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lunes, 15 de julio de 2013

CAUSA Y EFECTO Rosanet (y X)





El hombre actual no h asido siempre responsable de sus actos y por tanto no siempre le ha afectado la Ley de Consecuencia. Antes de obtener la razón en la Época Atlante, el hombre estaba en el “Paraíso” (inconsciencia del mundo físico y por tanto del mal) precisamente por eso, porque no le hacían pagar por sus errores, pero a partir de obtener la mente, todos los Espíritus evolucionantes y reencarnantes tuvimos que hacer frente a los resultados de nuestras acciones. Obviamente, en aquella época, la  Ley de Causa y Efecto nos traía más efectos malos que buenos puesto que apenas pensábamos y nos dejábamos dominar por los deseos y sentimientos egoístas, materialistas y de supervivencia. Entonces, como ahora, el ser humano pecaba por ignorancia de las leyes divinas y porque apenas tenía conciencia ni siquiera de lo que  hoy llamamos ética y moral, así es que, pecábamos en todos los sentidos y por medio de (principalmente) los cuerpos físico, de deseos y de la mente (con esta última en menor grado) mientras que hoy se peca menos de palabra, acción y deseo pero más con el pensamiento por tener la mente mucho más desarrollada que entonces.
La Ley de Consecuencia administra todas nuestras expresiones (pensamiento, deseo, sentimientos, palabras y acciones) sean buenas o malas pero está claro que lo que nos interesa y hacia donde nos lleva la evolución es a hacer todo el bien que podamos y a evitar hacer el mal con ninguno de los vehículos de expresión para así liberarnos del mal karma. Nosotros creamos nuestros karma según lo que expresemos con dichos vehículos o cuerpos, y la forma puede ser alguna de las siguientes: 
1ª Expresión física originada directamente por el cuerpo de deseos (un deseo, sentimiento o emoción) 
2ª Por un pensamiento propio
3ª Por la acumulación de pensamientos en nuestra aura impulsándonos a actuar instintiva o automáticamente 
4ª Por hábito o normas 
5ª Por voluntad y conciencia propia. 
Así es, una emoción o un deseo pueden hacernos actuar sin pensar, automáticamente o por hábito, pero si utilizáramos la mente casi seguro que cambiaríamos la dirección de ese impulso puesto que la mayoría de ellos son egoístas. La mente siempre tiene poder sobre los deseos y las emociones y si estos son contrarios a las leyes morales y espirituales, siempre podemos razonarlos y cambiarlos. Pero la mente no es el poder supremo porque, como todos sabemos, ésta siempre está de un lado para otro sin apenas control por parte de la voluntad, o mejor dicho, de la buena voluntad. Pero también nos podemos expresar con buena o  mala voluntad personal (según nuestra evolución, enseñanzas, costumbres, cultura, etc.) sin que esto signifique que sea lo más correcto, ya que lo más correcto es actuar o expresarnos por medio de todos nuestros cuerpos con conciencia de lo que hacemos en cada aquí y ahora. Y es que cuando somos auto-conscientes de las expresiones de nuestros cuerpos es cuando podemos comenzar a liberarnos de la acción de la Ley de Consecuencia sobre nuestra vida y nuestro destino.
Ser autoconscientes es saber lo que estamos expresando (por medio de la auto-observación) lo que sentimos, lo que deseamos y lo que pensamos y si, haciendo esto, expresamos lo mejor de nosotros y nuestros ideales más elevados, no cabe duda que, no solo nos liberaremos de los efectos negativos (por no haber causas) sino que también estaremos trabajando por acelerar el momento de nuestra liberación respecto al renacimiento. Esto no significa que no tengamos que afrontar y padecer los efectos de muchos actos de vidas pasadas que aún tenemos pendientes por no haber encontrado la oportunidad de ponérnoslos los administradores del karma. El hecho de que hayamos evolucionado mucho en estos últimos miles de años no anula las deudas de cuando éramos peor que los animales, y