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miércoles, 14 de agosto de 2013

PROGRAMANDO UNA NUEVA PERSONALIDAD (II)






Esta auto-programación y visualización se debe repetir a diario durante meses o años (yo he obtenido resultados similares a este ejemplo en dos meses) hasta comprobar que lo estamos llevando a cabo sin problema, que es indicativo de que estamos instalando el nuevo “programa” en el cerebro correctamente. Cuando dejamos de practicar (pensar, sentir y actuar) lo que representa la personalidad no deseada para expresar la nueva forma de ser, estamos creando una nueva forma de pensar y una nueva conciencia; es decir, estamos recordándonos a nosotros mismos el ideal que queremos desarrollar. Al hacer esto consciente y voluntariamente, ocurre que nos damos cuenta de que ahora somos conscientes de lo que antes no lo éramos. Es importante  creer en la posibilidad de que nosotros podemos cambiar el cerebro, como así se ha demostrado y que, al hacer la auto-programación y visualización como si lo viviéramos, estamos renovando las conexiones neurales del cerebro para que éste cree ese “ideal” que deseamos ser. En cuanto el cerebro crea ese modelo o ideal gracias a la repetición, tendremos cada día más facilidad para hacerlo real como la vida misma. Hay que tener en cuenta que el cerebro no distingue entre lo que le viene de los sentidos (como se crea la personalidad en cualquier persona) y lo que viene de la mente, él se dedica a actualizar la materia gris como si la información que le llega ya hubiera ocurrido.

            Cuando cambiamos nuestra conducta de esta manera y llegamos a controlar la impulsividad emocional y a la mente para que piense lo que queremos y cuando queramos, el cerebro crea las sustancias correspondientes de cuya combinación nace una nueva y más elevada emoción que nos llevará a actuar en ese sentido. De esta forma y siguiendo el ejemplo del trabajador, llegaríamos a comprobar que éste cambiaría totalmente sus malos conceptos sobre su superior y llegarían a formalizar una verdadera amistad. En casos como este, donde la mente enseña al cuerpo a cambiar sus emociones para luego llevarse a la práctica, lo que ocurre es que termina cambiándose la naturaleza de los genes correspondientes. O sea, que lo que hemos hecho es encarnar el amor y el sentir de Cristo gracias a la programación-visualización mental que luego se ha llevado a la práctica. Este ejercicio y esta práctica repetitiva de llevar a la experimentación lo que se programa mentalmente, puede llegar a crear en el cuerpo y en la mente un arquetipo neuroquímico y genético que lleve al individuo a actuar automáticamente como el ideal elegido.

            Ya hemos visto cómo cuando se aplica un conocimiento y se persiste en su práctica, sus resultados afectan a la conducta del individuo lo que, a su vez, crea nuevas emociones que formarán parte de la nueva identidad. El pensamiento no solo afecta de una manera superficial al cuerpo, como por ejemplo en el caso de recordar un hecho trágico o del de pensar en algo repugnante que nos puede causar nauseas, el pensamiento puede cambiar el cerebro y el estado de conciencia del Yo ¿o no es cierto que el simple hecho de pensar en el comportamiento de Francisco de Asís con los animales nos hace sentir emociones y deseos de ser más bondadosos con los mismos? Entonces, si por pensar unos momentos de esa forma conseguimos sentir una serie de elevados deseos y emociones ¿no podríamos conseguir un estado de conciencia similar por el hecho de vivir y experimentar ese aspecto compasivo en nuestra vida diaria? Es decir ¿No podemos cambiar nuestro cerebro y esquemas mentales, eligiendo y llevando a la práctica todos los ideales y cualidades espirituales que conozcamos?

Conociendo el ideal o la virtud que queremos desarrollar y una vez puesta en práctica, el cerebro se encarga de crear un nuevo modelo de personalidad o realidad futura personal por medio de nuevas agrupaciones y conexiones de las neuronas. Dicho de otra forma, la práctica repetida durante más tiempo crea unos nuevos circuitos neurales relacionados con los hechos futuros que deseamos alcanzar, pero en el momento presente. Cuando más repetición y práctica más fortaleza tendrá el nuevo estado de conciencia y más reacciones emocionales surgirán como respuesta de forma automática. En definitiva, el nuevo estado mental formará hábitos relacionados con la virtud elegida, esto aumentará los cambios neurológicos y químicos y esto se llevará a la experiencia en el momento presente.

Los pensamientos, como es obvio, están relacionados con el cerebro, y las emociones y los sentimientos con el cuerpo. Un pensamiento genera un sentimiento o emoción, es decir cuerpo y mente se unifican para trabajar en una sola dirección. Por eso, desde el mismo momento en que una persona comienza este proceso para desarrollar una nueva virtud, ella misma comienza a cambiar porque, inconscientemente, está creando nuevos circuitos y conexiones cerebrales. Esos procesos neurológicos y químicos producidos por la mente y por las emociones terminaran reflejándose como nueva personalidad y a nivel biológico y genético. Pero como este proceso lo estamos llevando a cabo como una programación para el futuro y como, tarde o temprano, se consigue, (si se hace correctamente) está claro que hemos encontrado la manera de anticiparnos al futuro creando una nueva personalidad y una nueva realidad futura. Y digo una nueva realidad futura porque, además de la virtud, también podemos cambiar circunstancias y hechos importantes de la vida.

