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domingo, 25 de septiembre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (II)

La vida está presente en toda la manifestación como polo positivo del Espíritu Universal (en oposición al polo negativo de donde surge la materia) es igual hablar de los minerales que de otras formas incluso más densas. Ella es la fuerza motriz que genera y da vida a todo lo manifestado, es la causa única del movimiento que llena todo y que anima a los mundos y seres, solo podemos percibir (según el grado de desarrollo espiritual que hayamos alcanzado) cómo trabaja pero nunca sabremos por qué. Por consiguiente, decimos que la Conciencia Absoluta es inconsciente y que la Vida Universal es insensible porque:

1º.- No habría necesidad de manifestación y, por tanto, de evolución alguna porque todo lo que se manifestara sería ya de antemano perfecto.
2º.- No es lógico pensar que si el origen de la manifestación o Causa es perfectamente consciente y sensible, puedan surgir seres inconscientes e insensibles, ¿o es que de Su Omnipotencia va a crear seres imperfectos para que alcancen una relativa perfección eterna a través de períodos de tiempo incalculable?
3º.- Si la Conciencia Absoluta fuese consciente y la Vida Una sensible, no podrían existir seres como nosotros que percibimos lo imperfecto y por eso causamos dolor y sufrimiento.

Esta es la gran duda, ¿Por qué una Causa Omnipotente que es consciente de Si Misma puede crear seres imperfectos, inconscientes e insensibles para que desarrollen sus mismos poderes? Está claro que esta “Causa” no puede ser mala puesto que, aun imperfectos cuando nos diferencian, tenemos esos poderes latentes, es más, en la Omnipotencia de esa “Causa” no puede caber el mal porque estaría opuesto a Ello Mismo. Aun aparentemente condenados a sufrir, no somos imperfectos puesto que somos parte de esa Causa Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente, solo tenemos que transformar sus posibilidades latentes en poderes dinámicos.

Al hablar de perfección e imperfección, en el sentido que lo estoy haciendo, es como hablar de lo Absoluto y lo manifestado. La Conciencia Absoluta, o la Existencia Absoluta son inconsciencia y no existencia y se convierten en conciencia y existencia a partir de la manifestación de lo Absoluto puesto que todo lo Absoluto es abstracto, ilimitado e incondicionado, es decir, No-ser. Algunos ocultistas definen al Espacio Absoluto como “Algo o Círculo cuyo centro se halla en todas partes y cuya circunferencia no se halla en ninguna”, sin embargo, pienso que es mejor definirlo como “Algo cuyo centro y circunferencia no se encuentra en ninguna parte” puesto que no puede haber centro ni circunferencia ya que es ilimitado. El centro y la circunferencia existen a partir de la manifestación, sea del Ser Supremo, de Dios o del hombre, es donde se dice que hay un círculo “No se pasa” y donde hay existencia y tiempo por muy eterno que nos parezca.

Sabiendo que lo Absoluto y Abstracto es Ilimitado y la Raíz de toda Existencia, pasemos a esa primera manifestación conocida en ocultismo como el Uno o Ser Supremo del que emanó el Fiat Creador “sin el que no se hace nada”. Este Ser Supremo, limitado, aún siendo la más grande manifestación, se manifiesta como tres aspectos o Poderes (Poder, Verbo y Movimiento) y contiene todas las grandes Jerarquías constructoras del universo manifestado en sus muy diversos grados de “densidad” respecto a los mundos, submundos, etc. Este Ser Supremo es la Única Existencia, origen de lo limitado y de lo que conocemos como Involución y Evolución de donde surge el Ser como conciencia en sus muy diversos grados. En este “Círculo no se pasa”, ya limitado, es donde se alcanza: primero la existencia y segundo el ser; por tanto, hemos pasado de No-ser (inconsciencia e insensibilidad) a existir para desarrollar el Ser. Pero claro, si el Ser Supremo y nosotros como resultado de diferentes manifestaciones, tenemos nuestro origen en esa Nada, Vacío o Absoluto y, queramos o no, lo Absoluto ES ALGO, tenemos que admitir que lo que llamamos “nosotros” (como Espíritus) tiene su origen en ese ALGO, por tanto y en cierto modo ya “éramos”. Es más, analizandolo profundamente, somos eternos puesto que todo lo creado (lo existido, lo existente y lo que exista) está en lo Absoluto y “existirá” eternamente. Ser eternos como parte de lo Absoluto no significa que “existamos” y que “seamos” como individualidad porque para ello debe haber una manifestación como “existencia” y una involución o evolución para “ser” como resultado del desarrollo de la conciencia. En lo Absoluto no teníamos conciencia, no existíamos, ni tampoco éramos. Para llegar a ser, la vida divina que normalmente llamamos Espíritu o Mónada, debe ser diferenciada de su creador (donde somos No-ser) para que comience a sentir, después a existir y, por último, a autoconocerse. Es desde ese momento cuando podemos decir que “nuestra existencia es eterna” por muchos períodos evolutivos y de reposo que tengamos porque el fin último es volver a ser parte de lo Absoluto, Ilimitado y Eterno.

