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domingo, 18 de diciembre de 2011

EL AUTOCONOCIMIENTO QUE LLEVA A LA REALIDAD (I)

Actualmente, el mayor obstáculo que tiene el ser humano para acelerar su proceso evolutivo y espiritual es la ignorancia, si supiera que su vida tiene el mismo origen que todo lo existente en el planeta y que esa vida evoluciona a través de todas las formas y reinos, no actuaría como lo hace y tendría más consideración por todo lo que le rodea. La vida es UNA y procede de lo que comúnmente llamamos Dios, pero cuando Dios “diferencia” esas vidas de Sí Mismo lo hace con la intención —entre otras— de que cada vida evolucione a través de las formas para adquirir la conciencia de sí misma y el desarrollo de los poderes latentes que, como parte de su creador que es, tienen. Esto significa que cada una de las vidas o Almas que habitan un cuerpo físico son Almas gemelas —hermanos— de las demás y que tienen un mismo fin o meta: la perfección espiritual.



Según las enseñanzas ocultas y de forma parecida al ser interno de cada uno de nosotros, Dios siente la necesidad de crear como nosotros, ya que después de un tiempo en los mundos invisibles, —después de la muerte— sentimos la necesidad de renacer para experimentar, obtener conocimientos y evolucionar. Así es que Dios crea, o mejor dicho diferencia dentro de Él Mismo, distintas oleadas de Espíritus que descienden a través de un esquema de siete mundos —diferentes en grado de vibración, materia y conciencia— y en los cuales se apropian de lo necesario para obtener la “materia” con la que formarse unos cuerpos para poder funcionar en cada uno de dichos mundos. Cuando adquiera la autoconciencia en cada uno de los mundos donde evoluciona y desarrolle el máximo poder en cada uno de esos cuerpos y mundos volverá a Dios como una vida o Espíritu independiente con los poderes de Dios —que trajo en forma latente— desarrollados; por tanto ese Ser humano será a imagen y semejanza de Dios cuando lo creó.



Como este artículo no trata de antropogénesis y explicar detalladamente lo dicho en las líneas anteriores ocuparía muchas páginas, haré un breve resumen de lo que nos interesa respecto al tema del artículo. La vida que anima el reino mineral del planeta es “una” y lo mismo ocurre respecto al vegetal y al animal, sólo cuando esa vida alcanza el nivel de humano se independiza y continúa su evolución haciéndose responsable de sus actos. Es cierto que dentro de la vida del mineral, ésta evoluciona por medio de las muy variadas formas minerales —desde el mineral más duro hasta la tierra más blanda— y en cada una de ellas comienza a desarrollar el germen de lo que llamamos expresión, sentimientos y deseos gracias a los impactos que recibe y a la manipulación y transformación que recibe de los reinos superiores y particularmente de nosotros mismos. Cuando esa vida ha alcanzado cierto grado de conciencia y de “respuesta” pasa a ocupar cuerpos del reino vegetal, donde evolucionará pasando por todas las formas y densidad de materia de las mismas —Por ejemplo: Hay plantas que evolucionan sobre rocas, otras sobre tierra y otros sobre otros vegetales— cuando ha evolucionado hasta alcanzar un mayor grado de conciencia y capacidad de respuesta, adaptación, expresión, etc., pasan al reino animal.



Alguien puede dudar sobre este desarrollo de la conciencia, deseos, inteligencia, etc., sin embargo, —y como ejemplo podemos poner incluso los átomos que entre ellos mismos y sus componentes ya manifiestan “atracción” y “repulsión”— lo que llamamos evolución de las formas es el efecto del trabajo que esas vidas hacen desde los diferentes mundos y con ayuda de otras clases de espíritus ¿Qué hace que de una semilla vegetal se forme un árbol? ¿Quién forma el polluelo en el huevo? Estamos evolucionando con ayuda de otros seres —Espíritus de la naturaleza, Ángeles, Arcángeles, etc.— pero es la vida de los reinos la que se esfuerza por avanzar, la que se adapta y la que obtiene algún grado de conciencia en cada especies, reino y, por último, raza.



Los impactos y la manipulación de las formas, bien sea desde el interior —Espíritus de la naturaleza y Ángeles— o desde el exterior, despiertan en la vida evolucionante un principio de lo que conocemos como emociones y deseos, y éstos a su vez, son un aliciente para que haya una expresión o respuesta por parte de la “naturaleza”, se aprecie a simple vista o no, o sea automática o instintiva. Cuando la vida evolucionante llega a habitar un cuerpo humano primitivo, las respuestas instintivas —respecto a lo que ocurre en el exterior— tienen un efecto que al repercutir sobre el ser que las origina, le hace reflexionar, naciendo así el principio de la mente. Fue la mente la que unió el ser animal o instintivo con el Espíritu, naciendo a partir de entonces un nuevo estado de conciencia o Ego. Desde la prehistoria hasta nuestros días hemos estado desarrollando la mente hasta el punto de permitirnos discernir entre lo bueno y justo y lo malo e injusto, y esto es lo que ha facilitado que este Ego o Yo superior sea un guía y consejero para cada uno de nosotros. Por tanto, la autoconciencia como un yo se obtuvo gracias al cuerpo físico y a sus sentidos, y a la mente. Una vez, en nuestro caso, conscientes del mundo físico y de nosotros mismos, y una vez que —gracias a la ley kármica de Causa y Efecto— sentimos la necesidad de buscar algo superior, de despertar para acelerar el proceso de desarrollo espiritual, es la buena voluntad y la conciencia los que deben guiar nuestros pasos. Por tanto, la voluntad es tan necesaria para el desarrollo de la conciencia espiritual —como resultado del trabajo sobre los cuerpos— como también lo es para desarrollar la autoconsciencia —como resultado del conocimiento y de la observación de sí mismo— que nos hará buscar al Ser interno por encima del mundo externo.



Así y tras muchos renacimientos ya como seres humanos, llegamos a un estado de conciencia y de desarrollo intelectual que hace que busquemos algo que nos satisfaga espiritualmente o que responda a nuestras inquietudes sobre la existencia en un posible más allá. Pasamos por religiones, sectas, movimientos, escuelas filosóficas, etc., y de todas aprendemos y nos servimos porque todas son portadoras de ciertas verdades que necesitamos en un renacimiento o en otro. En nuestra búsqueda vamos poniendo en práctica las ideas que nos surgen de las experiencias y enseñanzas que recibimos, ya que sin ideas no tendríamos iniciativas. Pero es muy posible que haya personas que en una misma vida pasen por varias escuelas o religiones y, aun así, necesiten nuevas y más modernas ideas que les lleven a ver la vida, la humanidad y a ellas mismas de una manera más fraternal y espiritual. Es muy posible que —tanto en el sendero del corazón como en el intelectual— llegue un momento en que algunos miembros de escuelas y sectas tengan tanto conocimiento o tengan tan poca ilusión por su desarrollo interno que se aburran y abandonen por falta de aliciente. Sin embargo y sea en el caso que sea, no deja de ser una disculpa para dejar de esforzarse y sacrificarse por su propio desarrollo interno.



El camino de la devoción y de la fe no necesita mucho estudio pero si se quiere mantener el aliciente se deben llevar a la práctica los mandamientos cristianos. El sendero de la mente en el cual se hayan muchos científicos, posiblemente sea más largo que el del corazón para descubrir y conectar con el Ser interno que es el que nos hace creer en un más allá. El del ocultismo une a los dos senderos mencionados y facilita un mayor desarrollo espiritual a la vez que se adquiere un gran conocimiento que es de mucha ayuda; sin embargo y aún así muchas personas abandonan la escuela porque no les satisface o porque ya no encuentran el aliciente que buscan para dar un paso más en su búsqueda. En todos los senderos hay medios para desarrollar el Espíritu aunque en algunos se tarde más que en otros, solo es necesario tener voluntad e iniciativa, pero también es un hecho que algunas personas necesitan cambiar porque quizás esté así en su destino. En resumidas cuentas, todo ser humano va alcanzando progresivamente superiores niveles de conciencia, y para ello debe valerse de todo lo que haya a su alcance y que se cruce en su camino.

Francisco Nieto

miércoles, 30 de noviembre de 2011

LA AYUDA DEL AUTOCONOCIMIENTO (y II)


Si, por tanto, debemos purificar nuestro carácter, debemos saber dónde está lo que hay que eliminar o transformar y qué medios tenemos para ello; así es que analizaremos nuestros vehículos:

1º.- El cuerpo físico no crea pensamientos, deseos, emociones ni nada de lo que comúnmente decimos que somos, pero es el vehículo por medio del cual se expresa todo esos aspectos personales, es decir, gracias a la palabra y al cerebro. Esta claro que para controlar este vehiculo debe hacerse por medio de la mente.

2º.- Tenemos un segundo cuerpo que es la vida que anima el cuerpo físico pero que, a su vez, está relacionado con la memoria y con la mente consciente e inconsciente, ya que la repetición es la base de todo ello. Está claro que para transformar este cuerpo debemos practicar la repetición de los asuntos relacionados con el Yo superior o Alma.

3º.- El cuerpo de deseos sí es de suma importancia en el trabajo que queremos desarrollar porque este vehículo es el que ha estado dominando al hombre desde su nacimiento como tal. Cuando obtuvimos el cuerpo de deseos hace millones de años no habíamos obtenido aún la semilla de lo que hoy hemos desarrollado y llamamos mente, por tanto éramos deseos —egoístas, materialistas, de lujuria, etc.— sentimientos —de venganza, odio, etc.— y emociones y pasiones. Este vehículo también tiene sus virtudes —deseos y sentimientos elevados— pero a nosotros los que nos interesan son los defectos o, como algunas escuelas les llaman los “yoes” ¿Por qué llaman yoes a estos defectos —bajos sentimientos, pasiones incontroladas, deseos animales, etc.— que tanto dominan a la humanidad? Precisamente porque tienen tal poder que dominan a la mente y a la voluntad en la mayoría de los casos, digamos que casi tienen inteligencia y voluntad. Por ejemplo, cuando alguien desea y lucha por quitarse un vicio que le domina, parece como si ese deseo tuviera la inteligencia y la voluntad suficiente como para dominar a la persona y hacer que caiga en su tentación en el momento de más debilidad.
Por este motivo algunos ocultistas afirman que, por ejemplo, cuando una persona fuma es porque el “yo” del tabaco le domina, o que el que solo piensa en el sexo es porque el “yo” del sexo le tiene obsesionado; o que el que no deja de criticar es porque el “yo” de la crítica hace que no razone y que no utilice la voluntad para dejar de hacerlo. Así es que, la personalidad, sobre todo el cuerpo de deseos y la mente, están llenos de “yoes”, —defectos, deseos, malos sentimientos y pensamientos, superactividad mental, etc.— que son los que la dominan, y mientras esa personalidad esté dominada por el cuerpo de deseos, y la mente siga distraída y enfocada en las cosas de la personalidad, esa persona no se hará consciente de su Ser interno; o lo que es lo mismo, estará dormido en lo que respecta a los asuntos de su Yo superior.

4º.- El cuarto vehículo es la mente, este es el cuerpo más reciente de los que hemos obtenido y por eso está tan poco desarrollada y se ve dominada en muchos casos por el cuerpo de deseos, es decir, por esos yoes —envidia, celos, pasión, crítica, rencor, etc.— Hemos dicho que quien está muy dominado por el cuerpo de deseos es como si estuviera dormido respecto a la consciencia de que él es un Yo superior, sin embargo y respecto a la mente, también se puede decir lo mismo desde el punto de vista de que el ser humano no la controla y ésta todo el día de un sitio para otro, distraída en lo que perciben los sentidos y obsesionándose con problemas, deseos, preocupaciones, etc. Así es, los yoes del cuerpo de deseos afectan, entretienen e impulsan a pensar a la mente y ésta, a su vez, impulsa en muchos casos al cuerpo físico a actuar. Pero si, además, la mente no es consciente —no hay una atención u observación constante y consciente— de todo lo que piensa, de sus sentimientos y deseos y, por tanto, de lo que habla y hace, es como si también estuviera dormida, como si viviera en el mudo irreal de los sentidos respondiendo inconscientemente y sin voluntad a los estímulos y tentaciones de esos yoes y de lo que llega por medio de los sentidos.

