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lunes, 21 de febrero de 2011

EL PECADO ORIGINAL (II)


Dado que no todos los que leen los artículos de mis blogs son estudiantes o entendidos de estas enseñanzas esotéricas, he de pedir a nos noveles que hagan un esfuerzo por leer este artículo con una mente abierta y que razonen y comparen la teoría que ellos tengan sobre este tema con la que yo expongo, seguramente que les parezca más razonable y más lógica.


Hubo un tiempo en que la Tierra no estaba solidificada como ahora como tampoco nuestros cuerpos estaban tan desarrollados; era entonces cuando éramos bisexuales y nos reproducíamos por esporas. El feto sigue un proceso de desarrollo físico igual que el que ha llevado la humanidad en su evolución y, al igual que tiene que pasar un tiempo para que pueda observarse el sexo en él (teniendo los dos latentes) también en la humanidad de entonces no mostraban ningún aparato sexual como hoy y su concepción y reproducción partía de ellos mismos hasta que fue necesaria hacer una separación de sexo para otro uso de la Fuerza Creadora o energía sexual. En aquella época llamada en esoterismo “Lemúrica” fue cuando por primera vez se vio una tierra y un cuerpo físico sólido pero, aunque este último se parecía algo a los antropoides, aún le faltaban órganos y sentidos por desarrollar para ser como somos actualmente. La fuerza creadora es bipolar y, entonces y puesto que nuestra conciencia era interna como ocurre en los animales, la utilizábamos para construir nuestros órganos y sentidos con la ayuda de los Ángeles. Pero cuando el cuerpo se solidificó tanto que ya no podía reproducirse por esporas, fue necesario desarrollar un cerebro (para su utilización en un futuro como humanos) y un miembro para la reproducción. Entonces, esa energía bipolar creadora que procede de Dios como la vida misma, fue dirigida en dos direcciones, una hacia arriba para crear el cerebro y la laringe y otra hacia abajo para la creación de otros cuerpos donde el espíritu pudiera evolucionar.

Así es que, a partir de la Época Lemúrica hubo dos cuerpos de diferente sexo aparente a la vez que mantenía el polo opuesto en estado embrionario. Así fue necesaria la intervención de los dos sexos para la procreación, sin embargo y puesto que aún no teníamos cerebro ni libre albedrío, el acto sexual se hacia abajo la dirección de los Ángeles (como ocurre hoy con los animales) y en determinadas épocas del año. Nosotros éramos inconscientes del mundo físico como cuando dormimos pero sí lo éramos de los mundos superiores o espirituales y bajo la guía de los Ángeles procreábamos cuando las influencias astrológicas eran propicias y de tal manera (por la inconsciencia del mundo y del cuerpo físico) que la mujer no sufría dolor y, por el contrario, este acto se hacía sin pasión y como un sacrificio. Este acto o unión hacía que el Espíritu atravesara por un momento el velo de la carne (fuera consciente) y sintiera físicamente el cuerpo del sexo contrario, esto es, que Adán conociera a Eva. Es este significado del conocimiento lo que nos lleva al pecado, dice la Biblia que Elkanah conoció a su esposa Hannah y ella engendró a Samuel, y como respuesta de María al Ángel anunciador de que va a ser la madre del Salvador responde: “¿Cómo puede ser eso posible si yo no conozco a ningún hombre?”, por tanto, la palabra “conocimiento” representa al acto sexual.

Se llama pecado original al hecho de hacer lo contrario de lo que las Leyes Divinas querían que hiciésemos, es decir, cuando la humanidad, influenciada internamente por otra clase de Ángeles, practicó el sexo (comió del Árbol del Conocimiento) a su libre albedrío y en épocas no adecuadas. Esto le llevó a hacerse consciente del mundo y del cuerpo físico para, así y sin saberlo, parir con dolor y ser conscientes de la enfermedad y de la muerte de su cuerpo. Desde entonces, el hombre ama con pasión dominado por su instinto animal, utilizando también la energía creadora del pensamiento para actuar egoístamente y sin la dirección de los Ángeles que actuaban como guías cuando teníamos la conciencia interna.

