Entradas populares

viernes, 28 de octubre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (y IV)


Los poderes latentes que tenemos, entre ellos el de la sensibilidad y el de la conciencia, los tenemos todos incluso antes de ser diferenciados por nuestro Creador puesto que somos de Su propia naturaleza. Pero es que a nuestro Creador le ocurre lo mismo respecto al Ser que lo creó y así sucesivamente hasta llegar al Ser Supremo. Ningún Espíritu puede crear o desarrollar algo que no esté en el Uno, así es que si somos sensibles y tenemos conciencia y voluntad es porque nuestro creador y demás exaltados seres también lo tienen. Por tanto, los poderes del Espíritu han existido siempre y existirán eternamente sean del grado que sean, pertenezcan al Dios que pertenezcan y estén o no manifestados. Como estos poderes tienen su origen en el Uno o Ser Supremo y Éste en lo Absoluto, quiere decir que estas potencias espirituales o semillas son eternas como cada uno de nosotros como Espíritus lo somos; lo único que hacen lo más evolucionados respecto a los menos es que les ayudan a despertarlos y a desarrollarlos.


Si una entidad o Espíritu individual fuera independiente de los demás y de su Creador, no podría ser un “Ser” sino que sería simplemente algo sujeto o esclavo del tiempo puesto que el “Ser” solo puede ser esclavo de sus acciones; otra cosa es que las acciones de dicha entidad estén reguladas por las Leyes Divinas. No sería lógico que cuando se produce la reabsorción de un Cosmos por Dios Mismo, la entidad pudiera perder su individualidad por el simple hecho de fundirse con el Todo de donde surgió, puesto que esto sería como perder la quintaesencia o fruto de millones de años de evolución y, si así fuera ese Dios sería sumamente egoísta. Es más, es que, después de millones de años de sufrimiento y esfuerzo, en el nuevo Día de Manifestación de ese Dios, tendríamos que comenzar desde cero, lo que significa que toda nuestra existencia sería un sacrificio y sufrimiento eterno.

Siendo como es nuestra naturaleza espiritual en su origen, podemos afirmar que estamos fundidos (somos parte) con el Ser Supremo y con lo Absoluto. Pero respecto a nuestro Creador, aun siendo reabsorbidos, no perdemos la individualidad sino que la debemos conservar eternamente para continuar evolucionando en otros Planos Cósmicos; es más, durante esa reabsorción progresamos y fortalecemos los poderes del Espíritu. Algo similar ocurre con nosotros mismos. Cuando el Espíritu o Mónada (en su origen inconsciente) se manifiesta con sus nuevos cuerpos en cada renacimiento, lo hace para obtener un progreso como personalidad, pero al final de la vida, cuando se extrae la quintaesencia y se desintegran los cuerpos, es como si la personalidad se reabsorbiera en el Ego o Yo suprior, existiendo siempre éste como resultado de todos los renacimientos y como representante del Espíritu. Podríamos decir que lo mismo que Dios se sumerge en lo Absoluto después de cada Día de Manifestación, así nosotros, como quintaesencia de la personalidad, nos unimos al Yo superior y, en su momento este Yo superior o Ego se sumergirá en el Espíritu.

Este artículo no deja de ser un simple conocimiento para cualquier otro ocultista, pero está claro que para ser un ocultista creyente de estas enseñanzas ocultas ha debido de contactar con ellas muy posiblemente en otra vida. Cuando una persona en esta vida contacta con la filosofía oculta (como, por ejemplo, la que enseña la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel) y intuye que es algo que ya conoce e incluso que es algo que necesita casi como alimento del Alma, es porque en otra vida ya contactó con ella y se ha comprometido (antes de nacer) a aprovechar las oportunidades de progreso que le brinden los nuevos conocimientos que en esta vida adquiera. En esta etapa el ocultista sabe (consciente o inconscientemente) que es inmortal y que existe una Verdad subjetiva que le resolverá sus dudas respecto a la existencia y al ser, pero la Verdad no se puede creer a ciegas ni porque un buen orador o escritor hable de ella. Solo el desarrollo espiritual puede llevar a una persona a conocer progresivamente la Verdad y ese desarrollo se alcanza haciendo el bien y sirviendo a los demás, amando y respetando al prójimo y teniendo devoción a los ideales más elevados y a Dios. Esto termina llevando a cada uno al camino que le corresponde y, en el caso del ocultista, a contactar con estos conocimientos pero, en este caso, ¿Para qué sirven? Es cierto que este artículo, a diferencia de otros, no trata expresamente del desarrollo espiritual desde el punto de vista del corazón sino que es un artículo para meditar (como yo lo he hecho) sobre cosas abstractas que desarrollen la mente superior y ayuden a contactar con nuestro Yo superior. Estos conocimientos abstractos desarrollan la intuición, como ocurre con las matemáticas, las fórmulas, la cosmogénesis o la antropogénesis, por tanto quien medita sobre temas abstractos se eleva más allá del sentimiento para alcanzar la región abstracta del Mundo del Pensamiento, es decir, se vive la verdadera espiritualidad y la liberación de las ataduras de los cuerpos del Ego.

