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sábado, 28 de abril de 2012

CONSCIENCIA Y AUTO-CONSCIENCIA ( I )




La cualidad humana que normalmente llamamos “consciencia” es el fruto de las experiencias a lo largo de infinidad de renacimientos de la vida en la forma y, a su vez, es la base de la que se forma la conciencia. Podríamos definir a la consciencia como “personal” o “relativa” puesto que es la consciencia en la que funcionamos desde que nos despertamos cada día hasta que nos acostamos, estando ésta relacionada más que nada con el cuerpo de deseos o emocional. La conciencia es fruto de la quintaesencia que extraemos de las experiencias de cada vida, y está relacionada más bien con el aspecto intelectual o mental. Naturalmente que antes de obtener la consciencia de este mundo teníamos una consciencia subjetiva similar a la del reino animal desarrollado y también a la que tenemos mientras dormimos; no obstante, analizando todo esto más profundamente nos podemos dar cuenta de que caben más divisiones. La consciencia es el medio por el que nos damos cuenta de que “somos”, de dónde estamos, de lo que sentimos y de lo que pensamos; lo que no significa que siempre sea así dependiendo del uso que hagamos de la mente.


Veamos cuántas clases de consciencia podemos tener como humanos.

1º.- El de inconsciencia o de sueño producido por la salida del Alma del cuerpo físico quedando éste solo habitado por la vida pero no por las emociones ni por la mente.

2º.- De vigilia o relativa que es cuando el Alma o Yo superior penetra con sus cuerpos emocional y mental en el cuerpo físico, conectándose al cerebro donde recibe las percepciones de los sentidos.


Estos son dos principales estados de consciencia en los que vivimos, sin embargo, dentro de éstos podemos hacer varias diferenciaciones como son:

a) La imaginación, en la cual perdemos momentáneamente la consciencia relativa del presente para viajar mentalmente al pasado o al futuro.

b) La memoria, basada en hechos conscientes del yo, variando ésta según el grado de consciencia del hecho que más o menos se recuerde.

c) La auto-consciencia, que representa los momentos en que somos auto-conscientes de nosotros mismos como autores, pensadores u observadores de lo que hacemos, sentimos o pensamos.


En el estado de consciencia de “dormido” no tenemos voluntad de acción puesto que está basado en imágenes subjetivas y en sensaciones o experiencias de determinados momentos tanto dentro como fuera del cuerpo estén o no relacionados con la memoria. En el estado de consciencia de vigilia o relativa, sí tenemos activada la voluntad ―unida al Alma― pero suele ser usada para beneficio propio de la personalidad o yo inferior, para su supervivencia o intereses propios y no para el desarrollo de la auto-consciencia. Para desarrollar la auto-consciencia debe haber voluntad para recordarse uno mismo como un Yo superior separado de la mente.


Si preguntamos a alguien que está escribiendo en el ordenador que si es consciente de lo que escribe dirá que sí porque se identifica con el hecho de escribir, sin embargo, desde el punto de vista de la auto-consciencia casi podríamos asegurar que no porque “saber” que se está escribiendo no significa que sea consciente de cómo lo hace o qué escribe. Un estado de consciencia es, por ejemplo, Francisco Nieto escribiendo, y otro es el Yo siendo consciente de que Francisco Nieto está escribiendo y cómo escribe. Por lo general, cuando actuamos según nuestros deseos, gustos y forma de pensar, nos identificamos como el yo personal; y cuando nos dominan los deseos, sentimientos y pensamientos negativos decimos que son una especie de yoes que debemos dominar y que poco tienen que ver con nosotros. Sin embargo, ni en un caso ni en otro nos damos cuenta que estamos equivocados porque sólo cuando nos ponemos a observarnos ―cómo sentimos y pensamos― es cuando podemos estar en la consciencia del verdadero Yo o Alma recordándonos a nosotros mismos como “Ser”, lo que significa que podemos utilizar la mente a voluntad. Mi Yo es la esencia que nació cuando ―con― nació mi cuerpo físico y, salvo los muy desarrollados, poco trabajo se puede hacer directamente sobre ella. Por el contrario, Francisco Nieto es todo aquello que rodea a esa esencia o verdadero Yo ―educación, enseñanzas, experiencias, etc.― es lo que cree ser yo por medio de lo conocido gracias al cerebro y a los sentidos físicos. Pero solo cuando Francisco Nieto ponga atención a sus deseos, a sus emociones y a la qué piensa y cómo piensa su mente podrá traer a la manifestación al Yo superior o esencia.


