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domingo, 3 de octubre de 2010

HACIA LA PERFECCIÓN DE LOS CUERPOS (II)


El futuro de la humanidad pasa, como de hecho algunos ya lo han conseguido, por eliminar la materia mental relacionada con todo lo que no sea espiritual, devocional, moral y positivamente intelectual. Entonces, cuando solo se responde a lo sublime y elevado y se actúa con voluntad y no dejándose llevar por los sentidos ni por el aspecto negativo del cuerpo de deseos, el Ego se expresa en los mundos de una manera más noble y más sutil. La mente debe ser un instrumento perfecto en manos del Yo superior para poder colaborar en el desarrollo intelectual de la humanidad, de esta forma avanzaremos a pasos agigantados a la vez que eliminamos el mal de la tierra.


El estado de conciencia de occidente está en un punto que hace que muchas personas se interesen por acelerar su desarrollo espiritual, bien por medio del esoterismo o bien por la devoción a Dios o a elevados ideales. Existen hermanos nuestros que se han esforzado tanto que se encuentran muy lejos por delante del común de la humanidad, son grandes iniciados que incluso no tienen porqué renacer. ¿Qué podemos hacer nosotros? ¡Vivir intensamente! pero siempre guiados por las Leyes Divinas, servir de corazón, hacer las cosas con la mejor voluntad, estar atentos a todo lo que ocurre para ser conscientes de ello y actuar en consecuencia desde un estado de conciencia de amor. Vivir intensamente también es ser conscientes en todo momento de lo que nos ocurre y de cómo respondemos.


Es necesario comprender que nuestra voluntad es un aspecto de nuestro propio Espíritu como el propio Espíritu es parte de Dios; pues bien, el libre albedrío es, en cierto modo, un aspecto de la voluntad que, en su origen, procede de Dios. Pero ¡cuidado! “procede” de Dios pero no es la Voluntad de Dios y por eso debemos utilizar el libre albedrío para hacer que esa voluntad encerrada en el hombre se desarrolle y eleve hacia la voluntad de Dios. Entonces cabe preguntarse a menudo y a modo de autoayuda ¿Cómo actuaría yo si tuviera la voluntad de Dios? Se trata de abandonar progresivamente el libre albedrío personal en favor del desarrollo de la voluntad en nosotros.
Debemos ser prácticos y responsables, sobre todo los que hemos obtenido estos conocimientos, dicho de otra forma, deberíamos considerarnos como células o neuronas en el cuerpo de Dios para así comprender que lo que hacemos como conjunto (bueno o malo) tiene su correspondiente efecto. Nuestro deber es desarrollar el Espíritu de Dios en nuestras vidas y en todo cuando nos rodea y no ser juguetes de la personalidad y del destino. La voluntad debe ser utilizada para buscar el reino de Dios porque todo lo demás nos será dado por añadidura.


Lo mismo que desde la infancia hasta la vejez nos elevamos con cada experiencia, así mismo ocurre con cada vida, ya que con cada nacimiento nos encontramos en un plano intelectual y espiritual más elevado. Cuando a través del ocultismo sabemos de la existencia de Maestros e iniciados de gran sabiduría que no necesitan renacer, parece como si nosotros no fuéramos capaces de conseguirlo, pero nada más lejos de la realidad. Es cierto que el grado actual de desenvolvimiento hace que no estemos contentos con nuestra vida, que tengamos resentimiento, que no veamos con buenos ojos a los que son diferentes a nuestras ideas, a nuestra política y a nuestra religión. Nos es muy fácil caer en la crítica, la envidia, en el complejo de superioridad respecto a los débiles y pobres y, en definitiva, en actuar contra todo aquel que limite a nuestro yo.


