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domingo, 9 de octubre de 2011

COSMOGÉNESIS, ANTROPOGÉNESIS Y CONCIENCIA (III)




Una vez creados los siete mudos con la ayuda de los siete Espíritus ante el Trono veamos cómo somos creados nosotros como Espíritus para, después de la No existencia, llegar a ser individuos y autoconscientes. En el propio Mundo de Dios, es decir, EN DIOS MISMO, nuestro creador diferencia cierto número de Espíritus Virginales (nosotros entre otros millones) con la capacidad de desarrollar todas Sus posibilidades (en ese momento latentes) hasta convertirlas en poderes dinámicos a lo largo de lo que llamamos evolución. En el proceso de Involución, (donde adquirimos el germen de los futuros cuerpos y donde nos despiertan los aspectos del Espíritu para que desarrollemos sus poderes) como en el de evolución (donde todavía y durante mucho tiempo somos guiados y predestinados) tenemos muy poca actividad propia porque en la primera fase éramos inconscientes de lo que hacíamos y en la segunda estamos obligados a cumplir un destino preparado por las Jerarquías superiores de acuerdo a nuestro propio karma. Sin embargo, desde que Dios Mismo nos diferencia en ese “No ser” hasta que adquirimos la conciencia de “ser”, ya con una gran actividad original, llevamos con nosotros el poder de la voluntad y el libre albedrío para crear nuevas causas. Este poder de la voluntad o epigénesis es el que, tarde o temprano, nos hará libres para actuar total y perfectamente por nuestra cuenta sin ninguna intervención de las Jerarquías superiores. Así es que Dios nos diferencia siendo inconscientes de nosotros mismos y de los mundos, teniendo en ese momento Conciencia Divina. A lo largo de la involución y de la evolución, adquirimos la consciencia propia perdiendo, a la vez, la Conciencia Divina para, al final de la Creación de Dios, adquirir de nuevo la Conciencia Divina pero conservando la consciencia propia y el resultado de nuestro desarrollo a lo largo de toda la manifestación de Dios.

Las células de nuestro cuerpo no son conscientes de ellas mismas ni de todo el cuerpo, (el cual es infinito para ellas) no saben que nosotros estamos haciendo el papel de dios para ellas. Si nosotros fuéramos ya conscientes en el propio mundo de nuestro Yo superior y decidiéramos renacer, crearíamos un cuerpo físico donde habría cierto número de células evolucionando. Toda vida, por diminuta que sea, está evolucionando y, como es evidente, tarde o temprano y a través de muy diversas formas físicas, obtendrán un progresivo nivel de conciencia hasta alcanzar la consciencia propia. Con este ejemplo y aunque no sea perfecto comparativamente respecto a Dios y Su creación, quiero representar lo que somos nosotros y lo que estamos desarrollando dentro de la manifestación de Dios.

Como ya he dicho, nosotros hemos pasado por diferentes grados de conciencia pero, a grosso modo, los podemos definir como inconsciencia, semiconciencia pero con consciencia de la existencia, y autoconciencia como seres existenciales que han desarrollado la mente creadora y el poder de la voluntad; al final de la evolución seremos omniconscientes a imagen y semejanza de Dios. Respecto a la forma, el propio desarrollo de los poderes del Espíritu nos capacitará para ser creadores en los diferentes mundos como lo son las Jerarquías Creadoras que nos han ayudado y que han creado y mantienen los mundos de nuestro sistema solar. Si ahora estamos desarrollando la capacidad de ser creadores con la materia física, (la transformamos) en un futuro haremos lo mismo con la materia de los mundos superiores y construiremos cuerpos similares a los que actualmente tenemos. Al final de la Manifestación de Dios tendremos una conciencia similar a la que tenía nuestro Creador cuando nos diferenció al principio de los tiempos, por tanto, seremos creadores como Él. El propósito de la evolución es hacernos conscientes de todos los mundos y dominar toda clase de materia que haya en los mismos. Si bien la epigénesis nos facilita el progreso y el poder de desarrollar la voluntad para hacer cosas nuevas y no ser como autómatas, la adaptabilidad y el esfuerzo en cada etapa y mundo es la clave del progreso puesto que el Espíritu que no se adapta a las nuevas condiciones y nos se esfuerza por progresar, puede retrasarse tanto que podría volver a esa fase de inconsciencia que llamamos Caos.

