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sábado, 5 de marzo de 2011

EL PECADO ORIGINAL (y III)


La separación de los sexos fue necesaria para crear la laringe (para poder hablar la palabra creadora ahora perdida) y el cerebro (para que el Espíritu pueda crear por medio del pensamiento) pero ese hecho lo aprovecharon los Luciferes para decirnos que nosotros podíamos ser como Dios y crear cuerpos y tener poder sobre el bien y el mal sin miedo a nada puesto que podíamos reemplazar los cuerpos cuando hiciera falta. Pero esa caída en la tentación de crear cuerpos a nuestro libre albedrío, no solo nos costó el conocimiento del sufrimiento y de la muerte del cuerpo (la expulsión del Paraíso o Edén) sino que impidió que tuviéramos cuerpos mucho más perfectos que los que tenemos. Desde entonces estamos transgrediendo la Ley (pecando) por medio del acto sexual impuro y con pasión y por medio del mal uso de la palabra y del pensamiento (principalmente en sentido egoísta y material) sin embargo, los Ángeles de Jehová siguen ayudándonos en nuestra vida cotidiana y después de la muerte enseñándonos de muy diversas maneras. Por eso actualmente nos encontramos dentro de un “Plan de Salvación” donde, aunque por la caída hemos tenido que conocer la muerte de nuestros cuerpos, dicha muerte nos beneficia y es necesaria porque abandonamos el cuerpo cuando ya no podemos extraer más beneficio y experiencias de él y abandonamos el lugar donde vivimos por lo mismo. Pero, por otro lado y aunque nos desviamos del Plan de Dios, dejamos de ser autómatas y nos convertimos en seres libres para poder elegir gracias a nuestra voluntad y libre albedrío. Esto retrasará el hecho de alcanzar la perfección del Espíritu pero obtendremos más poder gracias a todo ello.

Dado que dentro del Plan de Dios sobre el planeta está la intención de proyectar Su vida, Su amor, Su inteligencia creadora y Su conciencia para que, a través de los Espíritus y de millones de años, el hombre alcance la perfección y desarrolle los poderes latentes, Dios se ha valido y se vale de las Jerarquías Creadoras precedentes a nuestra humanidad para que nos faciliten lo necesario para ello. Cuando en la Época Lemúrica comenzaron los preparativos para la construcción del cerebro que se desarrollaría a partir de la Época Atlante, las Jerarquías correspondientes comenzaron a utilizar la energía mental sobre esta raza lémur. Esta influencia procedente del Mundo del Pensamiento fue creando las necesarias condiciones para que el hombre se hiciera autoconsciente y se reconociera a sí mismo, desde entonces dejó de ser un autómata y comenzó a identificarse como un "yo" frente a los acontecimientos que se producían a su alrededor. A partir de ahí comienza la historia de la humanidad como tal y cada individuo es responsable de sus acciones ante la ley kármica de Consecuencia. Es también en esa época cuando la vida material afectaba sensiblemente a la mente a la vez que las influencias espirituales de las Jerarquías superiores también la afectaban desarrollando cierta sensibilidad, obteniendo como resultado la división del corazón y de la mente, del aspecto emocional y de la facultad razonadora, es decir, se comienza a discernir. A partir del desarrollo del poder del discernimiento comenzamos la vuelta a nuestro origen utilizando la personalidad todas sus fuerzas y centrándolas en la mente, el corazón y la voluntad para elevarse a los mundos superiores y para contactar con su Yo superior.

De aquí que el futuro de la humanidad pase por superar el uso del acto sexual (mal uso de la energía creadora procedente de Dios) como placer para hacerlo solamente para la obtención de nuevos cuerpos y en forma de sacrificio (como María y José respecto a Jesús) así como para el correcto uso de la palabra creadora y el pensamiento creador. Esto, aunque no sea lo que verdaderamente significa, podemos comenzar a hacerlo ya abandonando la crítica, los malos pensamientos, etc. La “caída” en la generación de cuerpos fue necesaria porque había que construir un cerebro para evolucionar gracias a las experiencias en el mundo físico y como paso previo para obtener la Sabiduría de la Naturaleza, lo que estaba previsto que así fuera para procrear sin dolor ni conocimiento de la muerte. Pero, el poder de volver a hablar la Palabra Creadora (como ya lo hicimos en la Época Lemúrica) y la utilización del pensamiento creador como lo utilizan las Jerarquías Creadoras, lo obtendremos en un futuro aún muy lejano; pero para eso el deseo carnal y el egoísmo debe ser vencido y los órganos de la procreación atrofiados.