Las entidades o influencia que llevó a la humanidad a “comer del Árbol del Conocimiento” (sexo) fue la de los Ángeles Luciferes. Dios crea enjambres u oleadas de Espíritus para que cumplan un Plan al final del cual sean perfectos y hayan desarrollado sus propios poderes divinos que tienen latentes, y para ello se sirven de la energía divina creadora y del sistema de desarrollo llamado “evolución”. Los ángeles son una creación de Dios anterior a la nuestra al igual que la nuestra es anterior a las vidas evolucionantes que habitan los cuerpos de los animales pero, como ocurre con la humanidad, hubo rezagados. Los Luciferes tenían un grado evolutivo inferior a los Ángeles de Jehová pero superior al nuestro, ni podían actuar como los Ángeles ni evolucionar gracias a las experiencias físicas puesto que no tienen cuerpo físico ni cerebro, así es que, cuando la humanidad desarrolló la medula espinal y el cerebro, se valieron de la mujer (en el polo negativo o femenino se desarrolla más la imaginación y en el positivo u hombre la voluntad) para penetrar en ellas por la médula y representarse en el cerebro para influenciarlas en beneficio propio. Así y gracias a la facultad de la imaginación y por el hecho de tener en esa época la conciencia interna, la mujer les veía como una especie de serpientes cuyo fin egoísta era tentarlas.

Los Ángeles, habitantes de la región etérica que compenetra la Tierra, han ayudado a la humanidad en muchos sentidos y lo siguen haciendo tanto durante la vida como después de la muerte. Pero en un pasado lejano nos ayudaron en la procreación inconsciente, en la construcción del cerebro y en la expresión del amor de una forma casta e inocente, librándonos así del dolor y del sufrimiento del que somos conscientes actualmente. Estos Ángeles nos ayudaron a dirigir la energía creadora hacia arriba para la creación del cerebro (para la evolución del pensamiento con el cual el hombre crea todo lo existente en el mundo físico) y de la laringe para que el hombre pueda expresar lo que piensa. Pero los Ángeles luciféricos, los que se negaron a colaborar con Jehová en la cristalización de las formas, que eran rezagados de los Ángeles, y (cuyo líder, conocido como Lucifer o Portador de Luz iba después de Jehová en evolución) se encontraban, evolutivamente hablando, entre los Ángeles y la humanidad terrestre, fueron los responsables de nuestra caída. Éstos fueron los que nos enseñaron a actuar por nuestra cuenta para dejar de ser autómatas y esclavos de los seres que nos guiaban para así ser nuestro propio dueño y señor y actuar a nuestro antojo. Su único objetivo era que exteriorizáramos la conciencia para adquirir un conocimiento que les hacía falta a ellos y así aprovecharse de nosotros y de nuestras experiencias dado que ellos no tenían cerebro físico y se habían retrasado mucho del nivel evolutivo de sus hermanos los Ángeles de Jehová.

Lo mismo que hoy no somos conscientes del trabajo que hacen nuestros órganos internos (no lo hacemos voluntariamente) tampoco lo éramos del acto de la procreación llevado a cabo bajo la guía de los Ángeles de Jehová, o sea, no éramos conscientes del mundo físico ni veíamos a los cuerpos y, por tanto, al sexo opuesto. Pero la influencia luciferiana hizo que la mujer comenzara a observar que teníamos ojos que le permitían ver a otros seres, como dice la biblia: les abrieron los ojos. Fue a partir de ahí como, la humanidad que tenía prohibido comer del “Árbol del Conocimiento” bajo pena de muerte (para que no sufriera ni conociera la muerte de su cuerpo físico) y para que no conociera el bien y el mal, (para que no fuera consciente del mundo físico de esa manera) violó las Leyes y cayó en el pecado. La mujer convenció al hombre (según le dijeron los Luciferes) y fueron perdiendo la consciencia de los mundos espirituales para centrarla en el mundo físico conociendo así el bien y el mal, el dolor y la muerte.

Antes de la influencia Luciferiana, la humanidad dejaba su cuerpo (cuando ya no le servía) inconscientemente (como lo hace un animal) gracias a los Ángeles de Jehová, pero el deseo egoísta de los luciferes para obtener poder sobre el hombre y para poder evolucionar gracias a nuestras experiencias y libre albedrío, hizo que perdiéramos el contacto con los Ángeles de Jehová. El uso de la energía creadora incitado por los Luciferes nos trajo sufrimiento y muerte, sin embargo, precipitaron la consciencia del mundo físico y nos facilitaron la facultad del libre albedrío. Ellos nos robaron la inocencia y la paz que teníamos en el “Jardín del Edén” (estado de conciencia interna, en los mundos espirituales) pero, aunque en otro sentido al previsto por Dios, estamos evolucionando gracias a las experiencias que vida tras vida obtenemos del mundo físico. Así es que, aunque “Caímos en la tentación” que nos apartó de la línea de evolución prevista, nos ayudaron a desarrollar la voluntad y el libre albedrío, gracias a los cuales, algún día perderemos la consciencia y la necesidad de tener un cuerpo físico para volver a centrarnos en los mundos espirituales.