Pero ¿Qué es ser consciente? De una forma general, podríamos decir que es el hecho de “prestar atención voluntariamente”, pongamos algún ejemplo. Si yo observo a alguien con la mente centrada —no pensando en otras cosas— y pongo mi atención de tal manera que la observo con todo detalle, seré consciente de lo que hace, de cómo viste o de cómo es; si yo me dejo llevar por un pensamiento y termino pensando cosas que nada tienen que ver con el hecho y con mi voluntad, ya no seré consciente de esa persona y posiblemente tampoco de lo que mi mente piense puesto que no hay una atención voluntaria sobre ello. Pero si cuando estoy observando a esa persona y me viene un pensamiento, dejo de prestar atención para ponerla en ese pensamiento de una forma voluntaria y con la mente enfocada a modo de observación, entonces sí seré consciente de lo que pienso, y aunque mis ojos sigan mirando a esa persona no seré consciente de lo que haga.
Muchas personas opinan que “ser conscientes” es muy difícil que y cuesta mucho, sin embargo, ese debería ser el papel principal de la mente puesta a disposición de la voluntad o Yo superior. Cuando somos conscientes y ponemos nuestra buena voluntad en ello se dice que estamos despiertos, que vivimos la realidad que nos rodea porque ponemos atención en todo lo que decimos, sentimos, pensamos y hacemos; o sea, nos observamos a nosotros mismos con atención y voluntad. Y es cuando hacemos esto como nos damos cuenta —nos hacemos conscientes— de la cantidad de deseos, sentimientos o emociones que nos dominan; de los pensamientos que creamos y que no sirven para nada bueno; de que la mente está descontrolada y distraída con toda una serie de problemas y preocupaciones; de que esos yoes llegan a dominarnos hasta el punto de obsesionarnos con un simple pensamiento o deseo que no nos aporta nada; que permitimos que una simple expresión de otra persona haga que nos enfademos creando desequilibrios y desarmonía en nosotros, etc. etc.

Estamos llenos de prejuicios, preocupaciones, obsesiones, deseos y emociones inferiores entre otras muchas cosas que nos dominan; vicios y malos hábitos que hacen que desperdiciemos gran parte de nuestra vida. En resumidas cuentas, vivimos en un mundo irreal u obra de teatro donde nosotros mismos actuamos y cambiamos constantemente dejándonos llevar por lo externo —personas y circunstancias— y por lo interno, —yoes— y lo peor es que esa obra no se acabará mientras nosotros no nos hagamos conscientes de que lo que hacemos, decimos, sentimos y pensamos no sirve para el propósito del Alma. Una persona inconsciente o dormida respecto al Yo superior, oirá una crítica contra alguien conocido y se inmiscuirá —para defenderla o lo contrario— haciéndose parte de esa obra de teatro que han montado; se alegrará, se entristecerá o incluso se enfadará para terminar así sin nada útil para el Espíritu. Pero si esa persona es consciente de sus vehículos —está despierta— no solo no entrará en la conversación o escenario, sino que, además, no permitirá que su mente piense mal, critique, juzgue, etc., ni que su cuerpo de deseos emita deseos y sentimientos contra nadie y mucho menos que la dominen a ella.

Es observándose a sí mismo, siendo conscientes de que nos estamos observando, como podemos controlar a nuestros vehículos con sus correspondientes yoes. A nuestro Yo superior no le atrae —no se apega— lo que a nosotros como personas nos dominan; no desea dinero, fama ni propiedades; no se siente atraído por nada material ni tampoco le afectan los deseos y emociones como a nosotros —susceptibilidad, desconfianza, arrogancia, orgullo, descalificación, etc.— ¿Qué ocurre pues en cada uno de nosotros durante la mayor parte del día? Pues que estamos dirigidos —dominados— por esos aspectos personales —yoes— de acuerdo a lo que nos llega por medio de los sentidos y a lo que procede del cuerpo de deseos; es decir, nuestra mente está centrada en todos esos aspectos y nunca en lo interno, por lo que no encuentra la paz mental ni el equilibrio interno. En un momento dado podemos enfadarnos por cualquier cosa; en otro nos reímos por las gracias y burlas que hacen unos o por los chiste inmorales de otros; en otro momento seguido nos dejamos llevar por lo que dicen otros o por los medio informativos y reaccionamos maldiciendo o alegrándonos incluso por el mal ajeno; y así vamos manifestando y expresando el resultado de lo que percibimos en el mundo físico y su correspondiente efecto sobre el cuerpo de deseos y la mente.

Todo en nosotros es desorden y caos respecto al Espíritu interno por muy interesante que sea para la egoísta y materialista personalidad. No hay unidad, ni paz mental, ni armonía en nosotros porque no sabemos silenciar la mente para que no responda con la palabra, con hechos físicos ni con deseos y sentimientos que nos perjudican. Debemos ponernos en el lugar del pensador y no de la mente creadora de pensamientos, —en el puesto del viajero que sabe dónde tiene que ir y no del cochero que debe de obedecer— esa es la única manera de poder observar nuestros vehículos y ver cómo se expresan, cómo sienten y cómo piensan, lo que nos facilitaría el trabajo de cambiar de hábitos y de tener un autocontrol sobre los mismos. A continuación y después de hacer esas correcciones ya no se trata de observar los cuerpos para ver cómo se expresan sino de tomar las riendas del carruaje y dar las órdenes oportunas al cochero de acuerdo a la voluntad del pasajero interno. Cuando controlemos al cochero y consigamos que haga exactamente lo que nosotros queremos, tendremos el gobierno de todo el carruaje.

Francisco Nieto

domingo, 13 de noviembre de 2011

LA AYUDA DEL AUTOCONOCIMIENTO (I)


No recuerdo cuándo ni dónde pero sí recuerdo el significado de una narración basada en una analogía que leí hace ya unos cuantos años que se refería a lo que verdaderamente es el ser humano. Esta narración o leyenda trata de una pequeña conversación entre el cochero o conductor y el pasajero que va en su carruaje tirado por caballos, y viene a ser más o menos así:

Érase una vez un cochero que, desesperado y a la vez triste por no encontrar un pasajero que trasladar, miró hacia el interior del vehículo –hecho que no acostumbraba a hacer- y con sorpresa descubrió a un individuo allí sentado como pasajero. Entonces ocurrió lo siguiente:

Cochero: ¿Quién eres tú?

Pasajero: — Yo soy tu pasajero para toda la vida

Cochero: —¿Desde cuando eres mi pasajero si no te he visto nunca?

Pasajero: — Lo he sido siempre

Cochero: — No puede ser porque no te conozco

Pasajero: — No me has visto porque nunca has querido mirar aquí dentro

Cochero: — ¿Hasta cuando vas a ser mi pasajero

Pasajero: — Hasta siempre, siempre y cuando tengas en cuenta que estoy aquí

Cochero: — Pero, ¿Quién va a pagar el coste de un viaje tan largo?

Pasajero: — No te preocupes, yo me haré cargo de todo mientras no te olvides de mí.

Para comprender el significado oculto y espiritual de esta narración debemos aplicar la siguiente analogía:

1º.- El carruaje o vehículo representa el cuerpo físico, el cual está compuesto de materia física pero no siente, desea ni piensa sino que se deja llevar precisamente por esos aspectos.

2º.- Los caballos representan los deseos, sentimientos y pasiones, éstos hacen que el carruaje se mueva de un lado para otro, pero si no hubiera algo superior que les controlara el viaje no tendría sentido ni fin alguno.

3º.- Las riendas representan los pensamientos, los que sí tienen sentido y pueden hacer que los caballos —por lo general descontrolados— anden más seguros y tengan una determinada meta como fin.

4º.- El cochero es la mente razonadora y creadora de los pensamientos pero que, por lo general, anda de un sitio para otro, despistada y casi siempre dominada por los deseos, sentimientos y pasiones.

5º.- El pasajero es el Ego o Yo superior, el Alma de los místicos, la conciencia y la voluntad desde el punto de vista del ocultismo. Es este pasajero, este Ser interno, el que a través del renacimiento y de su propia evolución llega a contactar con el yo inferior o personalidad terrenal. Pero para que eso ocurra, la personalidad —tarde o temprano— deberá sentir la necesidad de buscar algo nuevo que le permita descubrir y comenzar una nueva forma de vida bajo la dirección del Ser interno.

La vida que hoy anima el cuerpo físico y que llamamos ser humano comenzó su evolución hace muchos millones de años, esa vida evolutiva pasó por estados de conciencia similares a los actuales reinos mineral, vegetal y animal a la vez que utilizaba formas —cuerpos— de cada vez más densa y compleja composición física. A lo largo de dichos millones de años, nosotros, como tal, desarrollamos un cuerpo físico, en el cual se fueron formando los sentidos para que, en un futuro, el ser interno pudiera ser consciente del mundo externo pues, en esa época, nuestra conciencia era interna —como en el sueño— y aún no éramos conscientes de que fuera de nosotros existía un mundo ni que había otros seres. A su vez y gracias a los sentidos, fuimos desarrollando los deseos, sentimientos y emociones naturales —el cuerpo de deseos o emocional— que, un tiempo después, nos llevarían a actuar como animales sin razón. Precisamente este hecho —entre otros— hizo que fuera necesario que la humanidad tuviera una mente. Este fue el nacimiento de la personalidad, el hombre-animal que actuaba por instinto comienza a desarrollar lo que hoy llamamos "mente" y se reconoce como un individuo entre otros en un mundo físico que aún no conocía.

Este conocimiento o despertar trajo como consecuencia dos hechos:
1º.- el nacimiento del ser humano como tal, con su autoconciencia que le permitió reconocerse como un Yo.
2º.- el nacimiento de la mente que le permitiría obtener conocimiento del mundo físico, luchar con la razón contra el hombre-animal e imponer, como hoy muchos lo están consiguiendo, el discernimiento y la voluntad para que la mente no se vea dominada por esos deseos, sentimientos y pasiones.

Ese fue el nacimiento del hombre, el despertar de la conciencia interna en el mundo externo para ser consciente de las experiencias y extraer de ellas en cada vida la quintaesencia que ha hecho posible que hoy seamos más conscientes de nosotros mismos y del mundo que nos rodea a la vez que desarrollamos la mente y la voluntad para evitar caer cada vez menos en las malas tentaciones y en los malos hábitos del cuerpo de deseos.

Pero en la época actual, aunque no para toda la humanidad, nos encontramos con que algunos seres más evolucionados tienen la necesidad, como fruto de su evolución y del desarrollo interno, de elevar su conciencia, de buscar en lo interno donde, instintivamente, saben que hay algo superior. Así es que, si en el pasado obtuvimos la autoconciencia en el mundo externo o físico, ahora, los individuos más adelantados, buscan la autoconciencia interna o unión con esa Alma o Yo superior. Pero para despertar de nuevo y “conscientemente” en el mundo interno, primero debemos conocernos para trabajar en la purificación de la personalidad; y para conocernos debemos observarnos y para observarnos correctamente debemos ser conscientes en todo momento —estar “despiertos” o “atentos”— de nuestro comportamiento y expresiones. Esta es la analogía y la simbología de la narración, el ser humano ha desarrollado un Alma, un Yo superior, gracias al fruto de la evolución alcanzada, pero ese Yo superior —representado en la personalidad como voluntad y conciencia— no puede expresarse mientras la mente esté centrada en los asuntos terrestres y se deje dominar por los deseos y sentimientos contrarios al desarrollo espiritual. El cochero debe dejar de buscar fuera el motivo de su viaje —el sentido de la vida y del ser— y ser consciente o despertar en lo interno que es a través de lo cual podrá conectar con su Fuente y Origen.

Es importante conocernos para saber de qué partes estamos constituidos y cómo funciona cada una de esas partes porque así sabremos utilizar una sobre otra con tal de eliminar lo negativo y perjudicial. También es necesario que nos observemos para ver cuáles son nuestros defectos a superar y las virtudes que debemos usar y desarrollar. Entre estos dos trabajos purificaremos nuestros cuerpos y el carácter, lo que facilita la autoconsciencia de lo interno, pero no habrá una mínima compenetración entre la personalidad y el Yo superior hasta que la personalidad no esté totalmente controlada por la voluntad consciente en todo momento.

Es imprescindible estar “atentos” a lo que penetra por los sentidos, hay que utilizar la mente “conscientemente” para discernir entre lo verdadero y lo falso y entre lo bueno y lo malo, y hay que vivir constantemente y de manera atenta y consciente en cada segundo de nuestra vida para así tener siempre la oportunidad de actuar y de expresarnos como lo haría nuestro Yo superior. En nuestro nacimiento como humanos no teníamos aún voluntad, actuábamos según lo conocido por las experiencias y por instintos, más tarde se desarrolló la voluntad pero siempre actuaba basándose en la satisfacción de los deseos inferiores y en los entretenimientos de la mente. Ahora la voluntad debe actuar de manera que haga que los deseos, los sentimientos y la mente sirvan a su interés por identificase con el Yo superior.

Francisco Nieto

viernes, 28 de octubre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (y IV)


Los poderes latentes que tenemos, entre ellos el de la sensibilidad y el de la conciencia, los tenemos todos incluso antes de ser diferenciados por nuestro Creador puesto que somos de Su propia naturaleza. Pero es que a nuestro Creador le ocurre lo mismo respecto al Ser que lo creó y así sucesivamente hasta llegar al Ser Supremo. Ningún Espíritu puede crear o desarrollar algo que no esté en el Uno, así es que si somos sensibles y tenemos conciencia y voluntad es porque nuestro creador y demás exaltados seres también lo tienen. Por tanto, los poderes del Espíritu han existido siempre y existirán eternamente sean del grado que sean, pertenezcan al Dios que pertenezcan y estén o no manifestados. Como estos poderes tienen su origen en el Uno o Ser Supremo y Éste en lo Absoluto, quiere decir que estas potencias espirituales o semillas son eternas como cada uno de nosotros como Espíritus lo somos; lo único que hacen lo más evolucionados respecto a los menos es que les ayudan a despertarlos y a desarrollarlos.


