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sábado, 13 de noviembre de 2010

DESDE LO QUE FUIMOS HASTA LO QUE DEBEMOS SER (yII)


En realidad son los estados de conciencia los que marcan el desarrollo espiritual de cada persona. Cuando éramos aún conscientes en los mundos superiores utilizábamos un cuerpo nuevo, después de abandonar el que ya no servía, pero no conocíamos la muerte como lo hacemos ahora al no ser conscientes de esos mundos. Cuando un familiar abandona su cuerpo en la muerte decimos que ha muerto porque no tenemos desarrollada la clarividencia que nos permite verle en sus cuerpos invisibles, pero cuando uno es clarividente y ve salir a su familiar del cuerpo o contacta consciente y voluntariamente con él en los mundos superiores, puede afirmar que la muerte no existe o que ha vencido a la muerte.


Se dice que conocimos el dolor, el sufrimiento y la muerte cuando perdimos la consciencia de los mundos superiores y nos vimos encerrados aquí en el cuerpo físico con un solo estado de conciencia, el de vigilia actual. Sin embargo, algunos adelantados de la humanidad (porque se han esforzado y adaptado y aprendido más que los demás) que ya no necesitan experimentar más en cuerpo físico en la tierra, son conscientes de esos mundos y también del físico, así es que para ellos no existe ese sufrimiento ni muerte sino que todo es una continuidad de vida y de consciencia.

Cuando obtuvimos la autoconsciencia también adquirimos un libre albedrío que hizo que nos liberásemos de los guías que dirigían nuestro desarrollo como autómatas y como lo hacen actualmente con los animales. Pero a la vez comenzó a actuar sobre nosotros la Ley de Consecuencia, en gran parte responsable de nuestro dolor y sufrimiento como efecto del mal que hacíamos. La Ley de Renacimiento nos pone a cada uno en el lugar que nos corresponde para que obtengamos las experiencias que necesitamos para acelerar nuestro desarrollo, y la Ley de Consecuencia hace que recojamos los frutos de lo que sembramos en nuestra vida anterior según fuera bueno o malo. Por tanto, el dolor y el sufrimiento proceden de nosotros mismos según hagamos uso del libre albedrío y de la voluntad, y así seguirá siendo hasta que nuestra propia evolución nos lleve a actuar de manera altruista, amorosa y fraternal con todo ser viviente y actuemos siempre para la gloria de Dios.


En un futuro, cuando nuestra consciencia se sitúe en los mundos superiores no reconoceremos la muerte ni el sufrimiento porque renaceremos siendo conscientes en los diversos mundos. En un futuro, incluso mucho más lejano, volveremos a obtener aquella conciencia que como Espíritus vírgenes teníamos pero que no podíamos utilizar, sin embargo, como individuos autoconscientes, la utilizaremos puesto que para eso fuimos creados y estamos hechos a imagen y semejanza de Dios.


Pero antes de obtener esa consciencia divina debemos obtener otros estados previos. En una etapa o período posterior al actual donde nuestra conciencia crea pensamientos e ideas, seremos capaces de dar vida a esas formas mentales como lo hacen otras jerarquías creadoras para dar vida a los cuerpos que habitamos y que habitan las diferentes especies. Después aprenderemos a facilitar deseos y sentimientos a esos cuerpos como hicieron esas jerarquías respecto a nuestros cuerpos durante la involución. Después aprenderemos a facilitarles una mente para que esas formas se hagan autoconscientes y comiencen su desarrollo independiente como hicieron con nosotros. Por último, volveremos a integrarnos en Dios y nuestra conciencia se unirá a la suya pero no la perderemos sino que seremos dioses creadores y nuestro campo de experiencia y de desarrollo de la conciencia ya no serán cuerpos similares a los actuales sino que serán de mayor poder y expresión.


Pero antes de todo eso y según se eleve nuestra conciencia por los diferentes mundos una vez que no tengamos necesidad de renacer en cuerpos físicos, tendremos una conciencia pictórica que anulará la necesidad de hablar puesto que el lenguaje serán imágenes mentales donde no habrá posibilidad de error, donde no habrá mentira, y donde seremos conscientes del desarrollo interno de cada uno porque le veremos tal y como es aunque quiera esconder algo. En esa misma etapa nos pondremos en contacto consciente con las jerarquías que en el pasado nos ayudaron y aún lo hacen, y colaboraremos con ellas en los Planes de Dios respecto a los reinos de la naturaleza que nos siguen. La fuerza o energía creadora que hoy utilizamos para pensar, hablar y procrear será utilizada para ayudar a otros espíritus evolucionantes y para hacer nuestros primeros trabajos como jerarquía creadora.

Estos son los futuros trabajos y estados de conciencia de la humanidad y lo mismo que algunos ya han obtenido la consciencia en los mundos superiores gracias a su esfuerzo por ser mejores y amorosos servidores de Dios y del prójimo, también cada uno de nosotros podemos acelerar ese proceso para liberarnos de la muerte y obtener ese grado de consciencia. Cuando se lleva una vida pura en pensamiento, palabra y obra, se eleva la vibración de nuestra aura y ésta brilla hasta que algún Maestro se fija en nosotros y nos observa y pone a prueba en nuestras debilidades. Si superamos esta etapa estaremos listos para recibir las instrucciones necesarias que nos llevarán a recibir la primera iniciación. Esta iniciación se convertirá en una nueva ampliación y elevación de la conciencia que nos permitirá ver y comprobar que lo que aquí se ha dicho y otras muchas enseñanzas ocultas más son ciertas.


Con cada iniciación se expande más la conciencia, se comprueban y comprenden las enseñanzas normalmente llamadas ocultas y se desarrollan poderes que serán utilizados para beneficiar a nuestros hermanos y a los reinos que nos siguen. Pero para conseguir esto no nos queda más remedio que comenzar a controlar nuestros cuerpos (la mente, los deseos y los sentimientos) para no utilizarlos para el mal y la desarmonía y sí para lo contrario; entonces y por méritos propios, recibiremos los poderes y la expansión de conciencia que concede la iniciación.


Nadie nos puede regalar nada, todo lo que deseamos alcanzar lo tenemos que ganar y merecer; ningún poder se puede desarrollar en nosotros si no nos esforzamos por ser mejores servidores de Dios y de nuestro prójimo, por tanto, analicémonos, veamos cuáles son nuestros defectos y qué virtudes debemos alcanzar y pongámonos a trabajar cuanto antes para comprobar que la felicidad no se consigue con medios materiales sino elevando la conciencia hacia los mundos de lo divino.

Francisco Nieto

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