo que nos aliente a seguir buscando a Dios en todo lo que nos rodea. Aconsejo la observación junto al discernimiento de lo que se observa, la meditación de lo que hacemos a diario y lo que somos, y la práctica de la oración y otros ejercicios espirituales.


Pero junto a esos deberes diarios tienen que estar como hábitos: El servicio desinteresado y amoroso al prójimo allá donde surja la ocasión; llevar una vida sencilla, humilde y ejemplar ética y moralmente; y ser un vivo ejemplo de Cristo ante los demás. Junto a lo anterior, pero una vez que ya se aprecia cierto progreso como es, por ejemplo, estar todo el día pendiente de que estamos haciendo lo correcto, hay otros aspectos complementarios que podemos llevar a la práctica. Éstos son algunos: La meditación sobre hechos o ideales elevados; la adoración; la contemplación; y todos los rituales donde se invoque, alabe o adore a Dios o tengan relación con lo divino y espiritual. Con estos ejercicios se desarrollan: La intuición, la inspiración, los sentimientos elevados, el discernimiento sobre temas abstractos y la moral. Esto a su vez, nos debe hacer humildes y hacer que rechacemos lo material, la búsqueda de engrandecimiento, el bienestar y la fortuna. Nos debe concienciar para superar toda clase de tentaciones y para ser un sacrificio viviente y consciente en todo momento; nos debe hacer cambiar el egoísmo y amor familiar por el amor y el servicio al prójimo; nos debe llevar a escuchar y a compadecernos de quienes necesitan ayuda; nos debe llevar a comer lo necesario para estar sanos y vivir y no vivir para comer; y nos debe llevar a ser verdaderos colaboradores de Cristo emitiendo vibraciones de amor hacia todo ser viviente.

Estos son algunos de los requisitos necesarios para poder pensar en la posibilidad de ser discípulo de un Maestro.

.- Lo mismo que debemos ser responsables con el cumplimiento de nuestros deberes familiares, laborales, sociales, etc., así mismo el aspirante debe tener siempre presente la vida espiritual y trabajar para obtener la conciencia del Ego, su Yo superior. Esto lleva implícito el desarrollo del discernimiento para saber diferenciar lo que es real y parte del Espíritu de lo que no lo es y pertenece al mundo material. La mente debe estar centrada en las cosas celestiales y no en asuntos terrenales que de nada sirven porque, si no es así, no superará las tentaciones, las tensiones ni las pruebas. Es así como el aspirante desarrolla la indiferencia hacia lo superfluo y cómo utiliza y da importancia a lo material en su justa medida.

.- El control de la mente y su fortalecimiento junto a la voluntad es otro de los requisitos. El aspirante no debe perder el tiempo pensando cosas que no sirven para nada ni dejar la mente suelta puesto que, controlándola, nos podemos beneficiar mucho nosotros y más aún a la humanidad. A la vez que se controla la mente hay que poner orden y disciplina en el cuerpo de deseos, es decir, hay que eliminar los más bajos y groseros sentimientos y deseos puesto que son ellos los que nos tientan y nos hacen caer en el mal. La observación de nosotros mismos y del mundo que nos rodea hará que nos conozcamos mejor y que podamos luchar contra lo que entorpece el desarrollo deseado. La oración o repetición de mantras espirituales es preferible a dar rienda suelta a la mente, esto es una manera de controlarla y de fortalecerla en la devoción y en los ideales espirituales. La concentración mental como ejercicio será de mucha ayuda a la hora de controlar la personalidad. La meditación, también como ejercicio diario en los ratos libres, ayudará a hacer un correcto uso de los diferentes cuerpos evitando la búsqueda y el disfrute de los placeres terrenales. Cuanto mayor control y desarrollo positivo de la mente mayor obediencia de los demás cuerpos; más quietud mental; mejor conducta en las relaciones; más control de la palabra y de los deseos; menos fanatismo; más paciencia; menos resentimiento; más fe en lo superior; y más confianza propia.

.- El desarrollo de la tolerancia es necesario desde el mismo momento en que sabemos que todos somos hermanos e hijos de Dios, aunque cada uno tengamos diferente grado de evolución. Lo mismo respecto a la comprensión porque los errores de los demás (entre otras cosas) son nuestros errores, bien porque los tengamos, bien porque los hayamos tenido, o bien porque quizás los tengamos en el futuro.


.- La paciencia también es muy importante respecto a los demás y a lo que nos traiga el destino porque, por muy malo que sea, su origen está en nosotros. Todo lo que nos ocurre y lo que traemos como personalidad es la cosecha de lo que sembramos ayer, así es que, la paciencia es una virtud que nos ayudará a alcanzar nuestra meta.

