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viernes, 23 de marzo de 2012

NUESTRO PROPIO MUNDO MENTAL (II)


Desde la propia Mente Cósmica del Creador del Universo –como ocurre con Su Vida y Su Conciencia– descienden sus aspectos manifestándose de diferentes formas y vibraciones hasta alcanzar la más diminuta partícula existente en el mundo físico; al igual que la vida, la conciencia y el principio mental están en todo el universo para que cada vida pueda desarrollar su propio aspecto mental a través de las formas que habite. Aunque se dice que es la ley de atracción la encargada de atraer a los átomos para crear las formas, se puede decir que esta misma ley es una operación mental con causa y efecto, es lógico pensar, como así se puede comprobar, que las moléculas y células así como los planetas y los sistemas solares o las galaxias también contienen ese “algo” –mente– que hace que se muevan en un orden establecido o que se atraigan o repelan entre ellas. Así nosotros estamos evolucionando entre ese microcosmos y el macrocosmos estelar, con la particularidad de que nuestra conciencia está muy por encima del microcosmos y de que ya tenemos conciencia y mente propia. Nuestra etapa actual de consciencia tiene aún entremezclada la subconciencia del pasado, pero también el principio de la que será en el futuro, es decir, de la intuición.


Ya hemos dicho que nuestro cuerpo físico está compuesto de la misma materia que cualquier otro objeto, sin embargo, la vida que lo anima, aun teniendo su origen en la vida universal, está más o menos evolucionada según sea el desarrollo del ser humano o forma donde habite. Pero, sea cual sea la forma, la vida viene a construir para evolucionar y adquirir su propia conciencia, así es que la vida es la que construye, hace que se desarrolle y muera en un momento dado el vegetal. Esta misma vida –a través de las células– y más evolucionada ya que en el vegetal, es la que construye los organismos animales y también es la que se expresa a través del instinto. Y es esa misma vida –ya en el humano– la que en un pasado creó nuestro cuerpo primitivo y original quedándonos hoy todavía como muestra de ello lo que llamamos “mente vegetativa” o “inconsciente”. Esta mente está relacionada con la formación de los cuerpos de los reinos y con el desarrollo de su aspecto emocional, de deseos y mental.

Quizás le parezca todo esto increíble a alguien pero si pudiéramos ver con nuestro propios ojos –como lo ven los científicos– cómo se van formando las aves en el huevo o los animales en el vientre, llegaríamos a pensar que unas manos invisibles van dirigiendo a las células para que den la forma del animal; sin embargo, nuestra vida junto al subconsciente tienen un papel muy especial en ese trabajo. Pero el trabajo de esta vida subconsciente no acaba con el nacimiento del nuevo ser, durante la vida lucha contra la destrucción del cuerpo y contra la muerte creando nuevas células y un sistema defensivo del cuerpo; controla la circulación sanguínea para que llegue a todas partes; atiende a la digestión y a la salud, cura las heridas, procrea, etc. El ser humano no es consciente de este aspecto subconsciente pero puede influir sobre él según se exprese en bien o en mal; es decir, los pensamientos conscientes negativos perturban la acción subconsciente de esta mente y los positivos la estimulan en su labor y crean armonía y equilibrio en el organismo.

Nuestra única colaboración con esta mente vegetativa –elemental constructor– aunque más bien inconsciente, es la de alimentar el cuerpo físico y cuidarle para facilitar su labor y alargar nuestra propia vida. Es en este plano inferior del Mundo Mental donde podríamos situar también el instinto de creación y de reproducción que como impulso interno tenemos; el hambre, la sed o la enfermedad común son otras manifestaciones para que la mente –la consciencia– responda de forma activa para remediarlo. Sin embargo, esto no hay que confundirlo con los impulsos y deseos animales que nos llevan a malgastar la energía creadora a través del sexo y de otras acciones negativas e innecesarias desde el punto de vista físico, moral y espiritual. Estos impulsos son aspectos inferiores del cuerpo de deseos, y hay muchos de ellos que todavía dirigen nuestras vidas actuando, por tanto, instintiva y automáticamente y muchas veces como los “animales” que fuimos en el pasado.

Naturalmente que, en cierto modo, la mente vegetativa está unida a los aspectos inferiores del cuerpo de deseos. Hubo una época en que, entre otras muchas cosas, esa mente nos impulsaba a procrear y a alimentarnos al igual que ocurre hoy, pero en aquella época nos dejábamos llevar por los deseos que satisfacían nuestro aspecto inferior y prostituimos esos hechos convirtiéndolos entonces en gula y lujuria, y así con todo lo demás. Pero después de aquella época y una vez que comenzamos a desarrollar la mente, no fuimos, –ni hoy casi tampoco somos– capaces de vencer esos aspectos inferiores que en un principio eran para la supervivencia y después fueron los que nos esclavizaron. Hoy nuestra mente subconsciente apenas puede ayudarnos a vencer esos aspectos inferiores puesto que deberíamos superarlos con la razón consciente, sin embargo, todavía sigue impidiendo que recibamos la luz de la intuición y del propio espíritu.

Llamamos instinto animal al hecho de que un animal cambie de sitio a sus crias cuando cree que hay un peligro para ellas, al hecho de que las aves construyan un nido antes de aparearse para luego poner sus huevos, sin embargo, cuando nos comparamos con ellos y vemos nuestra superioridad, no queremos comprender que nosotros pasamos por una fase similar antes de obtener la autoconsciencia, una autoconsciencia que hasta ahora se ha esforzado poco por superar todos esos aspectos inferiores que aún dominan al hombre. Las tribus más o menos salvajes que aún quedan siguen guiándose mayormente por esta mente instintiva que está por debajo de la razón concreta y mientras sea así y no imponga la voluntad para discernir no vencerá su naturaleza inferior.

Este plano inferior de la mente es como un almacén donde están los impulsos hereditarios de anteriores generaciones y renacimientos y los instintos, emociones y sensaciones del pasado –odio, lujuria, celos envidia…– Éstos se presentan ante nuestra consciencia constantemente como un yo haciendo que actuemos como ese yo desea, y esto seguirá ocurriendo mientras no aprendamos a diferenciar esos sentimientos y deseos de la mente y a ésta última de nosotros mismos como “yo soy yo”. Cuando nos situemos en ese nivel mental superior al ordinario comprenderemos y “viviremos” esa experiencia interna que nos separa del mundo físico y de lo que hasta ahora hemos sido como personalidad. Este plano mental superior es el que hará que nos expresemos voluntaria y conscientemente desde la distancia y sin identificarnos con esa mente instintiva ni con la mente concreta, sino que lo haremos con un sentimiento interno difícil de describir pero intenso aunque solo sea por unos segundos.

Lo cierto es que no es nada fácil vencer al cuerpo emocional –de deseos– puesto que su naturaleza se ha ido haciendo fuerte en nosotros desde hace millones de años, es más, actuábamos como si fuéramos él puesto que no teníamos la mente para razonar; es algo similar al hecho de que hoy se piensa que somos la mente sin darnos cuenta que la voluntad está por encima. Se nos ha acostumbrado a pensar y creer que fuimos muy malos y que seguimos siéndolo cuando actuamos sin razonar dejándonos llevar por esa naturaleza inferior del pasado, sin embargo, no es totalmente cierto puesto que aquella naturaleza semi-animal e instintiva fue necesaria para nuestro desarrollo. Por tanto, tenemos muchos yoes inferiores en nosotros todavía, sin embargo eso no significa que les debamos dar rienda suelta para que impidan nuestro desarrollo espiritual.

                                         Francisco Nieto

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