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domingo, 30 de diciembre de 2012

EL TRIBUNAL INTERNO




TEMA TRATADO EN EL FORO DE "ROSANET" HACE UNOS AÑOS


Se nos dice que debemos esforzarnos por someter todos los asuntos al

tribunal interno de la verdad, es decir nuestro YO superior.

De otra parte que debemos mantener elevados ideales.

Existen unos ideales comunes diferentes a los que pueda establecer el

tribunal interno en un momento dado? Max Heindel nos pone de ejemplo a

la Estrella Polar que guía sin falta al marino.

Me gustaría saber que pensáis al respecto.
Jorge


Apreciado Jorge y demás amigos de Rosanet:
Sacas un tema que me interesa mucho. A mi entender el tribunal supremo de la verdad no puede jamás entrar en contradicción con los ideales comunes. Siempre y cuando dichos ideales, sean eso: "ideales", no caprichos. Es imposible que un ideal de mi Yo Superior, esté en contradicción con los ideales comunes de los distintos Yoes Superiores del resto de la humanidad. Pienso que cuando mi ideal particular se contradice con el colectivo, entonces allí forzosamente tiene que haber algo que no funciona; puede ser mi egoísmo o cualquier otro defecto. No se me ocurre ningún ejemplo práctico, pero la teoría me suena que debe de ser así.

Otra cosa que me interesa mucho sobre este tema es que a mi me cuesta mucho establecer contacto con mi tribunal supremo de la verdad. Siempre tengo dudas sobre qué hacer o no hacer... ¿Cómo lo conseguís vosotros? A mi lo que me funciona casi siempre bien, es hacerle caso a mi corazón. Pero el corazón no siempre habla, o hay casos en los que se te inclina hacia ambas opciones y no sé hacia dónde tirar. Entonces hago uso de la mente y empiezo a analizar los pros y los contras... No sé, de verdad que me gustaría que hablaséis sobre el tema porque tengo mucho que aprender sobre ello.

Muchas gracias. Teresa.



Queridos rosanistas:
Acepto la invitación de Jorge para iniciar el tema. Mi opinión es la de que decir que "hemos de someter todos nuestros asuntos al tribunal interno",

identificando a éste con nuestro Yo Superior" es decir muy poco o decir demasiado. Porque, ¿cuándo estamos seguros de estar en contacto con ese Yo Superior? y ¿es que los tibunales internos de todos los hombres juzgan del mismo modo? Para llegar a esa coincidencia total tendríamos todos que estar en el mismo nivel de contacto con nuestro Ego, y no creo que ése sea el caso.

De lo cual se deduce que cada uno tenemos nuestro tribunal interno, dirigido, en esta etapa de nuestra evolución, por el discernimiento. Ello justifica la necesidad de la retrospección, de la oración y de la meditación, que producen el desarrollo de ese necesario discernimiento.

Recuerdo que, hace unos años, una de nuestras estudiantes, durante su lectura en el Servicio del Templo, nos sorprendió abroncando a todos los presentes por no haber "despertado a nuestro Cristo interno", cosa que ella había logrado hacía ya tiempo, según aseguró. Cuando terminó la reunión, hablé con ella en un aparte y le hice ver que sus palabras encerraban un contrasentido que le convendría aclarar: por un lado decía haber despertado al Cristo interno, dando por supuesto, además, que ninguno de los presentes lo había hecho; y, por otro, reprochaba públicamente a todos no haberlo logrado. En primer lugar, tuvo que reconocer que no era muy edificante el ir pregonando los propios logros. Pero, además, que Cristo jamás aconsejaría reprochar a nadie no haber logrado algo, cuando se está esforzando por conseguirlo, como era el caso de los presentes. Lo cual, hacía pensar que sus palabras no estaban inspiradas por su Cristo interno, sino más bien por una tentación muy sutil y que no había sabido discernir ni vencer, de soberbia. Se quedó muy pensativa y, al final, reconoció que su actuación había sido impropia de Cristo y que ella no era quién para juzgar a los demás y, menos aún, para menospreciarlos en base a una cosecución que ella creía haber logrado pero que, con sus actos, obligaba a todos a dudar o de su sinceridad o de su inteligencia.

Quiero decir con todo esto que el tribunal interior, si lo identificamos con el Yo Superior o el Cristo interno, es algo muy indeterminado y muy personal. Prefiero hablar del propio discernimiento porque éste si, como consecuencia del despertar del Cristo interno, recibe la ayuda de la intuición, acertará. Pero si no, estará al nivel apropiado a nuestro grado de evolución y, por tanto, de comprensión, de voluntad, de dominio de los deseos, etc.

No creo que Max Heindel pensase en el Yo Superior cuando aconsejó someterlo todo a nuestro tribunal interno. Él sabía que la FRC se fundaba precisamente para los que no han despertado el Cristo Interno y, por tanto, no han conectado con el Yo Superior. ¿Cómo iba, pues a pensar en eso? ¿A quién irían dirigidas esas palabras? ¿A uno o dos?

Nuestro tribunal interno es, pues, nuestro discernimiento, ayudado por la intuición que hayamos podido desarrollar y la fuerza que poseamos para acallar las tentaciones - recodemos a nuestra miga - que aprovechan cualquier resquicio o distracción para hacernos caer.

