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sábado, 11 de diciembre de 2010

CÓMO AYUDAR POR MEDIO DEL PENSAMIENTO (I)


¿Cuántas veces al día tenemos a la mente bajo control hasta el punto de poder decir que pensamos voluntaria y conscientemente? ¿Cuántas veces somos responsables de lo que pensamos y cuántas discernimos para elegir entre pensar bien o mal? La verdad es que, en la mayoría de los casos, muy pocas. Podemos estar centrados responsablemente en un asunto y actuar y pensar correctamente, pero entre este asunto y el siguiente pueden pasar incluso horas sin tener un control verdadero sobre los cuerpos que nos llevan a hablar, actuar y pensar. Por un lado, el cuerpo de deseos nos está tentando constantemente con las cosas que ya ha experimentado muchas veces y que producen placer, ocurriendo que nuestra voluntad cede gustosamente sin que nos pongamos a analizar el hecho para ver si nos beneficia o nos perjudica. Por otro lado, la mente se deja dominar por dichas tentaciones y por deseos que, más egoístas que altruistas, satisfagan nuestros sentidos, ante lo cual tampoco se utiliza la razón para evitarlo. Por último, el cuerpo físico, impulsando por las repeticiones anteriores y por el cuerpo de deseos y al no ser frenado por el discernimiento ni por la voluntad, actúa de forma automática, por impulso o por instinto buscando egoístamente una vida cómoda y de placer.

De todos los cuerpos que utiliza el hombre, (el verdadero yo) entendiendo que dicho hombre se manifiesta como conciencia y voluntad, la mente es la que debería predominar sobre los demás puesto que, si se requiere, tiene el poder suficiente como para dirigir el cuerpo físico y vencer a los impulsos, instintos y deseos que llevan al hombre a actuar de la manera que lo hace. Pero el poder de la mente no se debe utilizar solamente para el control de los vehículos o cuerpos del verdadero hombre, sino que se puede utilizar también para propósitos altruistas y benefactores respecto a las demás personas; es más, la Ley de Consecuencia recompensa más las buenas obras que se hacen al prójimo que las que se hacen sobre uno mismo. Y es por este razonamiento por lo que deberíamos de preguntarnos ¿Si mi mente está pensando todo el día, por qué no utilizarla para beneficiar al prójimo en los momentos de ocio y descanso?

Antes de entrar a fondo en lo que trata este artículo conviene, sobre todo pensando en los que apenas saben nada sobre filosofía oculta, explicar algo sobre lo que somos y muy especialmente sobre la mente. El ser humano está compuesto de:

1º.- Un cuerpo físico cuya materia es igual que la de cualquier otro objeto, es decir, de átomos; por tanto, ni tiene deseos, ni sentimientos, ni tampoco piensa como ocurre con el mineral.


2º.- Un cuerpo etérico o vital (de materia más sutil) que es el que mantiene vivo al cuerpo físico y el que encarga de que el organismo cumpla sus funciones; si fuéramos solo estos dos cuerpo seríamos como las plantas que nacen, crecen, se reproducen y mueren, pero no tienen deseos ni piensan.


3º.- Un cuerpo de deseos o emocional que es el que hace que el cuerpo físico actúe en una dirección o en otra según sus deseos, sentimientos y emociones; su fin, entre otros, es que el hombre tenga experiencias que le sirvan para evolucionar. Si sólo tuviéramos esos cuerpos seríamos como los animales.

4º.- Un cuerpo mental que sirva al hombre para obtener conocimiento, discernir entre lo correcto o incorrecto y entre lo verdadero y lo falso, y para que sea consciente de su ser y del sentido de la vida para así poder imponer su voluntad y dirigir su destino.

Razonando lo que estamos tratando, está claro que es la mente la que, bajo la dirección de la voluntad y la conciencia, puede llevar por buen camino a los demás cuerpos y para obtener mayor beneficio y rendimiento respecto a nuestro desarrollo y a la humanidad. La mente crea y emite pensamientos, pero también recibe y se deja llevar por otros ajenos y por determinadas atmósferas mentales. Por consiguiente, no se trata nada más que de decidir entre crear pensamiento buenos o malos, fuertes o débiles, egoístas o altruistas, interesados o indiferentes, etc.; y por otro lado, controlar la mente de tal manera que la observación sobre ella permita elegir, recibir y rechazar los pensamientos que lleguen del exterior y los impulsos del cuerpo de deseos.

Pero, veamos lo qué es y cómo actúa un pensamiento. Cada pensamiento repercute sobre su cuerpo mental, y cuando se repiten pensamientos de la misma naturaleza se crean las costumbres o hábitos. También repercuten sobre los demás cuerpos, por ejemplo, determinado pensamiento puede producir un sentimiento, deseo o emoción que impulse al cuerpo físico a la acción. Los pensamientos atraen a otros pensamientos de similar naturaleza de igual manera que la vibración emitida por un instrumento musical y trasportada por el aire puede estimular la misma nota musical en otro instrumento afinado con el mismo diapasón. También afecta a las diferentes regiones de los mundos según la naturaleza del pensamiento, así, los pensamientos malévolos aumentarán los malos sentimientos y pensamientos de esos mundos y, a su vez, a los cuerpos mentales de las personas que vibren en ese grado de desarrollo. El pensamiento afecta al cuerpo mental de otra persona según la fuerza, la claridad y la voluntad y persistencia con que se envíen o creen. Pero para que un pensamiento afecte a alguien éste tiene que estar atento o tener esa vibración en su cuerpo mental, ya que si no es así, el pensamiento pasará de largo como pasan las palabras por los oídos de alguien que está pensando en un problema y no escucha a quien le habla. Sin embargo, cuando un pensamiento penetra en la mente de otro, éste vibrará hasta intentar reproducir lo que es o dejarla hasta verse fortalecido por otro pensamiento similar.

En la vida cotidiana de cualquier persona suele haber tres clases de pensamientos:

1º.- Los que se crean con una intención determinada.
2º.- Los que flotan a su alrededor y que pueden ser suyos o atraídos de otras personas por estar en sintonía.
3º.- Los que se crean, la mayoría de las veces inconscientemente, y se van dejando por donde esté su creador, manifestando así su propio carácter y personalidad.

Es muy importante pensar consciente y positivamente para que el efecto de nuestros pensamientos sea de ayuda a los demás, pero tan importante como eso es estar atentos a lo que nuestra mente piensa como efecto de lo que nos afecta del exterior porque cuando cedemos a pensamientos malos, su vibración se asentará en nuestro cuerpo mental para germinar y fortalecerse con cada pensamiento que de esa naturaleza atraiga. Cuando ocurre esto, esa maldad se manifestará en pensamiento, palabra y obra. De hecho, cuando una persona tiene arraigado el hábito de pensar mal es porque en otra vida ha acumulado pensamientos de esa naturaleza y estarán ahí hasta que los transforme haciendo exactamente lo contrario.

Hay veces que conocemos a alguien que tiene problemas y sabemos, o hemos intentado y no hemos podido, que por su carácter o poca relación con él, no nos va a escuchar. Es en estos casos cuando nuestra actividad mental debe dirigirse hacia él para ayudarle a expensas de su cerebro físico; es decir, actuando o influyendo en su cuerpo de deseos y su mente. Por muy poderosa que sea esa mente o por muy centrada que esté en sus problemas o asuntos, siempre habrá una oportunidad de influenciarle con nuestra mejor voluntad, sea despierto o sea dormido.


Francisco Nieto

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