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lunes, 30 de julio de 2012

EL AMOR, TAN CERCA Y TAN LEJOS (y IV)



Podemos vivir una vida mejor por el simple hecho de pensar con el corazón, se dice que según pensamos así somos y así puede ser nuestra vida, así es que, nosotros podemos crear y vivir una vida elevada si pensamos y obramos a través del amor o como si todo lo que hiciéramos fuera hecho para Dios. Hay que tener en cuenta que el Amor (Dios) ilumina la oscuridad de nuestras vidas, de hecho, cuando pensamos con Amor estamos creando y dando amor, cuando actuamos con amor las cosas van mejor en nuestras vidas porque, aun desinteresadamente, estamos atrayendo las bendiciones de Dios. La práctica del Amor en la vida diaria nos tiene que llevar a darnos a nosotros mismos en cada actitud sin esperar nada a cambio puesto que el Amor es y existe para ser dado incondicional y desinteresadamente. De aquí que se diga que el Amor no se puede transformar sino solamente expandirse sin límites. El Amor no se contrae ni limita sino que siempre está dispuesto para que nosotros lo extendamos hasta abarcar a todo el mundo. Cuando, ante los problemas y las circunstancias, nos olvidamos de todo y llevamos el Amor como estandarte, estamos dando prioridad al Poder de Dios, por tanto, Dios resolverá en su momento dichos problemas; responder al mal con Amor es actuar con el Poder de Dios y como Él lo haría. Tengamos presente que el Amor nos trae paz y confianza en Dios, el Amor cura la enfermedad, disipa el miedo y las tinieblas, el Amor perdona y está siempre presente para que le utilicemos; el Amor puede cambiar nuestra vida y nuestro destino porque es la respuesta a todo.



Dios no tiene preferencias ni es indiscriminado o personal, por eso el Amor es de esa misma naturaleza y por eso se nos dice que seamos como Dios para que nuestro amor llegue a todo ser viviente sin ninguna clase de distinción. El Sol alumbra y calienta a todos por igual; los pájaros cantan sin hacer distinciones en si cantar para las personas buenas o malas y la lluvia beneficia a todos los seres por igual. Por consiguiente, ¿por qué tenemos que hacer nosotros distinciones en cuanto a manifestar amor allá donde nos encontremos o hacia unos u otros? Y, aún más ¿por qué la mayoría de las veces damos algo que decimos que es amor y lo hacemos, directa o indirectamente, para recoger algo a cambio? El amor es gratuito y lo debemos dar de igual forma, sin embargo, aunque queramos hacer que nazca por la fuerza en los demás, no podemos porque nada se debe imponer sobre ellos aunque sea con las mejores intenciones. La solución al problema de que se quiera cambiar a alguna persona que consideramos “mala” no está en ellos sino en nosotros. Esto es, sólo hay que verlos como ignorantes, inconscientes o con una baja escala de valores en vez de verlos como malvados o pecadores; de ahí la famosa y autentica frase de “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Hay que disfrutar dando Amor como da una flor su perfume sin saber quién se va a beneficiar de él y sin tener en cuenta si eso tiene mucho o poco mérito.


El Amor se manifiesta libre y plenamente sin tener en cuenta nada que pueda causar separación, por eso, cuando nos damos a nosotros mismos sin límites ni distinciones, es cuando manifestamos Amor. En el Amor no cabe la dualidad, es un estado elevado de conciencia que causa felicidad y paz en nosotros cuando tenemos afinidad con el Alma; es un gozo profundo en la comprensión de que Amor es Dios; es un bien inagotable que ilumina y despierta a la vida de Dios; y es lo mejor que podemos manifestar puesto que lo tenemos en nuestro interior y procede de Dios. El Amor es eterno o infinito porque no nace ni tiene fin, de hecho, sabemos cuál es su concepto pero no le podemos coger ni encerrar en ningún sitio; solamente podemos conocerlo, sentirlo y manifestarlo. Nuestra actitud debería ser siempre la de amar sin límites porque cuando se hace todo con Amor sabemos que estamos haciendo algo puro y natural que entra en los planes de Dios. El amor no mengua, por eso deberíamos expresar el Amor de Dios en nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y obras; de esa forma sabemos que ni engañamos a nadie ni a nosotros mismos.