Si una entidad o Espíritu individual fuera independiente de los demás y de su Creador, no podría ser un “Ser” sino que sería simplemente algo sujeto o esclavo del tiempo puesto que el “Ser” solo puede ser esclavo de sus acciones; otra cosa es que las acciones de dicha entidad estén reguladas por las Leyes Divinas. No sería lógico que cuando se produce la reabsorción de un Cosmos por Dios Mismo, la entidad pudiera perder su individualidad por el simple hecho de fundirse con el Todo de donde surgió, puesto que esto sería como perder la quintaesencia o fruto de millones de años de evolución y, si así fuera ese Dios sería sumamente egoísta. Es más, es que, después de millones de años de sufrimiento y esfuerzo, en el nuevo Día de Manifestación de ese Dios, tendríamos que comenzar desde cero, lo que significa que toda nuestra existencia sería un sacrificio y sufrimiento eterno.

Siendo como es nuestra naturaleza espiritual en su origen, podemos afirmar que estamos fundidos (somos parte) con el Ser Supremo y con lo Absoluto. Pero respecto a nuestro Creador, aun siendo reabsorbidos, no perdemos la individualidad sino que la debemos conservar eternamente para continuar evolucionando en otros Planos Cósmicos; es más, durante esa reabsorción progresamos y fortalecemos los poderes del Espíritu. Algo similar ocurre con nosotros mismos. Cuando el Espíritu o Mónada (en su origen inconsciente) se manifiesta con sus nuevos cuerpos en cada renacimiento, lo hace para obtener un progreso como personalidad, pero al final de la vida, cuando se extrae la quintaesencia y se desintegran los cuerpos, es como si la personalidad se reabsorbiera en el Ego o Yo suprior, existiendo siempre éste como resultado de todos los renacimientos y como representante del Espíritu. Podríamos decir que lo mismo que Dios se sumerge en lo Absoluto después de cada Día de Manifestación, así nosotros, como quintaesencia de la personalidad, nos unimos al Yo superior y, en su momento este Yo superior o Ego se sumergirá en el Espíritu.

Este artículo no deja de ser un simple conocimiento para cualquier otro ocultista, pero está claro que para ser un ocultista creyente de estas enseñanzas ocultas ha debido de contactar con ellas muy posiblemente en otra vida. Cuando una persona en esta vida contacta con la filosofía oculta (como, por ejemplo, la que enseña la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel) y intuye que es algo que ya conoce e incluso que es algo que necesita casi como alimento del Alma, es porque en otra vida ya contactó con ella y se ha comprometido (antes de nacer) a aprovechar las oportunidades de progreso que le brinden los nuevos conocimientos que en esta vida adquiera. En esta etapa el ocultista sabe (consciente o inconscientemente) que es inmortal y que existe una Verdad subjetiva que le resolverá sus dudas respecto a la existencia y al ser, pero la Verdad no se puede creer a ciegas ni porque un buen orador o escritor hable de ella. Solo el desarrollo espiritual puede llevar a una persona a conocer progresivamente la Verdad y ese desarrollo se alcanza haciendo el bien y sirviendo a los demás, amando y respetando al prójimo y teniendo devoción a los ideales más elevados y a Dios. Esto termina llevando a cada uno al camino que le corresponde y, en el caso del ocultista, a contactar con estos conocimientos pero, en este caso, ¿Para qué sirven? Es cierto que este artículo, a diferencia de otros, no trata expresamente del desarrollo espiritual desde el punto de vista del corazón sino que es un artículo para meditar (como yo lo he hecho) sobre cosas abstractas que desarrollen la mente superior y ayuden a contactar con nuestro Yo superior. Estos conocimientos abstractos desarrollan la intuición, como ocurre con las matemáticas, las fórmulas, la cosmogénesis o la antropogénesis, por tanto quien medita sobre temas abstractos se eleva más allá del sentimiento para alcanzar la región abstracta del Mundo del Pensamiento, es decir, se vive la verdadera espiritualidad y la liberación de las ataduras de los cuerpos del Ego.

Pero para la mayoría de las personas este artículo será algo incomprensible y perfectamente criticable por los que ignoran este conocimiento, y es que, para alcanzar, aunque solo sea un poco de comprensión de la Verdad, lo primero que hay que hacer es aceptar la posibilidad de que lo que enseñan algunas escuelas (no muchas) como la mencionada Rosacruz, es cierto. Además de razonar y meditar con una mente abierta, el interesado se tendrá que valer de la intuición para percibir la afirmación de que el renacimiento, el karma, los mundos y cuerpos invisibles, etc. son realidad. Estas verdades trascienden los sentidos físicos y la mente concreta que solo vive en lo material, por eso el interesado debe dar los primeros pasos para comenzar a intuir y a discernir entre lo verdadero y lo falso, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo verdaderamente útil y lo que no…. Si de verdad alguien desea en esta vida dar sus primeros pasos en el sendero del verdadero ocultismo, no solo debe aceptar lo que tantos ocultistas han escrito después de investigar clarividentemente lo que dicen, sino que tampoco deben negarlo. Un niño de tres años no puede estar preparado para aprender lo que se enseña en el colegio o instituto pero, comenzando por esa adaptación infantil a la guardería, ya se está preparando para aprender más en el colegio y así sucesivamente. Es mucha la diferencia entre el que no sabe nada ni se interesa y entre el verdadero ocultista que vive la vida de acuerdo a estos conocimientos y de forma desinteresada y amorosa hacia los que le rodean.

Volviendo al tema tratado, casi podríamos decir que los incrédulos solo “existen” y no tienen interés, o niegan, la posibilidad de verdaderamente “Ser”. Éstos, como los niños con los cuentos y juegos, no quieren saber nada de estas otras “cosas de adultos” y lo peor es que se entretienen con cosas que, normalmente, no les sirven para nada desde el punto de vista del Espíritu. Así pueden pasar muchos renacimientos pero, al fin y al cabo, no se les puede culpar de nada porque son “ignorantes de estas pequeñas verdades”. Es peor cuando un ocultista cuya vida, en gran parte, ha sido dedicada a vivir la filosofía oculta y, al cabo de muchos años, cae víctima de la ilusión de poderes, del engaño de otros que le adulan como un Maestro, de falsos Maestros o clarividentes, etc.; entonces es cuando se ha dado marcha atrás. Los que intentamos vivir la vida espiritual y que, por supuesto, cometemos errores a diario, no podemos tener la completa seguridad de que estemos cerca de una primera iniciación pero sabemos que debemos sacrificarnos y esforzarnos por vivir en el Espíritu hasta el final de nuestros días. Sin embargo, cuando la alcancemos sabremos y tendremos la confirmación de que todo esto es la Única Realidad que debe ser encontrada y experimentada para comprenderla.

En un principio fuimos no-ser, luego existimos, y ahora comenzamos a comprende que “somos”, pero vivir la vida del “Ser” no se puede experimentar mientras nos dejemos llevar por el aspecto animal y personal de nuestros cuerpos. Para vivir la vida del verdadero Yo debemos “eliminar” la personalidad para vivir en la conciencia de ese Yo, podemos ver a través de los ojos del cuerpo físico, podremos oír gracias a los oídos del cuerpo físico pero, sea lo que sea, nosotros debemos analizarlo y responder con la conciencia del Alma y no con malos sentimientos, pensamientos, deseos, etc. Cuando aún no habíamos adquirido la autoconciencia no sentíamos, no teníamos conciencia y no pensábamos; cuando fuimos conscientes de nosotros mismos como un yo personal pasamos y aún estamos pasando por infinidad de renacimientos donde sufrimos mucho por nuestra ignorancia y por nuestra maldad; ahora, quienes sabemos que lo que enseña la filosofía oculta es Verdad, debemos aprovechar para avanzar a pasos agigantados y obtener la conciencia de los Mundo superiores porque así nos libraremos de la muerte. En el pasado lejano nos dejamos llevar por el goce de los sentidos y placeres terrenales, esa fue la etapa casi animal pero, aunque hoy, la mayoría de la humanidad siga dejándose llevar por los sentidos, nosotros debemos trabajar a favor del Alma porque de este trabajo es de donde se extrae el goce de la vida del Espíritu.

Francisco Nieto

domingo, 9 de octubre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (III)




Una vez creados los siete mudos con la ayuda de los siete Espíritus ante el Trono veamos cómo somos creados nosotros como Espíritus para, después de la No existencia, llegar a ser individuos y autoconscientes. En el propio Mundo de Dios, es decir, EN DIOS MISMO, nuestro creador diferencia cierto número de Espíritus Virginales (nosotros entre otros millones) con la capacidad de desarrollar todas Sus posibilidades (en ese momento latentes) hasta convertirlas en poderes dinámicos a lo largo de lo que llamamos evolución. En el proceso de Involución, (donde adquirimos el germen de los futuros cuerpos y donde nos despiertan los aspectos del Espíritu para que desarrollemos sus poderes) como en el de evolución (donde todavía y durante mucho tiempo somos guiados y predestinados) tenemos muy poca actividad propia porque en la primera fase éramos inconscientes de lo que hacíamos y en la segunda estamos obligados a cumplir un destino preparado por las Jerarquías superiores de acuerdo a nuestro propio karma. Sin embargo, desde que Dios Mismo nos diferencia en ese “No ser” hasta que adquirimos la conciencia de “ser”, ya con una gran actividad original, llevamos con nosotros el poder de la voluntad y el libre albedrío para crear nuevas causas. Este poder de la voluntad o epigénesis es el que, tarde o temprano, nos hará libres para actuar total y perfectamente por nuestra cuenta sin ninguna intervención de las Jerarquías superiores. Así es que Dios nos diferencia siendo inconscientes de nosotros mismos y de los mundos, teniendo en ese momento Conciencia Divina. A lo largo de la involución y de la evolución, adquirimos la consciencia propia perdiendo, a la vez, la Conciencia Divina para, al final de la Creación de Dios, adquirir de nuevo la Conciencia Divina pero conservando la consciencia propia y el resultado de nuestro desarrollo a lo largo de toda la manifestación de Dios.

Las células de nuestro cuerpo no son conscientes de ellas mismas ni de todo el cuerpo, (el cual es infinito para ellas) no saben que nosotros estamos haciendo el papel de dios para ellas. Si nosotros fuéramos ya conscientes en el propio mundo de nuestro Yo superior y decidiéramos renacer, crearíamos un cuerpo físico donde habría cierto número de células evolucionando. Toda vida, por diminuta que sea, está evolucionando y, como es evidente, tarde o temprano y a través de muy diversas formas físicas, obtendrán un progresivo nivel de conciencia hasta alcanzar la consciencia propia. Con este ejemplo y aunque no sea perfecto comparativamente respecto a Dios y Su creación, quiero representar lo que somos nosotros y lo que estamos desarrollando dentro de la manifestación de Dios.

Como ya he dicho, nosotros hemos pasado por diferentes grados de conciencia pero, a grosso modo, los podemos definir como inconsciencia, semiconciencia pero con consciencia de la existencia, y autoconciencia como seres existenciales que han desarrollado la mente creadora y el poder de la voluntad; al final de la evolución seremos omniconscientes a imagen y semejanza de Dios. Respecto a la forma, el propio desarrollo de los poderes del Espíritu nos capacitará para ser creadores en los diferentes mundos como lo son las Jerarquías Creadoras que nos han ayudado y que han creado y mantienen los mundos de nuestro sistema solar. Si ahora estamos desarrollando la capacidad de ser creadores con la materia física, (la transformamos) en un futuro haremos lo mismo con la materia de los mundos superiores y construiremos cuerpos similares a los que actualmente tenemos. Al final de la Manifestación de Dios tendremos una conciencia similar a la que tenía nuestro Creador cuando nos diferenció al principio de los tiempos, por tanto, seremos creadores como Él. El propósito de la evolución es hacernos conscientes de todos los mundos y dominar toda clase de materia que haya en los mismos. Si bien la epigénesis nos facilita el progreso y el poder de desarrollar la voluntad para hacer cosas nuevas y no ser como autómatas, la adaptabilidad y el esfuerzo en cada etapa y mundo es la clave del progreso puesto que el Espíritu que no se adapta a las nuevas condiciones y nos se esfuerza por progresar, puede retrasarse tanto que podría volver a esa fase de inconsciencia que llamamos Caos.

Volviendo a los Espíritus Virginales o Mónadas, hay que decir que no se puede calcular el tiempo de la involución ni casi tampoco el que llevamos haciendo la evolución, pero sí quiero aclarar algo. Desde que el Espíritu es diferenciado por Dios (de Su Ser, que para nosotros es No-ser) hasta llegar a la máxima materialización que debemos alcanzar, o sea, el mundo físico, el Espíritu se manifiesta en sentido involutivo e inconsciente pero, a la vez, hace una evolución respecto a la adquisición de los cuerpos. Por el contrario, en la evolución (ya autoconscientes) que estamos haciendo, estamos desarrollando los poderes del Espíritu y la consciencia e iremos desechando progresivamente los cuerpos según nos elevemos a través de los mundos. Antes de diferenciarnos Dios estábamos, como parte de Él, en lo eterno e ilimitado, pero a partir de la separación como Espíritus individuales nos encontramos en el espacio-tiempo de lo limitado de donde, en mi opinión, no saldremos más puesto que jamás volveremos a estar en ese estado de conciencia. Es decir, procedemos de una vida subjetiva eterna y nos diferenciaron dentro del Círculo no se pasa objetivo y limitado de Dios, dentro del cual nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser. Esto es como decir que, una vez que salimos de la matriz como humanos ya no podemos volver a entrar en ella. Así es que, tanto respecto al Ser Supremo como respecto a nosotros y a nuestra existencia en Dios, si no hubiera esa manifestación dentro del espacio homogéneo, no habría existencia ni desarrollo del Ser sino que todo sería Uno o Caos para nosotros.

