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domingo, 20 de marzo de 2011

EL VALOR DEL ESFUERZO EN EL ASPIRANTE ESPIRITUAL


Todo aspirante espiritual sabe lo difícil que es mantener las aspiraciones e ideales elevadas en práctica, tenemos tal apego al mundo físico que nos cuesta mantener la mente en las cosas de Dios y más aún retirar la conciencia de los asuntos cotidianos para observar nuestro comportamiento respecto a las relaciones sociales. Nos esforzamos por conseguir todo aquello que nos produzca placer, satisfacción o rendimiento pero siempre anteponiendo el egoísmo material. Sin embargo, cuando en una determinada vida tenemos que conocer algo nuevo y elevado que nos haga aspirar más alto porque nuestro desarrollo espiritual así lo exige, apenas nos esforzamos y nuestro sacrificio es mínimo. Aun los ocultistas que ya en su anterior vida conectaron con las enseñanzas ocultas y espirituales se ven derrotados muchas veces por la monotonía que termina aburriéndoles durante un tiempo hasta que, tiempo después, los estímulos del Yo superior hacen que sientan de nuevo la necesidad de reemprender el Sendero de Santidad. Generalmente, solemos llevar vidas muy activas, desarrollamos y utilizamos nuestra inteligencia para el propio interés, nos esforzamos por desarrollar nuevos talentos en el mismo sentido, o incluso llevamos una vida envidiable y ejemplar dentro de la sociedad, pero no hacemos ningún esfuerzo por superarnos moral y espiritualmente perdiendo así la oportunidad de aprovechar ciertas experiencias y ocasiones para elevar nuestra conciencia.

Lo mismo que los que destacan en cualquier sentido lo han conseguido gracias a su esfuerzo y sacrificio, también los que van en cabeza del desarrollo espiritual humano lo han conseguido gracias al empeño y la persistencia de hacer el bien allá donde se encuentren y con todos los medios a su alcance. La mayoría de las personas no se dan cuenta que, para progresar en todos los sentidos, es necesario hacer el bien, incluso los aspirantes espirituales que pierden el tiempo en cosas ociosas se olvidan que, tarde o temprano, tendrán que imitar a esos vanguardistas espirituales que nos sirven de ejemplo y guía. El verdadero aspirante no sólo no lleva una vida ociosa sino que emplea todo su tiempo libre y sus cualidades para ayudar y servir a la humanidad en cuerpo y alma. El cocinero, por lo general, cocina porque es su responsabilidad y su medio de vida, pero el cocinero con aspiraciones espirituales cocina con amor hacia sus comensales. Es bueno preguntarse de vez en cuando ¿Estoy aprovechando el tiempo y las oportunidades? ¿Pienso más en mí, como persona, o en el desarrollo de mi espíritu? ¿Me entrego a mi mismo cuando hago las cosas?

El aspirante espiritual no se debe conformar con cumplir con sus responsabilidades y obligaciones cotidianas, ni puede dejarse dominar por la monotonía ni la pereza sino que debe tener una actitud desafiante ante los retos que su Espíritu le propone. Lo cierto es que podemos hacer mejor las cosas y, sin embargo, tenemos prisa por hacer nuestros deberes para dedicar el resto del tiempo a cualquier otra actividad, ociosa que no nos aporta ningún beneficio espiritual. Es más, posiblemente sea lo contrario porque hay momentos y actividades ociosas que se pueden hacer con conciencia espiritual y como un centro de amor influyente hacia todo lo que nos rodea y tampoco pensamos en hacer nada. El aspirante espiritual no solo debe utilizar sus virtudes de la manera que pueda sino que debería esforzarse por desarrollar nuevas virtudes que le permitan aprovechar cualquier experiencia y oportunidades que surjan en su vida. Si queremos ser un vanguardista espiritual entre el común de la humanidad tenemos que aprovechar:
1º.- Toda oportunidad de desarrollo propio
2º.- Toda oportunidad de aplicarlo para ayudar a la humanidad.