Dios es Amor y entre los planes de Dios está el que seamos a imagen y semejanza de Él y que volvamos con Sus poderes latentes desarrollados en nosotros, por eso la vida es una búsqueda de Dios y de Su Amor. Sin embargo, en esa búsqueda, unos lo ven claro y lo abrazan y otros creen que es más interesante lo personal y que dicho Amor ya les llegará tarde o temprano. El Amor está latente en todos los hombres pero sólo los que le reconocen pueden decir que han encontrado un atajo para llegar a Dios. Cada uno de nosotros, al igual que un diamante en bruto, necesita tallarse y pulirse para poder se refractarios del Amor, por tato, cuando más trabajos elevados sobre nosotros mismos más capaces seremos de reflejar la luz y el amor como un diamante. Cada uno de nosotros somos un mundo donde nos movemos hacia el bien o hacia el mal según podamos ver la luz que nos rodea pero, sabiendo que el odio y el mal en general solo causan oscuridad ¿no es lógico que intentemos manifestar el Amor? Hay quien pasa del Amor al odio como del calor al frío, pero el Amor no tiene opuesto porque lo abarca todo y se realimenta solo, de hecho, es el agarre más seguro donde poder echar mano ante cualquier situación de necesidad. Lo único que da sentido a la vida y ante cualquier oposición es el Amor porque ¿Quién se atrevería a hacernos mal si le decimos y le demostramos que le amamos?, ¿haríamos mal a la persona que sabemos que nos ama? El Amor debilita al mal y a los que empuñan lar armas del mal, puesto que el Amor es centrífugo y eterno.


Estamos tan lejos del verdadero Amor que nos afecta muy poco el hecho de saber que infinidad de hermanos nuestros sufren y no conocen la felicidad, por tanto, no nos engañemos, es que no conocemos el Amor. El Amor es un Poder de Dios capaz de alcanzar cualquier meta pero hasta que no le desarrollemos como se desarrolla un músculo y lo ejerzamos de corazón no dejará de ser un concepto. No basta con ser capaz de amar sino que hay que hacerlo correctamente; si somos amados por Dios y por sus jerarquías, debemos amar, no queda otro camino. Lo único que aumenta a la vez que se da es el Amor, y lo único que nos hace felices tanto si amamos como si nos aman también es el amor; además, cuando damos Amor siempre recibimos alguna contra-prestación divina y hace que el mismo Amor que damos vuelva a nosotros. Lo mismo que la actividad de nuestro cuerpo físico produce calor, así la actividad del Amor produce calor del Alma en nosotros para que vibre allá donde vayamos. Está bien sentir compasión por quienes necesitan ayuda y sufren, pero más importante es ponerse en su lugar y sentir su dolor sin buscar culpables, eso es caridad y la caridad es Amor. Por consiguiente, ¿cómo se puede dejar de amar a nuestro prójimo si ―como debería ser― somos conscientes de que nosotros mismos necesitamos Amor?, ¿qué derecho creemos tener para querer que nos amen si nosotros no amamos?


Uno de los errores que más cometemos a diario y que actúa en contra del Amor es la crítica o enjuiciamiento al prójimo, y es que, por lo general, no pensamos en que esas personas que actúan así por naturaleza lo hacen por su ignorancia de las leyes divinas y porque su estado de conciencia o evolución (escala de valores particular) no les permite ver más allá de sus conceptos. La escala de valores en la que se basa la personalidad para actuar es el resultado de:


1º.- La evolución alcanzada a través del renacimiento

2º.- La experiencia, enseñanzas, educación, etc., que desde la infancia hasta el momento presente haya memorizado e interiorizado.