Quien haya practicado la meditación habrá comprobado que al terminar el ejercicio se siente algo diferente de cuando lo comenzó; y si la ha acompañado de la oración sentirá también otras emociones y deseos de ser mejor. En algunas meditaciones se visualizan ideales y situaciones espirituales que originan las más elevadas emociones acompañadas de idealizaciones futuras, pero éstas no se llegan a cumplir por falta de práctica y de persistencia en la meditación. La repetición hace que el pensamiento se convierta en experiencia y que ésta cree un nuevo modelo de carácter de posibilidades en el cerebro y en la vida porque los cambios internos siempre producen efectos externos. Pero lo más importante de todo este proceso que estamos tratando es que hemos cambiado la manera de vivir. Hasta ahora actuábamos y estábamos condicionados por las circunstancias, por los impulsos emocionales y por la actividad mental incontrolada. Pero a  partir de ahora seremos “nosotros mismos”, como creación consciente y voluntaria de un nuevo modelo mental y existencia. A partir de ese momento y sin recordar nada del pasado, nos veremos viviendo el ideal y experimentando en un mundo lleno de nuevas oportunidades gracias al cambio cerebral, genético y de la realidad. Sin embargo, no nos olvidemos que la mente y el cuerpo emocional deben expresarse en una misma línea de actuación.

                                   Francisco Nieto

jueves, 1 de agosto de 2013

PROGRAMANDO UNA NUEVA PERSONALIDAD (I)




Estamos tan acostumbrados a nuestra forma de vida que muy pocas personas se dan cuenta de que dependemos de los demás y de lo que nos rodea para expresar nuestra identidad. Cuando hablamos con los demás, cuando hacemos gestiones burocráticas o, simplemente, cuando estamos de vacaciones, es cuando más nos convertimos en todas esas cosas quedando el Yo casi anulado como cuando alguien vive atentamente la trama de una película. Las personas y el entorno pueden crear momentos de felicidad en la persona pero también lo contrario porque dependemos casi al 100 % de los estímulos externos. Sin embargo, ¡que diferente es cuando estamos en silencio y en la soledad de nuestra casa pensando sobre todas estas cosas y observándonos a nosotros mismos!

Sólo en esos momentos podemos darnos cuenta de que tenemos dos aspectos personales, uno el que mostramos ante los demás y otro el que en realidad somos. Cuando estamos con otros intentamos ser y tener unos gustos similares a ellos con tal de que nos vean o nos tengan en consideración, o sea, mostramos la imagen que queremos que ellos vean. Esta imagen es la carátula  de la personalidad que depende de lo externo para reafirmarse como que existe, pero como depende de cuanto le rodea, intenta siempre que puede ocultar lo que siente y lo que realmente es. Esta personalidad es feliz y se reafirma más cuando se compra lo que la gusta, cuando disfruta de los placeres y satisface sus deseos, cuando mejora en el trabajo, cuando aumenta su economía, etc.

La personalidad interna que, como todo lo oculto es más real, representa el “cómo nos sentimos por dentro” cuando nos aislamos, cuando utilizamos la mente y no al contrario, cuando las emociones no nos dominan, cuando nada nos preocupa y cuando nada nos distrae. En esta parte oculta es donde están los rencores, el estrés, la crítica, la envidia y cualquier otra emoción negativa que nos domine. Lo que creemos ser es una acumulación activa de todas estas emociones, más nuestra relación (de aparentar) con los demás y nuestra forma de pensar basada en todo lo anterior, más los complejos, fobias, miedos, etc. Esto es lo que hace que dependamos de lo externo, y que nos expresemos como creemos ser antes que analizarnos internamente para ver nuestras debilidades.

La personalidad que mostramos es la que se va formando desde la pubertad con cada experiencia donde las emociones han sido notablemente fuertes. Cuando estas experiencias o episodios traumáticos se repiten en la vida o imaginariamente, se reafirman y crean un estado de hábito, un carácter, un rasgo y, en definitiva, una identidad falsa. El hecho de no tener responsabilidades cuando se es joven y de “gozar de la vida” aumenta esa personalidad y aísla a la interna durante un tiempo. Pero al cabo de unos años, cuando tenemos que hacer frente a nuestras responsabilidades y vamos más allá de la vida fácil, afloran de nuevo esas emociones y experiencias traumáticas del pasado para limitarnos.