En la Época Hiperbórea la humanidad solo tenía un cuerpo físico y otro vital, era algo similar a las plantas y, al igual que las plantas, la fuerza creadora dual la mantenían dentro y la utilizaban para crecer, y para crear simientes (esporas) que se convertían en nuevos cuerpos para la utilización del Espíritu en su evolución. En la Época Lemúrica se le dio el cuerpo de deseos o emocional y fueron los deseos los que frenaron el crecimiento por medio de la cristalización del cuerpo físico para así formar (como la flor en la planta) algo parecido a la cabeza que después albergaría el cerebro. Este fue el estado en que la humanidad era hermafrodita y creaba nuevos cuerpos sin necesidad de otro ser puesto que tenía la doble polaridad dentro de sí mismo. Pero como los guías de la humanidad vieron que el cuerpo de deseos, aun siendo necesario, era un peligro sin algo que lo controlara, comenzaron a facilitarnos un mecanismo coordinador, (un cerebro y un sistema nervioso) para que el Espíritu pudiera dirigir esa fuerza creadora. Pero, aunque en principio, la separación de los sexos parecía que ayudaría a dirigir la energía creadora para la construcción del cerebro y dado que necesitaría la unión con otro, lo cierto es que no fue así a partir de la influencia de los Luciferes que intentaban utilizarla a su conveniencia a través nuestro.

La humanidad obtuvo el cerebro y el órgano vocal gracias a la mitad (a un polo) de la energía creadora pero la otra mitad, mal dirigida por la influencia luciférica, nos costó la separación directa de la guía de los Ángeles y el conocimiento de la tristeza, el dolor y la muerte. Pero como el mal es un bien en formación o, dicho de otro modo, no hay mal que por bien no venga, nos adelantamos al Plan previsto haciéndonos conscientes del mundo físico. El hambre, el frío, las catástrofes, etc., hicieron que el hombre desarrollara el ingenio y que comenzara a utilizar su voluntad y su cerebro, y así ha llegado hasta la etapa actual. La razón nace como efecto del egoísmo y del mal uso de le energía creadora pero ésta traerá sabiduría y ésta otra, a su vez, desarrollará la intuición que conectará al hombre con su Espíritu.

La humanidad (llamada en la Biblia Adán y Eva) la cual se arrogó gradualmente el poder de la procreación, convirtiéndose así en Espíritus humanos libres, se vio obligada a responder a sus actos ante la Ley Divina de Causa y Efecto puesto que su voluntad y libre albedrío le hizo responsable. Esto no solo le hizo perder la consciencia de la región etérica o Jardín del Edén sino que le obligó a “vagar por el desierto” hasta que encuentre la Nueva Jerusalén, es decir, la caída nos trajo el conocimiento del bien y del mal, el dolor, el sufrimiento y la muerte, pero cuando regeneremos el uso de la energía creadora volveremos a ese Jardín del Edén, la consciencia del mundo etérico donde se vence a la muerte. Cuando estábamos en el Paraíso, teníamos poderes, estábamos en contacto interno con las fuerzas de la naturaleza (de las que somos inconscientes ahora) y centralizábamos las energías para nuestro propio beneficio y desarrollo, pero no volveremos a ese Nuevo Cielo y Nueva Tierra conscientemente hasta que aprendamos a utilizar esas energías de vida de una manera consciente y voluntaria. Pero si no hay voluntad, persistencia y esfuerzo para cumplir las leyes de Dios, si no vencemos el lado pasional del cuerpo de deseos, si no seguimos dejando llevar por el grado inferior del amor (personal y egoísta) si no resistimos a las tentaciones del mal y de la carne, entonces continuaremos vagando por este desierto de pesar y de dolor. Es necesario vivir una vida pura, altruista, fraternal, compasiva y llena de amor al prójimo para comenzar a caminar de nuevo hacia el Paraíso; cada cual tiene la voluntad, el libre albedrío y el Poder latente del Espíritu a su disposición para utilizarlo y desarrollarlo en beneficio propio y en el de la humanidad, de ahí que Cristo dijera: “El que quiera ser el más grande entre vosotros, debe ser el servidor de todos.”


Francisco Nieto

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