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lunes, 16 de septiembre de 2013

PROGRAMANDO UNA NUEVA PERSONALIDAD (y IV)






Si somos rencorosos porque tenemos presente o recordamos ciertos hechos del pasado y queremos quitarnos la emoción del rencor, no lo conseguiremos reviviendo aquellos hechos porque nos encontraremos en ese mismo estado mental; a lo sumo, simplemente nos disculparemos. De lo que se trata es de olvidarnos y de no llevar a la expresión esa emoción de rencor. Podemos examinar una experiencia negativa donde manifestamos deseos y emociones negativas, pero para olvidarlo es necesario que no se sientan ni se expresen y que se visualice creativamente la situación con los deseos y emociones positivas contrarias al rencor. Cuando nos afecta una crisis no podemos solucionarla cambiando de lugar, de amigos o de hábitos del pasado, el cambio se tiene que producir dentro tal y como se ha dicho, creando un “posible futuro” en nuestro destino gracias a una nueva y positiva forma de vivir, pensar y sentir. Es decir, crear, desde el punto de vista de la epigénesis, un futuro visualizado y vivido en el presente y en los momentos de paz, emocionalmente hablando.

            Cuando hablo de meditación respecto a un tema como el que estamos tratando (autoayuda para nuestro propio desarrollo) me estoy refiriendo a una meditación centrada, más que nada, en la auto-observación y en la manera de alcanzar ese despertar o autoconciencia del Ser que está por encima de todo lo que conocemos en tiempo pasado. Y es que toda persona que se interese por su propio desarrollo y que gracias a estos conocimientos y reflexiones comience a aburrirse de la monotonía de la vida, algún día no podrá más y dirá: ¡Hasta aquí hemos llegado, tengo que cambiar me cueste lo que me cueste! Entonces, cuando se observan los deseos y las emociones sin entrar en ellas, y cuando nos damos cuenta que la mente responde y se involucra, es cuando debemos hacer de “pensador” y de “observador” voluntaria y conscientemente para dejar nuestra vida en manos de nuestros Espíritu y de Dios, a la vez que intentamos vivir plenamente  atentos a lo que sentimos y pensamos mientras imaginamos y experimentamos en nuestra vida diaria ese nuevo futuro.
            Si, como dice la física, la energía no se crea sino que se mueve y se transforma, quiere decirse que nosotros somos parte de la energía que compone el mundo creado por Dios, o sea, somos parte de Dios y en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Por tanto, todo lo que hagamos repercute en Él, nuestras emociones y pensamientos negativos, nuestra negatividad, la creación de problemas y disgustos, etc., es la transformación negativa que hacemos personalmente de la energía divina que existe en el universo. Si queremos crear una nueva vida y una nueva personalidad debemos dejar de hacer esas transformaciones negativas para programar mediante la imaginación creadora una nueva entidad que sea feliz en todos los sitios, que se lleve bien con todo el mundo, que la vida le traiga lo que necesite para su desarrollo y que viva plenamente su vida sabiendo que lo hace “dentro” de la vida de Dios. Este trabajo, no solo cesa de transformar la energía divina en negatividad, sino que utiliza esa energía creadora de Dios para, usándola positivamente, (sin egoísmo ni aspectos personales) poder crear un futuro mejor en todos los sentidos. Esto es hacerse consciente y transformar la negatividad y la inconsciencia que antes teníamos, es liberarse de las ataduras emocionales y de los condicionamientos del cuerpo y de la mente, es eliminar las tendencias y hábitos del pasado que de nada nos sirven, es vivir en el futuro estando en el presente, es transformar las emociones y los deseos negativos en positivos e impersonales, es reconocer cómo hemos sido hasta ahora para cambiar la manera de sentir y de pensar, y es ser sincero consigo mismo para ver que esa personalidad crea un destino inútil para el Alma y que poco provecho sacamos de él.

            Hay personas que cuando leen estas instrucciones dicen: “Esto es muy difícil de llevar a la práctica.” Aparentemente así es, porque el simple hecho de intentar estar plenamente atento y consciente a lo que ocurre en nuestro interior ya cuesta un gran esfuerzo. Pero ¿Qué hace un ludópata para no caer en la tentación del juego si no es pasar de largo por la puerta del casino e intentar no acordarse del mismo? Cuando no queremos hacer o caer en algo simplemente lo evitamos, por tanto, si vivir emocional y mentalmente en el pasado hace que sigamos actuando siempre igual y que nuestra vida sea monótona y negativa para el desarrollo ¿Por qué seguir viviendo según las adicciones emocionales, los hábitos mentales y el mundo circunstancial que nos rodea si podemos cambiarlo desde dentro? Sabemos que ante determinada circunstancia surge la emoción del resentimiento (porque en el pasado ya ha ocurrido otras veces) y la dejamos actuar e incluso colaboramos en su desarrollo con pensamientos de esa índole, por tanto, lo único que hacemos así es tener más de lo mismo.