Cuando el verdadero aspirante espiritual se deja llevar por la monotonía de sus quehaceres materiales, por el disfrute de vacaciones donde cae en tentaciones antes superadas o por antiguos hábitos que ya nada tienen que ver con lo que internamente desea, no pasa mucho tiempo sin que su conciencia (Yo superior) le haga saber y le repita a diario que se está desviando del camino que debe seguir tal y como se comprometió antes de renacer. Si el aspirante no ha caído demasiado profundo en el disfrute de los placeres y en el materialismo, la simple práctica de la oración y la retrospección nocturna o examen de conciencia, bastarán como aliciente para que vuelva a interesarse por su propio desarrollo espiritual. Pero si ha caído en las redes de un mal hábito y éste le ha llegado a dominar haciendo que disfrute al máximo, no será suficiente lo anteriormente mencionado. Es aspirante debe estar siempre pensando en su desarrollo espiritual y en cumplir sus ejercicios diarios y para ello se necesita persistencia y determinación.

Es necesario que el aspirante sea consciente de que la presente vida es una continuación del desarrollo adquirido en su pasada vida y que se comprometió antes de nacer a esforzarse al máximo para aprovechar las oportunidades que le trae el nuevo destino y, para cumplir este compromiso y no caer en las tentaciones, debe observar su vida y sus actitudes para encontrar siempre motivos que le hagan tomar determinaciones para mantener su consciencia en los asuntos de Dios. Si no hay motivos que nos impulsen a tomar determinaciones que nos mantengan activos en pensamiento, palabra y obra en los asuntos de Dios, tendremos que buscarlos. La determinación, unida al discernimiento, nos debe llevar a interesarnos por lo verdaderamente útil en sentido evolutivo y por adquirir una serie de patrones de conducta en los que la conciencia nos confirme que estamos en el sendero del desarrollo espiritual. Se trata de tomar resoluciones a diario entre lo espiritual. Se trata de tomar resoluciones a diario entre lo útil o inútil, lo verdadero y lo falso, lo que es un aliciente para seguir esforzándonos o lo contrario….

Es necesario tener ideales elevados como alicientes para seguir sacrificándonos para adquirir un mayor desarrollo espiritual pero los ideales, sin una determinación que nos lleve a persistir, no significan nada. Es fácil escribir y dar conferencias, o simplemente hablar de ideales entre nosotros los aspirantes espirituales, pero los ideales sin una práctica o sin hechos se quedan en nada. La determinación tiene que ir unida a la voluntad y a la persistencia pero a veces también se necesita el coraje. Además de analizar los defectos y los malos hábitos en los que hemos vuelto a caer, tampoco debemos menospreciar los sutiles y aparentemente motivos que nos tientan a diario porque si no se hacen frente con coraje llegarán a dominarnos y a haceros débiles desde el punto de vista moral y espiritual. Es imprescindible, al igual que con la determinación, tener ese esfuerzo continuo para mantener la conciencia en nuestros ideales, si no se hace así, no obtendremos el cambio necesario que nos haga volver al Sendero.

Sin esfuerzo ni determinación no hay confianza propia y la confianza propia debe estar siempre presente para seguir buscando la Verdad y alcanzando nuevos retos y metas puesto que ésta nos da la seguridad de que podemos alcanzar lo que nos propongamos. Esta es la base para mantenernos en la Verdad y en el sendero del desarrollo espiritual porque si no mantenemos este equilibrio seremos débiles ante los problemas, las dudas, los cambios del destino y las tentaciones. Está claro que si de verdad queremos cumplir con nuestro compromiso y alcanzar nuevas metas debemos valernos de lo que somos y hemos conseguido. Es el conocimiento de nuestros defectos y de nuestras caídas lo que nos debe servir como motivo para esforzarnos y sacrificarnos hasta alcanzar lo supremo porque, de otro modo, nos marcharemos de esta vida igual que vinimos o quizás peor. En este esfuerzo no cabe el desvío del sendero, ni el aplazamiento, ni el conformismo, ni el descanso, sin embargo, si hay una cosa segura, que la recompensa será grande y servirá de aliciente para la continuidad en la vida próxima.

Cuando renacemos, lo hacemos con la carga o karma negativo de anteriores vidas y, por otro lado, con las virtudes del Espíritu como fruto del desarrollo espiritual alcanzado. El karma negativo se puede presentar de muy diferentes formas pero sean cuales sean traerán problemas y sufrimiento que, si no estamos preparados, nos harán tambalear o caer volviendo así a cometer los mismos errores. Para no caer en esas mismas pruebas y tentaciones tenemos nuestras virtudes que nos ayudarán a mantener el equilibrio y a fortalecernos siempre y cuando nos esforcemos y pongamos manos a la obra con determinación. Y es aquí donde está la clave, no debemos conformarnos con superar las pruebas del destino o pensar que no podemos hacer nada más, sino que tenemos que encontrar la manera de dedicar nuestra vida a hacer cualquier trabajo que podamos por los demás de una forma amorosa e inegoísta. El progreso no se adquiere creando nuevas deudas, se adquiere eliminando las deudas del pasado y alcanzando nuevos objetivos espirituales que, a modo de “causas”, traerán un nuevo reconocimiento lleno de oportunidades de progreso espiritual.

