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martes, 2 de julio de 2013

FORO ROSANET "Causa y efecto" (IX)





Es importante recordar que los Rosacruces no promueven ni el martirio ni el uso del fusil. El ocultismo cristiano es la más profunda doctrina revolucionaria, pero nos arranca la espada de la mano para que concentremos toda la fuerza de que seamos capaces en la lucha contra nuestra naturaleza inferior. Nosotros no podremos combatir la injusticia, la maldad, la violencia, el dolor, mientras no seamos justos, buenos, sabios. El enemigo a vencer no está afuera, sino dentro de nosotros. Esto es, nuestro peor enemigo es nuestro yo inferior. Y conste que no se trata de destruirlo, sino de domesticarlo para que algún día pueda asistir a su matrimonio místico.
Si una persona quiere estudiar ocultismo y piensa que el estado de cosas existente en el mundo es bueno, es correcto, entonces es un mal candidato porque ha hecho una mala elección. Si, por el contrario, está inconforme y cree que debe utilizar cualquier medio para cambiar al mundo, tampoco es un buen candidato para el ocultismo. El estudiante ocultista idóneo es aquel que no está conforme con lo que ve, con lo que escucha, con lo que le informan, con lo que le transmiten. Debe ser un intrépido buscador de la verdad -así como lo ilustran todas las mitologías- que, a fuerza de estudiar la Filosofía Rosacruz (como es nuestro caso), entienda que para cambiar al mundo, primero tiene que cambiarse él a sí mismo. Cristo no fue guerrillero, ni terrorista, ni vengador.
El ejemplo que dejó para el resto de los tiempos es el del perdón que en la cruz pidió al Padre para sus asesinos. La revolución cristiana no es para las ciudades, sino para los individuos. Es muy fácil someter con un arma a los demás, pero muy difícil someter nuestra ira cuando nos han ofendido o la envidia que nos provoca el mérito ajeno.Creo que algo que podemos hacer cuando nos asalten dudas respecto de nuestra conducta -en el sentido de si es correcta o no, débil o prudente, sabia o ignorante- es pensar: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Ciertamente muchos de nosotros estamos muy lejos de semejante comparación, pero Cristo nos enseñó que para ser como Él tenemos que hacer como Él.

María areli

En una carta mía anterior digo que cuanto nos sucede no es más que un reflejo de lo que llevamos dentro. También Maria Areli lo afirma al decir que nuestros enemigos están dentro y no fuera de nosotros. Comentando lo dicho con un amigo, pareciera como si, a veces, lo dicho anteriormente no fuera cierto, ya que muchas veces vemos a nuestro rededor personas con muy buen carácter a las que les suceden cosas que a todos nos parecen injustas y no merecidas. Solemos entonces interpretar esos hechos como causas generadas en una vida anterior y que aparecen en ésta como sus consecuencias. Sin duda que eso es cierto, pero si aplicamos el dicho de que cuanto nos sucede no es más que un reflejo de lo que llevamos dentro,  y el de que nuestros verdaderos enemigos están dentro y no fuera de nosotros, tendremos que admitir también que el hecho de que nos sucedan tales cosas son, además de por las causas kármicas, porque también llevamos dichos defectos en nuestro interior.
 Cuando nacemos con negativas configuraciones astrológicas, sin duda apuntan a que durante muchas vidas hemos estado actuando negativamente y en ésta aparecen inscritas en nuestro horóscopo como consecuencias que deberemos vivir, ya que fueron generadas por nosotros en el pasado y se nos presentan para que aprendamos a no seguir cometiendo dichos errores y a vivir y sentir físicamente el dolor, carencia, etc., que dichas configuraciones nos traerán.
Durante el tiempo de estancia en el purgatorio, después de cada una de las vidas en las que hemos estado repitiendo los mismos errores, que ahora se nos presentan como deudas kármicas, sin duda hemos sentido todo el dolor que hemos causado a los demás con nuestras malas acciones. Ello ha causado que en ésta vida nazcamos con un sentimiento en la conciencia que nos impide seguir haciendo ese mal; así nacemos con un buen carácter y nos sorprendemos y nos duele cuando alguien nos hace "eso que nosotros seríamos incapaces de hacerle a él". Sin embargo, pienso que ni los Ángeles del destino ni Dios, nos harían vivir una mala experiencia si no fuera necesario, y el hecho de que -aún después de habernos purgado de ese mal en el purgatorio- nos lo hagan vivir, tendrá una razón. Y se me ocurre que la razón pueda ser el probar si realmente hemos vencido a ese enemigo dentro de nosotros y para ello se hace necesaria la experimentación en la tierra. Así alguien asume nuestro papel antiguo en la tierra y nos provoca. Será nuestra reacción la que nos dirá si aún existe el enemigo dentro de nosotros o no. Si nuestra reacción es de odio, resentimiento, rabia, autocompasión, depresión, ira ...., y todo cuanto sabemos que es negativo, significa que ése enemigo aún anda por dentro de nosotros. Sólo hasta que aprendamos a "perdonarles porque no saben lo que hacen" habremos vencido a nuestro enemigo interno. 

