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sábado, 25 de junio de 2011

EL ORIGEN DEL UNIVERSO (y III)

Como sabemos, cuando hablamos de los Planos Cósmicos así como de todo lo que está fuera de nuestro esquema y sistema solar, tenemos que basarnos en las “suposiciones” que Seres como los Hermanos Mayores u otros miembros de la Fraternidad Universal han hecho, y en el axioma hermético “Como es arriba es abajo”. Esto es lógico porque no hay medios de averiguar lo que ocurre en el resto de los Planos Cósmicos, pero sí existe la razón, la lógica y el discernimiento. Podríamos suponer que nuestro Dios obra desde el Plano Mental Cósmico (como nuestro Ego desde las regiones superiores del Mundo del Pensamiento) que su verdadera procedencia es el Segundo Plano Cósmico (que es como el Mundo de los Espíritus Virginales nuestro) pero que se expresa a través de la energía de Sirio, la cual se manifiesta en el Sol invisible o Sol espiritual.
Siguiendo con la misma suposición diremos que su encarnación física es el Sol físico, cuya constitución es similar al átomo. Dios se relaciona subconscientemente con el Cosmos y conscientemente con su creación, o sea, lo mismo que nosotros tenemos una conciencia interna que llamamos Ego o Yo Superior, y tenemos otra temporal que se relaciona con el cuerpo y el mundo físico. Dios recibe el fruto de su manifestación (sistema solar y mundos con sus oleadas de Espíritus y Jerarquías) como medio de evolución como nosotros evolucionamos gracias al fruto de la personalidad física. Por eso podríamos decir que:

Primero: Que Dios mismo representa la Chispa Divina o Espíritu Virginal respecto a nosotros.
Segundo: Que su trabajo sobre el Sistema Solar representa al Ego el cual recoge el fruto de las experiencias de sus encarnaciones.
Tercero: Que las Oleadas de Espíritus que Él diferencia en Sí Mismo representan a nuestra personalidad a través de la cual adquiere experiencia el Ego.