Pero para la mayoría de las personas este artículo será algo incomprensible y perfectamente criticable por los que ignoran este conocimiento, y es que, para alcanzar, aunque solo sea un poco de comprensión de la Verdad, lo primero que hay que hacer es aceptar la posibilidad de que lo que enseñan algunas escuelas (no muchas) como la mencionada Rosacruz, es cierto. Además de razonar y meditar con una mente abierta, el interesado se tendrá que valer de la intuición para percibir la afirmación de que el renacimiento, el karma, los mundos y cuerpos invisibles, etc. son realidad. Estas verdades trascienden los sentidos físicos y la mente concreta que solo vive en lo material, por eso el interesado debe dar los primeros pasos para comenzar a intuir y a discernir entre lo verdadero y lo falso, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo verdaderamente útil y lo que no…. Si de verdad alguien desea en esta vida dar sus primeros pasos en el sendero del verdadero ocultismo, no solo debe aceptar lo que tantos ocultistas han escrito después de investigar clarividentemente lo que dicen, sino que tampoco deben negarlo. Un niño de tres años no puede estar preparado para aprender lo que se enseña en el colegio o instituto pero, comenzando por esa adaptación infantil a la guardería, ya se está preparando para aprender más en el colegio y así sucesivamente. Es mucha la diferencia entre el que no sabe nada ni se interesa y entre el verdadero ocultista que vive la vida de acuerdo a estos conocimientos y de forma desinteresada y amorosa hacia los que le rodean.

Volviendo al tema tratado, casi podríamos decir que los incrédulos solo “existen” y no tienen interés, o niegan, la posibilidad de verdaderamente “Ser”. Éstos, como los niños con los cuentos y juegos, no quieren saber nada de estas otras “cosas de adultos” y lo peor es que se entretienen con cosas que, normalmente, no les sirven para nada desde el punto de vista del Espíritu. Así pueden pasar muchos renacimientos pero, al fin y al cabo, no se les puede culpar de nada porque son “ignorantes de estas pequeñas verdades”. Es peor cuando un ocultista cuya vida, en gran parte, ha sido dedicada a vivir la filosofía oculta y, al cabo de muchos años, cae víctima de la ilusión de poderes, del engaño de otros que le adulan como un Maestro, de falsos Maestros o clarividentes, etc.; entonces es cuando se ha dado marcha atrás. Los que intentamos vivir la vida espiritual y que, por supuesto, cometemos errores a diario, no podemos tener la completa seguridad de que estemos cerca de una primera iniciación pero sabemos que debemos sacrificarnos y esforzarnos por vivir en el Espíritu hasta el final de nuestros días. Sin embargo, cuando la alcancemos sabremos y tendremos la confirmación de que todo esto es la Única Realidad que debe ser encontrada y experimentada para comprenderla.

En un principio fuimos no-ser, luego existimos, y ahora comenzamos a comprende que “somos”, pero vivir la vida del “Ser” no se puede experimentar mientras nos dejemos llevar por el aspecto animal y personal de nuestros cuerpos. Para vivir la vida del verdadero Yo debemos “eliminar” la personalidad para vivir en la conciencia de ese Yo, podemos ver a través de los ojos del cuerpo físico, podremos oír gracias a los oídos del cuerpo físico pero, sea lo que sea, nosotros debemos analizarlo y responder con la conciencia del Alma y no con malos sentimientos, pensamientos, deseos, etc. Cuando aún no habíamos adquirido la autoconciencia no sentíamos, no teníamos conciencia y no pensábamos; cuando fuimos conscientes de nosotros mismos como un yo personal pasamos y aún estamos pasando por infinidad de renacimientos donde sufrimos mucho por nuestra ignorancia y por nuestra maldad; ahora, quienes sabemos que lo que enseña la filosofía oculta es Verdad, debemos aprovechar para avanzar a pasos agigantados y obtener la conciencia de los Mundo superiores porque así nos libraremos de la muerte. En el pasado lejano nos dejamos llevar por el goce de los sentidos y placeres terrenales, esa fue la etapa casi animal pero, aunque hoy, la mayoría de la humanidad siga dejándose llevar por los sentidos, nosotros debemos trabajar a favor del Alma porque de este trabajo es de donde se extrae el goce de la vida del Espíritu.

