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jueves, 3 de octubre de 2013

ALGUNAS AYUDAS PARA EL ASPIRANTE ESPIRITUAL SINCERO (I)





ALGUNAS AYUDAS PARA EL ASPIRANTE ESPIRITUAL SINCERO  (I)

Las enseñanzas ocultas tienen varias utilidades: Una es su uso como conocimiento elevado para quienes están preparados para entenderlas, y la otra es su práctica como medio de desarrollo espiritual. Como el conocimiento (los cuerpos, los mundos, etc.) hincha pero tiene poca utilidad, preferimos la práctica para el desarrollo interno, sin embargo, está claro que es necesario conocer antes de llevar a la práctica. Si no sabemos que tenemos un cuerpo emocional y una mente independiente del cuerpo físico y del Yo (representado por la voluntad y la conciencia) nos será más difícil  comprender las técnicas o el trabajo que se debe hacer para que el Yo sea el capitán de su barco. Conociéndonos superficialmente como nos conocemos, podemos comprobar que somos más yo-yo que Yo, es decir, que nuestra actividad, tanto externa como interna, nos lleva a gastar casi toda nuestra energía en cosas y en hechos inútiles. Si fuéramos conscientes como el Yo superior o Ego en su propio mundo actuaríamos de muy diferente forma pero no es así.

En nosotros, en nuestros cuerpos, existen un gran número de entidades o pequeños egos que impiden que progresemos como deberíamos porque ellos quieren dirigir nuestra vida y nuestro destino. Si bebemos determinado alcohol y nos gusta ya hemos sembrado la semilla de un ego, y si volvemos a beber crecerá y creará el hábito, o sea, nos dominará. Si tenemos un cargo y nos gusta que nos adulen o imponer nuestras órdenes aunque no sean las más correctas, también ocurre lo mismo; si creemos que tenemos más mérito que otros para obtener estos conocimientos, también tenemos otro ego que solo se puede eliminar con la humildad; y así podríamos enumerar un sinfín de emociones, deseos y aspectos personales que impiden nuestro propio desarrollo.

Hacemos muy pocas cosas seria y responsablemente al cabo del día porque el tiempo restante lo utilizamos egoístamente y para asuntos de poca rentabilidad espiritual. Pero eso no es todo, lo peor es que no somos conscientes de casi nada de lo que hacemos porque las emociones, los deseos personales, los hábitos y la mente, entre otros, no dejan espacio para que el ser se manifieste como voluntad consciente. Si se cree que no es así pregúntese ¿Cuántos pensamientos creamos con la intención de desarrollar el Espíritu? ¿Cuánto tiempo dedicamos a servir o a ayudar a la humanidad? ¿Cuántas veces intentamos ser conscientes de lo que sentimos, pensamos, hablamos y hacemos para que sean verdaderas expresiones del Alma? Lo que llamamos defectos (odio, envidia, celos, rencor, vanidad, etc.) son parte de esos egos que dominan nuestra vida y que son un impedimento, pero tan impedimento como eso o más es el hecho de pasar toda la vida quejándonos, enfadándonos, contando nuestros problemas, o pensando cómo nos vamos a divertir o qué podemos hacer para trabajar menos y tener más bienes materiales. Todo eso representa al yo personal, al ego, y son esas pequeñas voces o entidades que tienen la mente ocupada en lo que ellas quieren y las que hacen que actuemos y respondamos de manera automática e instintiva.

Creemos ser los mejores, creemos que siempre tenemos razón, nos gusta que nos escuchen, y así sucesivamente. Por eso buscamos personas que nos “comprendan”, pero eso es todo falso y egoísta porque, si no lo conseguimos, nos molestamos, guardamos rencor o buscamos a otras personas que “sean mejores”. A veces, estos mismos motivos, los problemas que de vez en cuando surgen o cualquier otra frustración que tengamos, hacen que la mente esté rumiando todo eso a la vez que crea emociones y deseos de tristeza, de monotonía o de deseos de no vivir. Esta actividad emocional y mental independiente son otras de las voces o egos que impiden que el yo sea más consciente y, como consecuencia, que utilice el tiempo y los cuerpos para su propio desarrollo. Por mucho que algunos tengan y por mucho tiempo que dediquen al ocio y a los placeres llega un momento en que el Yo no recoge beneficio espiritual alguno y el hombre se aburre, se entristece, se queja de la vida porque no encuentra algo que verdaderamente le satisfaga, y entonces vuelve a buscar otros placeres que le llenen más. Entonces es cuando  otros egos se fortalecen y toman también las riendas de nuestro destino porque saben que en esos momentos el hombre está sólo y necesita compañía que le entretenga. Mientras actuemos así y no nos esforcemos por cambiar, seguiremos en el mismo estado de conciencia y nos moriremos casi con el mismo grado de desarrollo que nacimos; por consiguiente, necesitamos dejar de ser lo que somos para que pueda aflorar la conciencia y la voluntad del verdadero Yo.

