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sábado, 9 de junio de 2012

EL AMOR, TAN CERCA Y TAN LEJOS (I)



Mucho se ha hablado y se ha escrito y mucho se hablará y escribirá sobre el amor, todos, según nuestro nivel de conciencia, tenemos uno o muchos conceptos sobre el amor y, sin embargo, pienso que nadie puede dar o explicar el verdadero sentido y significado de lo que es el verdadero AMOR. Mi pensamiento u opinión al respecto está basada en el hecho de que el ser humano está evolucionando y, precisamente por eso, cada cual tiene su propia escala de valores y conceptos sobre lo bueno y lo malo y sobre el amor desde cualquier punto de vista. Sabiendo que nuestro origen está en un SER de inconmensurable Amor y Sabiduría por cuya Voluntad fuimos diferenciados temporalmente de Él Mismo, está claro que, aunque sea de forma latente, debemos tener sus mismos aspectos y virtudes. Así es que no nos queda más remedio que admitir que somos dioses en desarrollo y que, a imagen y semejanza del Creador, la evolución nos llevará a convertir esos aspectos latentes en poderes dinámicos.



Si bien, la voluntad es la base imprescindible para que el hombre pueda experimentar vida tras vida para así alcanzar progresivos grados de sabiduría, gracias a ambos aspectos, el amor se va desarrollando igualmente en nosotros pasando, a través del renacimiento, por muchas formas de manifestación hasta que, en su momento, podamos hablar del “Amor Divino en nosotros”. La diferenciación (como Espíritus) que Dios hizo de nosotros hace que todos evolucionemos dentro de un Plan Divino y, aunque el renacimiento se efectúa cada cierta cantidad de años, lo cierto es que todos estamos unidos como Almas gemelas y todos tenemos el principio unificador del Amor, estemos en cuerpo físico o en los mundos superiores como Almas.


A lo largo de estas líneas podremos analizar los diferentes aspectos que el amor tiene según en qué clase o nivel de consciencia se encuentren las personas, pero podríamos decir que quien quiera que ame (según su grado de desarrollo) está manifestando el principio unificador del amor que, por muy bajo que sea, favorecerá el florecimiento futuro del amor en un más elevado grado. Esto significa que está colaborando de alguna manera en la unificación y con la evolución ya que Dios es Amor y, el Amor, como Dios, es Uno, y nosotros estamos caminando hacia esa unidad gracias también al Amor. Es cierto que la humanidad actual, todavía y normalmente, manifiesta un amor egoísta y emocional pero, queramos o no, es una actitud que, gracias al intelecto y al propio karma individual y colectivo, está encaminada hacia una unión armónica.


El amor es uno de los tres Poderes Divinos que a lo largo de nuestro plan evolutivo debemos manifestar y perfeccionar, es un poder tan grande e importante que afecta a todos los individuos y personas sean de la nación, cultura y sexo que sean; en realidad, como poder unificador y armónico, casi podríamos decir que sin él nada se construye. El Amor Divino se diferencia del personal en que en el personal, una primera o importante experiencia positiva queda grabada y la mantenemos viva durante el tiempo que dura ese amor. En el amor divino, los resultados de una experiencia positiva (servicio amoroso y altruista, actos fraternales con el prójimo, etc.) hecha con amor y consciencia queda grabada para siempre en nuestro Ser y no se borra ni olvida. En el hecho de dar amor personal puede entrar la imaginación fantasiosa respecto a la otra persona, mientras que en el divino sólo entran los sentimientos profundos del corazón que están relacionados con los aspectos más elevados de la conciencia. En el primero podemos imaginar toda una serie de actitudes y deseos personales y en el segundo no se trata nada más que de exteriorizar el amor hacia todo lo que nos rodea; en el personal creamos karma que afecta a lo terrenal y material y en el amor divino solo se produce un efecto que nos trae felicidad y progreso espiritual.


