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domingo, 15 de enero de 2012

EL AUTOCONOCIMIENTO QUE LLEVA A LA REALIDAD (III)


No nos queremos dar cuenta pero vivimos casi como autómatas. Condicionados por lo que nos rodea; por costumbres enraizadas desde la infancia; por hábitos que nos perjudican; por deseos que nos pervierten, intoxican y nos llevan a hacer el mal; por las asociaciones de la mente y un sinfín de cosas más. Debemos formatear nuestra personalidad y para ello debemos comprender —despertar— lo que aquí se dice para, a continuación, buscar nuevos y elevados ideales con los que trabajar cuando tengamos el control del cuerpo de deseos y de la mente. Si conseguimos ser conscientes, aunque solo sea cinco minutos todos los días, es suficiente para comenzar, pero repito, ser consciente es estar sumamente atentos en todo momento a lo que nos rodea y a nuestras expresiones, es no permitir que la mente piense por sí misma, es tenerla en silencio hasta que la queramos utilizar a nuestra voluntad, es controlarla para no crear deseos ni sentimientos que entorpezcan nuestro desarrollo espiritual; es, en definitiva, estar conscientemente presente ante todo lo que perciben nuestros sentidos. Cuando conseguimos esto:

1º.- Nos damos cuenta de muchos aspectos que antes no veíamos ni les prestábamos atención.
2º.- Somos cada día más conscientes, lo que nos hace cambiar los objetivos de nuestra vida.
3º.- Vamos comprobando que alcanzamos cada vez más paz interior y que vivimos la vida de una manera más plena y con la mejor voluntad.

Si tenemos que descubrir que todo eso nos afecta sin necesidad, —Solo hasta el punto de permitir que se guarde en la memoria o pensar en ello— porque no estamos atentos ni somos conscientes de lo que nos llega ni de nuestras actitudes, está claro que debemos estar atentos a nosotros mismos con la consciencia puesta en lo que nos llega por medio de los sentidos y en la reacción de la mente y del cuerpo de deseos —respuesta automática de pensamientos, sentimientos y deseos— esto es, auto-observarnos. Hay personas que no se paran a diferenciar la observación de la observación de sí mismo, pero es importante tener presente las diferencias, por ejemplo: Lo que observamos con la vista pertenece al mundo físico o externo, está fuera de nosotros por muchos estímulos o repercusiones que pueda tener en el cuerpo de deseos, por eso lo observamos con los ojos. Para observarnos a nosotros mismos no se necesitan éstos porque lo observable está dentro en forma de sentimientos, deseo, emociones, pensamientos, pasiones, etc., es más, una buena auto-observación nos puede llevar a descubrir muchas facetas del inconsciente de las que mostramos en nuestra vida cotidiana.

Pero ¿Qué es lo que hay que observar con tal de purificar nuestro carácter y limpiar la personalidad para acercarnos a la conciencia del Yo superior? La observación del mundo externo, en todos sus aspectos, nos puede servir para ver cómo afecta a nuestro interior y cómo responde nuestro “interior automático e instintivo”, pero es más importante la observación de nuestro aspecto interno. La propia observación no solo nos hace cambiar en nuestras expresiones y actitudes sino que, además, favorece el desarrollo espiritual porque vamos abandonando esa manera de responder como maquinas. Por tanto, si queremos comenzar a cambiar debemos llevar una vida cada vez más introspectiva.

Quienes hayan profundizado en las enseñanzas de Patanjali o de otros ocultistas y filósofos antiguos sabrán que dentro de las dos clases de observación que he mencionado, se puede hacer otra división, estas son, Primera: La observación con pensamiento; y Segunda: La observación pura —la correcta— sin pensamiento. Si de verdad queremos observar y, además, aprender de la manera más “real” posible, debemos evitar pensar mientras observamos, es decir, no emitir juicio, crítica, valoración, etc., puesto que si lo hacemos estamos coloreando la visión con lo guardado en la memoria según nuestros conocimientos, experiencias e ideas preconcebidas; esto transformaría el concepto de lo que se observa. Es cierto que debemos experimentar y obtener conocimiento de todas las relaciones y circunstancias, pero cuanto más pura y exacta sea la atención sobre lo que observamos y más libre esté de las interferencias personales, mejor grabado quedará lo observado. Para conocernos o para aprender debemos observar “conscientemente” para que el cerebro estructure correctamente lo que llegue porque si lo que observamos lo mezclamos con razonamientos —en cada persona es diferente según estudios, experiencias, etc. — el cerebro no hará su trabajo como debería para así poder nosotros beneficiarnos de él.