De modo que nuestro Dios evoluciona gracias a las Oleadas de Vida (de Espíritus) que Él crea y a las Jerarquías Creadoras que colaboran con Él y que ya fueron creadas en otras manifestaciones anteriores suyas. Cuando su creación llega a su fin, ésta responde como un conjunto auto-consciente que toma conciencia objetiva de Dios y así queda establecida una conciencia recíproca entre Dios y los Espíritus diferenciados por Él, (sus hijos) con la única diferencia de que Dios tiene un origen o trasfondo superior o cósmico y el resto tiene un origen o trasfondo inferior o físico.
La creación de nuestro Dios se basa en la Substancia Raíz Cósmica del Séptimo Plano Cósmico que otras Jerarquías han elaborado para que se pueda hacer este tipo de creaciones según la evolución y conciencia del Dios creador, ya que en este Plano Cósmico hay infinidad de Dioses de diferente evolución que con sus creaciones engrandecen el Universo manifestado.
Podríamos pensar que lo mismo que nosotros manifestamos nuestra “Epigénesis” desde el Mundo del Pensamiento para después hacer nuestras creaciones físicas, lo mismo hace Dios desde el Plano Mental Cósmico donde está delineado el Plan concebido por el Ser Supremo incluyendo nuestro sistema solar.
Una vez elegido el sitio apropiado para su creación en el séptimo Plano Cósmico del Ser Supremo, Dios compenetra su Substancia Raíz Cósmica con su aura y conciencia (su vida) para despertar las cualidades (poderes dinámicos de cada átomo) Así podemos comprender que la Substancia Raíz Cósmica es el polo negativo del Espíritu Universal mientras que nuestro creador actúa como el polo positivo para que el espacio pueda ser “cristalizado” con el fin, en nuestro caso, de que haya un sistema solar. De esta forma, Él se aísla a Sí Mismo en determinado lugar del espacio donde manifiesta un esquema de siete mundos y sus sub-mundos para continuar su evolución y aumentar su conciencia.
La elección del campo de operaciones y de sus cualidades depende siempre del desarrollo evolutivo de Dios (como ocurre con el material que atraemos para la formación de nuestros cuerpos a la hora de renacer) La vibración relacionada con el grado de evolución no sólo atrae el material necesario, sino que también será el motivo para que otros seres ajenos a su creación colaboren con Él (por ejemplo y entre otros: los espíritus de la naturaleza y los Ángeles que colaboran en la formación del planeta Tierra) Es decir, en un mismo espacio pueden colaborar varios Dioses para que sus oleadas de vida evolucionen (lo mismo que en nuestra creación del cuerpo físico hay células, moléculas, etc.)
El objetivo de Dios es infundir “Vida” en la “materia” y por eso diferencia los mundos, para que esa “Vida” pueda evolucionar en un grado máximo a la vez que va adquiriendo conciencia de sí misma (según la forma) y de su Creador. Pero para ello también se vale de otras Jerarquías de gran desarrollo espiritual que son fruto de otras manifestaciones anteriores, estas Jerarquías colaboran incluso con otras oleadas inferiores a la nuestra que se están sirviendo del planeta Tierra para obtener su conciencia individual y humana.
Normalmente se dice que un sistema solar tiene su origen en una nebulosa de partículas incandescentes, eso es, en cierto modo cierto, pero la actividad de Dios y de las Jerarquías Creadoras comienza mucho antes de que eso ocurra. La primera manifestación es el calor, y ese calor es fruto de la actividad de la oleada de vida en ese campo de acción elegido por Dios para su manifestación; si hay calor tiene que haber algo que lo produzca, es decir, Vida. A continuación, y como fruto del calor surge la luz que bien podemos llamar “nebulosa incandescente”. Después se incluye la humedad, gracias al frío del espacio, para después formarse las primeras incrustaciones físicas. Y es en ese proceso como se va enfriando la materia de los polos de la nebulosa para separarse de la misma en forma similar a un anillo por medio de la fuerza centrífuga. Esta masa o fragmento circunda la nebulosa central como los planetas actuales, que es a lo que se llega a convertir según se va cristalizando y formando el sistema solar. En cada fragmento separado también se crea un vórtice de fuerzas, sobre las que actuarán las Jerarquías en su labor de hacer que cierto tipo de Espíritus evolucionen en esa clase de materia compenetrada por determinados mundos.
Así, y según las necesidades de los Espíritus evolucionantes, se fueron separando fragmentos de la nebulosa para luego cristalizarse y convertirse en planetas; lo que se repite respecto a los satélites de los planetas. No hay que olvidar que cada planeta tiene su espíritu, y que lo mismo que ese espíritu obtendrá nuevos y mayores medios de manifestación y evolución gracias a la oleada de vida que habita en él, así mismo la materia, que también evoluciona, también servirá para mayores obras.
Cuando Dios comienza su obra en el espacio elegido, actúa sobre la materia para crear los primeros planos donde se diferencian los Espíritus Virginales para así comenzar su descenso hacia los otros mundos más densos que se irán formando según sus necesidades. Pero estarán los seres correspondientes según su desarrollo, que a su vez, ayudan a evolucionar a los que son inferiores a ellos. Así se van formando los mundos de diferente vibración y densidad de “materia” hasta copiar “supuestamente” el esquema del Ser Supremo. De esta forma nosotros llegaremos a ser dioses creadores y alcanzaremos el nivel de nuestro Creador, a la vez que Él asciende a niveles superiores en los Mundos Cósmicos.
Es de suponer que con Dios y por debajo de Él haya, al menos: 7 Espíritus ante el Trono (Jerarquías Creadoras) que tienen una relación interna con los regentes de cada Mundo según su Aspecto o Rayo como así mismo la tienen los regentes de cada subdivisión de ese mundo con el regente del mismo; 7 Regentes de cada planeta del sistema solar que tienen relación íntima con los regentes de los mundos que compenetran cada planeta; 12 Jerarquías (incluyendo la nuestra) colaboradoras en la formación y consolidación del esquema terrestre y del sistema solar; y otras oleadas de vida inferiores a la nuestra que, siendo ayudadas por las Jerarquías Superiores y por nosotros, colaboran y evolucionan en este mismo esquema de mundos.
Concluyendo, diré que el Sol no pudo convertirse en lo que es hasta que no expulsó a todos los planetas de lo que hoy llamamos sistema solar. En realidad y aunque parezca lo contrario, el Sol físico no es el “Padre” de los planetas, es decir tanto el Sol físico como los planetas proceden del Sol Central espiritual. Dicho de otra forma, el Sol físico es el reflejo del Sol espiritual (como nuestro cuerpo físico es el reflejo del Espíritu) donde actúa la voluntad de Dios, por eso se dice que el Sol verdadero es tan invisible como el verdadero ser humano.
Los planetas Neptuno y Plutón, así como los que quedan por descubrir y que supuestamente pertenecen a nuestro sistema solar, no pertenecen al mismo, estos son manifestaciones de esquemas de otros Dioses. Sin embargo y aunque poco, sí influyen en la humanidad como influyen otras Jerarquías relacionadas con el Zodíaco y por tanto ajenas a nuestro sistema solar.

Francisco Nieto

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