Estos requisitos traerán la paz y el equilibrio necesarios para trabajar a favor de nuestro Yo superior a la vez que abandonamos los malos hábitos de nuestra mente y de nuestros cuerpo de deseos. Los cambios en la manera de pensar y en la nueva vida harán que nazca un gran anhelo por el desarrollo espiritual, por la liberación y por la unión con nuestro verdadero Yo. Cuando esta sed espiritual ya no se puede apagar con lo material es cuando se está preparado para ser un discípulo. Sin embargo, si el esfuerzo y la actitud son enfocados desde la posición del Ego, veremos todo con su conciencia y cada vez se tendrá menos deseos inferiores y materiales; el Ego también representa el mundo del Amor, por tanto, actuar en su nombre implica dar Amor.

Actualmente, gran parte de la humanidad actúa y piensa egoístamente, dirigiendo sus fuerzas hacia adentro. Quien desee ser verdaderamente un aspirante a discípulo y a la iniciación debe hacer lo contrario, es decir, dirigir su atención y sus fuerzas hacia el exterior y actuar fraternal y altruistamente en pensamiento, palabra y obra. Este servicio a la humanidad debe aumentar según se desarrolle espiritualmente el aspirante y más aun cuando se despierte algún poder. A partir de que el aspirante o discípulo obtiene algún poder, por pequeño que sea, éste no solo no debe contarlo sino que, además, no debe utilizarlo para beneficio propio, para satisfacer curiosidades, o para producir fenómenos ni actuar públicamente. Lo mismo que en la vida física debemos ser responsables y cumplir con nuestros deberes, también debe ser así respecto a nuestros deseos, sentimientos y pensamientos, o sea, debemos colaborar con el Ego en su trabajo de influenciar positivamente a la mente para que pueda vencer el aspecto grosero y animal del cuerpo de deseos. Si de verdad queremos actuar como lo haría el Ego, debemos elevar la conciencia del Mundo de Deseos al Mundo del Pensamiento, sólo así seremos dueños de nuestros propios cuerpos y les podremos gobernar a voluntad y para el bien.

Francisco Nieto

domingo, 3 de octubre de 2010

HACIA LA PERFECCIÓN DE LOS CUERPOS (II)


El futuro de la humanidad pasa, como de hecho algunos ya lo han conseguido, por eliminar la materia mental relacionada con todo lo que no sea espiritual, devocional, moral y positivamente intelectual. Entonces, cuando solo se responde a lo sublime y elevado y se actúa con voluntad y no dejándose llevar por los sentidos ni por el aspecto negativo del cuerpo de deseos, el Ego se expresa en los mundos de una manera más noble y más sutil. La mente debe ser un instrumento perfecto en manos del Yo superior para poder colaborar en el desarrollo intelectual de la humanidad, de esta forma avanzaremos a pasos agigantados a la vez que eliminamos el mal de la tierra.


El estado de conciencia de occidente está en un punto que hace que muchas personas se interesen por acelerar su desarrollo espiritual, bien por medio del esoterismo o bien por la devoción a Dios o a elevados ideales. Existen hermanos nuestros que se han esforzado tanto que se encuentran muy lejos por delante del común de la humanidad, son grandes iniciados que incluso no tienen porqué renacer. ¿Qué podemos hacer nosotros? ¡Vivir intensamente! pero siempre guiados por las Leyes Divinas, servir de corazón, hacer las cosas con la mejor voluntad, estar atentos a todo lo que ocurre para ser conscientes de ello y actuar en consecuencia desde un estado de conciencia de amor. Vivir intensamente también es ser conscientes en todo momento de lo que nos ocurre y de cómo respondemos.


Es necesario comprender que nuestra voluntad es un aspecto de nuestro propio Espíritu como el propio Espíritu es parte de Dios; pues bien, el libre albedrío es, en cierto modo, un aspecto de la voluntad que, en su origen, procede de Dios. Pero ¡cuidado! “procede” de Dios pero no es la Voluntad de Dios y por eso debemos utilizar el libre albedrío para hacer que esa voluntad encerrada en el hombre se desarrolle y eleve hacia la voluntad de Dios. Entonces cabe preguntarse a menudo y a modo de autoayuda ¿Cómo actuaría yo si tuviera la voluntad de Dios? Se trata de abandonar progresivamente el libre albedrío personal en favor del desarrollo de la voluntad en nosotros.
Debemos ser prácticos y responsables, sobre todo los que hemos obtenido estos conocimientos, dicho de otra forma, deberíamos considerarnos como células o neuronas en el cuerpo de Dios para así comprender que lo que hacemos como conjunto (bueno o malo) tiene su correspondiente efecto. Nuestro deber es desarrollar el Espíritu de Dios en nuestras vidas y en todo cuando nos rodea y no ser juguetes de la personalidad y del destino. La voluntad debe ser utilizada para buscar el reino de Dios porque todo lo demás nos será dado por añadidura.


Lo mismo que desde la infancia hasta la vejez nos elevamos con cada experiencia, así mismo ocurre con cada vida, ya que con cada nacimiento nos encontramos en un plano intelectual y espiritual más elevado. Cuando a través del ocultismo sabemos de la existencia de Maestros e iniciados de gran sabiduría que no necesitan renacer, parece como si nosotros no fuéramos capaces de conseguirlo, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que el grado actual de desenvolvimiento hace que no estemos contentos con nuestra vida, que tengamos resentimiento, que no veamos con buenos ojos a los que son diferentes a nuestras ideas, a nuestra política y a nuestra religión. Nos es muy fácil caer en la crítica, la envidia, en el complejo de superioridad respecto a los débiles y pobres y, en definitiva, en actuar contra todo aquel que limite a nuestro yo.