Para comenzar este trabajo que nos permitirá conocernos, ver los errores de nuestras actitudes y expresiones y eliminar todo lo que sea un impedimento para el desarrollo interno, debemos seguir la siguiente línea de actuación:

1º.- Análisis de nuestras actitudes y expresiones en la vida cotidiana para comprobar por cuáles nos guiamos más, si por nuestro ser interno o por las imposiciones de leyes, normas, hábitos, enseñanzas, etc.
2º.- Una vez puestos a auto-analizarnos y estudiarnos, debemos percibir la imagen que tenemos de nosotros mismos —con sus defectos y sus virtudes— para intentar expresar solamente los aspectos del Alma. A su vez, deberíamos fijarnos como meta la eliminación de los defectos.
3º.- El punto número dos debería hacernos comprender que todos esos impedimentos —sentimientos, deseos, pensamientos automáticos, pasiones…— son como yoes que intentan anular nuestra voluntad y dirigir nuestro destino.
4º.- Llevar una vida introspectiva —ser conscientes y actuar en todo momento como el ser interno que utiliza el cuerpo físico y emite sentimientos, deseos y pensamientos consciente y voluntariamente— a modo de observación para tomar cada hecho psíquico y sentimental como algo separado de nosotros.

Hay personas que confunden la observación con el conocimiento, lo que no les puede traer ninguna ventaja porque, por ejemplo, no es lo mismo saber que actuamos mal que observarnos durante un tiempo y comprobar cómo, cuándo y porqué actuamos mal; como tampoco es lo mismo saber que estamos conduciendo un coche que observarnos cómo lo hacemos; o incluso saber que estamos depresivos que observar nuestro comportamiento. El conocimiento es fruto de la experiencia y de lo que penetra por los sentidos desde el exterior —acto pasivo y de atención externa— mientras que la observación de uno mismo es una atención hacia adentro y se considera activa porque la atención voluntaria —consciencia— debe ser dirigida.

Aunque para observar algo del exterior pongamos voluntad y consciencia, tampoco es como la observación interna o de “sí mismo”. Nosotros podemos ver a alguien hacer algo malo y dejarnos llevar por los deseos, sentimientos y pensamientos que surjan automática e instintivamente, esto es “observación externa pasiva”, es decir, lo que algunos llaman “estar dormidos”. Pero si al ver esas mismas escenas, ponemos nuestra atención y consciencia a la vez que controlamos la mente para que no piense, observaremos nuestro aspecto interno y seremos conscientes de lo que intentan expresar nuestro cuerpos de deseos y nuestra mente, pero con la diferencia de que, al ser conscientes —estar despiertos— seremos dueños de sentir, desear o pensar lo que queramos o de no pensar ni sentir o desear nada. Algo similar ocurre respecto a las personas que nos han agraviado u ofendido, si nos dejamos llevar por nuestros cuerpo de deseos y por nuestra mente cada vez que nos acordamos del hecho o cada vez que las vemos, les criticaremos, les desearemos mal, etc.; pero si estamos despiertos, si somos conscientes de nosotros mismos y de nuestros cuerpos, tendremos controlados a éstos y no permitiremos que se expresen mal, eso es actuar desde dentro sobre algo que procede del exterior.

Francisco Nieto

lunes, 2 de enero de 2012

EL AUTOCONOCIMIENTO QUE LLEVA A LA REALIDAD (II)