Para acercarnos moral, intelectual y espiritualmente a esos grandes seres y a los niveles donde ellos actúan debemos comenzar por desarrollar nuevas y elevadas aspiraciones e ideales y, a continuación, buscar un apoyo o motivo que nos sirva como impulso. Siempre ha habido grandes personajes que han dejado un ejemplo de vida o una enseñanza para quien quiera verla y llevarla a la práctica, estos son los escritores, poetas, religiosos e incluso científicos que han hablado del origen divino del universo; pero el más grande de todos fue Cristo. Antes de Cristo ya hubo otros “mensajeros” para otras épocas y razas pero para occidente tenemos su ejemplo a seguir. El ejemplo de aquel que precisamente vino a dar la enseñanza que occidente necesita actualmente; aquel que dejó una enseñanza y predicó un ejemplo de vida como nadie lo había hecho antes; aquel que dijo que todos somos hijos de Dios y hermanos; y aquel que predicó que las obras que Él hacía las podríamos hacer nosotros algún día.


Cuando una persona descubre que la humanidad está compuesta de una sola vida procedente de Dios y que, por tanto, somos hermanos aunque en cuerpos de diferentes razas, da igual cómo se llame su Dios porque lo importante es que esa persona ha dado el primer paso en el camino de perfección. Un artista, un músico, un científico, un filósofo, cualquiera puede, a través de la meditación y el discernimiento en el camino elegido en la tierra, comenzar a percibir el origen divino de las cosas. Cuando uno se consagra a un trabajo como resultado de una necesidad interna, tarde o temprano descubre que todo procede de Dios, que nuestra vida es de Dios y que somos inmortales, entonces y si persiste en sus investigaciones y en escuchar a su conciencia, comprenderá que hay una vida superior aún estando aquí en la Tierra.


Todos vemos, nos encontramos o conocemos circunstancias, enseñanzas y personas que nos pueden servir también como ejemplo para descubrir esa vida superior. Un buen amigo sincero y noble que no le gusta criticar ni hacer mal; un sacerdote o un devoto de cualquier religión que intente llevar a la práctica las enseñanzas de Cristo; un filósofo o escritor que intuye que hay un Dios de amor creador de todo y padre nuestro; una persona ocultista avanzada que a través de estos conocimientos es un ejemplo a imitar o, ¿por qué no? todo aquel que practica el mal y que nos está diciendo lo que no debemos hacer. Todo aquel que nos despierta algún elevado ideal o sentimiento positivo debe servirnos como estímulo para esforzarnos hasta encontrar esa nueva filosofía de vida, pues, al fin y al cabo, son mensajeros que nos sirven de ayuda. Solo es necesario observarles, discernir la ayuda que podemos obtener de ellos y llevarla a la práctica o simplemente vivir los sentimientos internos que nos despiertan.
Un músico, un poeta, un pintor o un humilde y devoto cristiano entre otros muchos pueden despertar en nosotros los más bellos y elevados sentimientos si los queremos observar y revivir en nosotros. Pero también los que viven en la pobreza, el mendigo que vemos todos los días pero que no nos fijamos en él, la mujer abandonada que se sacrifica y en su humildad y sencillez saca adelante a sus hijos, o la persona que aún sin tener apenas para vivir siempre tiene una sonrisa en los labios y nos estrecha la mano con entusiasmo y simpatía. De todos ellos nos podemos servir para transformar nuestro carácter y comenzar una nueva vida que nos acerque a nuestro verdadero Yo.


Desde los grandes filósofos como Platón o Pitágoras, pasando por grandes santos de la iglesia como Santa Teresa y otros como Tomás de Kempis, Gandhi, Teresa de Calcuta, etc., han dejado como ejemplo de vida y en forma de escritos una enseñanza que nos puede llevar muy alto en el sendero de santidad. Pero para llevar a la cima hay que recorrer el camino pues de otra forma no lo conseguiremos; Dios no puede venir a nosotros si no le buscamos, si no nos esforzamos y si no persistimos. Nos podemos servir de todo para buscar a Dios, nos podemos valer muy especialmente de estos conocimientos esotéricos (si ya en esta vida los comprendemos) para comprender la existencia y la creación de Dios pero, a partir de ahí, debemos buscarle en nuestro interior, un poco más allá de donde nacen nuestros más elevados sentimientos y aspiraciones. Cuando se alcanza esa comprensión ya es indiferente que nos digan que Dios es injusto o que no existe porque en nuestro interior sabemos que existe y cuál es Su Poder; ese Dios del que han hablado los profetas, las religiones, los santos, los filósofos, los místicos e incluso la mirada y el ejemplo de un verdadero cristiano.


Francisco Nieto

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