Cualquier estudiante de ocultismo sabe que si desea alcanzar nuevos y elevados objetivos, no es suficiente con tenerlos en la mente y hacer algo de vez en cuando, el resultado final dependerá del esfuerzo y del empeño que pongamos, es decir, hay que comprometerse y poner todo el potencial espiritual que hemos desarrollado para que los resultados sean fructíferos para uno mismo y para los demás. El sentimiento también tiene su importancia cuando es aspirante desea desarrollar y alcanzar algo superior ya que, una acción será buena o mala según el deseos con que se haga o el sentimiento que se ponga, y es que no es lo mismo hacer algo por obligación o con indiferencia que con amor y pensando en los demás. Así es que, es muy importante que nuestro esfuerzo por superarnos y por ayudar a la humanidad esté basado en los más elevados deseos y sentimientos puesto que, de acuerdo a cómo se haga y cuál sea la intención, así serán los resultados y así se reflejará en nuestro futuro destino.

El hecho de que una persona implicada en algún asunto nuestro, no sepa que estamos actuando de mala gana o por obligación, no significa que no perciba o intuya nuestros sentimientos afectándole negativamente. Con esto quiero decir que tan importante son las buenas obras como hacerlas pensando en que también se ayuda si las hacemos con nuestros mejores sentimientos y deseos. El que actúa con entusiasmo y empeño es el que verdaderamente alcanza lo que se proponga a la vez que adquiere una gran confianza propia. Por el contrario, quien hace sus deberes por obligación y de mala gana, y quien es indiferente al esfuerzo para alcanzar sus objetivos de desarrollo, no puede subir muy alto.

No olvidemos que la capacidad de percibir la Verdad y el bien que eleva nuestro grado de conciencia procede de los objetivos y metas alcanzadas en anteriores vidas ya que, con cada esfuerzo y con cada prueba superada, hemos aumentado el poder del Espíritu. La “visión interna”, como efecto del desarrollo obtenido, es la que hace (o al menos lo intenta) que no desfallezcamos y que siempre tengamos un motivo por el que luchar para que nuestra voluntad no se debilite. El aspirante espiritual debe esforzarse por la causa en sí misma, sea un sacrificio por los demás, sea por superar un defecto, etc. En este sendero no se puede andar con tibiezas ni dudas que, a la menor prueba, nos hagan caer. Si queremos servir al prójimo debemos servir porque verdaderamente queremos ayudar, y así con todo lo demás. El entusiasmo y la motivación deben estar presentes si de verdad queremos esforzarnos por progresar y ser de ayuda a la humanidad. Si elegimos un ideal (servicio, amor, compasión, etc.) y ponemos entusiasmo y empeño para desarrollarlo, podemos estar seguro de que lo conseguiremos.

Francisco Nieto

sábado, 5 de marzo de 2011

EL PECADO ORIGINAL (y III)


La separación de los sexos fue necesaria para crear la laringe (para poder hablar la palabra creadora ahora perdida) y el cerebro (para que el Espíritu pueda crear por medio del pensamiento) pero ese hecho lo aprovecharon los Luciferes para decirnos que nosotros podíamos ser como Dios y crear cuerpos y tener poder sobre el bien y el mal sin miedo a nada puesto que podíamos reemplazar los cuerpos cuando hiciera falta. Pero esa caída en la tentación de crear cuerpos a nuestro libre albedrío, no solo nos costó el conocimiento del sufrimiento y de la muerte del cuerpo (la expulsión del Paraíso o Edén) sino que impidió que tuviéramos cuerpos mucho más perfectos que los que tenemos. Desde entonces estamos transgrediendo la Ley (pecando) por medio del acto sexual impuro y con pasión y por medio del mal uso de la palabra y del pensamiento (principalmente en sentido egoísta y material) sin embargo, los Ángeles de Jehová siguen ayudándonos en nuestra vida cotidiana y después de la muerte enseñándonos de muy diversas maneras. Por eso actualmente nos encontramos dentro de un “Plan de Salvación” donde, aunque por la caída hemos tenido que conocer la muerte de nuestros cuerpos, dicha muerte nos beneficia y es necesaria porque abandonamos el cuerpo cuando ya no podemos extraer más beneficio y experiencias de él y abandonamos el lugar donde vivimos por lo mismo. Pero, por otro lado y aunque nos desviamos del Plan de Dios, dejamos de ser autómatas y nos convertimos en seres libres para poder elegir gracias a nuestra voluntad y libre albedrío. Esto retrasará el hecho de alcanzar la perfección del Espíritu pero obtendremos más poder gracias a todo ello.

