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miércoles, 11 de julio de 2012

EL AMOR, TAN CERCA Y TAN LEJOS (III)





Está claro, pues, que si queremos eliminar los obstáculos que impiden el desarrollo del Amor en nosotros tenemos que aprender a mirar en nuestro interior. No deberíamos preguntarnos ¿qué le pasa a este individuo que se comporta así? sino ¿qué me pasa que estoy tan enfadado? Si cuando nos ocurre esto nos observáramos no necesitaríamos preguntarnos nada porque descubriríamos que el enfado que hace que actuemos contra el Amor está en nosotros. Si, al contrario, vamos por la vida con simpatía, siendo generosos, fraternales, compasivos y serviciales, estaremos colaborando para que el Amor se desarrolle en nosotros y en el mundo.



Son muchas las cosas que podemos hacer a diario para desarrollar el Amor pero el espíritu de sacrificio y de servicio hacia el prójimo junto a la bondad y a la fraternidad pueden ser la base de todo lo demás. El hecho de ser comprensivos, amables, tolerantes y cariñosos con los demás ya es un paso importante hacia el desarrollo del Amor porque estamos admitiendo el derecho de que los demás sean diferentes a nosotros y admitiendo la posibilidad de que exista el bien o el mal en aquello que no comprendemos. Esta tolerancia y comprensión tiene que evitar que despreciemos al prójimo por el simple hecho de no comprender que algo del prójimo hace reaccionar algo en nuestro interior. Ya es hora de grabar de una vez por todas en la memoria que el odio y el desprecio producen separación mientras que la simpatía y el amor hace que nos reflejemos en él. Todo lo opuesto al amor que existe en el mundo es parte de nosotros y es la causa de que suframos o de que tengamos éxito y seamos felices. Nunca deberíamos tener sentimientos ni pensamientos de odio o separación, más bien deberíamos luchar contra ello a través del Amor.


Todo mal cometido por la humanidad ha estado o está latente en nosotros como potencial y mientras no aprendamos a ver a la humanidad reflejada en nosotros y no comprendamos que el Amor está también potencialmente latente en nosotros, no nos podremos unir al Espíritu del Amor. En realidad ninguno de nosotros se puede separar de sus hermanos en el Amor o en el mal que se opone a él, porque lo que demos repercutirá en el mundo por medio de los planos internos y de las leyes divinas. No se trata de pedir egoístamente o guardar celosamente el amor, sino de irradiarlo hacia los demás allá donde nos encontremos. Si trabajamos y actuamos con Amor al prójimo y a Dios solo podemos esperar Amor y otros beneficios porque Dios y Sus Leyes son Amor. Cada cual debe aprender a resolver sus problemas y males, a distinguir entre pecador y pecado, a considerar al malvado como un Alma que lucha pero que a la vez sufre, y a tener compasión y misericordia porque, si no tenemos éstas, tampoco podemos esperarlas. El camino del Amor es el camino del sacrificio y el sacrificio es el que nos lleva a la redención.


El desarrollo emocional que actualmente tiene el común de la humanidad no le permite conocer exactamente lo que es el Amor. El egocentrismo, en cierto modo narcisista, demuestra que estamos dando los primeros pasos en el desarrollo del Amor, de hecho, pensamos que el Amor es un sentimiento de atracción por medio del cual obtenemos satisfacción y sin el cual no estamos contentos. Es necesaria una ampliación de la conciencia y una transformación de los patrones de conducta de la personalidad para poder crecer y comenzar a manifestar Amor en nuestras vidas. No obstante, nadie es culpable del apego y de su interés egoísta y personal puesto que la humanidad está evolucionando desde el amor a sí mismo hasta el amor universal pasando por el amor a la familia y a otras personas de la sociedad. Cada individuo tiene una escala de valores fruto de su evolución a lo largo de muchísimos renacimientos, y eso hace que justifique sus actuaciones de desamor. Pero cada alma en evolución tiene infinidad de oportunidades en cada renacimiento para pensar y actuar más y mejor respecto al prójimo que respecto a sí mismo. Es cierto que, a veces, nos sacrificamos por los demás pero también lo es que nos gusta dar la imagen de benefactores y auxiliadores del prójimo, lo que hace que ya no sea verdadero Amor. El hecho de hacer algo por los demás con amor para que nos valoren o para obtener alguna compensación satisfactoria impide el desarrollo del verdadero Amor. Es necesaria una pureza de corazón y compasivo amor desinteresado para acercarnos al Amor. Cuando nuestra actitud en la vida nace de lo profundo y va acompañada de una elevada conciencia y buena voluntad es cuando estamos bien encaminados.