Por tanto, el Uno contiene a todos los seres que pueden ser diferenciados pero los Espíritus diferenciados no pueden constituir al Uno puesto que, aunque existan, no pueden limitar lo que para nosotros es ilimitado. Esto debe ser así puesto que, aun diferenciados de Dios, seguimos siendo parte de Su Vida y de Su Conciencia; simplemente somos entidades integrantes de Él que están en proceso de desarrollar Sus poderes latentes en nosotros. Dicho de otra manera, si fuésemos totalmente independientes de Él hasta el punto de poder separarnos, entonces le limitaríamos, ya no sería Uno y la evolución no sería tal porque no habría unidad. Prueba de ello es que cuando se acaba la manifestación (un Día de Dios) Él nos reabsorbe en su seno. Esto da pie a lo que cualquier ocultista sabe, y es que nadie está completamente separado de nadie y todos formamos parte del Uno, por consiguiente, la separatividad entre nosotros y las jerarquías superiores es relativa.

Con este razonamiento podemos llegar a la conclusión de que todo lo existente en el Universo no tiene ni principio ni fin puesto que todos estamos integrados de alguna manera en el Ser Supremo, el cual contiene todo (pasado, presente y futuro) lo manifestado y a todos los Espíritus, sea en el Plano o mundo que sea. Si todos tenemos los poderes del Espíritu (aún latentes) siempre tendremos la posibilidad de progresar, sea en un Día de Manifestación Objetiva o sea en una Noche de Reabsorción Subjetiva, puesto que aun en esa fase de inconsciencia o reposo, estamos progresando. El progreso solo puede aplicarse a la vida evolucionante no a la forma material que es su vehículo de manifestación. Si tenemos el germen de la sensación, seremos sensibles y lo mismo ocurre respecto a la consciencia, la voluntad y la mente, pero la forma (desde el origen de la manifestación) solo se transforma y es insensible, por eso no puede desarrollar sensibilidad ni conciencia. La vida se transforma para progresar, adquiere experiencia a través de las formas, se hace consciente, razona, tiene voluntad y libre albedrio, y medios para purificarse. Incluso con los demás seres humanos (almas gemelas) tenemos grandes diferencias porque aún siendo parte de Dios, cada uno evolucionamos independientemente gracias a la diferencia de experiencias y destinos. Es cierto que en cada vida acumulamos poder espiritual, pero eso es como resultado de las experiencias que cada uno haya tenido y, aunque ese poder está unido al grado de conciencia individual y compenetrado por la Conciencia de Dios, no quita que cada uno de nosotros sea una entidad evolucionante independiente con un poder adquirido que jamás nos será quitado (aunque sí compartido)

Francisco Nieto

domingo, 25 de septiembre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (II)

La vida está presente en toda la manifestación como polo positivo del Espíritu Universal (en oposición al polo negativo de donde surge la materia) es igual hablar de los minerales que de otras formas incluso más densas. Ella es la fuerza motriz que genera y da vida a todo lo manifestado, es la causa única del movimiento que llena todo y que anima a los mundos y seres, solo podemos percibir (según el grado de desarrollo espiritual que hayamos alcanzado) cómo trabaja pero nunca sabremos por qué. Por consiguiente, decimos que la Conciencia Absoluta es inconsciente y que la Vida Universal es insensible porque:

1º.- No habría necesidad de manifestación y, por tanto, de evolución alguna porque todo lo que se manifestara sería ya de antemano perfecto.
2º.- No es lógico pensar que si el origen de la manifestación o Causa es perfectamente consciente y sensible, puedan surgir seres inconscientes e insensibles, ¿o es que de Su Omnipotencia va a crear seres imperfectos para que alcancen una relativa perfección eterna a través de períodos de tiempo incalculable?
3º.- Si la Conciencia Absoluta fuese consciente y la Vida Una sensible, no podrían existir seres como nosotros que percibimos lo imperfecto y por eso causamos dolor y sufrimiento.

Esta es la gran duda, ¿Por qué una Causa Omnipotente que es consciente de Si Misma puede crear seres imperfectos, inconscientes e insensibles para que desarrollen sus mismos poderes? Está claro que esta “Causa” no puede ser mala puesto que, aun imperfectos cuando nos diferencian, tenemos esos poderes latentes, es más, en la Omnipotencia de esa “Causa” no puede caber el mal porque estaría opuesto a Ello Mismo. Aun aparentemente condenados a sufrir, no somos imperfectos puesto que somos parte de esa Causa Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente, solo tenemos que transformar sus posibilidades latentes en poderes dinámicos.

Al hablar de perfección e imperfección, en el sentido que lo estoy haciendo, es como hablar de lo Absoluto y lo manifestado. La Conciencia Absoluta, o la Existencia Absoluta son inconsciencia y no existencia y se convierten en conciencia y existencia a partir de la manifestación de lo Absoluto puesto que todo lo Absoluto es abstracto, ilimitado e incondicionado, es decir, No-ser. Algunos ocultistas definen al Espacio Absoluto como “Algo o Círculo cuyo centro se halla en todas partes y cuya circunferencia no se halla en ninguna”, sin embargo, pienso que es mejor definirlo como “Algo cuyo centro y circunferencia no se encuentra en ninguna parte” puesto que no puede haber centro ni circunferencia ya que es ilimitado. El centro y la circunferencia existen a partir de la manifestación, sea del Ser Supremo, de Dios o del hombre, es donde se dice que hay un círculo “No se pasa” y donde hay existencia y tiempo por muy eterno que nos parezca.

Sabiendo que lo Absoluto y Abstracto es Ilimitado y la Raíz de toda Existencia, pasemos a esa primera manifestación conocida en ocultismo como el Uno o Ser Supremo del que emanó el Fiat Creador “sin el que no se hace nada”. Este Ser Supremo, limitado, aún siendo la más grande manifestación, se manifiesta como tres aspectos o Poderes (Poder, Verbo y Movimiento) y contiene todas las grandes Jerarquías constructoras del universo manifestado en sus muy diversos grados de “densidad” respecto a los mundos, submundos, etc. Este Ser Supremo es la Única Existencia, origen de lo limitado y de lo que conocemos como Involución y Evolución de donde surge el Ser como conciencia en sus muy diversos grados. En este “Círculo no se pasa”, ya limitado, es donde se alcanza: primero la existencia y segundo el ser; por tanto, hemos pasado de No-ser (inconsciencia e insensibilidad) a existir para desarrollar el Ser. Pero claro, si el Ser Supremo y nosotros como resultado de diferentes manifestaciones, tenemos nuestro origen en esa Nada, Vacío o Absoluto y, queramos o no, lo Absoluto ES ALGO, tenemos que admitir que lo que llamamos “nosotros” (como Espíritus) tiene su origen en ese ALGO, por tanto y en cierto modo ya “éramos”. Es más, analizandolo profundamente, somos eternos puesto que todo lo creado (lo existido, lo existente y lo que exista) está en lo Absoluto y “existirá” eternamente. Ser eternos como parte de lo Absoluto no significa que “existamos” y que “seamos” como individualidad porque para ello debe haber una manifestación como “existencia” y una involución o evolución para “ser” como resultado del desarrollo de la conciencia. En lo Absoluto no teníamos conciencia, no existíamos, ni tampoco éramos. Para llegar a ser, la vida divina que normalmente llamamos Espíritu o Mónada, debe ser diferenciada de su creador (donde somos No-ser) para que comience a sentir, después a existir y, por último, a autoconocerse. Es desde ese momento cuando podemos decir que “nuestra existencia es eterna” por muchos períodos evolutivos y de reposo que tengamos porque el fin último es volver a ser parte de lo Absoluto, Ilimitado y Eterno.

Una vez entendido que el Ser Supremo y sus Jerarquías crean los Planos Cósmicos, de los cuales, el séptimo o inferior es el más denso y donde se sitúan los sistemas solares, hemos de comprender su situación “en el espacio”. Los siete Planos Cósmicos, al igual que los siete mundos donde nosotros estamos evolucionando, están compenetrados puesto que cada una de sus divisiones está compuesta de “materia” de diferente grado de vibración o densidad. Son divisiones o estados de Espíritu-Materia, la doble polaridad existente en todo el universo. Pongamos un ejemplo de lo que llamamos compenetración: Si analizamos una granada veremos que hay materia dura en el centro de cada uno de sus granos, materia menos dura en el resto del grano, (comestible) líquido si exprimimos dichos granos, aire o gaseosos en la granada o si evaporamos el líquido, moléculas, átomos, electrones, protones, neutrones, quarqs…; estos son estados de la materia que van de lo más denso y material a las partículas subatómicas y energías invisibles a nuestros ojos.

Pero, como sabemos, estamos limitados para ver más allá porque nuestros sentidos no perciben las vibraciones de otros muchos estados existentes y que, sin embargo, son la causa de la materialización de todo cuando nos rodea. Por consiguiente, desde el mismo plano donde manifiesta Su Creación el Ser Supremo, hasta nuestro propio mundo situado en lo más bajo del séptimo Plano Cósmico, son estados de “materia” de menor a mayor densidad pero unidos y entremezclados (compenetrados) en ese orden. Como ya hemos dicho, el Ser Supremo y las Jerarquías Creadoras de todos estos Planos y Mundos trabajan en dichos planos y mundos para cumplir el Plan de Ese Ser Supremo, y como estos grandes y elevadísimos seres son Espíritus (también de muy diversos grados de desarrollo evolutivo y espiritual) que evolucionan y trabajan en todos planos, resulta que los tenemos junto a nosotros en lo que se refiere al espacio. Estos grandes Seres, debieron ser creados (por analogía) o diferenciados como nosotros, o sea, como Espíritus o Mónadas, por eso nosotros estamos evolucionando y adquiriendo cada vez mayor grado de conciencia para llegar a ser como ellos y como nuestro Padre, es decir, creadores de, cada vez, cosas mayores y elevadas.

Descendiendo ya a nuestro propio esquema evolutivo de siete mundos veamos cómo Dios construye los mismos. Dentro del Espacio de lo que conocemos como Séptimo Plano Cósmico (ver diagrama del artículo anterioro parte I) el Ser que llamamos Dios elige la porción necesaria para aislarse y crear su propio círculo no se pasa (limitación) donde construirá su sistema solar de donde, como resultado final, obtendrá mayor grao de evolución y de conciencia. También, como el Ser Supremo, trae consigo unas muy elevadas Jerarquías Creadoras que le ayudarán en Su Obra y que son el resultado del trabajo propio efectuado en otras manifestaciones. Estas Jerarquías son las que han hecho que nosotros pasemos del estado no ser al de ser gracias al despertar de los poderes de nuestro Espíritu y al hecho de facilitarnos el germen de lo que hoy, ya más o menos desarrollados, llamamos cuerpos: físico, etérico, de deseos y mental. Como ya hemos dicho, el Universo, como Espíritu Universal del Ser Supremo, está compuesto de la Substancia Raíz Cósmica (materia o polo negativo) y del aspecto o polo positivo a la que, como Espíritus, pertenecen las Jerarquías, dioses y nosotros que somos parte de ellas. Cuando Dios desea manifestarse y crear un sistema solar compenetra y llena con Su propia aura cada átomo de la Substancia Raíz Cósmica del lugar elegido. De esta manera Dios crea su propio Cosmos compuesto de siete mundos, los cuales compenetrará con Su Vida y Conciencia (como nosotros hacemos con el cuerpo más denso o físico) A continuación pone en vibración la Substancia Raíz Cósmica a diferentes grados de intensidad para formar los mundos y sus divisiones que serán el campo de evolución y de adquisición de conciencia de las diferentes oleadas de espíritus creados por Él.

Francisco Nieto

domingo, 11 de septiembre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (I)

Como explico en este artículo, es el propio desarrollo de la conciencia el que capacita a cada persona para comprender (entre otras muchas cosas) los aspectos más elevados de la vida y lo que comúnmente llamamos estudios y temas abstractos y subjetivos. En este artículo voy a tratar, principalmente, el desarrollo de la consciencia y la conciencia desde el punto de vista del Espíritu, por tanto, será necesario hablar de mundos invisibles, de cuerpos superiores e incluso de oleadas de Espíritus creados por Dios antes que la nuestra. Esto significa dos cosas: primera que los que no hayan profundizado un poco en la filosofía oculta no entenderán apenas nada, y segunda, que los que saben algo tendrán que esforzarse por comprenderlo e incluso complementarlo con estudios de cosmogéneiss y antropogénesis. Dado que los que llevamos muchos años estudiando filosofía oculta estamos más familiarizados con estos temas procuraré centrarme en el tema o título del artículo para no extenderme demasiado, pero aún así, tendremos que comentar ciertos aspectos que bien se podrían considerar abstractos.