Desde que obtuvimos la auto-consciencia hace millones de años hasta ahora, hemos perfeccionado hasta cierto punto nuestros cuerpos, nuestro mundo, y a nosotros mismos en general, y todo ha sido gracias al conocimiento obtenido del mundo físico que perciben nuestros sentidos. Sin embargo, tiene que llegar el momento en que el desarrollo de la humanidad en general esté basado en el trabajo interno, y para ello no tendremos más remedio que poner manos a la obra según las enseñanzas que nos lleguen en ese momento. Para alcanzar ese desarrollo interno o despertar a otro nivel de conciencia superior por medio del ocultismo solo es necesario —preferiblemente— pertenecer a una escuela iniciática como, por ejemplo, la Fraternidad Rosacruz; los devotos, religiosos, etc. solo deben servir y amar al prójimo y a Dios; y los científicos llegarán a unir la ciencia y la religión como, de hecho, algunos afirman ya que este mundo ha debido ser creado por un Ser como el que normalmente llamamos Dios. Ahora bien, si el siguiente paso en nuestra evolución es contactar con ese Yo superior o Ego, que contiene toda la sabiduría de nuestro propio pasado y que es nuestra más cercana meta de perfección ¿Hay alguna práctica que sirva a todo el mundo por igual y que nos facilite ese contacto y la correspondiente elevación de conciencia? A lo que habría que responder ¡Sí!

¿Qué es lo que impide el contacto con nuestro ser interno? ¡La personalidad! ¿Y qué es la personalidad? La personalidad está compuesta por: Los sentimientos o emociones; los deseos; los hábitos; la mente creadora de todos nuestros pensamientos; el conocimiento y las enseñanzas recibidas en esta vida; las preocupaciones, problemas, prejuicios y demás aspectos de la vida que nos dominan; y todo aquello que haga que nuestra mente, voluntad y consciencia estén enfocados en el mundo físico y en nosotros mismos como personas. Siendo así ¿Cómo eliminamos todo eso y nos identificamos con ese Yo superior? La mejor manera sería: observándonos, conociéndonos y estando atentos constante y conscientemente a todo lo que hacemos y que nos rodea. Naturalmente que, a modo de complemento de esta filosofía de vida, no hay que dejar de lado el aspecto espiritual o devocional que tiene íntima relación con nuestro Espíritu.

Si de verdad queremos hacer una “limpieza” y un orden en la personalidad para que podamos percibir a nuestro Ser interno, lo primero que debemos hace es admitir que el mundo de los sentidos no es el mudo del Espíritu. Es cierto que este mundo físico es necesario para adquirir conocimiento, para experimentar y para desarrollar nuestras facultades mentales y espirituales; pero no es lo mismo dejarse dominar por todo lo que nos rodea como si de verdad fuera nuestro mundo que “ser conscientes” de lo que hacemos en cada momento y así, mediante la observación consciente, utilizar la voluntad y el libre albedrío para elegir lo correcto y actuar de acuerdo a lo que la conciencia nos dicte.

Lo que para nosotros es el estado de conciencia de vigilia —estar despiertos en este mundo— para nuestro Yo superior o Alma es como un sueño, por eso hay quien opina que nosotros aquí, en nuestra vida cotidiana, estamos dormidos. Con esto se quiere diferenciar la actuación automática, instintiva, imaginativa, en forma de hábitos y cualquier otra forma inconsciente de lo que debería ser una actividad consciente en el “siempre ahora” o presente. Este hecho también lo podríamos llamar “soñar despierto” ya que, por ejemplo: Alguien nos puede hablar mientras escuchamos música o vemos la televisión —pensando en esos momentos incluso en otra cosa— y no somos conscientes de ello; por no decir que muchas veces estamos con la vista puesta en algo y terminamos sin mirar a nada —mirada perdida— y la mente pensando en cualquier otro asunto que nosotros no hemos elegido voluntariamente.

Otra manera de explicar que estamos dormidos porque nos dejamos llevar por cualquier cosa es cuando dejamos que nos afecte y obsesione cualquier problema, preocupación, ofensa, crítica, etc. Esto, además de hacernos sufrir innecesariamente, nos pone bajo su yugo y no nos damos cuenta —no somos conscientes en esos momentos, es decir, estamos fuera de nuestra realidad— de que si estuviéramos atentos a todo eso que nos domina y ejercitáramos la voluntad de una forma consciente, estaríamos limpios de tanta influencia dominante. Otra forma de comprender a qué llaman estar dormido o ser inconscientes de la realidad es cuando somos dominados por los deseos —tabaco; egoísmo; alcohol; materialismo; vicio de televisiones, sexo, etc. — sentimientos —odio, venganza, rencor, envidia, celos, etc. — y pensamientos —crítica, malos pensamientos en general, y el hecho de que la mente esté pensando constantemente sin que seamos conscientes de ello ni le prestemos atención—