esos efectos son solamente nuestros porque fuimos quienes creamos las causas y, por tanto, nadie puede sufrirlos por nosotros. En mi opinión tres son los medios de ir liquidando o no creando karma que nos ate al renacimiento: 1º La auto-consciencia y auto-observación de lo que somos y de lo que expresamos a través de nuestros cuerpos; 2º La oración científica y la retrospección nocturna donde hay arrepentimiento, perdón y voluntad para no volver a caer en el mal; 3º. Actuar siempre en conciencia (en cada aquí y ahora) para responder o actuar positivamente con tal de no crear otro karma o deuda negativa en respuesta a algo del pasado.
Este proceso o actos controlados de buena voluntad no sólo tienen sus efectos en la presente y futura vida o destino sino que nos favorecerán mucho también el estado post-morten, ya que es en ese estado donde de verdad vamos a aumentar nuestra conciencia espiritual individual por medio de sufrir el mal que hemos hecho a los demás y gracias a los hechos y expresiones de buena voluntad (amor, fraternidad, generosidad, simpatía, etc.) Es cierto que a veces no entendemos cómo unas personas buenas pueden tener unas vidas desgraciadas y sufrimientos mientras que otras verdaderamente malvados obtienen beneficios de muy diferentes formas (por la propia “suerte”, por ayuda de otros, o incluso penitenciarios) Cono ha dicho algún rosanista, los Ángeles del Destino ponen en nuestra vida el karma maduro (deudas pendientes del pasado) que debemos afrontar, cuando ellos, con su sabiduría, creen más oportuno porque el destino lo hará más llevadero y lo superaremos con toda seguridad. Así es que, a una persona evolucionada le pueden venir “desgracias” como efecto de ciertas barbaridades que hizo hace ya muchas vidas, y a otros menos evolucionados (las que comúnmente llamamos malas personas) les favorecen los servicios sociales, las personas de gran corazón y los Ángeles del Destino mismo con tal de darles una oportunidad para que progresen y aceleren su evolución.
Los Ángeles del Destino que administran el karma tienen una relación directa con la “programación” de las líneas generales de lo que va a ser la futura vida de un Alma, y por eso no siempre encuentran la época, la situación o el lugar oportuno para que un Ego haga frente a sus karmas maduros. Por otro lado, no todas las deudas vienen a nosotros directamente sino que lo hacen por medio de otras personas cercanas que ni nos imaginamos lo que, por cierto, lleva muchas veces a crearnos más karma negativo porque no actuamos bien respecto a ellas. De ahí la necesidad de aplicar ese dicho de “Haz bien y no mires a quien” a lo que hay que añadir: con pensamiento, deseos, sentimientos, palabras y acciones conscientes y de buena voluntad. Las personas que actúan así llevan mucho mejor las deudas del pasado que les vengan y, además, llenarán sus auras de elevadas vibraciones que rechazarán todas las malas que les puedan llegar de los ambientes y personas con los que traten.
Cada uno de nosotros somos el resultado del fruto de cada vida anterior más: La educación; las enseñanzas; la cultura o religión que practicamos donde vivamos; las costumbres familiares y nacionales; lo que asimilamos todos los días (según seamos) de la política, del trabajo, de las relaciones sociales, etc. Todo eso es recepcionado por unos sentidos personales (no espirituales) y es interpretado en el cerebro por la personalidad, por eso, mientras no impongamos la conciencia y la buena voluntad sobre las expresiones de nuestros cuerpos no podremos interpretar y actuar de la mejor manera según lo que nos llega del mundo externo. El mundo externo es irreal para el Alma y aunque sea interpretado por los sentidos de la personalidad, podemos decir que lo que nos llega al interior también es falso, así es que, la única manera de que podamos basar nuestras actuaciones en la Verdad para librarnos del karma es auto-observándonos con conciencia de sí mismo. La observación, la meditación, la concentración, la oración y la contemplación practicadas en “conciencia” y voluntariamente llevan a la expresión del Alma o Yo superior sobre los diferentes vehículos; es decir, vamos cambiado nuestra naturaleza y nuestro carácter para que sea el Yo superior nuestro guía y Maestro aun siendo los mismos autores de las causas.