Los hábitos y respuestas mecánicas, las imitaciones que vamos haciendo desde que nacemos, los vicios y costumbres, el poco uso del discernimiento, y todo lo que hacemos sin aplicar la atención plenamente sobre nosotros mismos, es lo que impide que se desarrolle la verdadera consciencia o auto-consciencia. Está claro pues que la personalidad, lo que creemos ser, es una falsedad que impide que se desarrolle la auto-consciencia. A lo largo de su evolución y en determinada vida, todo ser humano comenzará a sentir en algún momento la presencia de “algo” ―ideales elevados, interés por la vida superior, etc.― que nace y se desarrolla en él. Es precisamente a partir de ese “nuevo sentir” cuando se experimenta la “separación” de la personalidad y de la naciente auto-consciencia.


Suele coincidir en esta etapa o vida que, a la vez que nace la auto-consciencia, se conecta con alguna Escuela ―esotérica, oculta o similar― que facilite el conocimiento para discernir y comprender que no se es dicha falsa personalidad y comience, por tanto, un desarrollo acelerado de la espiritualidad y de la conciencia. Ese es el caso de los que en esta vida estamos integrados en alguna escuela ―rosacruz, teosófica, Arcana, etc.― o los que llevan a la práctica enseñanzas como esta cuyo origen puede estar en grandes Maestros u otros filósofos o intelectuales del pasado y del presente que están intentando llevar a la humanidad hacia un nuevo estado de consciencia. Cuanto más se llevan a la práctica estas nuevas enseñanzas más se va dominando y anulando a la personalidad que reina en nosotros como si fuera el verdadero yo; a su vez, más conscientes somos de nuestras debilidades, defectos, egoísmo y apego. Pero esto no significa que ya esté floreciendo el Alma, más bien podríamos dejarlo como que estamos contactando con su delegado, el cual, se hará más poderoso ―a ratos― según nos demos cuenta de que nos dominan los malos deseos y las emociones negativas y de que la mente actúa por sí misma.


Pero, no nos confundamos, el hecho de que aborrezcamos algunos deseos y emociones no significa que hayamos eliminado a la personalidad puesto que esta personalidad falsa también está compuesta por otros deseos, sentimientos y emociones “positivas” que nada tienen que ver con el Ego o Yo superior. Es necesario que la personalidad se centre en lo positivo ―como primer paso― gracias a la auto-observación y al discernimiento sobre lo bueno y lo malo, lo correcto o incorrecto y lo verdadero y lo falso; una vez conseguido esto deberá analizar su comportamiento y en base a qué sentimientos, deseos o emociones actúa. Por último, deberá observar a su mente para ver cómo responde ante las impresiones y las sensaciones, y cómo y qué piensa respecto a su aspecto interno. Es entonces cuando podríamos decir que estemos alimentando al Yo superior a la vez que vamos anulando a la personalidad. En esta etapa la esencia o Ego no entra en juego aún plenamente sino que anda en lucha con la personalidad.


La base del desarrollo de la conciencia son las experiencias conscientes y éstas existen para nosotros gracias a que tenemos sentidos y gracias a la memoria pero ¿tendríamos el mismo desarrollo si no tuviéramos la memoria y sólo nos valiéramos del momento de la experiencia? La mayoría de las personas perderían gran parte del desarrollo puesto que no son conscientes ―no practican la observación consciente sobre sí mismos― de lo que sienten, hacen y, sobre todo, piensan. Somos lo que somos y actuamos como actuamos gracias, principalmente, a la memoria, y ésta es lo que es gracias a las impresiones que hemos percibido y guardado desde que nacemos. Si no fuera por la memoria no podríamos especular, calcular, comparar ni nada de lo que normalmente hacemos. El hombre piensa y actúa según lo conocido y rara vez piensa algo original, piensa según las asociaciones de la mente y responde según lo guardado en la memoria de otras ocasiones pasadas. Pero lo mismo que la memoria se forma con los hechos donde hemos sido más o menos conscientes ―de ahí que recordemos pocas cosas de la infancia― el verdadero Yo o Ego se desarrolla según el hombre se esfuerce por ser auto-consciente asumiendo así el papel de observador de sus cuerpos. Es más, la quintaesencia de las experiencias de la vida y todo el proceso post-morten está íntimamente relacionado con el hecho de “ser” o “no ser” auto-conscientes de lo que hacemos.

Francisco Nieto

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