Si queremos saber cuál es el origen de nuestra consciencia y de la conciencia, tenemos que comenzar por situarnos fuera del mundo objetivo, en lo inmanifestado o No-existencia, y con esto no me estoy refiriendo (para los entendidos) a antes de manifestarse nuestro Creador o Padre, sino a lo ABSOLUTO antes de manifestar al UNO o SER SUPREMO que es el arquitecto del Universo. Como estos conocimientos han sido dados por Jerarquías superiores e Iniciados, nosotros los estudiantes de ocultismo, debemos valernos de la Ley de Analogía y del discernimiento y de la intuición para extraer algún conocimiento concreto convincente. Está claro que nadie puede definir a lo que conocemos como “ABSOLUTO” pero basándonos en lo anteriormente dicho y por medio de la imaginación podemos tratar el tema en algún aspecto. Lo Absoluto es el origen de Todo y como tal debe considerarse Virgen e Inmanifestado puesto que todavía (antes de la manifestación) es homogéneo, que es el estado en el que permanece eternamente. Aunque parezca una contradicción el hecho de que, aun manifestándose, permanezca en estado homogéneo eternamente, no lo es, al igual que nuestro Espíritu no cambia por el hecho de manifestarse como personalidad en sus diferentes cuerpos. Estoy seguro de que algún ocultista, al leer esto, diga que no es cierto puesto que el Espíritu evoluciona con cada manifestación pero ¿qué fin puede tener el hecho de que lo Absoluto se manifieste si no es que “algo” evolucione? porque ¿si no es lo Absoluto tendrá que ser el Ser Supremo?

Cuando lo Absoluto se manifiesta como Uno, se está desdoblando como una existencia que luego se manifestará como la doble polaridad existente en todo el Universo conocida como Espíritu-Materia. Sin embargo, aunque se manifieste en millones y millones de sistemas solares y Espíritus, no produce el efecto de variedad en lo homogéneo, eterno e inmutable porque lo heterogéneo y limitado no puede alterar lo infinito, ilimitado e inmutable. Respecto a la conciencia ocurre lo mismo porque, de la Conciencia Absoluta o inconsciencia (desde nuestro punto de vista) surge la consciencia pero ésta es limitada y, por tanto, no puede alterar la Ilimitada y Absoluta. Incluso el Uno, manifestado en los muchos (desde el punto de vista de la materia y de los Espíritus) tampoco puede ser afectado en sentido de disminución o separación, aunque sí, posiblemente, en conciencia como ocurre con nuestro propio Espíritu. Así es que, antes de la manifestación del Universo, ese Absoluto Espacio Virgen permanece como el Hálito Eterno o vibración incesante que jamás tuvo principio ni tendrá fin. En ese Presente Eterno, no existe el pasado ni el futuro puesto que no ha pasado ni un solo segundo de la eternidad, sin embargo, es la Causa de la Substancia Raíz Cósmica (polo negativo) en base a la cual se formará el Universo y del Espíritu Universal Uno del cual, como Espíritus, formamos parte como lo forma nuestro Padre y Creador Dios (polo positivo).

El lector debe entender que lo que comúnmente llamamos “espacio vacío” o “nada” es Vida en una especie de fase inactiva, Espíritu y Conciencia Universal de donde surge la manifestación física, la vida que animará la materia y la conciencia (en sus diferentes grados) que se obtiene de la evolución de esa vida sobre la materia; así es que en la Conciencia, Espíritu y Vida Universal, vivimos, nos movemos y tenemos nuestra existencia y ser ahora como Espíritus individuales y antes como parte indiferenciada e inconsciente de nuestro Creador que, a su vez, es parte diferenciada dentro del Ser Supremo o Uno manifestado por lo Absoluto. Pero que nadie piense que ese Vacío o Caos es algo que se haya transformado o desaparecido por el simple hecho de haber una manifestación objetiva, no es así puesto que ese Caos es la matriz de todo lo existente y donde se resuelve todo lo manifestado una vez que ha cumplido su misión.

El Caos disuelve lo inútil y da nacimiento a lo nuevo y necesario para que haya desarrollo y evolución, de otra forma habría estancamiento. Este Caos, como Absoluto, también es la base del progreso para las oleadas de Espíritus diferenciadas por Dios puesto que la evolución que hacemos durante la existencia manifestada está basada en el resultado de la existencia en el Caos donde todos somos uno. Sabiendo que el Caos es el semillero del Universo y, por tanto, de todo lo existente, no se debería considerar como “vacío” o “nada” sino como algo inimaginablemente santo y digno de devoción. Es la “conciencia” de donde se desarrollan los infinitos grados de conciencia que pueda haber en los diferentes mundos, submundos y clases de Espíritus, y todo gracias a que en cada manifestación concede la posibilidad de desarrollar el genio o posibilidad de llevar a la práctica la epigénesis.

Como abstractos que son estos temas, hay veces que me veo obligado a definir algo (fuera del alcance de nuestro razonamiento) de una manera incorrecta para que los lectores puedan entender lo que quiero decir, ese es el caso de lo que acabo de decir de que “el Caos es la Conciencia de donde se desarrollan…. Si bien esta frase la he escrito para que se entienda que los Espíritus evolucionantes y Jerarquías evolucionan en conciencia partiendo de la base de una “Conciencia Universal”, ahora aclaro que dicha “Conciencia Universal o Absoluta” debe ser inconsciente así como la vida en ese estado también debe ser insensible. Es muy posible que para muchos lectores esto también sea una contradicción o incluso absurdo pero, intentemos razonar. Para que haya conciencia espiritual y consciencia en sentido personal tiene que haber desarrollo y evolución, pongamos un ejemplo: nosotros tenemos conciencia de que somos un Yo separado de los demás gracias a la evolución que hemos hecho como humanidad desde hace millones de años y a través de la cual hemos pasado de una “inconsciencia común” o “conciencia grupal” (como los animales) a una conciencia individual o autoconciencia. Esto mismo lo podemos ver en los diferentes reinos (desde el punto de vista de la consciencia del mudo a través de los sentidos) Los animales son muy poco conscientes del mundo físico puesto que su conciencia es como la del sueño con ensueños, los vegetales son menos conscientes aún que los animales, porque tienen una conciencia similar a nuestro sueño sin ensueños, y los minerales son menos conscientes que los vegetales porque tienen una conciencia similar al trance profundo. Así es que siguiendo en esa línea llegaríamos a la conclusión de que la “Conciencia Absoluta” como origen, es inconsciente según nuestro estado de conciencia actual.

Como la vida individual, procedente de la Vida Universal, evoluciona a través de la forma para producir conciencia, está claro que podríamos decir de la vida lo mismo que de la consciencia, o sea, que la vida es insensible. Como he explicado anteriormente respecto a la consciencia, el hombre es más sensible que el animal, éste lo es más que el vegetal, y éste último más que el mineral. Veamos, al principio de una manifestación no existe nada más que la Conciencia Absoluta, la cual vibra o se manifiesta como la “Vida Única Universal” presente en el espacio infinito. Sin esta Vida, ese espacio caótico no podría tener movimiento, sensación, consciencia ni nada, es decir, sería un absoluto vacío infinito. Pero como esta vida debe tener un objetivo por el cual se manifiesta, necesita de un vehículo para alcanzar dicho objetivo. La vida puede existir por sí misma sin la materia pero ésta última no lo puede hacer sin la vida del Espíritu sea en el nivel que sea. La vida anima la materia y produce movimiento y sentimiento y de esta unión nace la conciencia en sus diferentes grados. Pero la vida, en su origen como conciencia absoluta inmanifestada, debe de ser “insensible” porque, tanto la sensibilidad como la conciencia están latentes y se tienen que desarrollar gracias a la involución y a la evolución a través de la materia.

Francisco Nieto

lunes, 22 de agosto de 2011

CUANDO NOS SEDUCE EL ALMA (Y II)

Es necesario erradicar los malos hábitos de pensar mal y de tener malos deseos y sentimientos para eliminarlos de nuestra memoria, y eso no puede ocurrir hasta que dejemos de alimentar esas imágenes guardadas fruto de las experiencias del pasado. Por ejemplo: Podemos enfadarnos por el hecho de ver o recordar algo que hizo una persona determinada. Está claro que lo que debemos hacer es cambiar esas imágenes por otras donde veamos algo positivo o donde evitemos juzgarle, y aquí entre en juego la regla de “Si queremos cambiar a una persona debemos cambiar la manera de verla en nosotros mismos”. Es decir, si en vez de recordar el mal que una persona hace recordamos que es nuestro hermano, (que está evolucionado como nosotros) que tiene otras virtudes, que en un error puede caer cualquier, que hay que perdonar, etc., y guardamos esas imágenes para repetirlas con un toque de amor y fraternidad cada vez que la veamos o que nos acordemos de ella, estaremos cambiando a esa persona dentro de nosotros y a partir de ahí no crearemos ningún mal sentimiento, deseo o pensamiento sobre ella.

Pero si queremos ir un poco más allá y hacer una limpieza a fondo en la mente, no nos tenemos que conformar con “olvidar” ciertas prácticas e imágenes mentales (de pensamientos, sentimientos, deseo, palabras y obras) y no pensar en lo que nos perjudica a nuestro desarrollo interno, sino que deberíamos estar atentos constantemente en lo que hacen nuestros diferentes cuerpos para actuar siempre en conciencia y así dar paso al verdadero Yo superior.

La idea es “prevenir” y “cambiar” las imágenes mentales que tenemos y que creamos, a la vez que nuestra atención se centra en que el cuerpo de deseos no intente estimularnos en sentido contrario. Prevenir es enfocar voluntaria y conscientemente la mente en todo lo positivo que podamos observar de la persona o de los hechos. Hay que tener claro que todo lo negativo en que hasta ahora nos hemos fijado o hemos rememorado son hechos impermanentes en nosotros que no nos pueden traer felicidad alguna ni ayuda espiritual; esas imágenes nos traen apego a lo que es contrario al desarrollo del Espíritu y a nuestra relación con Dios. Si es algo que nos causa aversión y rechazo por parte de nuestra conciencia, debemos pensar en algo que nos cause felicidad, amabilidad, amor, compasión, servicio desinteresado, etc. Por ejemplo, la persona que se quiere quitar de fumar, debe pensar en el mal que hace el tabaco a su cuerpo y, por tanto, debe cambiar sus pensamientos (pensamientos de poder conseguirlo, de confianza propia, de la salud que ganará y de que eso no puede ser parte de él puesto que él es parte de Dios donde no cabe ningún mal hábito que domine a las personas) Esto purifica la mente y ésta dominará el deseo de fumar como ocurriría en el caso del odio y la maldad en cualquier sentido contra alguien.

Purificar la mente también es meditar sobre nosotros mismos, hacer una introspección para analizar nuestros deseos, sentimientos, pensamientos y palabras a lo largo del día; así podremos cambiar esas imágenes mentales porque, cuando la mente es impura estamos intoxicando nuestros diferentes cuerpos. Entonces nos sentimos incómodos físicamente, no dormimos bien, la conciencia nos martiriza, nos enfadamos con nosotros mismos porque no controlamos los malos sentimientos y pensamientos, y así sucesivamente hasta que encontramos la paz y la armonía del Espíritu, el cual nos hace ver más claro para comprender que un cuerpo de deseo descontrolado y una falta de voluntad para discernir nos puede llevar al odio, al resentimiento, al desamor y a otros aspectos contrarios a nuestro propio desarrollo espiritual.

Es necesario, para los que buscamos el progreso espiritual, observar cómo y en qué piensa nuestra mente, y cuando digo esto me estoy refiriendo al pasado, presente y futuro: 1º.- Hechos del pasado guardados como imágenes negativas (donde hay odio, rencor, ánimo de venganza, injurias, etc.) pueden despertar de vez en cuando esos mismos sentimientos y pensamientos y llevarnos a la acción o, al menos, al recrear mentalmente esos mismos hechos; 2º.- Hechos del presente, como ya hemos explicado, por las mismas razones; 3º.- Respecto al futuro, previniendo esas malas actitudes por medio de meditaciones, auto programaciones, y el mantenimiento y práctica de los más elevados ideales espirituales. Así es que debemos enfocar la mente en lo interno para ver cómo reaccionamos ante los demás y ante las circunstancias; dándonos cuenta de nuestra reacción y actitud ante todo esto podemos cambiar y transformar la manera de responder, de nuestros cuerpos. De esta manera fortalecemos la voluntad y tenemos autocontrol para purificarnos en todos los sentidos, lo que nos trae felicidad interna, relajación y paz mental.