Así es que si queremos transformar y limpiar la personalidad para ser y actuar como el verdadero Yo, una de las primeras cosas que debemos hacer es admitir que todo lo mencionado y que nos domina, es como estar fuera de la realidad en la que deberíamos estar, o sea, es estar dormidos ante los ojos del Alma. Es necesario hacer una limpieza de lo negativo para quedarnos solamente con los deseos, sentimientos y forma de pensar positiva pero, a la misma vez, por no decir antes, nuestra obligación debería ser desechar toda la basura de pensamientos que siempre tiene la mente y que, a su vez, no la deja descansar. Esto lo deberíamos tener ya claro, pero para conseguirlo debemos observarla de una forma voluntaria y consciente, entonces será cuando podamos prohibir todos aquellos pensamientos que nos perjudican y que nos distraen; solo a partir de entonces podremos decir que estamos despertando o siendo conscientes de lo que hacemos, pensamos, sentimos y hablamos.

Habrá muchas personas que opinen que esto no sirve para nada y prefieran seguir pensando e imaginando posibles hechos del futuro; o también es posible que no les importe guardar rencor o sufrir por lo que le hizo un jefe o un compañero, o su pareja… sin darse cuenta de que los hechos que nos roban la felicidad sólo nos afectan si nosotros queremos; o quizás teniendo resentimiento o remordimientos del pasado; o en otras muchas cosas del subconsciente que nos hacen sufrir o tener miedos y fobias; o dejándose dominar por su mente inestable o cambiante que les lleva al mundo de la imaginación fantástica; o simplemente prefieran seguir viviendo satisfaciendo sus deseos pensando que todo lo que consiga se lo van a llevar después de la muerte; o quizás también prefiera vivir en tensión por dejarse dominar por las ofensas, críticas y malestares que le puedan causar; etc. etc. etc. Estas personas no saben que todo eso se puede superar y eliminar hasta conseguir:

1º.- Pensar sólo en lo que se desee
2º.-Admitir o rechazar todo deseo, tentación, prueba o sentimiento
3º.-Hablar sólo lo que debamos y con sentido de la responsabilidad
4º.- Y como consecuencia, pasar a la acción cuando sea necesario de manera consciente y voluntariamente controlada.

Cuando no somos conscientes de nuestras expresiones y actividades internas, suele ocurrir que de un simple pensamiento podemos desarrollarlo infinitamente y terminar de la manera más negativa o absurda, y todo ello sin darnos cuenta ni dar importancia a lo que estamos planificando. El hecho de ver a alguien hacer algo malo puede llevar a nuestra mente y a la imaginación a criticarle, juzgarle y sacrificarle incluso delante de otras personas. Sin embargo el que está consciente —está despierto— no se hubiera fijado en el hecho o le disculparía, no le criticaría ni le juzgaría, etc. etc. Limpiar la basura de la mente no es solamente impedir que la mente piense de forma automática para que no dé pié a la creación de deseos y sentimientos negativos, también es crear pensamientos positivos consciente y voluntariamente para crear sentimientos y deseos elevados. Pongamos un ejemplo sobre esto, supongamos que un hombre de los que el deseo por el sexo le domina se fija en una bella mujer, si está en el estado que llamamos “dormido” comenzará a mirarla con ojos de deseo carnal, pensará e imaginará mil cosas mientras se deja llevar por los bajos y pasionales deseos y emociones; esto a su vez estimulará más aún al cuerpo de deseos y éste, también a su vez, hará lo mismo con la mente repercutiendo como estímulo físico en los órganos sexuales. Bien, este mismo caso en una persona que ha conseguido ser consciente de todo lo que hace la mayor parte del día, no hubiera ocurrido porque:

1º.- No hubiera pensado nada sobre la mujer
2º.- Como mucho y voluntariamente, hubiera observado la belleza de ese cuerpo como quien observa a una rosa o a una hermana desde el punto de vista fraternal y espiritual.
3º.- Esa actuación no hubiera estimulado ningún bajo deseo, emoción, pensamiento y mucho menos los genitales.
4º.- Tendría la posibilidad de crear toda una serie de pensamientos, deseos y sentimientos elevados mientras la observa, siendo consciente de que los buenos deseos y pensamientos alcanzan y benefician a la otra persona y a él mismo como efecto y como creador de ellos.

                                Francisco Nieto