Esta es la gran diferencia entre conocer o no conocer esta filosofía oculta y observarnos y conocernos o no a nosotros mismos. Quien en esa vida ha tenido la “gran suerte” de estudiar la filosofía oculta y a la vez, decide poner manos a la obra para acelerar la liberación de la ley kármica, no debe tener duda de que está dando grandes pasos en su evolución individual. Aquella frase griega famosa de “hombre conócete a ti mismo” es la base para el progreso actual, y ese conocimiento parte del hecho de considerar a nuestra mente como un sentido más para analizarla y controlarla. Muchas veces actuamos sin razonar por no ser conscientes de lo que piensa la mente y por dejarnos dominar por los deseos y las emociones, pero desde el momento en que observemos cómo piensa la mente y impongamos la voluntad sobre ella para gobernarla, todo será más fácil para que los otros cuerpos se expresen positivamente. Si, a la vez que ejercemos este control de la mente durante el día por medio de una observación concentrada y atenta, por la noche hacemos la retrospección (analizar los hechos del día para ver dónde y cómo hemos hecho mal o bien para así amonestarnos o premiarnos) estaremos creando un destino mejor tanto para esta vida como para la próxima.
Otro hecho a tener en cuenta es que antes de renacer aceptamos nuestro destino con sus correspondientes cargas negativas que son karmas maduros de otras vidas y nuestro deber es no solo superarlos sin crear nuevos karmas negativos sino en  hacernos también colaboradores de Dios y no crear discordia ni problemas al prójimo. Está claro que no somos dueños de nuestras actuaciones y expresiones durante casi las 24 horas del día pero tenemos la ventaja (como he dicho antes) de que sabemos cómo podemos cambiar eso, sin embargo, no ocurre lo mismo respecto al karma que nos pueda traer el prójimo a modo de pruebas o tentaciones. Nosotros no podemos cambiarles ni cambiar sus intenciones, deseos o pensamientos, por tanto, no nos queda más remedio que tratarles como hermanos y perdonarles si no queremos crearnos nuevos karmas y deudas negativas respecto a ellos. De cualquier forma, la Ley de Consecuencia nunca nos traerá algo que no merezcamos, algo que no nos pertenezca o algo que no podamos superar. La causa de nuestros mal no es la Ley de Causa y efecto  sino el enemigo que llevamos dentro y que seguirá causándonos mal hasta que le controlemos, es decir, hasta que tengamos un consciente y total control sobre la mente porque, una vez conseguido esto, nuestros deseos, sentimientos, palabras y acciones pasarán por el filtro del Alma y se expresarán según la buena voluntad que hayamos alcanzado.
Todo lo que negativamente somos (odio, rencor, crítica, venganza, etc.) es el reflejo de lo que nos queda por purificar, principalmente del cuerpo emocional o de deseos, pero si pusiéramos toda nuestra atención en analizar cómo sentimos y pensamos, seguramente que no nos crearíamos karmas como los que a diario nos creamos, por ejemplo: al criticar, responder mal, enfadarnos con otros sin motivo, enjuiciar, atacar indiscriminadamente, manifestar odio o rencor respecto a otros, etc. Pero siendo, como somos, libres ¿por qué lo hacemos? porque no somos auto-conscientes de lo que expresamos en cada momento; como he dicho, siendo auto-conscientes y auto-observándonos en cada aquí y ahora con la mejor voluntad es imposible que hagamos tanto mal. Por el contrario, esta práctica nos obliga a hacer el bien, lo que nos traerá unos efectos futuros casi totalmente positivos.

