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lunes, 18 de julio de 2011

EL TRABAJO DEL ASPIRANTE ESPIRITUAL

Los que pertenecemos o simpatizamos con una escuela de ocultismo que facilita el conocimiento necesario como para progresar espiritualmente mucho más que cualquier otra persona, llegamos a intuir que (en la mayoría de los casos) no es la primera vez que conectamos con la filosofía oculta y con ciertas verdades que despiertan en nosotros el interés por el desarrollo interno. La evolución sigue un camino en espiral y por eso en esta vida pasaremos (continuaremos nuestro desarrollo) por experiencias similares a las de otras vidas pero en un nivel superior, bien sea pera ponernos a prueba o para ver cómo respondemos a lo acordado antes de renacer. Así es que, como no nos acordamos del progreso y de las experiencias de las vidas pasadas, ni tampoco de los compromisos acordados para ésta, muchos de nosotros nos preguntamos en algún momento ¿Qué pudo hacer para satisfacer esta necesidad e inquietud por el desarrollo espiritual?

Las respuestas pueden ser muchas y, en principio, son fáciles de llevar a cabo, sin embargo, otra cosa es la práctica y la persistencia en “trabajar” para el Yo superior durante las 24 horas del día. Cuando uno comienza o retoma el Sendero de Purificación en determinada vida, todo parece ser fácil, se consiguen quitar los vicios que más dominan en muy poco tiempo pero tampoco tardan mucho en flaquear las fuerzas ante los malos hábitos más arraigados y ante las tentaciones que la misma vida nos pone. El tabaco, el alcohol, la carne, la crítica e incluso la actitud descontrolada en las relaciones sexuales son fáciles de dominar al principio por el mismo coraje y el deseo de superación que tenemos, pero llega un momento en que los mismos fracasos nos hacen comprender que hay que ir despacio pero sin pausa y utilizando principalmente el discernimiento. Por tanto, podríamos decir que hay una fase de contacto con las enseñanzas ocultas y como consecuencia un comienzo lleno de ilusiones por hacernos santos cuanto antes, y otra fase donde comprendemos que el desarrollo espiritual se obtiene trabajando a diario, o sea, haciendo una serie de oraciones y ejercicios, estando atentos a nuestras actitudes para no hacer mal, e intentado llevar a la práctica algunos de los conocimientos que obtenemos y que algo nos dice que nos son familiares.

En mi opinión, la mayoría de los estudiantes de ocultismo se encuentra, o nos encontramos, en esa fase, sobre todo porque, aunque procuramos tener la mente en cosas positivas y espirituales, no llevamos a la práctica las verdaderas enseñanzas. Todos sabemos que el conocimiento sin la práctica no sirve de nada, como sabemos que deberíamos dejar de interesarnos por las cosas del mundo e incluso por los Maestros y otros maestrillos que, dentro de su buena intención, guían a ciegos siendo ellos ciegos. Vivir la vida espiritual es practicar en pensamientos, palabras, deseos, sentimientos y obras lo que en nuestra conciencia comprendemos que debemos trabajar para acercarnos a Dios. Todo verdadero ocultista sabe que “el servicio amoroso y altruista a todo ser viviente es el camino más corto, más seguro y más gozoso para llegar a Dios” pero sin su práctica de nada sirve ¿De qué sirve, incluso, servir una vez al día cuando se rechaza hacerlo otras muchas veces a diario? En la Biblia podemos leer que el amor (el verdadero Amor divino) es paciente y amable, que no es egoísta, que no es mal pensado, que no simpatiza con la injusticia e incluso que nunca se acaba pero ¿lo tenemos presente en nuestras relaciones con los demás y ante las circunstancias que nos surgen a diario?

Esta sería la fase verdaderamente importante y seria que demuestra la madurez de cada aspirante espiritual, y es que hay que vivir en este mundo sin pertenecer a él. Nuestra consciencia de vigilia está en este mundo físico pero nosotros debemos actuar interiorizándola y uniéndola a la conciencia para discernir y meditar todo lo que hacemos y lo que somos. Los ejercicios espirituales de algunas escuelas como la Fraternidad Rosacruz y las enseñanzas o verdades (que normalmente encontramos en estas escuelas) llevadas a la práctica con responsabilidad y como un deber sagrado, nos ayudan en el desarrollo interno porque “dan luz” a las actividades externas y nos conectan con los mundos espirituales y con Dios. Si no hay un trabajo interno, es decir, si no interiorizamos la consciencia (tenerla en nuestros ideales más elevados) en realidad no habrá trabajo y lo que intentemos hacer se hará pesado y molesto. Por este motivo es por lo que, primero, debemos analizarnos y conocernos (cómo y qué pensamos, hablamos, deseamos, sentimos y hacemos) y, segundo, debemos observar cómo utilizamos o desperdiciamos el tiempo y la vida.

En un estudiante serio de ocultismo, (como podría ser un probacionista de la Fraternidad Rosacruz que cumple sus deberes correctamente) ya debería sobrar en su vida el interés por la política, por perder el tiempo viendo la televisión, por buscar riqueza o popularidad, o por ir a divertirse como lo suelen hacer el común de la humanidad, entre otras cosas. Quien vea esto absurdo o no lo quiera entender es porque no ha llegado a esa fase donde la conciencia, en los ejemplos puestos, lo hace saber claramente. Estas mismas personas pueden utilizar el discernimiento y la meditación respecto a lo que hacen en su vida cotidiana y así comprenderán lo que está fuera de lugar para la búsqueda espiritual y lo que lleva a la realidad interna.