Un hombre es lo que él mismo tiene representado interiormente como su vida y su destino, si ese hombre no intenta analizarse y no comprende que está desperdiciando muchas oportunidades de desarrollo (puesto que siempre está pensando en lo mismo y repitiendo lo mismo) cuando tenga que llevarse la película de su vida después de la muerte, comprobará que ha adelantado poco y que renacerá casi con los mismos defectos. Mientras no eliminemos de nuestra vida todos esos egos no podremos cambiar mucho nuestro destino puesto que son esos egos los que marcan la pauta para que nuestro destino sea mejor o peor. Si hemos superado el orgullo de ser inteligentes y somos humildes, en la próxima vida seremos humildes, y si en esta vida hemos superado el mal humor y la irascibilidad, en la próxima no tendremos tantos problemas con los demás. Es decir, cuando vencemos o trasformamos un ego toma su lugar una virtud que evitará que tengamos un destino similar al que tenemos. Así es que, sabiendo que el rencoroso lleva la simiente del odio dentro de sí mismo, o que el alcohólico lleva dentro la vibración del alcohol para que no deje de desear beber, no nos queda otro remedio que admitir que estamos dominados y que actuamos casi como autómatas.

El problema es que no nos conocemos, ni observamos cómo piensa nuestra mente, ni qué emociones negativas nos impulsan a ser como somos. Y esto es así porque la mente está de un sitio para otro dejándose llevar por los aspectos y deseos personales no permitiendo que sea el yo quien la haga darse cuenta de que la vida que vive no es real. La mente no quiere darse cuenta de que está mayormente pensando en el futuro del que no sabe nada o en el pasado recordando hechos  inútiles y que, por tanto, no sabe que es ignorante y que está arrastrada por todos esos pequeños egos. Hay personas que basan su vida en unos pocos aspectos o egos (egoísta, huraño, desconfiado, ambicioso, etc.) y piensan que son imprescindibles para ascender y para obtener lo necesario para vivir, no se dan cuenta de que si se observarán internamente comprenderían que:

1º.- Esos egos no son necesarios.
2º.- Que cuando algo falta o nos cansamos de ciertas cosas sufrimos.
3º.- Que siendo conscientes de nosotros mismos y utilizando el discernimiento se consigue lo
       mismo.
4º.- Que todos esos egos forman una personalidad falsa que nada tienen que ver con el verdadero
       hombre.

            Si queremos conocer en qué nos basamos para pensar como pensamos, saber por qué tenemos toda una serie de emociones negativas y por qué actuamos y hablamos como lo hacemos, debemos mantener la voluntad sobre la mente (ser conscientes de lo que piensa) y estar muy atentos a nuestras expresiones de forma que, al ser conscientes de ellas, evitemos que nos dominan. Por ejemplo: Descontrolarse y tener un carácter impulsivo, ser mal pensando sobre determinadas personas, ser feliz cuando nos sobrevaloran, o estar orgulloso de tener y ser lo que se haya conseguido en esta vida en ese sentido. Si una persona actúa basándose en hechos similares está equivocada, perdiendo el tiempo y desperdiciando oportunidades para su propio desarrollo espiritual. El yo inferior o personal y el “mi” (mis conocimientos, mis estudios, o mi cargo, entre otros) son los representantes de esa inconsciencia de la realidad y de esa ignorancia que nos hace sufrir cuando las cosas no nos salen como queremos. Esos egos y esas voces que nos engañan haciéndose pasar por nosotros tienen que ser descubiertos por la consciencia para que ésta pueda trabajar sobre ellos y para eso no hay otro método mejor que la auto-observación. Cuando uno se da cuenta de que no es él quien piensa ni siente la mayor parte del día, ya está dando el primer paso para superar el problema. Si alguien diera por bueno conscientemente que él es muy bueno y que lo suyo es lo mejor mientras dice lo contrario de otros, ya no es que sea inconsciente o ignorante, sino que estaríamos hablando de una persona poco desarrollada.

Francisco Nieto

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