Volviendo a los Espíritus Virginales o Mónadas, hay que decir que no se puede calcular el tiempo de la involución ni casi tampoco el que llevamos haciendo la evolución, pero sí quiero aclarar algo. Desde que el Espíritu es diferenciado por Dios (de Su Ser, que para nosotros es No-ser) hasta llegar a la máxima materialización que debemos alcanzar, o sea, el mundo físico, el Espíritu se manifiesta en sentido involutivo e inconsciente pero, a la vez, hace una evolución respecto a la adquisición de los cuerpos. Por el contrario, en la evolución (ya autoconscientes) que estamos haciendo, estamos desarrollando los poderes del Espíritu y la consciencia e iremos desechando progresivamente los cuerpos según nos elevemos a través de los mundos. Antes de diferenciarnos Dios estábamos, como parte de Él, en lo eterno e ilimitado, pero a partir de la separación como Espíritus individuales nos encontramos en el espacio-tiempo de lo limitado de donde, en mi opinión, no saldremos más puesto que jamás volveremos a estar en ese estado de conciencia. Es decir, procedemos de una vida subjetiva eterna y nos diferenciaron dentro del Círculo no se pasa objetivo y limitado de Dios, dentro del cual nos movemos, vivimos y tenemos nuestro ser. Esto es como decir que, una vez que salimos de la matriz como humanos ya no podemos volver a entrar en ella. Así es que, tanto respecto al Ser Supremo como respecto a nosotros y a nuestra existencia en Dios, si no hubiera esa manifestación dentro del espacio homogéneo, no habría existencia ni desarrollo del Ser sino que todo sería Uno o Caos para nosotros.

Por tanto, el Uno contiene a todos los seres que pueden ser diferenciados pero los Espíritus diferenciados no pueden constituir al Uno puesto que, aunque existan, no pueden limitar lo que para nosotros es ilimitado. Esto debe ser así puesto que, aun diferenciados de Dios, seguimos siendo parte de Su Vida y de Su Conciencia; simplemente somos entidades integrantes de Él que están en proceso de desarrollar Sus poderes latentes en nosotros. Dicho de otra manera, si fuésemos totalmente independientes de Él hasta el punto de poder separarnos, entonces le limitaríamos, ya no sería Uno y la evolución no sería tal porque no habría unidad. Prueba de ello es que cuando se acaba la manifestación (un Día de Dios) Él nos reabsorbe en su seno. Esto da pie a lo que cualquier ocultista sabe, y es que nadie está completamente separado de nadie y todos formamos parte del Uno, por consiguiente, la separatividad entre nosotros y las jerarquías superiores es relativa.

Con este razonamiento podemos llegar a la conclusión de que todo lo existente en el Universo no tiene ni principio ni fin puesto que todos estamos integrados de alguna manera en el Ser Supremo, el cual contiene todo (pasado, presente y futuro) lo manifestado y a todos los Espíritus, sea en el Plano o mundo que sea. Si todos tenemos los poderes del Espíritu (aún latentes) siempre tendremos la posibilidad de progresar, sea en un Día de Manifestación Objetiva o sea en una Noche de Reabsorción Subjetiva, puesto que aun en esa fase de inconsciencia o reposo, estamos progresando. El progreso solo puede aplicarse a la vida evolucionante no a la forma material que es su vehículo de manifestación. Si tenemos el germen de la sensación, seremos sensibles y lo mismo ocurre respecto a la consciencia, la voluntad y la mente, pero la forma (desde el origen de la manifestación) solo se transforma y es insensible, por eso no puede desarrollar sensibilidad ni conciencia. La vida se transforma para progresar, adquiere experiencia a través de las formas, se hace consciente, razona, tiene voluntad y libre albedrio, y medios para purificarse. Incluso con los demás seres humanos (almas gemelas) tenemos grandes diferencias porque aún siendo parte de Dios, cada uno evolucionamos independientemente gracias a la diferencia de experiencias y destinos. Es cierto que en cada vida acumulamos poder espiritual, pero eso es como resultado de las experiencias que cada uno haya tenido y, aunque ese poder está unido al grado de conciencia individual y compenetrado por la Conciencia de Dios, no quita que cada uno de nosotros sea una entidad evolucionante independiente con un poder adquirido que jamás nos será quitado (aunque sí compartido)

Francisco Nieto

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