Fraternalmente, Francisco Nieto

martes, 2 de julio de 2013

FORO ROSANET "Causa y efecto" (IX)





Es importante recordar que los Rosacruces no promueven ni el martirio ni el uso del fusil. El ocultismo cristiano es la más profunda doctrina revolucionaria, pero nos arranca la espada de la mano para que concentremos toda la fuerza de que seamos capaces en la lucha contra nuestra naturaleza inferior. Nosotros no podremos combatir la injusticia, la maldad, la violencia, el dolor, mientras no seamos justos, buenos, sabios. El enemigo a vencer no está afuera, sino dentro de nosotros. Esto es, nuestro peor enemigo es nuestro yo inferior. Y conste que no se trata de destruirlo, sino de domesticarlo para que algún día pueda asistir a su matrimonio místico.
Si una persona quiere estudiar ocultismo y piensa que el estado de cosas existente en el mundo es bueno, es correcto, entonces es un mal candidato porque ha hecho una mala elección. Si, por el contrario, está inconforme y cree que debe utilizar cualquier medio para cambiar al mundo, tampoco es un buen candidato para el ocultismo. El estudiante ocultista idóneo es aquel que no está conforme con lo que ve, con lo que escucha, con lo que le informan, con lo que le transmiten. Debe ser un intrépido buscador de la verdad -así como lo ilustran todas las mitologías- que, a fuerza de estudiar la Filosofía Rosacruz (como es nuestro caso), entienda que para cambiar al mundo, primero tiene que cambiarse él a sí mismo. Cristo no fue guerrillero, ni terrorista, ni vengador.
El ejemplo que dejó para el resto de los tiempos es el del perdón que en la cruz pidió al Padre para sus asesinos. La revolución cristiana no es para las ciudades, sino para los individuos. Es muy fácil someter con un arma a los demás, pero muy difícil someter nuestra ira cuando nos han ofendido o la envidia que nos provoca el mérito ajeno.Creo que algo que podemos hacer cuando nos asalten dudas respecto de nuestra conducta -en el sentido de si es correcta o no, débil o prudente, sabia o ignorante- es pensar: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Ciertamente muchos de nosotros estamos muy lejos de semejante comparación, pero Cristo nos enseñó que para ser como Él tenemos que hacer como Él.

María areli

En una carta mía anterior digo que cuanto nos sucede no es más que un reflejo de lo que llevamos dentro. También Maria Areli lo afirma al decir que nuestros enemigos están dentro y no fuera de nosotros. Comentando lo dicho con un amigo, pareciera como si, a veces, lo dicho anteriormente no fuera cierto, ya que muchas veces vemos a nuestro rededor personas con muy buen carácter a las que les suceden cosas que a todos nos parecen injustas y no merecidas. Solemos entonces interpretar esos hechos como causas generadas en una vida anterior y que aparecen en ésta como sus consecuencias. Sin duda que eso es cierto, pero si aplicamos el dicho de que cuanto nos sucede no es más que un reflejo de lo que llevamos dentro,  y el de que nuestros verdaderos enemigos están dentro y no fuera de nosotros, tendremos que admitir también que el hecho de que nos sucedan tales cosas son, además de por las causas kármicas, porque también llevamos dichos defectos en nuestro interior.
 Cuando nacemos con negativas configuraciones astrológicas, sin duda apuntan a que durante muchas vidas hemos estado actuando negativamente y en ésta aparecen inscritas en nuestro horóscopo como consecuencias que deberemos vivir, ya que fueron generadas por nosotros en el pasado y se nos presentan para que aprendamos a no seguir cometiendo dichos errores y a vivir y sentir físicamente el dolor, carencia, etc., que dichas configuraciones nos traerán.
Durante el tiempo de estancia en el purgatorio, después de cada una de las vidas en las que hemos estado repitiendo los mismos errores, que ahora se nos presentan como deudas kármicas, sin duda hemos sentido todo el dolor que hemos causado a los demás con nuestras malas acciones. Ello ha causado que en ésta vida nazcamos con un sentimiento en la conciencia que nos impide seguir haciendo ese mal; así nacemos con un buen carácter y nos sorprendemos y nos duele cuando alguien nos hace "eso que nosotros seríamos incapaces de hacerle a él". Sin embargo, pienso que ni los Ángeles del destino ni Dios, nos harían vivir una mala experiencia si no fuera necesario, y el hecho de que -aún después de habernos purgado de ese mal en el purgatorio- nos lo hagan vivir, tendrá una razón. Y se me ocurre que la razón pueda ser el probar si realmente hemos vencido a ese enemigo dentro de nosotros y para ello se hace necesaria la experimentación en la tierra. Así alguien asume nuestro papel antiguo en la tierra y nos provoca. Será nuestra reacción la que nos dirá si aún existe el enemigo dentro de nosotros o no. Si nuestra reacción es de odio, resentimiento, rabia, autocompasión, depresión, ira ...., y todo cuanto sabemos que es negativo, significa que ése enemigo aún anda por dentro de nosotros. Sólo hasta que aprendamos a "perdonarles porque no saben lo que hacen" habremos vencido a nuestro enemigo interno. 