              Teresa


Unos días atrás os hablé de la película "No sin mi hija". Sin duda que la actitud de la mujer fue la correcta. Ella estaba defendiendo su integridad, su dignidad, su libertad y las de su hija. Estoy segura de que mientras lo hacía no cabía en su interior rencor hacia su marido, ya que todo su ser estaba concentrado en luchar por lo que ella consideraba sus derechos como mujer y como persona.
 Veamos ahora la actitud de la otra mujer, la que no supo defenderse y tuvo que vivir toda una vida de sometimiento, indignidad, esclavitud, etc... ¿No provocará toda una vida vivida así un resentimiento y odio profundos hacia su marido y su cultura y religión? y ¿cuando renazca en una existencia posterior como hombre, no será lógico suponer que dichos resentimientos acumulados salgan a flote y le haga lo mismo a la que será su mujer? Existe, sin embargo, creo una salida positiva para la mujer que no tenga el valor suficiente de defenderse y creo que es el de la oración. Si la mujer se hace consciente de que sus sentimientos negativos se están acumulando en su interior y pide a Dios por su marido y por ella misma, esos resentimientos dejarán de acumularse y renacerá sin el deseo de venganza.
Tal vez, ahí estén inscritos los dos caminos. Uno el de las obras que es el que sigue la primera mujer y el otro el del corazón que es el que sigue la segunda. Ambos caminos tienen sus riesgos. El de las obras tiene el riesgo de que estemos actuando por venganza y por hacer prevalecer nuestra idea de la justicia y no el de la Verdad. El de la Fe, tiene el riesgo de estar actuando así por simple cobardía y andar acumulando resentimiento en nuestro interior. Todo ello es algo individual y que cada individuo debe elegir y vigilar por sí mismo.