Quienes confunden el Amor con un sentimiento que crea pasiones y que no piensa en las consecuencias que le puede traer, termina sufriendo y con rupturas que le llevan a la soledad y a la frustración, pero aquel que, lejos de dejarse dominar por ciertos sentimientos, sólo actúa según su razonamiento, tendrá una vida llena de cálculos e intereses que le asfixiarán y evitarán que desarrolle la sensibilidad del Alma. Tan mala es una posición como otra puesto que para acercarnos al Amor hay que conseguir que la personalidad se adentre en lo más profundo del Ser. Tanto la mente como el corazón son necesarios para el desarrollo del Alma, pero ambos deben experimentar la vida interna que lleva a la fraternidad, a la compasión y, por tanto, al Amor.


Cuando en nuestra vida falta el Amor es como si sólo viviéramos para nuestros propios intereses y placeres, o lo que es lo mismo, nuestra vida es una lucha con quienes nos rodean en vez de una convivencia armónica y solidaria. El poco interés por dar amor hace deambular intentando mostrar todo lo que somos sin darnos cuenta de que todo eso apenas sirve para nada. La vida sin amor transcurre entre el miedo, el deseo, la superación de obstáculos y pruebas y una huída hacia adelante, y todo hasta que llegue el momento de escuchar al corazón. El Amor da seguridad pero ésta no es la seguridad que muchos buscan en el dinero, en la salud o en el trabajo; las personas que buscan esa seguridad terminan siendo infelices o sufriendo frustraciones como cualquier otro. La seguridad es un estado de conciencia que se adquiere cuando nuestra vida se basa en la justicia y en el servicio amoroso y desinteresado a los demás, que es lo que trae paz al Alma. El amor es una forma de vida que debe ser cultivada allá donde nos encontremos; es la atención sostenida que en cada instante crea belleza, compasión, solidaridad y verdad; es la manera de eliminar de nuestra vida el egoísmo y el interés por vivir la vida de placer y materialista; en definitiva, se trata de adaptar la personalidad a los ideales elevados del Yo superior.


Amar, aun desde el punto de vista normal, debería ser respetar, admirar, valorar positivamente, estar fraternalmente unidos hasta en los peores momentos y ante cualquier circunstancia, resaltar las virtudes del otro y, por supuesto, ver a los demás como una creación de Dios y tratarlos como tal. Cuando en una relación hay dudas, miedo a la separación o un simple mal pensamiento, no hay amor de corazón ni Amor divino. El verdadero Amor es algo parecido al enamorado que vive y suspira por su pareja y está deseoso de verla para decirla y demostrarla cuánto la ama; es un sentimiento de admiración que nace de lo interno y no de lo físico; es algo que hace que no demos importancia nada más que al motivo por el que se ama. Para entender lo que es amor tenemos que saber lo que no es amor, es más, ¿por qué buscar en alguien un complemento del amor si nosotros somos un completo amor? Deberíamos comenzar a intentar ver el amor y la belleza de Dios en la naturaleza y en el prójimo antes que buscarlo en las relaciones sentimentales. El Amor hacia la pareja no debería ser deseo de posesión o pasión sexual ni nada parecido, sino una manera de ver la belleza y toda una serie de virtudes para luego admirarla, servirla como tal y esforzarse y sacrificarse por ella.


El amor es no responder a las ofensas, injurias y circunstancias negativas que nos puedan afectar, sino que es perdonar, olvidar y tener sentimientos compasivos y fraternales como respuesta. El amor es un estado del Ser que debemos manifestar a todo ser viviente cuando estamos en su presencia o por la vinculación que sea. El amor no debe amar por poseer o por necesidad de que le amen, sino que debe amar porque es un don de Dios y, como tal, es inagotable y le debemos compartir. Algunos ejemplos de nuestra vida podrían ser: los misioneros que arriesgan su salud y su vida sirviendo a los necesitados y enfermos durante tantos años; o la madre cuyo amor es tal que desde el propio embarazo se entrega y se desvive en cuerpo y Alma por el bien de su hijo; o el que ayuda anónima y desinteresadamente a los pobres y desvalidos; etc., etc. No obstante, aunque aparentemente sea menos importante, el hecho de saludar, dar un consejo o un abrazo con un verdadero sentimiento de fraternidad y amistad, también nos lleva al Amor. Eso es crecer en el Amor, o sea, olvidarse de uno mismo y aceptar a los demás tal como son y, sobre todo, como hermanos en Dios.

Francisco Nieto

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