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domingo, 13 de noviembre de 2011

LA AYUDA DEL AUTOCONOCIMIENTO (I)


No recuerdo cuándo ni dónde pero sí recuerdo el significado de una narración basada en una analogía que leí hace ya unos cuantos años que se refería a lo que verdaderamente es el ser humano. Esta narración o leyenda trata de una pequeña conversación entre el cochero o conductor y el pasajero que va en su carruaje tirado por caballos, y viene a ser más o menos así:

Érase una vez un cochero que, desesperado y a la vez triste por no encontrar un pasajero que trasladar, miró hacia el interior del vehículo –hecho que no acostumbraba a hacer- y con sorpresa descubrió a un individuo allí sentado como pasajero. Entonces ocurrió lo siguiente:

Cochero: ¿Quién eres tú?

Pasajero: — Yo soy tu pasajero para toda la vida

Cochero: —¿Desde cuando eres mi pasajero si no te he visto nunca?

Pasajero: — Lo he sido siempre

Cochero: — No puede ser porque no te conozco

Pasajero: — No me has visto porque nunca has querido mirar aquí dentro

Cochero: — ¿Hasta cuando vas a ser mi pasajero

Pasajero: — Hasta siempre, siempre y cuando tengas en cuenta que estoy aquí

Cochero: — Pero, ¿Quién va a pagar el coste de un viaje tan largo?

Pasajero: — No te preocupes, yo me haré cargo de todo mientras no te olvides de mí.

Para comprender el significado oculto y espiritual de esta narración debemos aplicar la siguiente analogía:

1º.- El carruaje o vehículo representa el cuerpo físico, el cual está compuesto de materia física pero no siente, desea ni piensa sino que se deja llevar precisamente por esos aspectos.

2º.- Los caballos representan los deseos, sentimientos y pasiones, éstos hacen que el carruaje se mueva de un lado para otro, pero si no hubiera algo superior que les controlara el viaje no tendría sentido ni fin alguno.

3º.- Las riendas representan los pensamientos, los que sí tienen sentido y pueden hacer que los caballos —por lo general descontrolados— anden más seguros y tengan una determinada meta como fin.

4º.- El cochero es la mente razonadora y creadora de los pensamientos pero que, por lo general, anda de un sitio para otro, despistada y casi siempre dominada por los deseos, sentimientos y pasiones.

5º.- El pasajero es el Ego o Yo superior, el Alma de los místicos, la conciencia y la voluntad desde el punto de vista del ocultismo. Es este pasajero, este Ser interno, el que a través del renacimiento y de su propia evolución llega a contactar con el yo inferior o personalidad terrenal. Pero para que eso ocurra, la personalidad —tarde o temprano— deberá sentir la necesidad de buscar algo nuevo que le permita descubrir y comenzar una nueva forma de vida bajo la dirección del Ser interno.

La vida que hoy anima el cuerpo físico y que llamamos ser humano comenzó su evolución hace muchos millones de años, esa vida evolutiva pasó por estados de conciencia similares a los actuales reinos mineral, vegetal y animal a la vez que utilizaba formas —cuerpos— de cada vez más densa y compleja composición física. A lo largo de dichos millones de años, nosotros, como tal, desarrollamos un cuerpo físico, en el cual se fueron formando los sentidos para que, en un futuro, el ser interno pudiera ser consciente del mundo externo pues, en esa época, nuestra conciencia era interna —como en el sueño— y aún no éramos conscientes de que fuera de nosotros existía un mundo ni que había otros seres. A su vez y gracias a los sentidos, fuimos desarrollando los deseos, sentimientos y emociones naturales —el cuerpo de deseos o emocional— que, un tiempo después, nos llevarían a actuar como animales sin razón. Precisamente este hecho —entre otros— hizo que fuera necesario que la humanidad tuviera una mente. Este fue el nacimiento de la personalidad, el hombre-animal que actuaba por instinto comienza a desarrollar lo que hoy llamamos "mente" y se reconoce como un individuo entre otros en un mundo físico que aún no conocía.

Este conocimiento o despertar trajo como consecuencia dos hechos:
1º.- el nacimiento del ser humano como tal, con su autoconciencia que le permitió reconocerse como un Yo.
2º.- el nacimiento de la mente que le permitiría obtener conocimiento del mundo físico, luchar con la razón contra el hombre-animal e imponer, como hoy muchos lo están consiguiendo, el discernimiento y la voluntad para que la mente no se vea dominada por esos deseos, sentimientos y pasiones.

Ese fue el nacimiento del hombre, el despertar de la conciencia interna en el mundo externo para ser consciente de las experiencias y extraer de ellas en cada vida la quintaesencia que ha hecho posible que hoy seamos más conscientes de nosotros mismos y del mundo que nos rodea a la vez que desarrollamos la mente y la voluntad para evitar caer cada vez menos en las malas tentaciones y en los malos hábitos del cuerpo de deseos.

Pero en la época actual, aunque no para toda la humanidad, nos encontramos con que algunos seres más evolucionados tienen la necesidad, como fruto de su evolución y del desarrollo interno, de elevar su conciencia, de buscar en lo interno donde, instintivamente, saben que hay algo superior. Así es que, si en el pasado obtuvimos la autoconciencia en el mundo externo o físico, ahora, los individuos más adelantados, buscan la autoconciencia interna o unión con esa Alma o Yo superior. Pero para despertar de nuevo y “conscientemente” en el mundo interno, primero debemos conocernos para trabajar en la purificación de la personalidad; y para conocernos debemos observarnos y para observarnos correctamente debemos ser conscientes en todo momento —estar “despiertos” o “atentos”— de nuestro comportamiento y expresiones. Esta es la analogía y la simbología de la narración, el ser humano ha desarrollado un Alma, un Yo superior, gracias al fruto de la evolución alcanzada, pero ese Yo superior —representado en la personalidad como voluntad y conciencia— no puede expresarse mientras la mente esté centrada en los asuntos terrestres y se deje dominar por los deseos y sentimientos contrarios al desarrollo espiritual. El cochero debe dejar de buscar fuera el motivo de su viaje —el sentido de la vida y del ser— y ser consciente o despertar en lo interno que es a través de lo cual podrá conectar con su Fuente y Origen.

Es importante conocernos para saber de qué partes estamos constituidos y cómo funciona cada una de esas partes porque así sabremos utilizar una sobre otra con tal de eliminar lo negativo y perjudicial. También es necesario que nos observemos para ver cuáles son nuestros defectos a superar y las virtudes que debemos usar y desarrollar. Entre estos dos trabajos purificaremos nuestros cuerpos y el carácter, lo que facilita la autoconsciencia de lo interno, pero no habrá una mínima compenetración entre la personalidad y el Yo superior hasta que la personalidad no esté totalmente controlada por la voluntad consciente en todo momento.

Es imprescindible estar “atentos” a lo que penetra por los sentidos, hay que utilizar la mente “conscientemente” para discernir entre lo verdadero y lo falso y entre lo bueno y lo malo, y hay que vivir constantemente y de manera atenta y consciente en cada segundo de nuestra vida para así tener siempre la oportunidad de actuar y de expresarnos como lo haría nuestro Yo superior. En nuestro nacimiento como humanos no teníamos aún voluntad, actuábamos según lo conocido por las experiencias y por instintos, más tarde se desarrolló la voluntad pero siempre actuaba basándose en la satisfacción de los deseos inferiores y en los entretenimientos de la mente. Ahora la voluntad debe actuar de manera que haga que los deseos, los sentimientos y la mente sirvan a su interés por identificase con el Yo superior.

Francisco Nieto

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