Una vez entendido que el Ser Supremo y sus Jerarquías crean los Planos Cósmicos, de los cuales, el séptimo o inferior es el más denso y donde se sitúan los sistemas solares, hemos de comprender su situación “en el espacio”. Los siete Planos Cósmicos, al igual que los siete mundos donde nosotros estamos evolucionando, están compenetrados puesto que cada una de sus divisiones está compuesta de “materia” de diferente grado de vibración o densidad. Son divisiones o estados de Espíritu-Materia, la doble polaridad existente en todo el universo. Pongamos un ejemplo de lo que llamamos compenetración: Si analizamos una granada veremos que hay materia dura en el centro de cada uno de sus granos, materia menos dura en el resto del grano, (comestible) líquido si exprimimos dichos granos, aire o gaseosos en la granada o si evaporamos el líquido, moléculas, átomos, electrones, protones, neutrones, quarqs…; estos son estados de la materia que van de lo más denso y material a las partículas subatómicas y energías invisibles a nuestros ojos.

Pero, como sabemos, estamos limitados para ver más allá porque nuestros sentidos no perciben las vibraciones de otros muchos estados existentes y que, sin embargo, son la causa de la materialización de todo cuando nos rodea. Por consiguiente, desde el mismo plano donde manifiesta Su Creación el Ser Supremo, hasta nuestro propio mundo situado en lo más bajo del séptimo Plano Cósmico, son estados de “materia” de menor a mayor densidad pero unidos y entremezclados (compenetrados) en ese orden. Como ya hemos dicho, el Ser Supremo y las Jerarquías Creadoras de todos estos Planos y Mundos trabajan en dichos planos y mundos para cumplir el Plan de Ese Ser Supremo, y como estos grandes y elevadísimos seres son Espíritus (también de muy diversos grados de desarrollo evolutivo y espiritual) que evolucionan y trabajan en todos planos, resulta que los tenemos junto a nosotros en lo que se refiere al espacio. Estos grandes Seres, debieron ser creados (por analogía) o diferenciados como nosotros, o sea, como Espíritus o Mónadas, por eso nosotros estamos evolucionando y adquiriendo cada vez mayor grado de conciencia para llegar a ser como ellos y como nuestro Padre, es decir, creadores de, cada vez, cosas mayores y elevadas.

Descendiendo ya a nuestro propio esquema evolutivo de siete mundos veamos cómo Dios construye los mismos. Dentro del Espacio de lo que conocemos como Séptimo Plano Cósmico (ver diagrama del artículo anterioro parte I) el Ser que llamamos Dios elige la porción necesaria para aislarse y crear su propio círculo no se pasa (limitación) donde construirá su sistema solar de donde, como resultado final, obtendrá mayor grao de evolución y de conciencia. También, como el Ser Supremo, trae consigo unas muy elevadas Jerarquías Creadoras que le ayudarán en Su Obra y que son el resultado del trabajo propio efectuado en otras manifestaciones. Estas Jerarquías son las que han hecho que nosotros pasemos del estado no ser al de ser gracias al despertar de los poderes de nuestro Espíritu y al hecho de facilitarnos el germen de lo que hoy, ya más o menos desarrollados, llamamos cuerpos: físico, etérico, de deseos y mental. Como ya hemos dicho, el Universo, como Espíritu Universal del Ser Supremo, está compuesto de la Substancia Raíz Cósmica (materia o polo negativo) y del aspecto o polo positivo a la que, como Espíritus, pertenecen las Jerarquías, dioses y nosotros que somos parte de ellas. Cuando Dios desea manifestarse y crear un sistema solar compenetra y llena con Su propia aura cada átomo de la Substancia Raíz Cósmica del lugar elegido. De esta manera Dios crea su propio Cosmos compuesto de siete mundos, los cuales compenetrará con Su Vida y Conciencia (como nosotros hacemos con el cuerpo más denso o físico) A continuación pone en vibración la Substancia Raíz Cósmica a diferentes grados de intensidad para formar los mundos y sus divisiones que serán el campo de evolución y de adquisición de conciencia de las diferentes oleadas de espíritus creados por Él.

