Entradas populares

domingo, 13 de mayo de 2012

CONSCIENCIA Y AUTOCONSCIENCIA (II)




Cuando normalmente decimos “me apetece esto”, “voy a trabajar” o cualquier otra frase similar, por lo general, no somos auto-conscientes como cuando, por ejemplo, observamos cómo trabajan nuestras manos teniendo la mente voluntaria y conscientemente concentrada en ese hecho; ni tampoco estamos en el mismo grado de consciencia cuando pensamos normalmente que somos conscientes que cuando respondemos a la pregunta ¿eres consciente? puesto que la pregunta nos obliga a auto-analizarnos y a responder conscientemente. Si metiéramos en un mismo saco nuestros deseos, forma de pensar, sentimientos y emociones, vicios, costumbres, etc. ¿qué nos quedaría como individuos separados de la personalidad? Nos quedarían los hechos guardados conscientemente en la memoria y, por tanto, muy poca auto-consciencia. Esta individualidad representaría al Ego o Alma, sin embargo, en la vida real nos identificamos tanto con ese “saco” que creemos ser él y no nos damos cuenta de que cuanto más analizamos al mismo como algo separado, más nos recordamos a nosotros mismos y nos hacemos conscientes de que somos un Yo superior a todos esos yoes. A primera vista, pues, está claro que según vayamos eliminando todos esos aspectos de la personalidad iremos obteniendo poder sobre nuestros cuerpos ―físico, emocional y mental― y actuaremos “en consciencia,” lo que significa que la vida será más fructífera después de la muerte y que el Yo creará un mejor destino para la próxima vida.



Esta, podríamos llamar, personalidad falsa no existe en realidad como un Yo sino que es lo contrario, una acumulación de hechos y aspectos con los cuales nos hemos identificado por el simple hecho de haber actuado inconscientemente, por hábitos, instintiva y automáticamente según lo experimentado en todos los sentidos. Así es que, dicha personalidad existe gracias a las expresiones de nuestros cuerpos y pocas como respuestas voluntarias y conscientes como observadores. Por consiguiente, si queremos ir anulándola progresivamente debemos observarla, conocerla, no confiar en ella y utilizarla como lo que verdaderamente somos, un Ser auto-consciente. Por ejemplo, ante un hecho cualquiera que nos ocurra o ante cualquier acción o respuesta que queramos dar, normalmente es la personalidad quien se expresa ―para bien o para mal― de ahí tantos errores, tantas complicaciones y problemas y tantos malos hábitos y comportamiento entre otros. Sin embargo, si antes de actuar, responder o decidir observamos al cuerpo emocional o a la mente para ver qué intenta hacer o cómo actúa o piensa, estaríamos facilitando la manifestación del Yo superior. A la vez, si recordáramos cada vez más cómo hemos actuado ―como personalidad o yoes falsos― en el pasado, estaríamos desarrollando la auto-observación y tendríamos más fácil el poder de expresarnos con voluntad y consciencia.


No cabe la menor duda que algunos aspectos de la personalidad son útiles ―la buena intención, la generosidad, la simpatía, etc.― pero con la práctica de la auto-observación y de recordarnos a nosotros mismos, se potenciaría más el poder del Alma. Es decir, podemos ser simpáticos como personalidad o podemos ser generosos por hábito, pero cuando se actúa como Yo superior ―siendo auto-conscientes― la simpatía o la generosidad se potencian y pueden ir unidas al amor, a la fraternidad o a la compasión como acto voluntario y consciente; lo que se expresaría incluso a través del aura. Las personas que normalmente definimos como “malas” pueden aumentar su maldad si siguen actuando como personalidad, pero si esas personas comenzaran a practicar la observación de sí mismas ―deseos, sentimientos, emociones y pensamientos― y pusieran voluntad en recordarse a sí mismos como consciencia, no tardarían en transformar muchos de esos aspectos malévolos,. Es cierto que esos cambios pueden tardar mucho o poco tiempo en producirse puesto que aquí entra en juego la evolución alcanzada por la propia Alma pero, aún así, se conseguirían cambios importantes puesto que la voluntad es una expresión de dicha Alma.


La práctica del desarrollo de la auto-consciencia bien puede comenzar por hacer un estudio de los hábitos, expresiones o aspectos más notables de esa falsa personalidad. Por ejemplo, si la personalidad fuma y nosotros, como seres pensantes, no queremos que fume, debemos observar y analizar cuándo y cómo surge el deseo y por qué la mente se deja dominar y accede a esa tentación. Una vez hecho esto y tomada la decisión consciente y voluntariamente de “no permitir que la mente se involucre en ese deseo”, debemos estar “atentos” para observar a dicho deseo cuando se manifieste para dejarle pasar ―no actuar ni pensar al respecto― sin que la mente participe en ello para nada. Esto es así porque, además del deseo, la mente suele expresarse en términos de personalidad y, aunque es muy útil para el Alma, suele dejarse dominar por los deseos y emociones y no deja de pensar en todos esos aspectos personales sin que el Ego pueda controlarla por medio de la voluntad. Está claro que lo primero que hay que hacer en este caso para dejar de fumar es no fumar, pero eso puede traer como respuesta tensión, malestar o enfado, lo que también es una actitud de la personalidad; así es que en estos casos es la atención plena o consciente la que debe centrarse en el sí mismo o Ser ―olvidarse del deseo y no pensar en nada― para simplemente “ser” o tener el sentimiento de “existencia” separada, y por encima de esos deseos y pensamientos. Hay otros aspectos más sencillos de practicar y con buenos resultados para ir debilitando la personalidad, por ejemplo, supongamos que una persona sabe y “es consciente” de que es egoísta y tacaña, pues bien, en ese caso lo que debería hacer es practicar la generosidad y el altruismo para que los aspectos negativos de la falsa personalidad mueran por inanición.


Es evidente que la auto-consciencia no se desarrolla de un día para otro, alcanzar un grado superior de consciencia sólo significa ser un poco más consciente de lo que éramos, así es que, de lo que se trata es de saber dar unas pautas a la mente ―no acostumbrada― para que facilite la auto-consciencia y de persistir en esa práctica despacio pero sin pausa. Para desarrollar la auto-consciencia hay que observarse a sí mismo y para conseguir esto tiene que haber una lucha con la imaginación puesto que cada vez que intentamos observar a la personalidad, la mente comienza distraerse y a imaginar. También suele ocurrir al principio de esta práctica que cuando uno se intenta observar no le sea nada fácil ser consciente de sí mismo por los innumerables pensamientos, recuerdos, imágenes, emociones, -etc. que distraen y tientan a la mente para que no cese en su actividad. Como consecuencia, la base del progreso para ser consciente y observador de la personalidad y así controlarla y debilitarla es el hecho de auto-recordarse uno mismo. Por eso es primordial luchar contra la imaginación y la actividad mental automática practicando una atención plenamente enfocada sobre lo que perciben los sentidos a la vez que se concentra la mente y no se la deja actuar por sí misma. Auto-recordarse uno mismo parece fácil pero no lo es, de hecho, el común de la humanidad es auto-consciente poquísimas veces al cabo del día.

Francisco Nieto

No hay comentarios: