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martes, 26 de noviembre de 2013

ORIENTE Y OCCIDENTE, ALTERNATIVAS ESPIRITUALES





El materialismo científico actual presenta un gran reto a los buscadores de la verdad del mundo entero. El propósito de este folleto es el tratar sobre las principales alternativas con respecto al materialismo, las que están accesibles a los aspirantes espirituales de la actualidad.
El materialismo científico parte d ela premisa de que nada puede saberse a menos que se observe a través de los cinco sentidos o que se mida en un laboratorio. Así es que el materialismo reconoce solamente el mundo físico y sus leyes. Se origina en las teorías de Charles Darwin, Augusto Comte, Herbert Spencer, Sigmund Freund, Karl Marx y Friedrich Engles, entre otros.
Esta teorías sostienen que el ser humano al igual que toda otra forma viviente en nuestro planeta, es un resultado accidental, sin ningún propósito para existir. Para que el ser humano sobreviva como organismo psicológico, necesita equilibrar las fuerzas internas que surgen de  su consciencia con las fuerzas externas que provienen de fuentes sociales y ambientales. Aunque tiene que tratar de satisfacer sus anhelos sin provocar amenazas de afuera, no tiene control directo sobre las fuerzas externas ni las internas.
La solución al dilema humano, según las implicaciones lógicas del materialismo, es la de controlar los impulsos internos del ser humano por medio de tales cosas como las drogas y de regular las fuerzas externas por medio de la manipulación directa de las estructuras políticas, sociales y económicas. Con este concepto de la humanidad, no hay responsabilidad individual porque en cualquier momento dado, el ser humano es meramente el resultado de factores sobre los cuales no tiene control directo. Por ejemplo, el comportamiento se achaca a la herencia, educación o condición social. De acuerdo con esta teoría, no tenemos libre albedrío por el cual nos podamos responsabilizar; sencillamente reaccionamos al estímulo interno o externo que percibimos. Si la responsabilidad del destino del ser humano se les fija a las instituciones sociales, en lugar de a la persona en sí, el valor intrínseco del individuo es también negado.
Mientras este punto de vista materialista se va haciendo más y más fuerte, especialmente en el mundo occidental, con igual fuerza incrementa el número de personas jóvenes que lo rechazan. Se han desilusionado de la sociedad mecanizada, intelectualizada y deshumanizada que ha surgido del pensamiento materialista.
Estos buscadores de la verdad vislumbran el valor intrínseco y la integridad   en el ser humano como algo de una naturaleza trascendental. Perciben que los individuos poseen un libre albedrío individual que no es meramente una reacción maquinal a los estímulos biológicos y sociales, sino una expresión positiva de la identidad del individuo..También perciben que el mundo físico no es todo lo que existe; que tras las apariencias externas yacen realidades internas que son la causa de lo que se expresa externamente.
¿A dónde irán estas personas que están buscando la verdad para encontrar confirmación a sus creencias?. Muchas van a las iglesias con la esperanza de encontrar una respuesta espiritual a sus preguntas. Algunas encuentran paz allí, pero hay otras que no. Muchos de los que abandonan las iglesias lo hacen porque encuentran en ellas la misma filosofía materialista que están tratando de evitar, aunque aparezca revestida de espiritualidad.