Francisco Nieto

domingo, 11 de septiembre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (I)

Como explico en este artículo, es el propio desarrollo de la conciencia el que capacita a cada persona para comprender (entre otras muchas cosas) los aspectos más elevados de la vida y lo que comúnmente llamamos estudios y temas abstractos y subjetivos. En este artículo voy a tratar, principalmente, el desarrollo de la consciencia y la conciencia desde el punto de vista del Espíritu, por tanto, será necesario hablar de mundos invisibles, de cuerpos superiores e incluso de oleadas de Espíritus creados por Dios antes que la nuestra. Esto significa dos cosas: primera que los que no hayan profundizado un poco en la filosofía oculta no entenderán apenas nada, y segunda, que los que saben algo tendrán que esforzarse por comprenderlo e incluso complementarlo con estudios de cosmogéneiss y antropogénesis. Dado que los que llevamos muchos años estudiando filosofía oculta estamos más familiarizados con estos temas procuraré centrarme en el tema o título del artículo para no extenderme demasiado, pero aún así, tendremos que comentar ciertos aspectos que bien se podrían considerar abstractos.

Si queremos saber cuál es el origen de nuestra consciencia y de la conciencia, tenemos que comenzar por situarnos fuera del mundo objetivo, en lo inmanifestado o No-existencia, y con esto no me estoy refiriendo (para los entendidos) a antes de manifestarse nuestro Creador o Padre, sino a lo ABSOLUTO antes de manifestar al UNO o SER SUPREMO que es el arquitecto del Universo. Como estos conocimientos han sido dados por Jerarquías superiores e Iniciados, nosotros los estudiantes de ocultismo, debemos valernos de la Ley de Analogía y del discernimiento y de la intuición para extraer algún conocimiento concreto convincente. Está claro que nadie puede definir a lo que conocemos como “ABSOLUTO” pero basándonos en lo anteriormente dicho y por medio de la imaginación podemos tratar el tema en algún aspecto. Lo Absoluto es el origen de Todo y como tal debe considerarse Virgen e Inmanifestado puesto que todavía (antes de la manifestación) es homogéneo, que es el estado en el que permanece eternamente. Aunque parezca una contradicción el hecho de que, aun manifestándose, permanezca en estado homogéneo eternamente, no lo es, al igual que nuestro Espíritu no cambia por el hecho de manifestarse como personalidad en sus diferentes cuerpos. Estoy seguro de que algún ocultista, al leer esto, diga que no es cierto puesto que el Espíritu evoluciona con cada manifestación pero ¿qué fin puede tener el hecho de que lo Absoluto se manifieste si no es que “algo” evolucione? porque ¿si no es lo Absoluto tendrá que ser el Ser Supremo?

Cuando lo Absoluto se manifiesta como Uno, se está desdoblando como una existencia que luego se manifestará como la doble polaridad existente en todo el Universo conocida como Espíritu-Materia. Sin embargo, aunque se manifieste en millones y millones de sistemas solares y Espíritus, no produce el efecto de variedad en lo homogéneo, eterno e inmutable porque lo heterogéneo y limitado no puede alterar lo infinito, ilimitado e inmutable. Respecto a la conciencia ocurre lo mismo porque, de la Conciencia Absoluta o inconsciencia (desde nuestro punto de vista) surge la consciencia pero ésta es limitada y, por tanto, no puede alterar la Ilimitada y Absoluta. Incluso el Uno, manifestado en los muchos (desde el punto de vista de la materia y de los Espíritus) tampoco puede ser afectado en sentido de disminución o separación, aunque sí, posiblemente, en conciencia como ocurre con nuestro propio Espíritu. Así es que, antes de la manifestación del Universo, ese Absoluto Espacio Virgen permanece como el Hálito Eterno o vibración incesante que jamás tuvo principio ni tendrá fin. En ese Presente Eterno, no existe el pasado ni el futuro puesto que no ha pasado ni un solo segundo de la eternidad, sin embargo, es la Causa de la Substancia Raíz Cósmica (polo negativo) en base a la cual se formará el Universo y del Espíritu Universal Uno del cual, como Espíritus, formamos parte como lo forma nuestro Padre y Creador Dios (polo positivo).