Dado que dentro del Plan de Dios sobre el planeta está la intención de proyectar Su vida, Su amor, Su inteligencia creadora y Su conciencia para que, a través de los Espíritus y de millones de años, el hombre alcance la perfección y desarrolle los poderes latentes, Dios se ha valido y se vale de las Jerarquías Creadoras precedentes a nuestra humanidad para que nos faciliten lo necesario para ello. Cuando en la Época Lemúrica comenzaron los preparativos para la construcción del cerebro que se desarrollaría a partir de la Época Atlante, las Jerarquías correspondientes comenzaron a utilizar la energía mental sobre esta raza lémur. Esta influencia procedente del Mundo del Pensamiento fue creando las necesarias condiciones para que el hombre se hiciera autoconsciente y se reconociera a sí mismo, desde entonces dejó de ser un autómata y comenzó a identificarse como un "yo" frente a los acontecimientos que se producían a su alrededor. A partir de ahí comienza la historia de la humanidad como tal y cada individuo es responsable de sus acciones ante la ley kármica de Consecuencia. Es también en esa época cuando la vida material afectaba sensiblemente a la mente a la vez que las influencias espirituales de las Jerarquías superiores también la afectaban desarrollando cierta sensibilidad, obteniendo como resultado la división del corazón y de la mente, del aspecto emocional y de la facultad razonadora, es decir, se comienza a discernir. A partir del desarrollo del poder del discernimiento comenzamos la vuelta a nuestro origen utilizando la personalidad todas sus fuerzas y centrándolas en la mente, el corazón y la voluntad para elevarse a los mundos superiores y para contactar con su Yo superior.

De aquí que el futuro de la humanidad pase por superar el uso del acto sexual (mal uso de la energía creadora procedente de Dios) como placer para hacerlo solamente para la obtención de nuevos cuerpos y en forma de sacrificio (como María y José respecto a Jesús) así como para el correcto uso de la palabra creadora y el pensamiento creador. Esto, aunque no sea lo que verdaderamente significa, podemos comenzar a hacerlo ya abandonando la crítica, los malos pensamientos, etc. La “caída” en la generación de cuerpos fue necesaria porque había que construir un cerebro para evolucionar gracias a las experiencias en el mundo físico y como paso previo para obtener la Sabiduría de la Naturaleza, lo que estaba previsto que así fuera para procrear sin dolor ni conocimiento de la muerte. Pero, el poder de volver a hablar la Palabra Creadora (como ya lo hicimos en la Época Lemúrica) y la utilización del pensamiento creador como lo utilizan las Jerarquías Creadoras, lo obtendremos en un futuro aún muy lejano; pero para eso el deseo carnal y el egoísmo debe ser vencido y los órganos de la procreación atrofiados.

En la Época Lemúrica el hombre tenía un cuerpo físico, un cuerpo vital o etérico (la vida) y un cuerpo de deseos (como el animal) que fue el que nos hizo caer en la tentación de ser creadores como Dios; entonces actuábamos como animales porque no teníamos mente para razonar. Aun después de eso, el hombre ha seguido dejándose llevar por sus deseos y pasiones utilizando la energía divina creadora para mal, tanto en el sexo como en la palabra y el pensamiento, por tanto, la meta a alcanzar cuanto antes y desde que en la Época Atlante nos facilitaron la mente, es el control de esa energía creadora para utilizarla de una forma pura, inegoista y espiritual. Antes de la Época Lemúrica solo teníamos un cuerpo físico y el vital, entonces y como no teníamos cuerpo de deseos, éramos como las plantas, puros y castos y a ese estado debemos llegar pero con las facultades de la voluntad y el libre albedrío para elegir entre hacer un uso correcto de la energía creadora de Dios o no. Cuando éramos como las plantas, hermafroditas, podíamos generar cuerpos sin ayuda de otro y sin deseo ni pasión pero éramos inconscientes, fue necesario el cuerpo de deseos (necesario para el desarrollo y la evolución) que es el incentivo para actuar y experimentar en el mundo y con el cuerpo físico; pero también estaba previsto el desarrollo del pensamiento para que controlara el cuerpo de deseos y se elevara hacia el Espíritu gracias al discernimiento y a la buena voluntad.