              Teresa


Unos días atrás os hablé de la película "No sin mi hija". Sin duda que la actitud de la mujer fue la correcta. Ella estaba defendiendo su integridad, su dignidad, su libertad y las de su hija. Estoy segura de que mientras lo hacía no cabía en su interior rencor hacia su marido, ya que todo su ser estaba concentrado en luchar por lo que ella consideraba sus derechos como mujer y como persona.
 Veamos ahora la actitud de la otra mujer, la que no supo defenderse y tuvo que vivir toda una vida de sometimiento, indignidad, esclavitud, etc... ¿No provocará toda una vida vivida así un resentimiento y odio profundos hacia su marido y su cultura y religión? y ¿cuando renazca en una existencia posterior como hombre, no será lógico suponer que dichos resentimientos acumulados salgan a flote y le haga lo mismo a la que será su mujer? Existe, sin embargo, creo una salida positiva para la mujer que no tenga el valor suficiente de defenderse y creo que es el de la oración. Si la mujer se hace consciente de que sus sentimientos negativos se están acumulando en su interior y pide a Dios por su marido y por ella misma, esos resentimientos dejarán de acumularse y renacerá sin el deseo de venganza.
Tal vez, ahí estén inscritos los dos caminos. Uno el de las obras que es el que sigue la primera mujer y el otro el del corazón que es el que sigue la segunda. Ambos caminos tienen sus riesgos. El de las obras tiene el riesgo de que estemos actuando por venganza y por hacer prevalecer nuestra idea de la justicia y no el de la Verdad. El de la Fe, tiene el riesgo de estar actuando así por simple cobardía y andar acumulando resentimiento en nuestro interior. Todo ello es algo individual y que cada individuo debe elegir y vigilar por sí mismo.