Con esta práctica nos abrimos a la influencia del Yo superior, nos identificamos con él y comenzamos a comprender la realidad. Es imprescindible estudiar el comportamiento de la mente para ver cómo y porqué nos trae ansiedad, problemas, disgustos, remordimientos, etc., sea consciente o inconscientemente. Todo eso nos debe llevar a una conducta social donde podamos mostrar nuestros mejores sentimientos y deseos y no al egoísmo, al materialismo ni al disfrute de los placeres. Es necesario cultivar pensamientos que estén en armonía con el Espíritu y con Dios mismo a la vez que eliminamos (por falta de su práctica) los desarmónicos y malévolos; así se obtiene el verdadero conocimiento y la sabiduría que nos hará ser un ejemplo de rectitud ante los demás.

El aspirante espiritual sincero así como los estudiantes de alguna escuela de ocultismo sería y verdadera, debemos purificar nuestra mente haciendo que no sea egoísta, personal ni débil ante las influencias negativas del cuerpo de deseos ni del medio ambiente en que nos movemos. Por el contrario, debemos tener más presente al prójimo que a nosotros mismos, deberíamos mirar al prójimo con amor y fraternidad, y atar a la mente tan firmemente que no se distraiga con hechos que obstruyan al Yo superior. La purificación del cuerpo de deseos se alcanza negando la satisfacción de los placeres terrenales y de los sentidos que nos apeguen a la tierra y hagan que nos olvidemos que somos un Espíritu hijo y parte de Dios. Por el contrario, hay que ir sembrando (como respecto a los pensamientos) los más elevados sentimientos (amabilidad, cariño, simpatía, altruismo, amor, fraternidad, etc.) para eliminar y tener control sobre la expresión más animal de dicho cuerpo. Una de las reglas que deberíamos tener presente es la de “dar algo nuestro”, sea lo que sea (ayuda física, amor, buenos pensamientos, cariño, buenos consejos, comprensión, esperanza, etc.) todo esto purifica la conducta, pero para conseguirlo hay que practicar la meditación, la oración, el discernimiento, la adoración a Dios y la contemplación.

También es muy aconsejable hacernos conscientes de la experiencia interna, analizarnos para diferenciar los deseos y sentimientos de los pensamientos con la intención de trabajarlos de forma voluntaria e independiente. Esta atención interna (introversión consciente y voluntaria) debe ser analizada profundamente en todos los aspectos posibles y así hacer un esquema claro de lo que somos respecto a lo que deseamos ser a la vez que observamos nuestros defectos y nuestras virtudes. Hay que hacer hincapié en la mente para ver cuáles son las distracciones y hechos irrelevantes que atraen nuestra atención y hacen que perdamos el tiempo, ya que eso es lo que nos condiciona y nos aparta de nuestros objetivos espirituales.

Al hacernos conscientes de estos aspectos internos evitamos tensiones y obtenemos fortaleza de Espíritu para detener o dejar pasar lo que nos obstruye o lo que nos ayuda y beneficia. Esta fortaleza, como resultado de nuestra labor, se convierte en voluntad que es, junto a la conciencia, los representantes del Yo superior en la personalidad. Cuando con la voluntad dominamos las sensaciones y la mente obtenemos esa paz mental, esa felicidad interna y esa relajación física que tanto anhelamos. Con la relajación física y la búsqueda de ambientes armónicos y espirituales, se aquieta la mente y obtenemos la comprensión profunda que necesitamos para ver la Belleza en todo lo que nos rodea y la Verdad en nuestros estudios y trabajos internos. Este es el resultado de la “interiorización de la atención”, es decir, “mirar y ver dentro”.

Francisco Nieto

domingo, 7 de agosto de 2011

CUANDO NOS SEDUCE EL ALMA (I)

Todo estudiante de ocultismo que aspira a una vida superior sabe que debe esforzarse por ser un amoroso y fraternal servidor de los demás, pero como principiante en el camino de perfección, también sabe que hay momentos de desfallecimiento y otros de debilidad ante las tentaciones que le hacen caer en pruebas a veces inesperadas. Cuando ese estudiante medita, ora, discierne y pide ayuda a lo superior a la vez que se pone en estado receptivo para ello, vuelve al estado espiritual que le corresponde y comienza de nuevo la batalla contra el enemigo que lleva dentro.
Este artículo podría haber sido escrito perfectamente por cualquier aspirante después de una de esas caídas y una vez dispuesto de nuevo a proseguir su camino.

El acto físico de lo que normalmente llamamos “mirar” u “observar”, se produce gracias a que los terminales nerviosos de la retina reciben la frecuencia de luz relacionada con el color del objeto percibido. El ser humano, en general, percibe siete frecuencias relacionadas con los colores del arco iris, las que, hablando de vibraciones, son unas cuantas más pero muy pocas en comparación con las vibraciones existentes que son infinitas. Esto quiere decir que solo vemos u observamos las vibraciones relacionadas con los objetos del mundo físico, pero nuestros sentidos (ni tampoco la mente) no están tan desarrollados como para percibir, entre otras muchas fuerzas como, por ejemplo la electricidad, el magnetismo, los rayos X o las partículas atómicas y subatómicas que forma el mundo en que vivimos. Será en un futuro aún lejano cuando desarrollemos los próximos sentidos llamados clarividencia (voluntaria y consciente) y clariaudiencia, pero para que podamos alcanzar esos poderes hay que desarrollar, hasta cierto grado, el poder interno, ese Yo superior que nos intenta guiar a modo de voz de la conciencia.

Si tenemos que desarrollar ese Yo superior para que ocupe el lugar de la personalidad debemos saber primero quiénes somos, así es que, veamos lo que es la personalidad y lo que es el Yo superior. El ser humano ha desarrollado a través de su propia evolución (la vida del Espíritu reencarnante) en las formas físicas varios cuerpos o vehículos de manifestación, estos son:
1º.- Un cuerpo físico que es el que primero utilizamos (y por eso es el más desarrollado y perfecto) como hoy utiliza otra vida grupal en desarrollo, el reino mineral.
2º.- Un cuerpo vital compuesto de cuatro éteres que compenetran la materia (átomos, quarck, gluones…) y que mantiene el cuerpo físico vivo incluyendo el funcionamiento del organismo y los sentidos; este es el cuerpo etérico que sale del cuerpo físico después de la muerte.
3º.- Un cuerpo de deseos o emocional (también llamado astral) que nos permite tener deseos, sentimientos y emociones. Este cuerpo lo tienen también los animales que, aunque menos desarrollado que el nuestro, no tienen esa parte de maldad que nosotros al no tener la mente y la voluntad para hacer mal intencionada y conscientemente.
4º.- Una mente que, aunque es el cuerpo menos desarrollado, nos ha servido para dar ese gran paso desde la era prehistórica hasta nuestros días. Es el cuerpo que debemos desarrollar, o mejor dicho espiritualizar cuanto antes para vencer el aspecto personal-animal que aún tenemos y así actuar voluntaria y conscientemente en la búsqueda de la meta para lo que fuimos creados.

Volviendo a lo que estábamos tratando en el primer párrafo y después de ver que tenemos cuatro cuerpos (cada uno de ellos de materia más sutil) que se compenetran mutuamente, he de decir que el sentimiento y las emociones (el cuerpo de deseos) se formaron y se siguen formando, gracias a los impactos externos que afectan al cuerpo físico y por medio de los sentidos. Antes de desarrollar la mente nos guiábamos por esos sentimientos, emociones, deseos y pasiones, por eso éramos más animales que humanos. Pero fueron precisamente esos impactos del exterior, esas sensaciones, las que hicieron que la humanidad comenzara a “razonar”. Hoy actuamos de la misma forma, pero como en estos miles de años últimos hemos espiritualizado de forma más notable el cuerpo de deseos y un poco más la mente, creemos que somos buenas personas y que casi hemos alcanzado la meta que tenemos que alcanzar como humanos.

Como es evidente después de las explicaciones dadas, resulta que:

1º.- Del cuerpo físico y gracias a sus sentidos, surge o creamos, los deseos, los sentimientos o las emociones.
2º.- De los sentimientos y emociones, surgen o creamos como respuesta, pensamientos, sean conscientes o inconscientemente creados. Pero estos pensamientos surgen o son creados en base al archivo que normalmente llamamos “memoria”, por tanto, la respuesta tendrá mucho que ver con la naturaleza positiva o negativa de lo que hay en esa memoria.

Por consiguiente, lo que percibimos, analizamos o razonamos tiene su origen en los sentidos. La respuesta inmediata a esas sensaciones suele venir del cuerpo de deseos, cuya naturaleza está basada en lo experimentado en esta vida y en la quintaesencia de las experiencias de vidas pasadas; mientras que la respuesta de la mente, basándose en el cuerpo de deseos, puede ser de tres clases:
a) Como indiferencia
b) Como atracción
c) Como repulsión

Así es que, como podemos ver, la que debería ser mejor respuesta es la de interesarse consciente y voluntariamente por el hecho para “discernir” y ver la parte positiva o más elevada del asunto.

A nivel físico decimos que no somos lo que vemos puesto que estamos formados por materia sólida, líquida, gaseosa y etérica, es decir, células, moléculas, átomos y (hasta ahora la ciencia no ha descubierto más) quarck y gluones. Pero incluso entre estos últimos hay muchísimo espacio vacío (invisible pero origen de todo lo mencionado en estas líneas) por tanto, no somos el cuerpo físico ni tampoco el cerebro. A nivel esotérico, tampoco somos el cuerpo físico puesto que las emociones y deseos le dominan (están por encima del mismo) estos últimos son dominados por la mente, y esta última es gobernada por la voluntad. Si el origen de la humanidad está más allá de los átomos y sus partículas y si los deseos, sentimientos y pensamientos (todos de materia invisible) son dominados por la voluntad, quiere decir que nuestro origen es una clase de Energía, Fuerza o Espíritu cuya Mente y Naturaleza está más allá de todo lo que podemos imaginar. Y si, guiándonos por todas las religiones, culturas, y ya incluso por la física cuántica, queremos darle un nombre que represente lo que “ES” diríamos que es Omnipotente porque nada hay, a nuestro común entendimiento, por encima de Él; Omnipresente porque todo lo creado y que podemos percibir tiene su origen en Él y por tanto “está en todo y nosotros estamos” dentro de Él; y Omnisciente porque Su sabiduría debe ser infinita para poder crear el universo.

De todo esto podemos deducir que nuestra meta final es Él y que, como hijos o parte suya en Espíritu que somos, tenemos sus propios poderes y posibilidades latentes para ir desarrollándolos. Sabiendo esto nos podemos preguntar ¿Qué impide que yo acelere mi desarrollo para transformarme en ese Espíritu o Yo superior? y ¿Qué ayuda tengo para conseguirlo? El mayor inconveniente que actualmente tiene la humanidad es el poco control de la mente y el poder del cuerpo de deseos sobre la ésta y sobre la voluntad, así es que nuestro mayor esfuerzo debe centrarse en el control y la purificación de la mente.

Cuando queremos hacer una limpieza en la casa o en una habitación, además de dicha limpieza, tenemos que cerrar las ventanas para que no entre suciedad. Pues bien, eso mismo tenemos que hacer respecto a la mente, primero limpiar la mente de todos aquellos pensamientos que nos llevan a actuar mal, y segundo evitar que penetren malos pensamientos. La “suciedad” entra por los sentidos físicos del cuerpo, los cuales, si los repetimos, crean un mal hábito, éstos, a su vez, estimulan y son un aliciente para que tengamos malos deseos y sentimientos, y éstos, a su vez, se asientan en la memoria como un patrón de conducta y respuesta ante nuestra relación con el prójimo y ante las circunstancias que surgen en nuestra vida cotidiana.

Por lo general, nos inclinamos a disfrutar de los placeres materiales, egoístas y sensuales que no forman parte del desarrollo espiritual; por otro lado, rechazamos todo aquello que suponga hacer un esfuerzo por desarrollar la naturaleza de nuestro Yo superior, así es que:
1º.- Nos dominan el resentimiento, la envidia, el egoísmo, la venganza, la crítica, la injuria y un sinfín de deseos y sentimientos cuyo origen está en la naturaleza animal del cuerpo de deseos que aún tenemos desde que comenzamos a ser humanos.
2º.- No tenemos interés en desarrollar la voluntad para imponerla sobre la mente para así hacer limpieza y purificar la personalidad.

¿Y qué podemos hacer al respecto? Si el hecho de experimentar u observar algo hace que nos interesemos en ello, lo primero que debemos hacer es analizarlo o discernir sobre su naturaleza, o sea, utilizar la mente con voluntad y consciencia para ver si puede ayudarnos en nuestro desarrollo espiritual o no. Pero la regla más segura para superar todos estos obstáculos sería: “No pensar en aquello que nos domina y que puede entorpecer nuestro desarrollo interno”, es decir “olvidarnos de ello” por medio de no repetir ese deseo, sentimiento o pensamiento.