Está demostrado que quien derrocha la energía creadora por medio del sexo afecta a su mente y se puede crear enfermedades mentales (y más aún de una vida para otra como karma) mientras que el que la mantiene dentro construye el cerebro y desarrolla la mente a la vez que no necesita la práctica del sexo. Por tanto, el futuro desarrollo del hombre pasa por utilizar toda la fuerza creadora para las creaciones mentales que ayuden a evolucionar en sentido moral, intelectual y espiritual; eso es “superar el pecado original”. Cuando llegue ese momento, la humanidad volverá a tener la conciencia interna y de los mundos espirituales y podrá crear, como estaba previsto, cuerpos y formas como Dios y desde un estado de conciencia espiritual libre de pasiones. Mantener la energía creadora dentro, junto al uso correcto y puro del libre albedrío y de la voluntad, desarrollará los dos órganos creadores necesarios para hacernos creadores conscientes de nosotros mismos y de nuestras obras. Cuando el hombre aprenda a guardar y a dirigir la energía creadora hacia arriba por medio de la medula espinal volverá a ser bipolar como en el pasado, entonces usará los dos hemisferios del cerebro y encontrará al sexo opuesto dentro de él mismo, será, en ese futuro aún lejano, cuando estará capacitado para crear sus propios cuerpos cuando los necesite.

¿Podemos decir que el Pecado Original fue causado por la ignorancia y que aún permanecemos en él por falta de conocimiento? Sí, puesto que el conocimiento del bien aplicado nos hará libres lo mismo que el conocimiento (a través del renacimiento y el karma) hasta ahora conseguido nos hizo superar el estado animal y alcanzar el grado moral, intelectual y espiritual conseguido. Es más, cuando uno se esfuerza y se sacrifica por obtener conocimiento y aplicarlo y cuando vive en el altruismo, la fraternidad, la compasión y el amor al prójimo, está eliminando barreras para integrarse en la naturaleza espiritual de su Alma o Yo superior. Así es que, el Pecado Original, la etapa de ignorancia que tanto sufrimiento nos ha traído desde que comenzamos como humanos hasta ahora, es una etapa necesaria para conocernos a nosotros mismos y así corregir nuestra línea de evolución hacia la perfección de Dios.

Pero todavía nos quedan muchas virtudes por desarrollar y muchos defectos por vencer. Hoy no tenemos pruebas tan difíciles que superar como en el pasado, los problemas que se nos presentan y las dificultades o karmas del pasado por superar son mucho menos graves, y todo por falta de discernimiento y de buena voluntad al elegir entre el bien y el mal. El ser humano evoluciona de las propias experiencias y de las de los demás pero para acelerar este proceso debe practicar el discernimiento, la observación, la concentración y la meditación. La liberación del pecado e integración en Dios solo se consigue desarrollando el bien en nosotros y ese bien se alcanza solamente imitando la vida de Cristo. Cuando el hombre se va formando a imagen y semejanza de Dios encuentra la vida eterna en los mundos espirituales, donde reina el bien y el amor a Dios. En cada vida podemos librarnos un poco más o mucho del pecado original dependiendo del esfuerzo que hagamos por desarrollar nuevas virtudes espirituales y por aborrecer nuestros defectos del pasado los que, mientras no se superen, renacerán de nuevo con nosotros. El hombre tiene un origen divino y no de maldad, por tanto, tenemos la obligación de esforzarnos por encontrar esa divinidad en nuestro interior, y eso no se consigue si no es practicando el bien y buscando la Verdad.

Aceptando que tenemos un origen divino, que tenemos a Dios en nosotros, y que nuestros errores fueron causa de la ignorancia del pasado, tenemos suficientes razones como para actuar correctamente y para no preocuparnos por el futuro ni malgastar energías en remordimientos por el pasado. Somos una semilla de Dios que en cada vida se desarrolla un poco más, y a partir de ahora y gracias al conocimiento adquirido, estamos capacitados para tomar la determinación de buscar el Poder Divino en nosotros y aplicarlo a nuestra vida cotidiana y a las personas que nos rodean.

Francisco Nieto