            Como nuestra actitud y nuestra forma de ver la vida suele ser esa, resulta que cada vez nos hacemos más negativos y de peor voluntad. Si esas emociones que causan preocupaciones, disgustos, problemas, rencores, estrés, etc., lo único que nos causan es sufrimiento ¿por qué no dejamos de admitirlas como parte nuestra y comenzamos a crear otras contrarias que nos traigan felicidad? Si deseamos ser felices, personal y espiritualmente hablando ¿por qué creamos y nos dejamos dominar por emociones y pensamientos de tristeza? Hay que dejar de ser el mismo de siempre, hay que cerrar los sentidos a esas pruebas y tentaciones que desde el mundo externo nos dominan, y hay que auto-observarse para ver cómo y por qué el cuerpo responde como lo hace sin que nosotros muchas veces nos demos cuenta. Conociéndonos a nosotros mismos es como podemos eliminar a ese yo que ha dirigido nuestra vida hasta ahora, y cuando actuamos así, como observadores, ya no podemos ser ese yo sino otro en un nuevo estado de conciencia. Esto, queramos o no, es olvidarse de esos instintos, automatismos, hábitos, etc. que teníamos programados en el subconsciente para programar otros, por tanto, eso nos facilita más control y más libertad.

            Cuando una persona decide, por ejemplo, no criticar ¿Qué hace? pues estar pendiente de lo que va a decir cuando hable de alguien. Eso mismo ocurre con nosotros cuando actuamos basándonos en emociones negativas del pasado, en hábitos y en respuestas automáticas e instintivas. Si queremos eliminar un defecto o una emoción negativa que nos domina deberíamos comenzar por observarla y preguntarnos ¿Qué causa en mí? ¿Qué pensamientos despierta? ¿cómo respondo yo y cómo me siento? Neurológicamente se sabe que las áreas del cerebro y sus circuitos y conexiones cambian cuando nosotros cambiamos la forma de pensar y de interpretar los hechos y las cosas, por tanto, si dejamos de admitir, recordar o sentir todas estas negatividades que forman ese yo inferior, estaremos olvidándonos de ello, y si a la vez, imaginamos creativamente una nueva y positiva entidad comportándose con nuevas maneras para crear un mundo mejor, estaremos creando nuevas áreas, circuitos y conexiones en el cerebro. Esto no significa que el pasado sea inútil porque, como sabemos, de las experiencias se adquiere conocimiento y de estos se adquiere la sabiduría, por tanto, siempre se extrae un beneficio. Es necesario acabar con esos programas inconscientes si de verdad queremos cambiar y ser conscientes de lo que ocurre a nivel emocional, mental y de acción. Observar cómo, por qué y cuándo surgen estas respuestas automáticas es comenzar a dejar de ser lo que aparentamos para ser lo que verdaderamente somos.

            Cuando hay persistencia en esta práctica diaria y en el aspecto creador imaginativo que deberíamos hacer todos los días para vivir en un estado de felicidad futuro estando en el presente, lo que estamos haciendo es quitarnos esas máscaras o velos que ocultan el verdadero Yo. Y si vivimos así, como entregados a Dios y en un estado de conciencia, de fe y de gratitud, entonces nos convertiremos en lo que verdaderamente somos a la vez que nos olvidamos del pasado. Esto, a la vez, nos hace más comprensivos, más tolerantes, más fraternales, más conscientes y más libres. En ese estado ya no deberíamos depender de lo externo ni de las emociones ni de las circunstancias, porque las emociones elevadas que creamos son incondicionales. Debe quedar claro que el hecho de observar con atención plena a nuestros pensamientos, deseos, emociones, expresiones y respuestas, es lo que nos hace conscientes de ello, y eso nos tiene que llevar a olvidarnos para reprogramar en el cerebro una nueva identidad. No es lo mismo ser algo que haceros observadores de ese algo, como tampoco lo es ser lo que normalmente es cada persona que observar su comportamiento interno y externo. Para cambiar hay que observar, porque observando nos hacemos conscientes de lo que no deseamos ser y de lo que queremos ser.

            Cuando practicamos esta contemplación-meditación, estamos pensando y sintiendo de diferente forma, esto, como ya he dicho, construye nuevos circuitos neurológicos y nuevas áreas en el cerebro y con nuevas secuencias y combinaciones que nos llevarán a programar una nueva manera de pensar. Todo lo que  sea planificar una nueva entidad moral, intelectual y espiritual, todo lo que visualicemos como innovaciones y posibilidades de futuro, y todos los sueños y procesos imaginativos en esa línea, harán desaparecer la antigua identidad en el cerebro. Entonces todo eso se convierte en una experiencia interna (como si ya hubiera ocurrido) y se va fortaleciendo con cada repetición hasta que, el subconsciente nos impulse a actuar en esa línea. Hay que tener en cuenta que estos ejercicios y prácticas originan nuevas y más elevadas emociones que nos harán sentir como esa personalidad que hemos ideado. Cuando surgen estas emociones significa que el cuerpo está adaptándose a esa nueva forma de vida y que eso se está grabando genéticamente. La repetición diaria de todo esto es lo que crea un nuevo ser del futuro pero manifestándose ya en el presente como una nueva entidad.

                                                           Francisco Nieto

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