Francisco Nieto

domingo, 9 de octubre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (III)




Una vez creados los siete mudos con la ayuda de los siete Espíritus ante el Trono veamos cómo somos creados nosotros como Espíritus para, después de la No existencia, llegar a ser individuos y autoconscientes. En el propio Mundo de Dios, es decir, EN DIOS MISMO, nuestro creador diferencia cierto número de Espíritus Virginales (nosotros entre otros millones) con la capacidad de desarrollar todas Sus posibilidades (en ese momento latentes) hasta convertirlas en poderes dinámicos a lo largo de lo que llamamos evolución. En el proceso de Involución, (donde adquirimos el germen de los futuros cuerpos y donde nos despiertan los aspectos del Espíritu para que desarrollemos sus poderes) como en el de evolución (donde todavía y durante mucho tiempo somos guiados y predestinados) tenemos muy poca actividad propia porque en la primera fase éramos inconscientes de lo que hacíamos y en la segunda estamos obligados a cumplir un destino preparado por las Jerarquías superiores de acuerdo a nuestro propio karma. Sin embargo, desde que Dios Mismo nos diferencia en ese “No ser” hasta que adquirimos la conciencia de “ser”, ya con una gran actividad original, llevamos con nosotros el poder de la voluntad y el libre albedrío para crear nuevas causas. Este poder de la voluntad o epigénesis es el que, tarde o temprano, nos hará libres para actuar total y perfectamente por nuestra cuenta sin ninguna intervención de las Jerarquías superiores. Así es que Dios nos diferencia siendo inconscientes de nosotros mismos y de los mundos, teniendo en ese momento Conciencia Divina. A lo largo de la involución y de la evolución, adquirimos la consciencia propia perdiendo, a la vez, la Conciencia Divina para, al final de la Creación de Dios, adquirir de nuevo la Conciencia Divina pero conservando la consciencia propia y el resultado de nuestro desarrollo a lo largo de toda la manifestación de Dios.

Las células de nuestro cuerpo no son conscientes de ellas mismas ni de todo el cuerpo, (el cual es infinito para ellas) no saben que nosotros estamos haciendo el papel de dios para ellas. Si nosotros fuéramos ya conscientes en el propio mundo de nuestro Yo superior y decidiéramos renacer, crearíamos un cuerpo físico donde habría cierto número de células evolucionando. Toda vida, por diminuta que sea, está evolucionando y, como es evidente, tarde o temprano y a través de muy diversas formas físicas, obtendrán un progresivo nivel de conciencia hasta alcanzar la consciencia propia. Con este ejemplo y aunque no sea perfecto comparativamente respecto a Dios y Su creación, quiero representar lo que somos nosotros y lo que estamos desarrollando dentro de la manifestación de Dios.

Como ya he dicho, nosotros hemos pasado por diferentes grados de conciencia pero, a grosso modo, los podemos definir como inconsciencia, semiconciencia pero con consciencia de la existencia, y autoconciencia como seres existenciales que han desarrollado la mente creadora y el poder de la voluntad; al final de la evolución seremos omniconscientes a imagen y semejanza de Dios. Respecto a la forma, el propio desarrollo de los poderes del Espíritu nos capacitará para ser creadores en los diferentes mundos como lo son las Jerarquías Creadoras que nos han ayudado y que han creado y mantienen los mundos de nuestro sistema solar. Si ahora estamos desarrollando la capacidad de ser creadores con la materia física, (la transformamos) en un futuro haremos lo mismo con la materia de los mundos superiores y construiremos cuerpos similares a los que actualmente tenemos. Al final de la Manifestación de Dios tendremos una conciencia similar a la que tenía nuestro Creador cuando nos diferenció al principio de los tiempos, por tanto, seremos creadores como Él. El propósito de la evolución es hacernos conscientes de todos los mundos y dominar toda clase de materia que haya en los mismos. Si bien la epigénesis nos facilita el progreso y el poder de desarrollar la voluntad para hacer cosas nuevas y no ser como autómatas, la adaptabilidad y el esfuerzo en cada etapa y mundo es la clave del progreso puesto que el Espíritu que no se adapta a las nuevas condiciones y nos se esfuerza por progresar, puede retrasarse tanto que podría volver a esa fase de inconsciencia que llamamos Caos.

