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miércoles, 16 de octubre de 2013

ALGUNAS AYUDAS PARA EL ASPIRANTE ESPIRITUAL SINCERO (y II)






Quien de verdad desee elevarse por encima de todas esas voces que son parte de la personalidad debe formarse una serie de ideales y objetivos que se relacionen con la individualidad espiritual, y para eso se necesita voluntad y consciencia. Lo mismo que para liberarnos del karma y del renacimiento, entre otros hechos, no hay que tener apego a lo material ni a lo personal, para posicionarnos por encima de la personalidad debemos dejar de identificarnos con esos egos y ser conscientes de nuestras expresiones para así ser un centro de conciencia, de voluntad y de responsabilidad. No puede haber progreso mientras sigamos dominados en un momento dado por el mal carácter, en otro por la crítica, en otro por el orgullo, y mucho menos por esa loca de la casa que anda deambulando sin control, llamada mente.

            Hay casos en que algunos de nosotros descubrimos el mundo del ocultismo y comprendemos que sus enseñanzas nos pueden ayudar mucho a desarrollar la individualidad. Entonces nos entusiasmamos y consagramos las 24 horas del día a pensar en ello y a su práctica, y de hecho conseguimos vencer algunos defectos (trabajo, alcohol, impulsividad, etc.) y cambiar en parte nuestro carácter. Pero el hecho de la repetición monótona  de ciertos ejercicios y de no salir de los mismos conocimientos aburre y hace que desaparezca el entusiasmo y la persistente fuerza de voluntad ocurriendo entonces que esas voces o egos del pasado vuelen a intentar dominarnos. Si el aspirante sale de la monotonía gracias al entusiasmo y gracias a que sabe buscar nuevos alicientes, tanto en conocimientos como en la práctica de ejercicios o técnicas espirituales, vencerá  a esa personalidad que intenta dominar de nuevo, pero si no lo hace volverá a actuar como en el pasado o quizás peor porque ya no se encuentra limitado en sus deseos por ningún tipo de juramento o promesa.

            Los ejercicios de concentración, retrospección, oración, auto-programación, etc. son todos muy buenos y útiles siempre que se hagan consciente y voluntariamente. No es lo mismo rezar el “Padre Nuestro” de forma automática tal y como lo tenemos memorizado, que decir cada una de sus palabras siendo lo suficientemente conscientes como para comprender perfectamente su significado. Ni tampoco es lo mismo hacer una concentración sobre un tema o hecho estando la mente de acá para allá o estando nosotros pendientes de ella para que no se desvíe  (lo que impide también la concentración) que tener la mente concentrada y ser perfectamente consciente de lo que hace y piensa porque la tenemos controlada por la voluntad.

            Pero, volviendo al tema del ocultismo, el aspirante no solo se puede ver impedido en sus estudios y trabajos en determinada escuela filosófica, religión, o cualquier otra, sino que esos egos pueden hacer que cambie de parecer y ande de un sitio para otro sin centrarse en nada y haciéndose aprendiz de mucho y maestro de nada. Yo he conocido muchas personas así en mis cursos y en mis conferencias, tan pronto estaban interesados en unas nuevas enseñanzas de un famoso libro, como otras veces me hablaban de enseñanzas de otra escuela a la vez que me decían que la que más les convencían era la rosacruz de Max Heindel. El carácter de la mayoría de las personas está compuesto por sus propios gustos, deseos, ideales, objetivos, etc., por eso cuando algo nuevo llega al Yo y éste se siente atraído, entonces hará que la personalidad se interese y concentre toda su atención en ello.

Sin embargo, cuando esa misma personalidad advierte que el Yo intenta quitarla un deseo por algún vicio que tenga, o hábito, o simplemente vea que la intentan obligar a hacer algo que no está acostumbrada o que no desea (ejercicios diarios, trabajar por los nuevos y superiores ideales, esfuerzo y sacrificio, etc.) entonces, se resistirá y intentará cambiar de escuela o evitar hacer lo que el Yo consciente y voluntariamente quiere. Esta es la lucha entre la voluntad y los deseos personales, entre la consciencia y la inconsciencia, entre el verdadero Ego y los egos que forman la personalidad.

            Está claro que si no hay una lucha entre lo superior y lo inferior para que solo haya una voluntad y una conciencia, nunca seremos ese centro espiritual sobre lo que todo debe desarrollarse. El estudiante no solo debe ser responsable en sus deberes, obligaciones y ejercicios, sino que también debe intentar ser auto-consciente de todo lo que ocurre en su interior para que ningún ego se rebele o intente imponer su naturaleza, y eso sólo se puede conseguir cuando uno se observa muy atentamente. No deberíamos olvidarnos que cuantos más defectos superados y cuantas más voces personales calladas, más poder y más fuerza de voluntad obtenemos para desarrollar las virtudes del Espíritu. La persistencia en alcanzar los objetivos e ideales elevados de una manera consciente debe ser el centro de actividad espiritual de donde deben formarse todas las posibilidades del aspirante.

Es necesario e imprescindible no permitir que la mente y el cuerpo emocional lleven al aspirante de un lado para otro sin ninguna meta u objetivo porque entonces perderá gran parte de su vida. Si es importante llevar a cabo el estudio de la filosofía oculta y practicar los ejercicios y técnicas recomendadas, no lo es menos hacerlo todo conscientemente desde el puesto de ese Yo observador y pensador. Y esto debería ser así porque, a la vez que progresamos espiritual e intelectualmente, evitamos cometer errores y crearnos deudas kármicas futuras, y todo por el simple hecho de auto-analizarnos conscientemente.

Estar atentos a cómo surgen y actúan nuestras emociones negativas o a qué hace la mente no es solamente evitar el rencor, la lujuria y todos lo demás defectos que solemos llevar siempre con nosotros, también se trata de observar y analizar nuestro comportamiento con el prójimo ¿Nos paramos a analizar por qué nos molestamos o enfadamos en determinadas circunstancias y con ciertas personas? ¿Por qué nos mostramos orgullosos, recelosos o con miedo ante otras? ¿Por qué no somos más tolerantes y responsables con ciertos individuos? Seguro que si lo hiciésemos descubriríamos otros egos que también dirigen nuestra vida y nos llevan a actuar así, o incluso a desarrollaríamos el perdón ante los que nos perjudican u ofenden.

Pensar en una mujer a través del ego de la lujuria es un grave error, pero mirarla como a una hermana o como a una madre a la que se quiere de corazón es todo lo contrario. Ir en el autobús observando a la gente y pensando en sus defectos, su origen racial, etc. es otra pérdida de tiempo, mientras que si las observamos con sentimientos y pensamientos de hermandad, de fraternidad o de amor, espiritualiza nuestros cuerpos y hace que penetre la luz del Alma en la personalidad. Se trata, pues, de auto-observarnos para analizar cómo y cuándo somos dominados por esas voces personales y cuando actuamos correctamente y de forma consciente. Cuando se encuentra un ego se le observa, se le analiza, se le enjuicia sin dejarnos influir por él y se toma la decisión consciente de no volver a actuar en su nombre para que se disuelva.

Nuestra mente, o mejor dicho, nuestro ser, debe estar siempre en el presente, en el aquí y ahora, no en el pasado ni en el futuro. Y si alguna vez se le permitiera estar debería ser o modo de programación para el futuro. Actuando conscientemente en cada momento nos facilita el control sobre nuestros cuerpos. Recordar el pasado ya sirve de poco, pero si alguna vez queremos trabajar pensando en el futuro tiene que ser siempre de forma positiva para que, si se cumple el trabajo, nos beneficie de alguna manera. Por ejemplo, si visualizamos todos los días, de una forma general, que nuestro comportamiento en la vida es optimista, cariñoso, fraternal, generoso y altruista, y lo repetimos cada mañana a modo de programación para crear ese carácter, seguro que al cabo de cierto tiempo notaremos que ese carácter se está formando en nosotros. Si, además, lo llevamos a la práctica consciente y voluntariamente siempre que podamos, veremos como esos planes o visualizaciones de futuro se realizan. Si, por otro lado, hacemos la retrospección para ver cuándo, dónde, y por qué fallamos en la programación o en nuestros ideales, entonces los resultados serán más rápidos.

Nacemos para espiritualizar el carácter, para desarrollar la voluntad, para crear un centro de conciencia sobre el cual gire nuestra vida y nuestro destino, y para obtener un pleno control sobre la mente para que, por medio del discernimiento, podamos hacer desaparecer a todos esos egos que forman la personalidad. En estos párrafos he dado toda una serie de sugerencias y consejos para ello, por tanto, si el aspirante espiritual no alcanza el progreso que debería alcanzar con su práctica en esta vida es por alguna de las siguientes razones:

1º.- Porque su voluntad es débil.
2º.- Porque sus egos son muchos y fuertes.
3º.- Por ambas cosas y porque se encuentra contento con esa vida instintiva y de autómata.

                                                           Francisco Nieto

jueves, 3 de octubre de 2013

ALGUNAS AYUDAS PARA EL ASPIRANTE ESPIRITUAL SINCERO (I)





ALGUNAS AYUDAS PARA EL ASPIRANTE ESPIRITUAL SINCERO  (I)

Las enseñanzas ocultas tienen varias utilidades: Una es su uso como conocimiento elevado para quienes están preparados para entenderlas, y la otra es su práctica como medio de desarrollo espiritual. Como el conocimiento (los cuerpos, los mundos, etc.) hincha pero tiene poca utilidad, preferimos la práctica para el desarrollo interno, sin embargo, está claro que es necesario conocer antes de llevar a la práctica. Si no sabemos que tenemos un cuerpo emocional y una mente independiente del cuerpo físico y del Yo (representado por la voluntad y la conciencia) nos será más difícil  comprender las técnicas o el trabajo que se debe hacer para que el Yo sea el capitán de su barco. Conociéndonos superficialmente como nos conocemos, podemos comprobar que somos más yo-yo que Yo, es decir, que nuestra actividad, tanto externa como interna, nos lleva a gastar casi toda nuestra energía en cosas y en hechos inútiles. Si fuéramos conscientes como el Yo superior o Ego en su propio mundo actuaríamos de muy diferente forma pero no es así.

En nosotros, en nuestros cuerpos, existen un gran número de entidades o pequeños egos que impiden que progresemos como deberíamos porque ellos quieren dirigir nuestra vida y nuestro destino. Si bebemos determinado alcohol y nos gusta ya hemos sembrado la semilla de un ego, y si volvemos a beber crecerá y creará el hábito, o sea, nos dominará. Si tenemos un cargo y nos gusta que nos adulen o imponer nuestras órdenes aunque no sean las más correctas, también ocurre lo mismo; si creemos que tenemos más mérito que otros para obtener estos conocimientos, también tenemos otro ego que solo se puede eliminar con la humildad; y así podríamos enumerar un sinfín de emociones, deseos y aspectos personales que impiden nuestro propio desarrollo.

Hacemos muy pocas cosas seria y responsablemente al cabo del día porque el tiempo restante lo utilizamos egoístamente y para asuntos de poca rentabilidad espiritual. Pero eso no es todo, lo peor es que no somos conscientes de casi nada de lo que hacemos porque las emociones, los deseos personales, los hábitos y la mente, entre otros, no dejan espacio para que el ser se manifieste como voluntad consciente. Si se cree que no es así pregúntese ¿Cuántos pensamientos creamos con la intención de desarrollar el Espíritu? ¿Cuánto tiempo dedicamos a servir o a ayudar a la humanidad? ¿Cuántas veces intentamos ser conscientes de lo que sentimos, pensamos, hablamos y hacemos para que sean verdaderas expresiones del Alma? Lo que llamamos defectos (odio, envidia, celos, rencor, vanidad, etc.) son parte de esos egos que dominan nuestra vida y que son un impedimento, pero tan impedimento como eso o más es el hecho de pasar toda la vida quejándonos, enfadándonos, contando nuestros problemas, o pensando cómo nos vamos a divertir o qué podemos hacer para trabajar menos y tener más bienes materiales. Todo eso representa al yo personal, al ego, y son esas pequeñas voces o entidades que tienen la mente ocupada en lo que ellas quieren y las que hacen que actuemos y respondamos de manera automática e instintiva.

Creemos ser los mejores, creemos que siempre tenemos razón, nos gusta que nos escuchen, y así sucesivamente. Por eso buscamos personas que nos “comprendan”, pero eso es todo falso y egoísta porque, si no lo conseguimos, nos molestamos, guardamos rencor o buscamos a otras personas que “sean mejores”. A veces, estos mismos motivos, los problemas que de vez en cuando surgen o cualquier otra frustración que tengamos, hacen que la mente esté rumiando todo eso a la vez que crea emociones y deseos de tristeza, de monotonía o de deseos de no vivir. Esta actividad emocional y mental independiente son otras de las voces o egos que impiden que el yo sea más consciente y, como consecuencia, que utilice el tiempo y los cuerpos para su propio desarrollo. Por mucho que algunos tengan y por mucho tiempo que dediquen al ocio y a los placeres llega un momento en que el Yo no recoge beneficio espiritual alguno y el hombre se aburre, se entristece, se queja de la vida porque no encuentra algo que verdaderamente le satisfaga, y entonces vuelve a buscar otros placeres que le llenen más. Entonces es cuando  otros egos se fortalecen y toman también las riendas de nuestro destino porque saben que en esos momentos el hombre está sólo y necesita compañía que le entretenga. Mientras actuemos así y no nos esforcemos por cambiar, seguiremos en el mismo estado de conciencia y nos moriremos casi con el mismo grado de desarrollo que nacimos; por consiguiente, necesitamos dejar de ser lo que somos para que pueda aflorar la conciencia y la voluntad del verdadero Yo.