La actitud de las personas, por tanto, está relacionada con lo dicho anteriormente pero, principalmente, en si esa educación, enseñanzas o experiencias le han servido como aliciente para hacer el bien o, por el contrario, para no tener ninguna consideración con el prójimo. Por otro lado y dependiendo de lo anterior, el comportamiento también está basado en si conoce y lleva a la práctica (además de las leyes terrenales) las leyes divinas o de la naturaleza. Esto es importante tenerlo presente porque, como sabemos, lo que quizás sea bueno o normal para uno puede representar el mal para otro. La comprensión y la tolerancia son virtudes que se desarrollan en la vida y éstas son caminos que llevan al Amor como el Amor lleva a Dios, por eso, además de otras virtudes, deberíamos tener estas siempre presente.


Podríamos definir al Amor como la virtud divina que contiene a todas las demás virtudes ya que, cuando alguien lo vive y manifiesta se siente estimulado para practicarlas todas. Hay quien define al Amor como un deseo intenso para unirse a Dios y para elevarse a los mundos espirituales, sin embargo y aunque suena bien, ese concepto es algo egoísta porque, además, el Amor debe ir unido a la voluntad y a la sabiduría. La unión con Dios se debe desear para fortalecernos en el Amor y para ser mejor instrumento en Su Obra y no para nada personal. Es más, no se puede llegar a Dios si no se ha desarrollado en cierto modo el Amor, y para desarrollar el Amor hay que ser servidor de la humanidad y saber estar alerta para no hacer mal a nadie y para aprovechar cualquier oportunidad de auxiliar al prójimo. El aspirante espiritual que está activo en el “Sendero de Perfección” no vive para él sino que él se entrega a la humanidad, se debe considerar una herramienta de Dios y no mostrar nunca lo contrario al Amor.


No quisiera terminar este artículo sin antes exponer una pequeña parte del maravilloso “Servicio Devocional del Templo” de la Fraternidad Rosacruz Max Heindel donde podemos leer:


El amor es paciente y amable; no es envidioso; no se jacta ni se engríe; no es indecente ni egoísta; no es susceptible ni mal pensado; no simpatiza con la injusticia sino con la verdad. Siempre disculpa; siempre confía; siempre espera; todo lo soporta. El amor es inagotable.”


La lectura de este Servicio Rosacruz tiene un efecto espiritual muy grande cuando el aspirante espiritual lo lee y medita de corazón, pero quien a partir de ahora desee comenzar a caminar hacia el Amor, no tiene que hacer nada más que llevar a la práctica lo dicho en estos párrafos.

Francisco Nieto

miércoles, 11 de julio de 2012

EL AMOR, TAN CERCA Y TAN LEJOS (III)





Está claro, pues, que si queremos eliminar los obstáculos que impiden el desarrollo del Amor en nosotros tenemos que aprender a mirar en nuestro interior. No deberíamos preguntarnos ¿qué le pasa a este individuo que se comporta así? sino ¿qué me pasa que estoy tan enfadado? Si cuando nos ocurre esto nos observáramos no necesitaríamos preguntarnos nada porque descubriríamos que el enfado que hace que actuemos contra el Amor está en nosotros. Si, al contrario, vamos por la vida con simpatía, siendo generosos, fraternales, compasivos y serviciales, estaremos colaborando para que el Amor se desarrolle en nosotros y en el mundo.



