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viernes, 22 de junio de 2012

EL AMOR, TAN CERCA Y TAN LEJOS (II)



En el amor no caben palabras como: “no puedo vivir sin ti” porque eso es apego o sentido de posesividad. El Amor ve a todas las personas por igual desde el punto de vista de la hermandad y de la fraternidad, y siente el mismo dolor y la misma compasión por unos que por otros. Dos personas se pueden necesitar mutuamente por muy variadas circunstancias (económicas, social, conveniencia…) para hacer frente a su destino pero en ellos está el hecho de que su vida esté llena de intereses egoístas y posesividad o vivir una vida llena de elevados sentimientos mutuos donde una se sacrifique por el otro con amor y compasión. Cuando dos personas viven así y se sirven como si sirvieran a Dios y ven mutuamente la belleza interna y los valores espirituales, están viviendo en el Amor. También se vive en el Amor cuando una pareja comparte su destino kármico para que la convivencia en el amor y en la humildad les ayude a evolucionar más en esa vida, esto es, que cuando uno se desvíe del sendero espiritual el otro esté ahí para vibrar juntos de nuevo en los valores elevados que ayudan a superar las pruebas del destino.



Como ejemplo de esto último podríamos poner a las parejas que, teniendo alguno de ellos alguna enfermedad grave o invalidez, les cuidan y están a su lado dándoles todo su amor. Qué decir tiene el hecho de que, en el hogar, los padres den ejemplo de respeto, armonía, comprensión, servicio desinteresado, etc., ya que, esa frecuencia vibratoria hace que los hijos crezcan en ese ambiente de felicidad libre de egoísmos y deseos personales. El Amor mantiene unidos a quienes lo manifiestan y vibran en él; les hace más sensibles hacia todo ser viviente; no miente, no traiciona, es cariñoso y servicial y nada le parece mal.


Una vez expuesto todo lo anterior, veamos algunas de las formas más comunes de amor entre las personas:

Amor instintivo: Esta clase de amor o de atracción resulta de toda una serie de combinaciones mecánicas o químicas (atracciones, repulsiones, simpatías, cortejos, sexo…) pero este amor solo dura mientras existe dicha química o afinidad.

Amor sentimental o emocional: Es el que se impone incluso sobre las incompatibilidades físicas o mentales aunque si no hay química suele tener poco futuro, de hecho, pronto surge la indiferencia y los problemas que en muchos casos, llevan al odio y la separación.

Amor consciente: Que también podríamos llamar intencionado, es aquel que puede manifestarse interesadamente por cualquier ser viviente o hacia cualquier reino con tal de perfeccionarlo. Entre las personas es el que dice “daría mi vida por él/ella”; de cualquier forma, esta clase de amor engendra amor y perfección. En este amor entra en juego la humildad y la tolerancia hacia la otra persona o ser. Este amor si no va acompañado de humildad y de una correcta guía, puede fracasar.

Amor creativo: Es el que crea y origina cosas nuevas y procrea la descendencia. El Amor creó el mundo, y todas las cosas bellas existen gracias al Amor, pero cuando no hay amor todo eso puede fallar y no salir como se desea. En las personas, este amor creativo y consciente se hace notar tanto cuando la persona ama como cuando es amada. En este caso hay que hablar de la castidad. La persona que ha desarrollado un grado elevado del verdadero Amor, no se deja dominar por los sentidos ni por la pasión y crea a sus hijos a modo de sacrificio; es más, ni siquiera emite pensamientos de los que tendrían relación con la lujuria. El fin de este amor es hacer todo con Amor, como si fuera para Dios y para que las creaciones lleven el mensaje y la vibración del Amor Divino.

El amor mutuo: Es el que hace que uno se preocupe tanto por el otro que vive más para él/ella que para sí mismo. Esto se consigue con la práctica voluntaria y sabia intención de elevar al otro por encima incluso de uno mismo. Sin embargo, tiene el riesgo de que si hay posibilidad de ruptura, se pase al lado opuesto y negativo para toda la vida.


Estas son algunas formas comunes de manifestar amor, pero el Amor verdadero es otra cosa que trataremos más adelante.