¿Por qué luchamos y nos esforzamos en nuestra vida cotidiana? Si nos preguntásemos esto cada noche después de revisar todo lo que hemos hecho y cómo nos hemos comportado durante el día, comprenderíamos que nuestra consciencia, deseos y voluntad están enfocados en lo material y en lo personal y no en las cosas del Espíritu. Está escrito que “aunque yo diese todos mis bienes a los pobres y aunque me dejase quemar vivo, si no tengo amor de nada me serviría,” si esto es así ¿Qué ocurre cuando atendemos a nuestra consciencia ordinaria y no escuchamos ni centramos la voluntad y la atención en nuestra conciencia? Nuestro servicio y nuestra ayuda a los demás sin amor y sin haber puesto nuestra conciencia en ello, puede tener algo de positivo para la otra persona, pero no para nosotros en sentido espiritual.

En sentido general, la humanidad y nosotros mismos (como estudiantes de la Verdad y aspirantes espirituales) en nuestras primeras fases hemos estado construyendo una casa sobre la arena y por eso nos ha servido de poco; dicho de otra forma, desarrollaremos el Espíritu siempre y cuando tengamos el corazón y la conciencia en los asuntos de Dios y, a su vez, apliquemos éstos a los asuntos personales de nuestra vida cotidiana. Uno de nuestros problemas es que anhelamos más metas e ideales materiales que espirituales, que nuestros deseos están más centrados en los asuntos personales que en los espirituales, y que todavía nos dejamos engañar por lo ficticio en vez de buscar la realidad. Si enfocamos la vida de este modo nos costará mucho vivir en la conciencia de nuestro Yo superior y nunca venceremos el engaño de los sentidos ¿a qué me refiero con esto? A que los enemigos a vencer son la ignorancia y los deseos y sentimientos más bajos del cuerpo de deseos, lo que significa que necesitamos fortalecer y desarrollar la mente para discernir y meditar y así obtener la sabiduría que nos facilitará el éxito. Si sabemos meditar y discernir obtenemos sabiduría y ésta nos facilita la intuición que nos pone en contacto con la Verdad o Realidad, lo que, a su vez, fortalecerá y hará más clara la voluntad y la voz de nuestro Yo superior. Sin embargo, todo esto dependerá siempre del grado en que tengamos atada y controlada la mente.

Si nos observamos, conscientemente, sólo durante unos minutos, nos daremos cuenta de que la mente suele estar pensando en mil cosas o que está tarareando una canción que acabamos de escuchar o incluso planificando algo que nos pueda interesar desde el punto de vista egoísta y personal, por no decir planeando cómo conseguir o hacer otras cosas que perjudican y entorpecen nuestros deseos de desarrollo espiritual. Por consiguiente, si tuviéramos la atención y la consciencia puestas en todo lo que hacemos y manifestamos, tendríamos controlada a la mente y, por consiguiente, la pondríamos y utilizaríamos en los asuntos relacionados con nuestros anhelos espirituales a la vez que analizaríamos con discernimiento todo lo que hablamos, sentimos, deseamos y hacemos. Esto, aunque parezca muy difícil no lo es tanto, los primeros grados de este autocontrol no son difíciles de conseguir y demuestran que esta práctica es una de los más útiles para el aspirante espiritual que ha superado las primeras fases mencionadas.

Es importante tener la mente concentrada y observarnos a nosotros mismos (nuestras actitudes y expresiones) con la conciencia y la atención, de tal manera que nuestros diferentes cuerpos (físico, etérico, de deseos y mental) sólo expresen el aspecto interno de nosotros y de todo lo que nos rodea porque de otra forma se debilitarán todas estas herramientas que estamos desarrollando y volveremos al egoísmo personal y material. No es lo mismo, por ejemplo, decir que al filosofía rosacruz o la teosófica es buena y útil, que llevarla a la práctica y obtener resultados gracias al desarrollo de los principios que estamos mencionando; no es lo mismo saber y afirmar que el cuerpo físico es necesario para la expresión y evolución del Yo superior y que, por tanto, hay que cuidarle, que, aún sabiéndolo, consumir cosas que le perjudican y no cuidarle en todos sentidos; no es lo mismo decir que nos esforzamos por elevar nuestra conciencia y desarrollar el Espíritu, que dedicar solo unos minutos a orar y el resto del día a perjudicar en pensamiento, palabra y obra; y tampoco es lo mismo escribir libros y artículos como éste dando buenos consejos y enseñando técnicas, si luego no nos esforzamos por superar nuestras debilidades y por hacer algún tipo de servicio a los demás.

Está claro que asimilamos como “verdaderamente nuestro” lo que hacemos y expresamos con conciencia, lo adquirido y experimentado, el conocimiento llevado a la práctica, etc., pero no el resultado de leer un libro o escuchar a un maestro o buen orador. Esto último puede sonar muy bonito e interesante cuando se leen y se escuchan palabras llenas de belleza, amor y espiritualidad, pero si después no se lleva a la práctica  (si no se hace nuestro) se evaporará y no habremos obtenido beneficio alguno. Este artículo puede dar ideas que pueden ser un alimento para el Yo superior (como yo tomé otras de otros sitios) pero si esas ideas no pasan por el discernimiento o la experiencia y si no son trabajadas a la luz de la conciencia, no se pueden convertir en una Verdad para nosotros.

Francisco Nieto

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