En la Época Lemúrica el hombre tenía un cuerpo físico, un cuerpo vital o etérico (la vida) y un cuerpo de deseos (como el animal) que fue el que nos hizo caer en la tentación de ser creadores como Dios; entonces actuábamos como animales porque no teníamos mente para razonar. Aun después de eso, el hombre ha seguido dejándose llevar por sus deseos y pasiones utilizando la energía divina creadora para mal, tanto en el sexo como en la palabra y el pensamiento, por tanto, la meta a alcanzar cuanto antes y desde que en la Época Atlante nos facilitaron la mente, es el control de esa energía creadora para utilizarla de una forma pura, inegoista y espiritual. Antes de la Época Lemúrica solo teníamos un cuerpo físico y el vital, entonces y como no teníamos cuerpo de deseos, éramos como las plantas, puros y castos y a ese estado debemos llegar pero con las facultades de la voluntad y el libre albedrío para elegir entre hacer un uso correcto de la energía creadora de Dios o no. Cuando éramos como las plantas, hermafroditas, podíamos generar cuerpos sin ayuda de otro y sin deseo ni pasión pero éramos inconscientes, fue necesario el cuerpo de deseos (necesario para el desarrollo y la evolución) que es el incentivo para actuar y experimentar en el mundo y con el cuerpo físico; pero también estaba previsto el desarrollo del pensamiento para que controlara el cuerpo de deseos y se elevara hacia el Espíritu gracias al discernimiento y a la buena voluntad.

Está demostrado que quien derrocha la energía creadora por medio del sexo afecta a su mente y se puede crear enfermedades mentales (y más aún de una vida para otra como karma) mientras que el que la mantiene dentro construye el cerebro y desarrolla la mente a la vez que no necesita la práctica del sexo. Por tanto, el futuro desarrollo del hombre pasa por utilizar toda la fuerza creadora para las creaciones mentales que ayuden a evolucionar en sentido moral, intelectual y espiritual; eso es “superar el pecado original”. Cuando llegue ese momento, la humanidad volverá a tener la conciencia interna y de los mundos espirituales y podrá crear, como estaba previsto, cuerpos y formas como Dios y desde un estado de conciencia espiritual libre de pasiones. Mantener la energía creadora dentro, junto al uso correcto y puro del libre albedrío y de la voluntad, desarrollará los dos órganos creadores necesarios para hacernos creadores conscientes de nosotros mismos y de nuestras obras. Cuando el hombre aprenda a guardar y a dirigir la energía creadora hacia arriba por medio de la medula espinal volverá a ser bipolar como en el pasado, entonces usará los dos hemisferios del cerebro y encontrará al sexo opuesto dentro de él mismo, será, en ese futuro aún lejano, cuando estará capacitado para crear sus propios cuerpos cuando los necesite.

¿Podemos decir que el Pecado Original fue causado por la ignorancia y que aún permanecemos en él por falta de conocimiento? Sí, puesto que el conocimiento del bien aplicado nos hará libres lo mismo que el conocimiento (a través del renacimiento y el karma) hasta ahora conseguido nos hizo superar el estado animal y alcanzar el grado moral, intelectual y espiritual conseguido. Es más, cuando uno se esfuerza y se sacrifica por obtener conocimiento y aplicarlo y cuando vive en el altruismo, la fraternidad, la compasión y el amor al prójimo, está eliminando barreras para integrarse en la naturaleza espiritual de su Alma o Yo superior. Así es que, el Pecado Original, la etapa de ignorancia que tanto sufrimiento nos ha traído desde que comenzamos como humanos hasta ahora, es una etapa necesaria para conocernos a nosotros mismos y así corregir nuestra línea de evolución hacia la perfección de Dios.

Pero todavía nos quedan muchas virtudes por desarrollar y muchos defectos por vencer. Hoy no tenemos pruebas tan difíciles que superar como en el pasado, los problemas que se nos presentan y las dificultades o karmas del pasado por superar son mucho menos graves, y todo por falta de discernimiento y de buena voluntad al elegir entre el bien y el mal. El ser humano evoluciona de las propias experiencias y de las de los demás pero para acelerar este proceso debe practicar el discernimiento, la observación, la concentración y la meditación. La liberación del pecado e integración en Dios solo se consigue desarrollando el bien en nosotros y ese bien se alcanza solamente imitando la vida de Cristo. Cuando el hombre se va formando a imagen y semejanza de Dios encuentra la vida eterna en los mundos espirituales, donde reina el bien y el amor a Dios. En cada vida podemos librarnos un poco más o mucho del pecado original dependiendo del esfuerzo que hagamos por desarrollar nuevas virtudes espirituales y por aborrecer nuestros defectos del pasado los que, mientras no se superen, renacerán de nuevo con nosotros. El hombre tiene un origen divino y no de maldad, por tanto, tenemos la obligación de esforzarnos por encontrar esa divinidad en nuestro interior, y eso no se consigue si no es practicando el bien y buscando la Verdad.

Aceptando que tenemos un origen divino, que tenemos a Dios en nosotros, y que nuestros errores fueron causa de la ignorancia del pasado, tenemos suficientes razones como para actuar correctamente y para no preocuparnos por el futuro ni malgastar energías en remordimientos por el pasado. Somos una semilla de Dios que en cada vida se desarrolla un poco más, y a partir de ahora y gracias al conocimiento adquirido, estamos capacitados para tomar la determinación de buscar el Poder Divino en nosotros y aplicarlo a nuestra vida cotidiana y a las personas que nos rodean.

Francisco Nieto

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