       Teresa


En cuanto a tu correo de hoy, mi opinión personal es la de que tienes razón al decir que lo que hay de negativo dentro de nosotros nos tienta. Es el llamado Guardián del Umbral, un ser etérico, creado por nosotros a lo largo de nuestras vidas, que nos acompaña en todo momento - y al que no vemos hasta nuestra primera salida consciente del cuerpo físico -, que es nosotros mismos en cuanto a sólo lo negativo y que hemos de ir disolviendo mediante nuestras victorias, grandes o pequeñas, sobre lo que nos incita a hacer, con la ayuda del otro ser etérico, el positivo, también creado por nosotros y que nos acompaña y ayuda. Y tienes razón también en que esa negatividad nuestra, exclusivamente nuestra, de algún modo se refleja, llega a los demás, y les impulsa a comportarse con nosotros de determinada manera (si tratas mal a la gente, ésta te tratará mal; y, si bien, te corresponderá). Pero ahí ya hay que introducir un elemento que olvidas y que es fundamental: la libertad. La libertad tuya y la de los demás, su libre albedrío, porque también ellos tienen su propia negatividad y su propia positividad y están luchando con la primera con la ayuda de la segunda y utilizando, más o menos, su libre albedrío. Es la epigénesis de cada uno de nosotros que, no siempre es positiva. No nos suceden, pues, cosas desagradables, sólo por motivos kármicos - y habría que estudiar cómo esos motivos kármicos influyen a los demás condicionando su libertad - ni sólo por nuestra propia negatividad, que dispara la ajena, sino porque los demás son libres, tan libres como nosotros. Y pueden vencer su negatividad o no vencerla y, consecuentemente, influirnos para bien o para mal, sin que nosotros tengamos toda la culpa. 
    Es como ocurre con la astrología. Se dice que los astros no compelen, sino que impelen. No sé si eso es una traducción correcta. Pero mi opinión es la de que ni impelen ni compelen, sino que  "inciden". Porque, además, se nos dice que podemos vencer a nuestras estrellas. Es como los rayos del sol, que inciden sobre todos por igual, pero hay quien no sale a la calle (y que representan a los que ya han vencido sus deseos negativos y, con ello, a sus estrellas); hay quien sale y se expone, pero protegido con sombrero, sombrilla, cremas y/o umbráculos (los que están luchando, todos nosotros); y quienes se exponen, sin protección (los que inician la lucha o ni siquiera eso), de los cuales, unos se queman, otros se ponen colorados y otros no se ven afectados.  ¿De qué dependerán los efectos de los rayos solares sobre ellos? De la sensibilidad a los mismos que haya desarrollado cada uno (la propia negatividad no disuelta). Pero, en todos los casos, al escoger una de las varias posibilidades, habrán ejercitado antes su propia epigénesis, bien para seguir las "sugerencias" de las estrellas, bien para oponérseles. Si no fuéramos libres, no seríamos responsables.
    Por tanto, son cuatro los factores implicados: nosotros con nuestras luchas internas, cada uno de nuestros semejantes con las suyas propias, las deudas kármicas (las estrellas), y nuestra libertad. El predominio de uno u otro factor dependerá del esfuerzo que hayamos realizado y estemos realizando. Por tanto, no podemos atribuir nuestras desgracias a Dios ni a los Ángeles del Destino como consecuencia de nuestros actos anteriores, sino al juego de esos cuatro factores y, especialmente, al modo en que ejercemos nuestro libre albedrío. 
    Max Heindel explica que puede haber ocurrido que uno haya aprendido la lección en la vida post mortem y, sin embargo, como tiene deudas pendientes, aunque sea una persona excelente porque ya ha visto y vive en la luz, no le vaya físicamente del todo bien y nos parezca injusto que tenga que pagar lo que nosotros no sabemos que debe. Y, viceversa, puede ocurrir que alguien, que en vidas anteriores fue por el buen camino y adquirió créditos, se haya torcido en esta vida y entonces veamos a algún perverso al que todo le va bien porque está cobrando créditos que nosotros ignoramos. Y en ambos casos se deberá a cómo han empleado su libertad y su discernimiento y su experiencia para actuar y reaccionar frente a los demás y hasta para administrar las fortunas o las pobrezas que les vengan.
    Pero, si se reflexiona bien, todo acaba siendo una sola cosa, porque todo viene de Dios y todo conduce al bien: cuanta menos sabiduría, menos libertad;  cuanta menos libertad, menos margen de maniobra frente al karma y a la actuación de los demás; cuanto menor margen de maniobra, menos evolución; y, cuanta menos evolución, menos sabiduría. ¿Y cómo se rompe ese círculo, aparentemente de hierro? Con la voluntad, con la oración, con el aprendizaje del error, con el aumento del discernimiento, con la retrospección, con la constancia, con el amor, con el ejercicio correcto de la libertad, con el servicio, con el estudio de la Filosofía Rosacruz, con la seguridad de que somos una parte de Dios, con la convicción de que el mal que hagamos a otro, nos lo hacemos a nosotros mismos, ya que tras la muerte lo tendremos que sufrir exactamente igual... 

    Paco

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