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lunes, 22 de agosto de 2011

CUANDO NOS SEDUCE EL ALMA (Y II)

Es necesario erradicar los malos hábitos de pensar mal y de tener malos deseos y sentimientos para eliminarlos de nuestra memoria, y eso no puede ocurrir hasta que dejemos de alimentar esas imágenes guardadas fruto de las experiencias del pasado. Por ejemplo: Podemos enfadarnos por el hecho de ver o recordar algo que hizo una persona determinada. Está claro que lo que debemos hacer es cambiar esas imágenes por otras donde veamos algo positivo o donde evitemos juzgarle, y aquí entre en juego la regla de “Si queremos cambiar a una persona debemos cambiar la manera de verla en nosotros mismos”. Es decir, si en vez de recordar el mal que una persona hace recordamos que es nuestro hermano, (que está evolucionado como nosotros) que tiene otras virtudes, que en un error puede caer cualquier, que hay que perdonar, etc., y guardamos esas imágenes para repetirlas con un toque de amor y fraternidad cada vez que la veamos o que nos acordemos de ella, estaremos cambiando a esa persona dentro de nosotros y a partir de ahí no crearemos ningún mal sentimiento, deseo o pensamiento sobre ella.

Pero si queremos ir un poco más allá y hacer una limpieza a fondo en la mente, no nos tenemos que conformar con “olvidar” ciertas prácticas e imágenes mentales (de pensamientos, sentimientos, deseo, palabras y obras) y no pensar en lo que nos perjudica a nuestro desarrollo interno, sino que deberíamos estar atentos constantemente en lo que hacen nuestros diferentes cuerpos para actuar siempre en conciencia y así dar paso al verdadero Yo superior.

La idea es “prevenir” y “cambiar” las imágenes mentales que tenemos y que creamos, a la vez que nuestra atención se centra en que el cuerpo de deseos no intente estimularnos en sentido contrario. Prevenir es enfocar voluntaria y conscientemente la mente en todo lo positivo que podamos observar de la persona o de los hechos. Hay que tener claro que todo lo negativo en que hasta ahora nos hemos fijado o hemos rememorado son hechos impermanentes en nosotros que no nos pueden traer felicidad alguna ni ayuda espiritual; esas imágenes nos traen apego a lo que es contrario al desarrollo del Espíritu y a nuestra relación con Dios. Si es algo que nos causa aversión y rechazo por parte de nuestra conciencia, debemos pensar en algo que nos cause felicidad, amabilidad, amor, compasión, servicio desinteresado, etc. Por ejemplo, la persona que se quiere quitar de fumar, debe pensar en el mal que hace el tabaco a su cuerpo y, por tanto, debe cambiar sus pensamientos (pensamientos de poder conseguirlo, de confianza propia, de la salud que ganará y de que eso no puede ser parte de él puesto que él es parte de Dios donde no cabe ningún mal hábito que domine a las personas) Esto purifica la mente y ésta dominará el deseo de fumar como ocurriría en el caso del odio y la maldad en cualquier sentido contra alguien.

Purificar la mente también es meditar sobre nosotros mismos, hacer una introspección para analizar nuestros deseos, sentimientos, pensamientos y palabras a lo largo del día; así podremos cambiar esas imágenes mentales porque, cuando la mente es impura estamos intoxicando nuestros diferentes cuerpos. Entonces nos sentimos incómodos físicamente, no dormimos bien, la conciencia nos martiriza, nos enfadamos con nosotros mismos porque no controlamos los malos sentimientos y pensamientos, y así sucesivamente hasta que encontramos la paz y la armonía del Espíritu, el cual nos hace ver más claro para comprender que un cuerpo de deseo descontrolado y una falta de voluntad para discernir nos puede llevar al odio, al resentimiento, al desamor y a otros aspectos contrarios a nuestro propio desarrollo espiritual.