El lector debe entender que lo que comúnmente llamamos “espacio vacío” o “nada” es Vida en una especie de fase inactiva, Espíritu y Conciencia Universal de donde surge la manifestación física, la vida que animará la materia y la conciencia (en sus diferentes grados) que se obtiene de la evolución de esa vida sobre la materia; así es que en la Conciencia, Espíritu y Vida Universal, vivimos, nos movemos y tenemos nuestra existencia y ser ahora como Espíritus individuales y antes como parte indiferenciada e inconsciente de nuestro Creador que, a su vez, es parte diferenciada dentro del Ser Supremo o Uno manifestado por lo Absoluto. Pero que nadie piense que ese Vacío o Caos es algo que se haya transformado o desaparecido por el simple hecho de haber una manifestación objetiva, no es así puesto que ese Caos es la matriz de todo lo existente y donde se resuelve todo lo manifestado una vez que ha cumplido su misión.

El Caos disuelve lo inútil y da nacimiento a lo nuevo y necesario para que haya desarrollo y evolución, de otra forma habría estancamiento. Este Caos, como Absoluto, también es la base del progreso para las oleadas de Espíritus diferenciadas por Dios puesto que la evolución que hacemos durante la existencia manifestada está basada en el resultado de la existencia en el Caos donde todos somos uno. Sabiendo que el Caos es el semillero del Universo y, por tanto, de todo lo existente, no se debería considerar como “vacío” o “nada” sino como algo inimaginablemente santo y digno de devoción. Es la “conciencia” de donde se desarrollan los infinitos grados de conciencia que pueda haber en los diferentes mundos, submundos y clases de Espíritus, y todo gracias a que en cada manifestación concede la posibilidad de desarrollar el genio o posibilidad de llevar a la práctica la epigénesis.

Como abstractos que son estos temas, hay veces que me veo obligado a definir algo (fuera del alcance de nuestro razonamiento) de una manera incorrecta para que los lectores puedan entender lo que quiero decir, ese es el caso de lo que acabo de decir de que “el Caos es la Conciencia de donde se desarrollan…. Si bien esta frase la he escrito para que se entienda que los Espíritus evolucionantes y Jerarquías evolucionan en conciencia partiendo de la base de una “Conciencia Universal”, ahora aclaro que dicha “Conciencia Universal o Absoluta” debe ser inconsciente así como la vida en ese estado también debe ser insensible. Es muy posible que para muchos lectores esto también sea una contradicción o incluso absurdo pero, intentemos razonar. Para que haya conciencia espiritual y consciencia en sentido personal tiene que haber desarrollo y evolución, pongamos un ejemplo: nosotros tenemos conciencia de que somos un Yo separado de los demás gracias a la evolución que hemos hecho como humanidad desde hace millones de años y a través de la cual hemos pasado de una “inconsciencia común” o “conciencia grupal” (como los animales) a una conciencia individual o autoconciencia. Esto mismo lo podemos ver en los diferentes reinos (desde el punto de vista de la consciencia del mudo a través de los sentidos) Los animales son muy poco conscientes del mundo físico puesto que su conciencia es como la del sueño con ensueños, los vegetales son menos conscientes aún que los animales, porque tienen una conciencia similar a nuestro sueño sin ensueños, y los minerales son menos conscientes que los vegetales porque tienen una conciencia similar al trance profundo. Así es que siguiendo en esa línea llegaríamos a la conclusión de que la “Conciencia Absoluta” como origen, es inconsciente según nuestro estado de conciencia actual.

Como la vida individual, procedente de la Vida Universal, evoluciona a través de la forma para producir conciencia, está claro que podríamos decir de la vida lo mismo que de la consciencia, o sea, que la vida es insensible. Como he explicado anteriormente respecto a la consciencia, el hombre es más sensible que el animal, éste lo es más que el vegetal, y éste último más que el mineral. Veamos, al principio de una manifestación no existe nada más que la Conciencia Absoluta, la cual vibra o se manifiesta como la “Vida Única Universal” presente en el espacio infinito. Sin esta Vida, ese espacio caótico no podría tener movimiento, sensación, consciencia ni nada, es decir, sería un absoluto vacío infinito. Pero como esta vida debe tener un objetivo por el cual se manifiesta, necesita de un vehículo para alcanzar dicho objetivo. La vida puede existir por sí misma sin la materia pero ésta última no lo puede hacer sin la vida del Espíritu sea en el nivel que sea. La vida anima la materia y produce movimiento y sentimiento y de esta unión nace la conciencia en sus diferentes grados. Pero la vida, en su origen como conciencia absoluta inmanifestada, debe de ser “insensible” porque, tanto la sensibilidad como la conciencia están latentes y se tienen que desarrollar gracias a la involución y a la evolución a través de la materia.

Francisco Nieto