Para acercarnos moral, intelectual y espiritualmente a esos grandes seres y a los niveles donde ellos actúan debemos comenzar por desarrollar nuevas y elevadas aspiraciones e ideales y, a continuación, buscar un apoyo o motivo que nos sirva como impulso. Siempre ha habido grandes personajes que han dejado un ejemplo de vida o una enseñanza para quien quiera verla y llevarla a la práctica, estos son los escritores, poetas, religiosos e incluso científicos que han hablado del origen divino del universo; pero el más grande de todos fue Cristo. Antes de Cristo ya hubo otros “mensajeros” para otras épocas y razas pero para occidente tenemos su ejemplo a seguir. El ejemplo de aquel que precisamente vino a dar la enseñanza que occidente necesita actualmente; aquel que dejó una enseñanza y predicó un ejemplo de vida como nadie lo había hecho antes; aquel que dijo que todos somos hijos de Dios y hermanos; y aquel que predicó que las obras que Él hacía las podríamos hacer nosotros algún día.


Cuando una persona descubre que la humanidad está compuesta de una sola vida procedente de Dios y que, por tanto, somos hermanos aunque en cuerpos de diferentes razas, da igual cómo se llame su Dios porque lo importante es que esa persona ha dado el primer paso en el camino de perfección. Un artista, un músico, un científico, un filósofo, cualquiera puede, a través de la meditación y el discernimiento en el camino elegido en la tierra, comenzar a percibir el origen divino de las cosas. Cuando uno se consagra a un trabajo como resultado de una necesidad interna, tarde o temprano descubre que todo procede de Dios, que nuestra vida es de Dios y que somos inmortales, entonces y si persiste en sus investigaciones y en escuchar a su conciencia, comprenderá que hay una vida superior aún estando aquí en la Tierra.


Todos vemos, nos encontramos o conocemos circunstancias, enseñanzas y personas que nos pueden servir también como ejemplo para descubrir esa vida superior. Un buen amigo sincero y noble que no le gusta criticar ni hacer mal; un sacerdote o un devoto de cualquier religión que intente llevar a la práctica las enseñanzas de Cristo; un filósofo o escritor que intuye que hay un Dios de amor creador de todo y padre nuestro; una persona ocultista avanzada que a través de estos conocimientos es un ejemplo a imitar o, ¿por qué no? todo aquel que practica el mal y que nos está diciendo lo que no debemos hacer. Todo aquel que nos despierta algún elevado ideal o sentimiento positivo debe servirnos como estímulo para esforzarnos hasta encontrar esa nueva filosofía de vida, pues, al fin y al cabo, son mensajeros que nos sirven de ayuda. Solo es necesario observarles, discernir la ayuda que podemos obtener de ellos y llevarla a la práctica o simplemente vivir los sentimientos internos que nos despiertan.
Un músico, un poeta, un pintor o un humilde y devoto cristiano entre otros muchos pueden despertar en nosotros los más bellos y elevados sentimientos si los queremos observar y revivir en nosotros. Pero también los que viven en la pobreza, el mendigo que vemos todos los días pero que no nos fijamos en él, la mujer abandonada que se sacrifica y en su humildad y sencillez saca adelante a sus hijos, o la persona que aún sin tener apenas para vivir siempre tiene una sonrisa en los labios y nos estrecha la mano con entusiasmo y simpatía. De todos ellos nos podemos servir para transformar nuestro carácter y comenzar una nueva vida que nos acerque a nuestro verdadero Yo.


Desde los grandes filósofos como Platón o Pitágoras, pasando por grandes santos de la iglesia como Santa Teresa y otros como Tomás de Kempis, Gandhi, Teresa de Calcuta, etc., han dejado como ejemplo de vida y en forma de escritos una enseñanza que nos puede llevar muy alto en el sendero de santidad. Pero para llevar a la cima hay que recorrer el camino pues de otra forma no lo conseguiremos; Dios no puede venir a nosotros si no le buscamos, si no nos esforzamos y si no persistimos. Nos podemos servir de todo para buscar a Dios, nos podemos valer muy especialmente de estos conocimientos esotéricos (si ya en esta vida los comprendemos) para comprender la existencia y la creación de Dios pero, a partir de ahí, debemos buscarle en nuestro interior, un poco más allá de donde nacen nuestros más elevados sentimientos y aspiraciones. Cuando se alcanza esa comprensión ya es indiferente que nos digan que Dios es injusto o que no existe porque en nuestro interior sabemos que existe y cuál es Su Poder; ese Dios del que han hablado los profetas, las religiones, los santos, los filósofos, los místicos e incluso la mirada y el ejemplo de un verdadero cristiano.


Francisco Nieto