Para desarrollar y valorar el verdadero Amor y rechazar el falso y egoísta tenemos que comenzar por respetarnos a nosotros mismos para no caer en las más bajas actitudes en pensamiento, palabra y obra; debemos cuidar y mantener el cuerpo físico como el templo del Espíritu y como un don de Dios que es; debemos centrar nuestros deseos y sentimientos en hacer el bien al prójimo; debemos tener la mente controlada para que no busque lo personal sino la forma de ser útil al mundo; hay que sintonizar armónicamente con todo lo que nos rodea y con el universo puesto que todo es una creación amorosa de Dios; la consciencia debe estar en la relación Ser-Dios y no en relaciones de pareja o hechos interesados, pues de lo que se trata es de facilitar la expresión del verdadero Yo o Alma para que, como conciencia, nos aconseje; hay que, en definitiva, llevar la vibración de nuestro Ser para así estar centrados en lo espiritual y fraternal.


Estos son algunos de los primeros pasos que hay que dar para que el amor personal se transforme y para que los resultados sean el rechazo (por falta de interés y atracción) de fiestas, de relaciones sexuales y otros actos donde se consume de todo y se facilitan toda clase de actuaciones interesadas y personales que nada tienen que ver con el amor. El verdadero Amor no pone a prueba ni se vale del sexo opuesto para sus propios intereses, sino que busca una identificación mutua y una sintonía vibracional en lo interno como base para vivir una vida fraternal y espiritual. Es más, el Amor se puede manifestar y sentir solo puesto que es un sentimiento interno relacionado con un poder divino y es para exteriorizarlo hacia todo ser viviente, hecho o circunstancia. El amor personal, además de no facilitar la espiritualidad, hace que experimentemos y la soledad, la tristeza, entre otros, cuando no tenemos pareja, mientras que el Amor lo podemos dar impersonal y desinteresadamente a cualquier persona.


Tenemos la mala costumbre de buscar el amor fuera de nosotros cuando resulta que lo tenemos dentro como lo podemos comprobar, por ejemplo, cuando damos algo a alguien que lo necesita y lo hacemos con amor sincero y solidaridad. Nosotros solos lo podemos manifestar por el simple hecho de pensar amorosa y compasivamente en alguien que necesita ayuda, es más, dando amor verdadero hacemos que las personas que lo reciben también manifiesten sentimientos similares. Como ya he dicho, procedemos de una Fuente de Amor y tenemos ese Poder Divino transformador dentro de nosotros, por tanto, somos Amor potencial y solo tenemos que intentar desarrollarlo por medio de la voluntad y de una manera razonada y sabia. Nuestras actuaciones basadas en el pasado, las circunstancias presentes, los hábitos egoístas y personales, y la escala de valores que cada uno de nosotros tenemos como resultado evolutivo son los motivos principales por los que no hemos sido capaces de demostrar el verdadero amor en nuestras vidas cotidianas, sin embargo, lo tenemos a nuestras disposición para manifestarlo en cualquier momento que queramos. Es necesario aborrecer todos esos aspectos personales y obstáculos que impiden que nos centremos en cada momento en dar Amor allá donde nos encontremos.


El amor de pareja no es verdadero amor es atracción personal y, por tanto, es inestable, ya que tarde o temprano se desvanece y el supuesto amor se transforma en sentimientos y emociones negativas; sin embargo, cuando una pareja cumple los requisitos mencionados (entre otros) considerando a la pareja digna de respecto y de Amor puro, entonces ambos pueden vivir en el Amor de una forma duradera y estable. El Amor tampoco es interés egoísta para hacer nuestra a la otra persona para que nos sirva ni para satisfacerla en lo que quiera con tal de que esté a nuestro lado porque cuando esa actitud cesa dejamos de “amar”; por consiguiente, el Amor es incondicional. El Amor, por ejemplo, por el prójimo, es hacer que se sienta amado, comprendido, auxiliado, valorado, respetado y feliz internamente por medio de nuestras palabras, sentimientos y actos.

Francisco Nieto

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