Francisco Nieto

lunes, 18 de julio de 2011

EL TRABAJO DEL ASPIRANTE ESPIRITUAL

Los que pertenecemos o simpatizamos con una escuela de ocultismo que facilita el conocimiento necesario como para progresar espiritualmente mucho más que cualquier otra persona, llegamos a intuir que (en la mayoría de los casos) no es la primera vez que conectamos con la filosofía oculta y con ciertas verdades que despiertan en nosotros el interés por el desarrollo interno. La evolución sigue un camino en espiral y por eso en esta vida pasaremos (continuaremos nuestro desarrollo) por experiencias similares a las de otras vidas pero en un nivel superior, bien sea pera ponernos a prueba o para ver cómo respondemos a lo acordado antes de renacer. Así es que, como no nos acordamos del progreso y de las experiencias de las vidas pasadas, ni tampoco de los compromisos acordados para ésta, muchos de nosotros nos preguntamos en algún momento ¿Qué pudo hacer para satisfacer esta necesidad e inquietud por el desarrollo espiritual?

Las respuestas pueden ser muchas y, en principio, son fáciles de llevar a cabo, sin embargo, otra cosa es la práctica y la persistencia en “trabajar” para el Yo superior durante las 24 horas del día. Cuando uno comienza o retoma el Sendero de Purificación en determinada vida, todo parece ser fácil, se consiguen quitar los vicios que más dominan en muy poco tiempo pero tampoco tardan mucho en flaquear las fuerzas ante los malos hábitos más arraigados y ante las tentaciones que la misma vida nos pone. El tabaco, el alcohol, la carne, la crítica e incluso la actitud descontrolada en las relaciones sexuales son fáciles de dominar al principio por el mismo coraje y el deseo de superación que tenemos, pero llega un momento en que los mismos fracasos nos hacen comprender que hay que ir despacio pero sin pausa y utilizando principalmente el discernimiento. Por tanto, podríamos decir que hay una fase de contacto con las enseñanzas ocultas y como consecuencia un comienzo lleno de ilusiones por hacernos santos cuanto antes, y otra fase donde comprendemos que el desarrollo espiritual se obtiene trabajando a diario, o sea, haciendo una serie de oraciones y ejercicios, estando atentos a nuestras actitudes para no hacer mal, e intentado llevar a la práctica algunos de los conocimientos que obtenemos y que algo nos dice que nos son familiares.

En mi opinión, la mayoría de los estudiantes de ocultismo se encuentra, o nos encontramos, en esa fase, sobre todo porque, aunque procuramos tener la mente en cosas positivas y espirituales, no llevamos a la práctica las verdaderas enseñanzas. Todos sabemos que el conocimiento sin la práctica no sirve de nada, como sabemos que deberíamos dejar de interesarnos por las cosas del mundo e incluso por los Maestros y otros maestrillos que, dentro de su buena intención, guían a ciegos siendo ellos ciegos. Vivir la vida espiritual es practicar en pensamientos, palabras, deseos, sentimientos y obras lo que en nuestra conciencia comprendemos que debemos trabajar para acercarnos a Dios. Todo verdadero ocultista sabe que “el servicio amoroso y altruista a todo ser viviente es el camino más corto, más seguro y más gozoso para llegar a Dios” pero sin su práctica de nada sirve ¿De qué sirve, incluso, servir una vez al día cuando se rechaza hacerlo otras muchas veces a diario? En la Biblia podemos leer que el amor (el verdadero Amor divino) es paciente y amable, que no es egoísta, que no es mal pensado, que no simpatiza con la injusticia e incluso que nunca se acaba pero ¿lo tenemos presente en nuestras relaciones con los demás y ante las circunstancias que nos surgen a diario?

Esta sería la fase verdaderamente importante y seria que demuestra la madurez de cada aspirante espiritual, y es que hay que vivir en este mundo sin pertenecer a él. Nuestra consciencia de vigilia está en este mundo físico pero nosotros debemos actuar interiorizándola y uniéndola a la conciencia para discernir y meditar todo lo que hacemos y lo que somos. Los ejercicios espirituales de algunas escuelas como la Fraternidad Rosacruz y las enseñanzas o verdades (que normalmente encontramos en estas escuelas) llevadas a la práctica con responsabilidad y como un deber sagrado, nos ayudan en el desarrollo interno porque “dan luz” a las actividades externas y nos conectan con los mundos espirituales y con Dios. Si no hay un trabajo interno, es decir, si no interiorizamos la consciencia (tenerla en nuestros ideales más elevados) en realidad no habrá trabajo y lo que intentemos hacer se hará pesado y molesto. Por este motivo es por lo que, primero, debemos analizarnos y conocernos (cómo y qué pensamos, hablamos, deseamos, sentimos y hacemos) y, segundo, debemos observar cómo utilizamos o desperdiciamos el tiempo y la vida.

En un estudiante serio de ocultismo, (como podría ser un probacionista de la Fraternidad Rosacruz que cumple sus deberes correctamente) ya debería sobrar en su vida el interés por la política, por perder el tiempo viendo la televisión, por buscar riqueza o popularidad, o por ir a divertirse como lo suelen hacer el común de la humanidad, entre otras cosas. Quien vea esto absurdo o no lo quiera entender es porque no ha llegado a esa fase donde la conciencia, en los ejemplos puestos, lo hace saber claramente. Estas mismas personas pueden utilizar el discernimiento y la meditación respecto a lo que hacen en su vida cotidiana y así comprenderán lo que está fuera de lugar para la búsqueda espiritual y lo que lleva a la realidad interna.

¿Por qué luchamos y nos esforzamos en nuestra vida cotidiana? Si nos preguntásemos esto cada noche después de revisar todo lo que hemos hecho y cómo nos hemos comportado durante el día, comprenderíamos que nuestra consciencia, deseos y voluntad están enfocados en lo material y en lo personal y no en las cosas del Espíritu. Está escrito que “aunque yo diese todos mis bienes a los pobres y aunque me dejase quemar vivo, si no tengo amor de nada me serviría,” si esto es así ¿Qué ocurre cuando atendemos a nuestra consciencia ordinaria y no escuchamos ni centramos la voluntad y la atención en nuestra conciencia? Nuestro servicio y nuestra ayuda a los demás sin amor y sin haber puesto nuestra conciencia en ello, puede tener algo de positivo para la otra persona, pero no para nosotros en sentido espiritual.

En sentido general, la humanidad y nosotros mismos (como estudiantes de la Verdad y aspirantes espirituales) en nuestras primeras fases hemos estado construyendo una casa sobre la arena y por eso nos ha servido de poco; dicho de otra forma, desarrollaremos el Espíritu siempre y cuando tengamos el corazón y la conciencia en los asuntos de Dios y, a su vez, apliquemos éstos a los asuntos personales de nuestra vida cotidiana. Uno de nuestros problemas es que anhelamos más metas e ideales materiales que espirituales, que nuestros deseos están más centrados en los asuntos personales que en los espirituales, y que todavía nos dejamos engañar por lo ficticio en vez de buscar la realidad. Si enfocamos la vida de este modo nos costará mucho vivir en la conciencia de nuestro Yo superior y nunca venceremos el engaño de los sentidos ¿a qué me refiero con esto? A que los enemigos a vencer son la ignorancia y los deseos y sentimientos más bajos del cuerpo de deseos, lo que significa que necesitamos fortalecer y desarrollar la mente para discernir y meditar y así obtener la sabiduría que nos facilitará el éxito. Si sabemos meditar y discernir obtenemos sabiduría y ésta nos facilita la intuición que nos pone en contacto con la Verdad o Realidad, lo que, a su vez, fortalecerá y hará más clara la voluntad y la voz de nuestro Yo superior. Sin embargo, todo esto dependerá siempre del grado en que tengamos atada y controlada la mente.

Si nos observamos, conscientemente, sólo durante unos minutos, nos daremos cuenta de que la mente suele estar pensando en mil cosas o que está tarareando una canción que acabamos de escuchar o incluso planificando algo que nos pueda interesar desde el punto de vista egoísta y personal, por no decir planeando cómo conseguir o hacer otras cosas que perjudican y entorpecen nuestros deseos de desarrollo espiritual. Por consiguiente, si tuviéramos la atención y la consciencia puestas en todo lo que hacemos y manifestamos, tendríamos controlada a la mente y, por consiguiente, la pondríamos y utilizaríamos en los asuntos relacionados con nuestros anhelos espirituales a la vez que analizaríamos con discernimiento todo lo que hablamos, sentimos, deseamos y hacemos. Esto, aunque parezca muy difícil no lo es tanto, los primeros grados de este autocontrol no son difíciles de conseguir y demuestran que esta práctica es una de los más útiles para el aspirante espiritual que ha superado las primeras fases mencionadas.

Es importante tener la mente concentrada y observarnos a nosotros mismos (nuestras actitudes y expresiones) con la conciencia y la atención, de tal manera que nuestros diferentes cuerpos (físico, etérico, de deseos y mental) sólo expresen el aspecto interno de nosotros y de todo lo que nos rodea porque de otra forma se debilitarán todas estas herramientas que estamos desarrollando y volveremos al egoísmo personal y material. No es lo mismo, por ejemplo, decir que al filosofía rosacruz o la teosófica es buena y útil, que llevarla a la práctica y obtener resultados gracias al desarrollo de los principios que estamos mencionando; no es lo mismo saber y afirmar que el cuerpo físico es necesario para la expresión y evolución del Yo superior y que, por tanto, hay que cuidarle, que, aún sabiéndolo, consumir cosas que le perjudican y no cuidarle en todos sentidos; no es lo mismo decir que nos esforzamos por elevar nuestra conciencia y desarrollar el Espíritu, que dedicar solo unos minutos a orar y el resto del día a perjudicar en pensamiento, palabra y obra; y tampoco es lo mismo escribir libros y artículos como éste dando buenos consejos y enseñando técnicas, si luego no nos esforzamos por superar nuestras debilidades y por hacer algún tipo de servicio a los demás.

Está claro que asimilamos como “verdaderamente nuestro” lo que hacemos y expresamos con conciencia, lo adquirido y experimentado, el conocimiento llevado a la práctica, etc., pero no el resultado de leer un libro o escuchar a un maestro o buen orador. Esto último puede sonar muy bonito e interesante cuando se leen y se escuchan palabras llenas de belleza, amor y espiritualidad, pero si después no se lleva a la práctica  (si no se hace nuestro) se evaporará y no habremos obtenido beneficio alguno. Este artículo puede dar ideas que pueden ser un alimento para el Yo superior (como yo tomé otras de otros sitios) pero si esas ideas no pasan por el discernimiento o la experiencia y si no son trabajadas a la luz de la conciencia, no se pueden convertir en una Verdad para nosotros.

Francisco Nieto

sábado, 9 de julio de 2011

EL PAPEL DE LA RELACIÓN EN EL DESARROLLO ESPIRITUAL

Todo ocultista sabe que la relación existe desde que comenzó la manifestación del universo o del cosmos, esto es, desde que un gran Ser, al que normalmente llamamos Dios, como Espíritu, creó su polo opuesto que llamamos materia. Toda la manifestación física está formada de infinidad de partes relacionadas con la Unidad, con Dios, pero está claro que esa Unidad (o naturaleza, como algunos prefieren llamar a Dios) contiene y representa el orden, la justicia, la belleza, la verdad, la armonía, el amor, la fraternidad y otras muchas más cualidades y aspectos del Ser que aun no hemos desarrollado por estar en el grado evolutivo en que estamos. Así es que, si somos parte de esa Unidad con todos esos aspectos elevados, tenemos que tener las mismas posibilidades o los suficientes medios como para desarrollarlos, y todo ello gracias a las relaciones de nosotros como Espíritus respecto a la materia, de nosotros como Almas respecto a los vehículos de expresión que tenemos, y de nosotros como personas respecto a los demás. Comprendido lo anterior, está claro que, como partes de esa “Unidad” o “Todo”, la evolución de la conciencia nos tiene que llevar hasta Ello, y que, si en cada uno de nosotros están latentes todos esos aspectos divinos, queramos o no (hablando, como es lógico, de la reencarnación) iremos sintonizando cada vez más con la vibración o vida de esa Unidad hasta dejar de ser diferentes o partes separadas que se relacionan.

Pero, como es obvio, la duración o la consumación de ese hecho dependerá de nuestras acciones y reacciones, es decir, de si nos expresamos y reaccionamos a través de nuestros aspectos o virtudes del Espíritu o lo hacemos como simples personas que actúan por instinto, con pasión y egoísmo o que no utilizan el discernimiento. La relación existe desde el átomo (las partículas que lo componen) hasta el propio universo, objetivo y subjetivo, pero el resultado de esa relación será de “orden” y “caos”, “bueno” o “malo”, etc., dependiendo del desarrollo o grado de conciencia de la vida que lo anima. En este sentido podríamos hacer la siguiente comparación: El átomo que es parte de una molécula y ésta de una célula, y ésta de un cuerpo físico cuya vida y conciencia es aún poco desarrollado, no contiene la misma relación con esas partes si la evolución del individuo fuera muy elevada en sentido espiritual. Pero la relación no existe solamente en el plano objetivo y material sino que también es tal en lo subjetivo y en todo aquello que no vemos.

El átomo, dada su poca evolución de conciencia, expresa esa relación en forma de atracción y repulsión entre sus partículas, sin embargo, en nuestro caso y puesto que nuestra conciencia está mucho más evolucionada, sabemos que nos podemos expresar con atracción, repulsión o indiferencia, teniendo en cuenta muy especialmente que dentro de la atracción es donde más podemos manifestar los aspectos del Espíritu relacionados con los aspectos divinos de la Unidad en la que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Por consiguiente, nosotros evolucionamos también (desde lo invisible) gracias a nuestros sentimientos, deseos, emociones…, en relación con los de los demás; y lo mismo ocurre respecto a nuestros pensamientos según sean su naturaleza y, por tanto, según creen armonía o discordia al contactar con los que hay en la atmósfera mental. Pero todo esto, como es lógico, tendrá una relación con el grado de conciencia que cada uno haya alcanzado, con el control de la mente y con la buena o mala voluntad de cada individuo; repercutiendo todos los efectos de las relaciones en esa Unidad de la que somos parte.

Si hay infinidad de partes visibles e invisibles, tiene que haber un origen, una Unidad de donde han sido separadas temporalmente las partes, y la relación entre la Unidad y las partes bien podríamos llamarla “evolución” puesto que es la evolución del Espíritu a través de la materia la que origina la conciencia que progresivamente se va relacionando con la conciencia de dicha “Unidad” o Dios. Pero nuestra evolución es el efecto de la “relación”, la cual cambia continuamente, tanto de una vida para otra como en la misma vida dependiendo, a su vez, del grado de nuestra conciencia en relación con las conciencias que nos rodean. La relación entre dos hermanos menores no es la misma que entre éstos cuando son adultos y lo mismo ocurre con todas las personas y cosas que nos rodean. Mi relación no es la misma con una persona que tiene conocimientos ocultos y que es un aspirante espiritual como yo, que con otras que solo piensan en divertirse y en sacar el mayor provecho posible del mundo físico y de sus relaciones personales. Por tanto, somos una unidad dentro de una gran red de relaciones de las cuales podremos obtener beneficio o perjuicio según sepamos expresar las virtudes o aspectos espirituales relacionados con el grado de desarrollo de nuestra conciencia.

Podríamos diferenciar la relación en dos bloques: La interna y la externa. La relación interna es la que nos une a la Unidad que nos creó, a otras Jerarquías creadoras, a nuestros hermanos en Espíritu (también partes) y a los Mundos, Submundos, Rayos, Subrayos, etc., pero “con” y “dentro” de los cuales no somos conscientes pero sí lo seremos en el futuro según se vaya ampliando nuestra conciencia. La relación externa es la que creamos y tenemos con la conciencia de vigilia y la que está relacionada con la Ley kármica de Causa y Efecto. Es verdad que a veces manifestamos sabiduría y actuamos en conciencia pero, por lo general, nuestra consciencia está centrada en las relaciones y en las reacciones de nosotros mismos y hacia todo lo que nos rodea, sin embargo es en esto último lo que nos interesa trabajar como partes de ese Dios. ¿Nos hemos parado a pensar en que las instituciones, centros, escuelas… son centros para la estabilización de las relaciones y para fijar un modelo de acción que determine su naturaleza? Pues algo similar ocurre con el aspecto interno respecto al externo, nuestros valores internos deben actuar como instituciones que marquen una pauta a seguir por lo externo.

¿Qué significa esto? Pues que hay que hacer lo que tantas veces se repite en ocultismo, observarnos, analizarnos, conocernos…, porque sólo así podremos darnos cuenta de qué clase de institución o qué patrones tenemos en lo interior para llevar a la práctica en lo exterior. ¿Cómo pensamos? ¿Qué sentimos y cómo reaccionamos ante los demás? ¿Cómo actuamos ante determinadas circunstancias? ¿Cuántas veces actuamos en conciencia para colaborar con el Espíritu durante el día? Si hay un sentimiento interno de igualdad, de amor al prójimo y de fraternidad, no puede haber desigualdad ni conflicto en las relaciones externas. En el mundo externo hay más sentimientos de desigualdad, de conflicto y de oposición que en lo interno debido a las diferencias (hombre-mujer, jefes-subordinados, ciencia-religión, orgullo-humildad, egoísmo-altruismo…) y esto es debido al grado evolutivo de la conciencia de cada uno y a la falta de contacto e identificación de lo externo con lo interno. Todos nosotros hemos pasado, o pasaremos a través de la reencarnación, por situaciones en que, por el hecho de tener poder, hemos abusado de los débiles o han abusado de nosotros; esto se convierte en algún momento en resistencia o rebelión que, al cabo de un tiempo, causa una ruptura en la relación que hace que seamos más iguales. Esto significa que tenemos que cambiar lo interno y, de hecho, cuando lo hacemos se produce un equilibrio, una cooperación armónica que, aun siendo independientes y libres, hace que nos guiemos más por los patrones internos. Esto mismo lo podemos aplicar a todas las relaciones de la vida, respecto a la mujer, a las razas, a las religiones, al conocimiento, a la política, etc.

En realidad y respecto a la personalidad, todos somos opuestos en algún sentido respecto a otros, sin embargo, somos complementarios en lo interno. Lo opuesto y los conflictos en las relaciones proceden del hecho de que nos identificamos conscientemente con la forma física anulando así el aspecto interno o conciencia de los demás, pero cuando la buena voluntad y el discernimiento ponen manos a la obra, nos podemos dar cuenta de que las formas físicas y personalidades opuestas no tienen porqué dividir ni crear conflicto o separación. Es la ignorancia y la falta de desarrollo de la mente y de la voluntad la que antepone el “yo personal” ante “los demás”. Esto hace que nos guiemos por una serie de patrones o hábitos mentales cuyo origen es el egoísmo y el disfrute de los placeres terrenales, en definitiva, una vibración que choca con otras muchas vibraciones que nos rodean. Pero como hemos dicho, las relaciones cambian como cambian las circunstancias y la vida misma, pero nosotros, en medio de esos cambios y variadas vibraciones, tenemos la oportunidad de transformar lo externo en lo interno, bien cambiando nuestra propia vibración hacia la vida del Espíritu, o bien no respondiendo a esas vibraciones o causas haciendo que queden inactivas.

El karma actúa en base a nuestras respuestas, (conscientes o inconscientes) reacciones y cualquier otra acción desde los diferentes cuerpos, así es que, cuando respondemos a toda causa o vibración en las relaciones con vibraciones positivas (lo que nos traerá efectos positivos) o cuando no respondemos a ella porque son perjudiciales, estamos anulando el karma de nuestro destino. La Ley de Consecuencia es una ley que busca el equilibrio, de ahí que cuando el aspirante espiritual actúa de acuerdo a las leyes divinas, con responsabilidad y consciencia, esta Ley se convierte en una ley moral. Cuando en nuestras relaciones actuamos de manera superficial o con muchos cambios en la vida, no habrá la profundidad de comprensión suficiente como para considerar las relaciones completas y positivas; sólo cuando nos despojamos de los sentimientos, deseos y pensamientos egoístas (los que nublan la luz de lo interno) obtendremos unas relaciones profundas y una verdadera comunión entre Almas. Cuanto más vivimos dominados por los placeres, por lo material y por los aspectos más bajos de la personalidad, más dura será la concha que estamos creando a nuestro alrededor y más obscurecerá la luz de lo interno. Nuestras relaciones (carentes de vida y pureza en la mayoría de los casos) suelen ser parciales, inestables, de forma, y más bien aisladas; así es que, si de verdad queremos comenzar a tener verdaderas relaciones, cuyos efectos en la ley kármica sean positivas, debemos comenzar por considerar la igualdad, la dignidad, la comprensión, la tolerancia, la verdadera amistad y las cualidades del Alma en los demás.

Las diferencias entre las personas no deben considerarse obstrucciones para que la relación sea profunda y espiritual, cada sexo, raza, temperamento, religión, arte…, tiene sus características o especializaciones con un valor importante para el Alma si es que la persona las sabe utilizar en su desarrollo. Igual que , según pasan los años, el pasado formó las bases del presente y éste forma las del futuro, las diferencias y características de las cosas y de las personas deben ser respetadas y trabajadas desde el punto de vista moral y espiritual en las relaciones para que dichas diferencias específicas se conviertan en cualidades del Espíritu. La verdadera relación permite que cada diferencia entre las personas alcance su propio desarrollo y luz, es decir, permite que cada individuo exprese lo mejor de sí mismo y rinda lo más que pueda dentro de sus posibilidades. Pero, sin duda alguna, la relación que debe practicar el aspirante espiritual es la que conlleva el servicio amoroso, el progreso y las acciones hechas con responsabilidad y como un deber ante Dios.

La ley de relación debería ser como la de Causa y Efecto en nuestras actividades cotidianas, es decir, debería inclinarse hacia el desarrollo del equilibrio ya que, en la mayoría de los casos, los impactos que proceden del exterior y de los demás, obtienen respuesta por parte nuestra, y esa respuesta es la que debe ser sabia y digna de un verdadero aspirante espiritual. Sí, las respuestas ante los demás y ante las circunstancias pueden ser variadas (sutiles, insuficientes, impulsivas, descontroladas, etc.) pero nosotros (los estudiantes de ocultismo y los aspirantes espirituales) deberíamos responder de forma equilibrada, inteligente y satisfactoria, porque actuando así es como creamos un destino armónico y justo. En realidad, la verdadera y recta relación debe estar basada en sentimientos de hermandad y de fraternidad puesto que ésta se realiza con todas las formas de vida, incluyendo a los animales y otras que sabemos que, aun invisibles, están con nosotros; esto debería ser así porque cuando hay fraternidad, la Unidad y las partes se unen y suman. Si tuviéramos presente siempre estas palabras, no habría desigualdad ni diferencias entre las personas ya que esta clase de relación exterioriza la Unidad. La fraternidad convierte a la relación en pura y acaba con el aspecto, posesivo y de gratificación personal de cada uno de los partícipes. Una relación donde el egoísmo y la gratificación se disfrazan de amor incluso para buscar el goce, es una relación falsa que no creará nada más que conflictos y deudas del destino kármico. Con esto no quiero decir que el goce de los sentimientos sea malo, sino que el goce que se debe buscar en la relación es el del deber moral y espiritual cumplido y el que siente cada uno cuando queda satisfecho por haber hecho una buena obra.

La profundidad en la relación procede del Yo superior o Alma puesto que es inegoísta y nada tiene que ver con nuestra personalidad terrenal ni con las demás personalidades que nos rodean. Cuando el esfuerzo y el sacrificio inclinan a relacionarnos de esta manera (aunque sea pocas veces al día) es como si la relación fuera entre Almas de similar grado de conciencia y evolución. Esto nos lleva a afirmar que la propia evolución nos ayudará a manifestar la relación perfecta basada en el amor puro o divino. Claro que para ello debemos estar atentos y observar cada momento para actuar de la forma espiritual ya mencionada para, así, aumentar el registro que tenemos de nuestras buenas acciones que es al fin y al cabo, lo que nos facilita la expresión y exaltación espiritual. Cada momento nos permite actuar de acuerdo a las leyes de Dios y cada registro de esos hechos queda registrado para que no se pierda el poder espiritual que estamos acumulando. Pero somos nosotros mismos quienes de una forma consciente y voluntaria debemos responder y actuar correctamente en nuestras relaciones y en nuestra conducta en general. Es bueno revisar los hechos y las reacciones de cada día cuando nos acostamos para analizarnos y ver dónde y cómo hemos actuado correcta o incorrectamente. En las relaciones no se debe causar daño a nadie en ningún sentido, no debe haber egoísmo ni abuso, sino que se debe manifestar el amor más elevado y puro y se debe sacrificar uno mismo en favor de los demás. La perfecta relación lleva consigo un control del cuerpo de deseos (emocional) y de la mente para no causar tampoco ningún mal a través de los sentimientos y pensamientos, pero si tubiera que resumir el sentido de la relación en pocas palabras diría que la relación perfecta se alcanza comenzando por imitar a Cristo en todas nuestras actitudes.

La verdadera y fraternal relación no utiliza al prójimo para beneficio propio ni le explota en ningún sentido, sino que es justa, permite la colaboración y respeta la libertad y el libre albedrío; de esta forma cada individuo puede ser él mismo sin nada que le condiciones o cohíba. Pero la relación también debe contener armonía de vibraciones, comunión de sentimientos elevados, sincronización de vibraciones y un intercambio de personalidades libre de conflicto y dominación; así el hombre libre en sus relaciones convive fraternalmente con todo ser viviente sin apegarse a nada ni crearse deudas para su futuro destino. Una persona cuya actuación es así de correcta se está librando del karma que le ata a la tierra porque actúa de acuerdo a la ley del Espíritu que es la ley del servicio y del sacrificio por los demás. Esta línea como actitud en las relaciones llega incluso a limpiar la consciencia de todo aquello que le hacía reaccionar, sentir y pensar mal y ya no está condicionado ni encerrado en esa concha que él mismo se creó al dejarse dominar por el aspecto inferior de la personalidad. De esta manera y siguiendo esta línea de acción, el aspirante espiritual se convierte en un centro de vida y de fraternidad en sus relaciones, se libera del pasado y de los patrones de conducta que le entorpecían, siempre está vibrando como una luz entre los demás y en sintonía con sus vibraciones, todo cuando le rodea vibra en consonancia con él, se identifica con las consciencias del prójimo y su relación es universal como la unidad de la cual es parte.


Francisco Nieto