Es necesario, para los que buscamos el progreso espiritual, observar cómo y en qué piensa nuestra mente, y cuando digo esto me estoy refiriendo al pasado, presente y futuro: 1º.- Hechos del pasado guardados como imágenes negativas (donde hay odio, rencor, ánimo de venganza, injurias, etc.) pueden despertar de vez en cuando esos mismos sentimientos y pensamientos y llevarnos a la acción o, al menos, al recrear mentalmente esos mismos hechos; 2º.- Hechos del presente, como ya hemos explicado, por las mismas razones; 3º.- Respecto al futuro, previniendo esas malas actitudes por medio de meditaciones, auto programaciones, y el mantenimiento y práctica de los más elevados ideales espirituales. Así es que debemos enfocar la mente en lo interno para ver cómo reaccionamos ante los demás y ante las circunstancias; dándonos cuenta de nuestra reacción y actitud ante todo esto podemos cambiar y transformar la manera de responder, de nuestros cuerpos. De esta manera fortalecemos la voluntad y tenemos autocontrol para purificarnos en todos los sentidos, lo que nos trae felicidad interna, relajación y paz mental.

Con esta práctica nos abrimos a la influencia del Yo superior, nos identificamos con él y comenzamos a comprender la realidad. Es imprescindible estudiar el comportamiento de la mente para ver cómo y porqué nos trae ansiedad, problemas, disgustos, remordimientos, etc., sea consciente o inconscientemente. Todo eso nos debe llevar a una conducta social donde podamos mostrar nuestros mejores sentimientos y deseos y no al egoísmo, al materialismo ni al disfrute de los placeres. Es necesario cultivar pensamientos que estén en armonía con el Espíritu y con Dios mismo a la vez que eliminamos (por falta de su práctica) los desarmónicos y malévolos; así se obtiene el verdadero conocimiento y la sabiduría que nos hará ser un ejemplo de rectitud ante los demás.

El aspirante espiritual sincero así como los estudiantes de alguna escuela de ocultismo sería y verdadera, debemos purificar nuestra mente haciendo que no sea egoísta, personal ni débil ante las influencias negativas del cuerpo de deseos ni del medio ambiente en que nos movemos. Por el contrario, debemos tener más presente al prójimo que a nosotros mismos, deberíamos mirar al prójimo con amor y fraternidad, y atar a la mente tan firmemente que no se distraiga con hechos que obstruyan al Yo superior. La purificación del cuerpo de deseos se alcanza negando la satisfacción de los placeres terrenales y de los sentidos que nos apeguen a la tierra y hagan que nos olvidemos que somos un Espíritu hijo y parte de Dios. Por el contrario, hay que ir sembrando (como respecto a los pensamientos) los más elevados sentimientos (amabilidad, cariño, simpatía, altruismo, amor, fraternidad, etc.) para eliminar y tener control sobre la expresión más animal de dicho cuerpo. Una de las reglas que deberíamos tener presente es la de “dar algo nuestro”, sea lo que sea (ayuda física, amor, buenos pensamientos, cariño, buenos consejos, comprensión, esperanza, etc.) todo esto purifica la conducta, pero para conseguirlo hay que practicar la meditación, la oración, el discernimiento, la adoración a Dios y la contemplación.

También es muy aconsejable hacernos conscientes de la experiencia interna, analizarnos para diferenciar los deseos y sentimientos de los pensamientos con la intención de trabajarlos de forma voluntaria e independiente. Esta atención interna (introversión consciente y voluntaria) debe ser analizada profundamente en todos los aspectos posibles y así hacer un esquema claro de lo que somos respecto a lo que deseamos ser a la vez que observamos nuestros defectos y nuestras virtudes. Hay que hacer hincapié en la mente para ver cuáles son las distracciones y hechos irrelevantes que atraen nuestra atención y hacen que perdamos el tiempo, ya que eso es lo que nos condiciona y nos aparta de nuestros objetivos espirituales.

Al hacernos conscientes de estos aspectos internos evitamos tensiones y obtenemos fortaleza de Espíritu para detener o dejar pasar lo que nos obstruye o lo que nos ayuda y beneficia. Esta fortaleza, como resultado de nuestra labor, se convierte en voluntad que es, junto a la conciencia, los representantes del Yo superior en la personalidad. Cuando con la voluntad dominamos las sensaciones y la mente obtenemos esa paz mental, esa felicidad interna y esa relajación física que tanto anhelamos. Con la relajación física y la búsqueda de ambientes armónicos y espirituales, se aquieta la mente y obtenemos la comprensión profunda que necesitamos para ver la Belleza en todo lo que nos rodea y la Verdad en nuestros estudios y trabajos internos. Este es el resultado de la “interiorización de la atención”, es decir, “mirar y ver dentro”.

Francisco Nieto

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