Un hombre es lo que él mismo tiene representado interiormente como su vida y su destino, si ese hombre no intenta analizarse y no comprende que está desperdiciando muchas oportunidades de desarrollo (puesto que siempre está pensando en lo mismo y repitiendo lo mismo) cuando tenga que llevarse la película de su vida después de la muerte, comprobará que ha adelantado poco y que renacerá casi con los mismos defectos. Mientras no eliminemos de nuestra vida todos esos egos no podremos cambiar mucho nuestro destino puesto que son esos egos los que marcan la pauta para que nuestro destino sea mejor o peor. Si hemos superado el orgullo de ser inteligentes y somos humildes, en la próxima vida seremos humildes, y si en esta vida hemos superado el mal humor y la irascibilidad, en la próxima no tendremos tantos problemas con los demás. Es decir, cuando vencemos o trasformamos un ego toma su lugar una virtud que evitará que tengamos un destino similar al que tenemos. Así es que, sabiendo que el rencoroso lleva la simiente del odio dentro de sí mismo, o que el alcohólico lleva dentro la vibración del alcohol para que no deje de desear beber, no nos queda otro remedio que admitir que estamos dominados y que actuamos casi como autómatas.

El problema es que no nos conocemos, ni observamos cómo piensa nuestra mente, ni qué emociones negativas nos impulsan a ser como somos. Y esto es así porque la mente está de un sitio para otro dejándose llevar por los aspectos y deseos personales no permitiendo que sea el yo quien la haga darse cuenta de que la vida que vive no es real. La mente no quiere darse cuenta de que está mayormente pensando en el futuro del que no sabe nada o en el pasado recordando hechos  inútiles y que, por tanto, no sabe que es ignorante y que está arrastrada por todos esos pequeños egos. Hay personas que basan su vida en unos pocos aspectos o egos (egoísta, huraño, desconfiado, ambicioso, etc.) y piensan que son imprescindibles para ascender y para obtener lo necesario para vivir, no se dan cuenta de que si se observarán internamente comprenderían que:

1º.- Esos egos no son necesarios.
2º.- Que cuando algo falta o nos cansamos de ciertas cosas sufrimos.
3º.- Que siendo conscientes de nosotros mismos y utilizando el discernimiento se consigue lo
       mismo.
4º.- Que todos esos egos forman una personalidad falsa que nada tienen que ver con el verdadero
       hombre.

            Si queremos conocer en qué nos basamos para pensar como pensamos, saber por qué tenemos toda una serie de emociones negativas y por qué actuamos y hablamos como lo hacemos, debemos mantener la voluntad sobre la mente (ser conscientes de lo que piensa) y estar muy atentos a nuestras expresiones de forma que, al ser conscientes de ellas, evitemos que nos dominan. Por ejemplo: Descontrolarse y tener un carácter impulsivo, ser mal pensando sobre determinadas personas, ser feliz cuando nos sobrevaloran, o estar orgulloso de tener y ser lo que se haya conseguido en esta vida en ese sentido. Si una persona actúa basándose en hechos similares está equivocada, perdiendo el tiempo y desperdiciando oportunidades para su propio desarrollo espiritual. El yo inferior o personal y el “mi” (mis conocimientos, mis estudios, o mi cargo, entre otros) son los representantes de esa inconsciencia de la realidad y de esa ignorancia que nos hace sufrir cuando las cosas no nos salen como queremos. Esos egos y esas voces que nos engañan haciéndose pasar por nosotros tienen que ser descubiertos por la consciencia para que ésta pueda trabajar sobre ellos y para eso no hay otro método mejor que la auto-observación. Cuando uno se da cuenta de que no es él quien piensa ni siente la mayor parte del día, ya está dando el primer paso para superar el problema. Si alguien diera por bueno conscientemente que él es muy bueno y que lo suyo es lo mejor mientras dice lo contrario de otros, ya no es que sea inconsciente o ignorante, sino que estaríamos hablando de una persona poco desarrollada.

Francisco Nieto