Son muchos los pecados contra el amor y la humanidad actual todavía suele practicarlos a menudo. Evidentemente, la maldad o la crueldad intencionada es el más opuesto de los pecados al Amor y, de hecho, hasta la propia iglesia la ha utilizado para conseguir sus fines. Hoy todavía podemos ver en la televisión como matan a personas enterrándolas vivas o a pedradas por hechos que los mismos ejecutores hacen. Tanto en el pasado como ahora, estos ejecutores justifican sus actos con costumbres o enseñanzas religiosas y no quieren ver que ese pecado contra el Amor no puede ser justificado. Naturalmente que esto es fruto de su propia evolución y de su escala de valores pero la ignorancia del amor al prójimo no impide que la Ley de Consecuencia haga su deber. No obstante, y aunque en menor grado kármico, todos pecamos contra el amor a diario por falta de razonamiento y de buena voluntad. Si nos analizáramos y auto-observáramos a menudo veríamos que cuando no pecamos de palabra lo hacemos de hecho o de pensamiento. Es fácil caer en este tipo de crítica, codicia, envidia, rencor, maldad no intencionada, etc., pero aunque nuestra escala de valores lo permita por no darle importancia, lo cierto es que actúa en contra del Amor como cualquier otro mal que afecte al prójimo.


Aunque se peca contra el Amor por instinto o hábito muchas veces, la realidad es que casi todo el mal procede de la mente puesto que es ahí de donde parte la acción y la palabra, no obstante, deberíamos estar atentos a las emociones y deseos que manifestamos porque son culpables en gran parte de que la mente cree pensamientos opuestos al amor. Un simple mal pensamiento afecta a las personas que estén en sintonía con él, al ambiente donde nos encontremos y a nosotros mismos; pero aun es peor si pensamos y juzgamos a alguien por un mal que no ha hecho, ese pensamiento se dirigirá a esa persona y le tentará para que haga ese mismo mal. Cuando hablamos mal de alguien inducimos a otros a que también creen pensamientos de maldad contra el “presunto” malhechor, no nos damos cuenta de que al Amor acelera nuestro desarrollo y de que lo contrario a él lo impide. Pero al igual que la maldad intencionada es quizás el peor enemigo del amor, el servicio desinteresado puede ser la mejor manera de acercarnos al mismo. El servicio altruista con buena voluntad hecho a todo ser viviente y aun en las más pequeñas cosas es uno de los caminos más directos para llegar a Dios.


No podemos culpar a nadie del mal que hacemos contra el Amor porque ese mal lo creamos nosotros por medio de nuestros diferentes cuerpos, sea intencionadamente o no ¿quién no se ha dado cuenta del cambio que se produce en él cuando se enamora de otra persona o cuando descubre y pone en práctica una serie de verdades espirituales? Cuando nos ocurre algo así vivimos en las nubes y nos hacemos simpáticos, agradables, generosos y serviciales entre otros conceptos, lo que trae consigo una respuesta similar de quienes nos rodean o de las personas con las que tratamos esos temas. Por el contrario, cuando algo no sale como deseamos y estamos de mal humor nos mostramos irascibles, ruines, molestos con todo, etc. y, por tanto, reaccionan de forma similar con nosotros. Por consiguiente, está claro que tanto el bien que lleva al Amor como el mal que tanto daño hace y nos perjudica, tiene su origen en nosotros mismos y en nadie más.


Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor. Si cuando pensamos en determinada persona que conocemos nos ponemos de mal humor, puede ser porque:


1º.- No responde a nuestras expectativas que egoístamente teníamos programadas sobre ella o porque no podemos utilizarla como queremos, por tanto, nuestro enfado, lejos de ayudar, lo empeora.

2º.- La otra persona está descubriendo de alguna manera algo de nuestra vida y carácter que no vemos o no queremos ver.

3º.- Nos molestan sus defectos y no nos damos cuenta de que los tenemos nosotros pero los reprimimos y los proyectamos sobre ellos.

4º.- Aunque comprendamos que esa persona es deficiente, no llevamos a la práctica aquello de que “comprender todo es como perdonar todo”.

Francisco Nieto

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