Una vez creada esta personalidad y según otras experiencias del pasado, es fácil comprender que antes de que se produzcan muchos de los hechos ya sabremos cuál va a ser nuestra reacción y cuáles los sentimientos y los pensamientos que manifestaremos. Es en esta edad adulta cuando nos damos cuenta de que ya no nos sirven las evasiones de la juventud para ocultar esas emociones y sensaciones internas negativas que tan presentes están en nosotros. Si el hecho de aislarnos para ser nosotros mismos, nos hace comprender que lo que llamamos “estar bien” es el resultado de la dependencia que tenemos de lo externo ¿Qué podemos hacer? Esta forma de vida tan común la podríamos encajar perfectamente en la Ley de Consecuencia puesto que según sean las causas así nos sentimos, si lo que nos pasa o lo que advertimos que nos va a pasar es algo bueno nos sentimos felices, y si es lo contrario nos amargaremos y maldeciremos. De ahí que esta personalidad siempre esté buscando motivos egoístas o lugares para sentirse bien y estar incluso agradecida. Pero, como esto no suele cumplirse en ninguna persona porque siempre hay aspectos internos (rencores, juicios, preocupaciones, etc.) que nos hacen interiorizarnos para ver la realidad de nuestra vida, deberíamos encontrar la manera de adelantarnos a los hechos para sentir y vivir positiva e internamente lo que nos pueda traer lo externo. En mi opinión, solo hay una manera de hacer esto, y se trata de hacer una auto-programación de cómo nos vamos a sentir en determinadas circunstancias, es decir, vivir interna y emocionalmente como si ya estuviéramos experimentando un hecho futuro. Con esta repetida auto-programación creamos una nueva personalidad totalmente contraria a lo que somos gracias a “vivir” como si ya fuéramos esa otra persona.

Cualquier persona que aspire a una vida moral o espiritualmente superior, sabe que de vez en cuando se cruzan en nuestra vida oportunidades (personas, lecturas, etc.) de mejorar esos aspectos. Entonces y si de verdad lo deseamos volveremos a leer, recordar o practicar el hecho que nos ha motivado para alcanzar una nueva meta. Esto hace que haya nuevas conexiones y agrupaciones de neuronas en el cerebro y que, cuando más lo practiquemos (por ejemplo el amor de Cristo) más sintamos que está creciendo dentro de nosotros. Puedo dar fe de que esto funciona pero, como cualquier aspirante espiritual sabe, cuando menos lo esperas vienen las pruebas. Y aunque estas pruebas no nos gusten, la verdad es que vienen para que demostremos nuestro poder espiritual. Así es que, si hemos estado auto-programándonos y visualizando situaciones futuras donde nosotros emitimos el amor de Cristo en forma de vibraciones que alcanzan a todo cuanto nos rodea, tendremos que demostrar si de verdad hemos creado ese nuevo aspecto de la personalidad ante cualquier prueba que se nos presente.

Imaginemos que tenemos malas grabaciones (enfrentamientos, injusticias, etc.) guardadas respecto al superior inmediato de nuestro trabajo y que llevamos varios años, y sobre todo cuando le vemos, repitiendo malos sentimientos y pensamientos. Esa personalidad interna, pero negativa, nos domina incluso desde antes de llegar al trabajo y cada vez nos encontramos peor ante él. Esto significa que, inconscientemente, hemos creado unos programas en el cerebro que hacen que cada vez pensemos más en ello y que nuestra reacción y expresión sea automática. En estas situaciones suele haber dos salidas, la de esquivar al superior o cambiar de departamento o empresa, o bien la de hacer frente con alguna fórmula que haga eliminar a ese yo desquiciado de los nervios para crear a otro yo superior. Por tanto y pensando que es lo más correcto, decidimos aplicar la formula de auto-programarnos para vivir en el presente lo que puede ocurrir en el futuro. Parecerá una tontería, pero el hecho de tomar esta decisión ya relaja a ese yo enemigo de su superior. Una vez decidida la manera de pasar a la acción nos ponemos a planificar y tomamos las siguientes decisiones:

1ª.-Cuando nos despertamos por las mañanas hacer la auto-programación para vernos (visualizándonos como si lo estuviéramos viviendo) junto a él en todas las circunstancias posibles, emitiendo de nosotros las más perfectas vibraciones del amor que emitiría Cristo en nuestro lugar.
2ª.- Ser auto-conscientes en todo momento de que somos una nueva personalidad que va dando amor a todo ser viviente.
3ª.- No pensar ni recordar nunca más nada negativo del pasado ni nada que nos haga pensar como antes lo hacíamos.
4º.- Entrar al trabajo o a cualquier sitio con un semblante humilde y expresarnos de manera agradable y cariñosa a la vez que sentimos como nuestras vibraciones de amor alcanzan a las personas que nos rodean.
5º.- Auto-observarnos para ser conscientes de lo que sentimos, de lo que pensamos y de cómo nos expresamos.
6ª.- Visualizamos e intentamos vivir a la vez cómo hablamos relajadamente con la otra persona y cómo en una despedida nos damos la mano amistosamente con una sonrisa en los labios.

Francisco Nieto