Son muchas las cosas que podemos hacer a diario para desarrollar el Amor pero el espíritu de sacrificio y de servicio hacia el prójimo junto a la bondad y a la fraternidad pueden ser la base de todo lo demás. El hecho de ser comprensivos, amables, tolerantes y cariñosos con los demás ya es un paso importante hacia el desarrollo del Amor porque estamos admitiendo el derecho de que los demás sean diferentes a nosotros y admitiendo la posibilidad de que exista el bien o el mal en aquello que no comprendemos. Esta tolerancia y comprensión tiene que evitar que despreciemos al prójimo por el simple hecho de no comprender que algo del prójimo hace reaccionar algo en nuestro interior. Ya es hora de grabar de una vez por todas en la memoria que el odio y el desprecio producen separación mientras que la simpatía y el amor hace que nos reflejemos en él. Todo lo opuesto al amor que existe en el mundo es parte de nosotros y es la causa de que suframos o de que tengamos éxito y seamos felices. Nunca deberíamos tener sentimientos ni pensamientos de odio o separación, más bien deberíamos luchar contra ello a través del Amor.


Todo mal cometido por la humanidad ha estado o está latente en nosotros como potencial y mientras no aprendamos a ver a la humanidad reflejada en nosotros y no comprendamos que el Amor está también potencialmente latente en nosotros, no nos podremos unir al Espíritu del Amor. En realidad ninguno de nosotros se puede separar de sus hermanos en el Amor o en el mal que se opone a él, porque lo que demos repercutirá en el mundo por medio de los planos internos y de las leyes divinas. No se trata de pedir egoístamente o guardar celosamente el amor, sino de irradiarlo hacia los demás allá donde nos encontremos. Si trabajamos y actuamos con Amor al prójimo y a Dios solo podemos esperar Amor y otros beneficios porque Dios y Sus Leyes son Amor. Cada cual debe aprender a resolver sus problemas y males, a distinguir entre pecador y pecado, a considerar al malvado como un Alma que lucha pero que a la vez sufre, y a tener compasión y misericordia porque, si no tenemos éstas, tampoco podemos esperarlas. El camino del Amor es el camino del sacrificio y el sacrificio es el que nos lleva a la redención.


El desarrollo emocional que actualmente tiene el común de la humanidad no le permite conocer exactamente lo que es el Amor. El egocentrismo, en cierto modo narcisista, demuestra que estamos dando los primeros pasos en el desarrollo del Amor, de hecho, pensamos que el Amor es un sentimiento de atracción por medio del cual obtenemos satisfacción y sin el cual no estamos contentos. Es necesaria una ampliación de la conciencia y una transformación de los patrones de conducta de la personalidad para poder crecer y comenzar a manifestar Amor en nuestras vidas. No obstante, nadie es culpable del apego y de su interés egoísta y personal puesto que la humanidad está evolucionando desde el amor a sí mismo hasta el amor universal pasando por el amor a la familia y a otras personas de la sociedad. Cada individuo tiene una escala de valores fruto de su evolución a lo largo de muchísimos renacimientos, y eso hace que justifique sus actuaciones de desamor. Pero cada alma en evolución tiene infinidad de oportunidades en cada renacimiento para pensar y actuar más y mejor respecto al prójimo que respecto a sí mismo. Es cierto que, a veces, nos sacrificamos por los demás pero también lo es que nos gusta dar la imagen de benefactores y auxiliadores del prójimo, lo que hace que ya no sea verdadero Amor. El hecho de hacer algo por los demás con amor para que nos valoren o para obtener alguna compensación satisfactoria impide el desarrollo del verdadero Amor. Es necesaria una pureza de corazón y compasivo amor desinteresado para acercarnos al Amor. Cuando nuestra actitud en la vida nace de lo profundo y va acompañada de una elevada conciencia y buena voluntad es cuando estamos bien encaminados.


Quienes confunden el Amor con un sentimiento que crea pasiones y que no piensa en las consecuencias que le puede traer, termina sufriendo y con rupturas que le llevan a la soledad y a la frustración, pero aquel que, lejos de dejarse dominar por ciertos sentimientos, sólo actúa según su razonamiento, tendrá una vida llena de cálculos e intereses que le asfixiarán y evitarán que desarrolle la sensibilidad del Alma. Tan mala es una posición como otra puesto que para acercarnos al Amor hay que conseguir que la personalidad se adentre en lo más profundo del Ser. Tanto la mente como el corazón son necesarios para el desarrollo del Alma, pero ambos deben experimentar la vida interna que lleva a la fraternidad, a la compasión y, por tanto, al Amor.