Volviendo a los Espíritus Virginales o Mónadas, hay que decir que no se puede calcular el tiempo de la involución ni casi tampoco el que llevamos haciendo la evolución, pero sí quiero aclarar algo. Desde que el Espíritu es diferenciado por Dios (de Su Ser, que para nosotros es No-ser) hasta llegar a la máxima materialización que debemos alcanzar, o sea, el mundo físico, el Espíritu se manifiesta en sentido involutivo e inconsciente pero, a la vez, hace una evolución respecto a la adquisición de los cuerpos. Por el contrario, en la evolución (ya autoconscientes) que estamos haciendo, estamos desarrollando los poderes del Espíritu y la consciencia e iremos desechando progresivamente los cuerpos según nos elevemos a través de los mundos. Antes de diferenciarnos Dios estábamos, como parte de Él, en lo eterno e ilimitado, pero a partir de la separación como Espíritus individuales nos encontramos en el espacio-tiempo de lo limitado de donde, en mi opinión, no saldremos más puesto que jamás volveremos a estar en ese estado de conciencia. Es decir, procedemos de una vida subjetiva eterna y nos diferenciaron dentro del Círculo no se pasa objetivo y limitado de Dios, dentro del cual nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser. Esto es como decir que, una vez que salimos de la matriz como humanos ya no podemos volver a entrar en ella. Así es que, tanto respecto al Ser Supremo como respecto a nosotros y a nuestra existencia en Dios, si no hubiera esa manifestación dentro del espacio homogéneo, no habría existencia ni desarrollo del Ser sino que todo sería Uno o Caos para nosotros.

Por tanto, el Uno contiene a todos los seres que pueden ser diferenciados pero los Espíritus diferenciados no pueden constituir al Uno puesto que, aunque existan, no pueden limitar lo que para nosotros es ilimitado. Esto debe ser así puesto que, aun diferenciados de Dios, seguimos siendo parte de Su Vida y de Su Conciencia; simplemente somos entidades integrantes de Él que están en proceso de desarrollar Sus poderes latentes en nosotros. Dicho de otra manera, si fuésemos totalmente independientes de Él hasta el punto de poder separarnos, entonces le limitaríamos, ya no sería Uno y la evolución no sería tal porque no habría unidad. Prueba de ello es que cuando se acaba la manifestación (un Día de Dios) Él nos reabsorbe en su seno. Esto da pie a lo que cualquier ocultista sabe, y es que nadie está completamente separado de nadie y todos formamos parte del Uno, por consiguiente, la separatividad entre nosotros y las jerarquías superiores es relativa.

Con este razonamiento podemos llegar a la conclusión de que todo lo existente en el Universo no tiene ni principio ni fin puesto que todos estamos integrados de alguna manera en el Ser Supremo, el cual contiene todo (pasado, presente y futuro) lo manifestado y a todos los Espíritus, sea en el Plano o mundo que sea. Si todos tenemos los poderes del Espíritu (aún latentes) siempre tendremos la posibilidad de progresar, sea en un Día de Manifestación Objetiva o sea en una Noche de Reabsorción Subjetiva, puesto que aun en esa fase de inconsciencia o reposo, estamos progresando. El progreso solo puede aplicarse a la vida evolucionante no a la forma material que es su vehículo de manifestación. Si tenemos el germen de la sensación, seremos sensibles y lo mismo ocurre respecto a la consciencia, la voluntad y la mente, pero la forma (desde el origen de la manifestación) solo se transforma y es insensible, por eso no puede desarrollar sensibilidad ni conciencia. La vida se transforma para progresar, adquiere experiencia a través de las formas, se hace consciente, razona, tiene voluntad y libre albedrio, y medios para purificarse. Incluso con los demás seres humanos (almas gemelas) tenemos grandes diferencias porque aún siendo parte de Dios, cada uno evolucionamos independientemente gracias a la diferencia de experiencias y destinos. Es cierto que en cada vida acumulamos poder espiritual, pero eso es como resultado de las experiencias que cada uno haya tenido y, aunque ese poder está unido al grado de conciencia individual y compenetrado por la Conciencia de Dios, no quita que cada uno de nosotros sea una entidad evolucionante independiente con un poder adquirido que jamás nos será quitado (aunque sí compartido)

Francisco Nieto