       Teresa


En cuanto a tu correo de hoy, mi opinión personal es la de que tienes razón al decir que lo que hay de negativo dentro de nosotros nos tienta. Es el llamado Guardián del Umbral, un ser etérico, creado por nosotros a lo largo de nuestras vidas, que nos acompaña en todo momento - y al que no vemos hasta nuestra primera salida consciente del cuerpo físico -, que es nosotros mismos en cuanto a sólo lo negativo y que hemos de ir disolviendo mediante nuestras victorias, grandes o pequeñas, sobre lo que nos incita a hacer, con la ayuda del otro ser etérico, el positivo, también creado por nosotros y que nos acompaña y ayuda. Y tienes razón también en que esa negatividad nuestra, exclusivamente nuestra, de algún modo se refleja, llega a los demás, y les impulsa a comportarse con nosotros de determinada manera (si tratas mal a la gente, ésta te tratará mal; y, si bien, te corresponderá). Pero ahí ya hay que introducir un elemento que olvidas y que es fundamental: la libertad. La libertad tuya y la de los demás, su libre albedrío, porque también ellos tienen su propia negatividad y su propia positividad y están luchando con la primera con la ayuda de la segunda y utilizando, más o menos, su libre albedrío. Es la epigénesis de cada uno de nosotros que, no siempre es positiva. No nos suceden, pues, cosas desagradables, sólo por motivos kármicos - y habría que estudiar cómo esos motivos kármicos influyen a los demás condicionando su libertad - ni sólo por nuestra propia negatividad, que dispara la ajena, sino porque los demás son libres, tan libres como nosotros. Y pueden vencer su negatividad o no vencerla y, consecuentemente, influirnos para bien o para mal, sin que nosotros tengamos toda la culpa. 
    Es como ocurre con la astrología. Se dice que los astros no compelen, sino que impelen. No sé si eso es una traducción correcta. Pero mi opinión es la de que ni impelen ni compelen, sino que  "inciden". Porque, además, se nos dice que podemos vencer a nuestras estrellas. Es como los rayos del sol, que inciden sobre todos por igual, pero hay quien no sale a la calle (y que representan a los que ya han vencido sus deseos negativos y, con ello, a sus estrellas); hay quien sale y se expone, pero protegido con sombrero, sombrilla, cremas y/o umbráculos (los que están luchando, todos nosotros); y quienes se exponen, sin protección (los que inician la lucha o ni siquiera eso), de los cuales, unos se queman, otros se ponen colorados y otros no se ven afectados.  ¿De qué dependerán los efectos de los rayos solares sobre ellos? De la sensibilidad a los mismos que haya desarrollado cada uno (la propia negatividad no disuelta). Pero, en todos los casos, al escoger una de las varias posibilidades, habrán ejercitado antes su propia epigénesis, bien para seguir las "sugerencias" de las estrellas, bien para oponérseles. Si no fuéramos libres, no seríamos responsables.
    Por tanto, son cuatro los factores implicados: nosotros con nuestras luchas internas, cada uno de nuestros semejantes con las suyas propias, las deudas kármicas (las estrellas), y nuestra libertad. El predominio de uno u otro factor dependerá del esfuerzo que hayamos realizado y estemos realizando. Por tanto, no podemos atribuir nuestras desgracias a Dios ni a los Ángeles del Destino como consecuencia de nuestros actos anteriores, sino al juego de esos cuatro factores y, especialmente, al modo en que ejercemos nuestro libre albedrío. 
    Max Heindel explica que puede haber ocurrido que uno haya aprendido la lección en la vida post mortem y, sin embargo, como tiene deudas pendientes, aunque sea una persona excelente porque ya ha visto y vive en la luz, no le vaya físicamente del todo bien y nos parezca injusto que tenga que pagar lo que nosotros no sabemos que debe. Y, viceversa, puede ocurrir que alguien, que en vidas anteriores fue por el buen camino y adquirió créditos, se haya torcido en esta vida y entonces veamos a algún perverso al que todo le va bien porque está cobrando créditos que nosotros ignoramos. Y en ambos casos se deberá a cómo han empleado su libertad y su discernimiento y su experiencia para actuar y reaccionar frente a los demás y hasta para administrar las fortunas o las pobrezas que les vengan.
    Pero, si se reflexiona bien, todo acaba siendo una sola cosa, porque todo viene de Dios y todo conduce al bien: cuanta menos sabiduría, menos libertad;  cuanta menos libertad, menos margen de maniobra frente al karma y a la actuación de los demás; cuanto menor margen de maniobra, menos evolución; y, cuanta menos evolución, menos sabiduría. ¿Y cómo se rompe ese círculo, aparentemente de hierro? Con la voluntad, con la oración, con el aprendizaje del error, con el aumento del discernimiento, con la retrospección, con la constancia, con el amor, con el ejercicio correcto de la libertad, con el servicio, con el estudio de la Filosofía Rosacruz, con la seguridad de que somos una parte de Dios, con la convicción de que el mal que hagamos a otro, nos lo hacemos a nosotros mismos, ya que tras la muerte lo tendremos que sufrir exactamente igual... 

    Paco