Por supuesto, que existen distintos ideales para distintas personas, puesto que la situación de cada una es distinta, personal e intransferible. Lo que ocurre es que todas tenderán a la misma meta final, la unión con Dios - que no las hará iguales - pero desde puntos de origen distintos. La estrella Polar, ciertamente, nos señala a todos el norte, pero cada uno la ve desde distinto lugar y, por tanto, es distinto el camino que tendrá que recorrer. Y será un camino único, suyo, personal. Y dependerá de él la velocidad con que lo recorra y los desvíos de que sea objeto y las desorientaciones en los días nublados...pero la meta será siempre la misma, la de siempre. Aunque cada uno la veamos de distinto tamaño, brillo y distancia.

Que las rosas florezcan en vuestras cruces. Paco



El Poder Interno es el Ego, el Yo Superior, es la Vida que viene de Dios y el Poder esencial que la da algo especial a nuestra vida, que la impele a la acción.

Como viene de Dios, se puede decir que es el eslabón personal que nos mantiene unidos con Dios. Por lo tanto su fuerza y poder es inmenso y en la medida en que sometamos todo nuestros pensamientos, ideas, creatividad a su jurisprudencia, podemos desarrollar muchas cosas, y nuestros actos, acciones y pensamientos estarán en mejor vibración. Con nuestro continuó ir y venir, con las experiencias diarias, como transmutar el mal por bien, vamos desarrollando toda esa capacidad interna.

El Poder Interno afecta la vida diaria y nuestra personalidad, pero debemos

saber manejarla, utilizarla en todo momento. El YO Interno esta enviándonos mensajes de gran sabiduría desde nuestra parte inconsciente hacia nuestra mente consiente. Estos mensajes se ven reflejados en la intuición ( sexto sentido, que es necesario desarrollar), las inspiraciones, los grandes ideales, nuestra parte creativa, inventora, de poesía, de amor, de arte, de música, de voces angelicales que brotan dentro de nosotros. Debemos estar muy alertar a todas estas manifestaciones del Yo Interno para construir, para crear, para dar, para elevar nuestros ideales, nuestras aspiraciones. En una palabra tomar conciencia y estar en permanente dialogo con nuestro Yo Interior. Con esto la vida se llena de optimismo, de alegría de paz interior, de bondad, de seguir para adelante con valentía, mucho amor y dicha. Nuestra propia conciencia nos marcará el camino a seguir, será nuestra mejor guía pero siempre estando atentos a sus mensajes, Si no aprendemos a escucharla, ella se calla, se opaca, es como si se extinguiera.

El primer camino es creer en la existencia del Yo Interno, y luego buscar y escuchar sus melodías, para luego vibrar con su notas. En una palabra colocarle FE. Debemos ser hombres de FE, que ese sea nuestro escudo, nuestra karma, y nuestro bastón, para ahuyentar el temor, la ansiedad, la desconfianza, el egoísmo, el desamor, y todas aquellas aptitudes que nos alejan de nuestro YO Interno, que no permiten escuchar su sonido armonioso.

Pongamos la FE delante de nosotros, que NO NOS FALTE LA FE. Fraternalmente
Jaime Rivera


En mi humilde opinión, el tribunal interno es lo que algunos llamamos Yo superior, Alma o Ego, que no es otra cosa que el resultado de la evolución alcanzada desde que nos dieron el germen de la mente y conseguimos (como consciencias) identificarnos como un yo separado de los demás. En realidad no podemos identificarnos o analizar ninguna situación desde el estado de conciencia del Ego porque la personalidad es muy fuerte aún y no podemos aislarla ni siquiera un momento para dar paso al Ego para que actúe en el puesto de la misma. Sabiendo que la personalidad está compuesta por el cuerpo físico, el etérico, el de deseos y la mente, podemos decir que el Yo superior es el fruto de todos los renacimientos que ha efectuado la personalidad; por tanto, aparte de que la personalidad se opone totalmente a dejarse gobernar por el Ego, no es fácil quedarnos sin hacer nada a la vez que no se tienen sentimientos, deseos ni pensamientos para poder oír la voz del Yo superior a través de la intuición o la inspiración. Es cierto que el Ego siempre intenta hablarnos como voz de la conciencia pero de eso a hacer que él se ponga en nuestro lugar cuando nosotros queramos hay mucha diferencia. Pongamos un ejemplo: Una persona nos hace algo que no está bien, nuestra reacción más común es la respuesta negativa y automática en palabras, acciones o malos sentimientos y pensamientos; esta es la respuesta de la personalidad. Pero si pudiéramos silenciar la mente y el cuerpo de deseos en esos momentos, no solo no hablaríamos sino que no actuaríamos contra la otra persona y, entonces, daríamos paso (con ese silencio) a una posible intervención del Ego, una intervención que muy posiblemente sería la de no juzgar, no maldecir ni nada parecido sino hacernos comprender (por medio de la intuición) que la otra persona es un hermano. El Yo superior es el intermediario entre la personalidad y el verdadero Espíritu y, de hecho, algún día se unirá a él como lo hará la personalidad al Yo superior.

Francisco Nieto



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