Cuando en nuestra vida falta el Amor es como si sólo viviéramos para nuestros propios intereses y placeres, o lo que es lo mismo, nuestra vida es una lucha con quienes nos rodean en vez de una convivencia armónica y solidaria. El poco interés por dar amor hace deambular intentando mostrar todo lo que somos sin darnos cuenta de que todo eso apenas sirve para nada. La vida sin amor transcurre entre el miedo, el deseo, la superación de obstáculos y pruebas y una huída hacia adelante, y todo hasta que llegue el momento de escuchar al corazón. El Amor da seguridad pero ésta no es la seguridad que muchos buscan en el dinero, en la salud o en el trabajo; las personas que buscan esa seguridad terminan siendo infelices o sufriendo frustraciones como cualquier otro. La seguridad es un estado de conciencia que se adquiere cuando nuestra vida se basa en la justicia y en el servicio amoroso y desinteresado a los demás, que es lo que trae paz al Alma. El amor es una forma de vida que debe ser cultivada allá donde nos encontremos; es la atención sostenida que en cada instante crea belleza, compasión, solidaridad y verdad; es la manera de eliminar de nuestra vida el egoísmo y el interés por vivir la vida de placer y materialista; en definitiva, se trata de adaptar la personalidad a los ideales elevados del Yo superior.


Amar, aun desde el punto de vista normal, debería ser respetar, admirar, valorar positivamente, estar fraternalmente unidos hasta en los peores momentos y ante cualquier circunstancia, resaltar las virtudes del otro y, por supuesto, ver a los demás como una creación de Dios y tratarlos como tal. Cuando en una relación hay dudas, miedo a la separación o un simple mal pensamiento, no hay amor de corazón ni Amor divino. El verdadero Amor es algo parecido al enamorado que vive y suspira por su pareja y está deseoso de verla para decirla y demostrarla cuánto la ama; es un sentimiento de admiración que nace de lo interno y no de lo físico; es algo que hace que no demos importancia nada más que al motivo por el que se ama. Para entender lo que es amor tenemos que saber lo que no es amor, es más, ¿por qué buscar en alguien un complemento del amor si nosotros somos un completo amor? Deberíamos comenzar a intentar ver el amor y la belleza de Dios en la naturaleza y en el prójimo antes que buscarlo en las relaciones sentimentales. El Amor hacia la pareja no debería ser deseo de posesión o pasión sexual ni nada parecido, sino una manera de ver la belleza y toda una serie de virtudes para luego admirarla, servirla como tal y esforzarse y sacrificarse por ella.


El amor es no responder a las ofensas, injurias y circunstancias negativas que nos puedan afectar, sino que es perdonar, olvidar y tener sentimientos compasivos y fraternales como respuesta. El amor es un estado del Ser que debemos manifestar a todo ser viviente cuando estamos en su presencia o por la vinculación que sea. El amor no debe amar por poseer o por necesidad de que le amen, sino que debe amar porque es un don de Dios y, como tal, es inagotable y le debemos compartir. Algunos ejemplos de nuestra vida podrían ser: los misioneros que arriesgan su salud y su vida sirviendo a los necesitados y enfermos durante tantos años; o la madre cuyo amor es tal que desde el propio embarazo se entrega y se desvive en cuerpo y Alma por el bien de su hijo; o el que ayuda anónima y desinteresadamente a los pobres y desvalidos; etc., etc. No obstante, aunque aparentemente sea menos importante, el hecho de saludar, dar un consejo o un abrazo con un verdadero sentimiento de fraternidad y amistad, también nos lleva al Amor. Eso es crecer en el Amor, o sea, olvidarse de uno mismo y aceptar a los demás tal como son y, sobre todo, como hermanos en Dios.

Francisco Nieto