Actualmente hay dos grandes tendencias en las iglesias que ejemplifican el pensamiento materialista. Una tendencia es la “liberal”. Las iglesias liberales tratan de acomodarse a los tiempos abrazando el punto de vista científico del ser humano. Para ellas, la salvación es colectiva y no individual y se logra estableciendo un “Cielo sobre la Tierra” por medio de la plataforma social y política. Parece haberse olvidado de la manifestación de Cristo: “Mi Reino no es de  este mundo” (Juan 18:36) La otra tendencia es la “conservadora”. Las iglesias conservadores dan una interpretación literal, antropomórfica e histórica de lo que son en realidad experiencias espirituales y símbolos cósmicos. A la vez, que insisten en la realidad física de la ballena de Jonás, dejan de percibir la realidad espiritual tras de estos relatos. Por lo tanto interpretan la Biblia en la misma forma que el materialismo científico interpreta el mundo físico: a través de los cinco sentidos. Ademas la mayoría de las iglesias limitan el concepto del ser humano a una corta vida en la Tierra. Según ellas, las decisiones que aquí hace afectarán su existencia por toda la eternidad. Por esto se puede comprender el porqué hay buscadores de la verdad espiritual que se ven obligados a buscar en otros lugares.
En el mundo actual se conoce dos grandes alternativas con respecto al materialismo: una por medio de la Sabiduría Oriental y la otra por medio de la Sabiduría Occidental, o sea, el Cristianismo esotérico. Para algunos es sorprendente saber que en realidad existen Enseñanzas de la Sabiduría Occidental. Se podía haber creído que las iglesias exotéricas por todos conocidas era todo cuanto el Cristianismo podía ofrecer. Sin embargo, todas las grandes religiones del mundo han contenido profundas Enseñanzas de Misterios y el Cristianismo no es la excepción.
Hay diferencias básicas entre los enfoques de Oriente y Occidente con respecto al materialismo. De acuerdo al enfoque oriental, el aspirante lucha por lograr luz espiritual directa por medio de los ejercicios de meditación. Su meta es lograr la iluminación en el menor tiempo posible. Para que se pueda llevar una vida meditativa, se hace necesario retirarse del mundo material, por lo menos hasta cierto punto. Por lo tanto, los jóvenes no orientales que abrazan los ideales orientales a menudo se unen a una comuna o un retiro en el cual pueden pasar parte de su tiempo conociendo y percibiendo la presencia de Dios en todas las cosas.
Las Enseñanzas de la Sabiduría Occidental presentan otro enfoque en cuanto al materialismo. En Occidente, donde el materialismo ha llegado a obtener su mayor fuerza, se ha desarrollado una actitud racional hacia el mundo, lo cual ha traído gran progreso en cuanto a su comprensión y mejor uso. El advenimiento del pensamiento científico trajo a su fin la ignorancia y superstición de la Edad Media, las cuales causaron mucho sufrimiento y miseria. Por lo tanto, la Sabiduría Occidental no se aparta de los descubrimientos científicos y de la materialidad, sino que se propone usarlos con fines espirituales. En otras palabras, mientras que la Sabiduría Oriental defiende explícita o implícitamente el retiro del mundo material, la Sabiduría Occidental aboga por trabajar en el mundo material con el propósito de espiritualizarlo. Su divisa es “estar en este mundo pero no ser de él”.
El ser humano como espíritu tiene como su actual campo de acción el mundo físico y tiene como su instrumento el cuerpo físico. Estas no son circunstancias que deban evitarse o esquivarse, pues son el resultado de los esfuerzos del Ser Creador. Deberán aprovecharse para que el ser humano, que es espíritu, aprenda a ser una inteligencia creadora divina, como lo es su Padre Creador, capaz de crear en todos los niveles de existencia.
Habiendo mencionado brevemente  la diferencia básica entre las filosofías de Oriente y Occidente con respecto al materialismo, vamos a considerar otras diferencias en sus filosofías.
En lo que más fuertemente se contradicen estos dos enfoques, es en el concepto de Cristo. Muchas filosofías orientales guardan silencio sobre este punto. Algunas otras, especialmente las que se promulgan en Occidente, reconocen a Jesús como un gran Maestro que obtuvo consciencia crística, o iluminación , similar a la que obtuvieron Krishna y Buda. Estas enseñanzas proclaman que la devoción a Jesús solamente, sin incluir a los demás Maestros, limita la verdad innecesariamente, y que si la verdad es universal, entonces todos los Maestros a través de la historia deben ser dignos de estudio. De hecho, mientras más ampliamente se estudian las diferentes fuentes, más fácilmente se llega a un conocimiento más completo de la verdad.

El concepto anteriormente presentado indica una falta de comprensión con respecto a la evolución espiritual de nuestro planeta. Es posible llegar a ciertas conclusiones, pero si no se consideran todos los factores, no importa cuán lógicas suenen estas conclusiones, estarán equivocadas porque el factor pertinente se ha omitido. El factor omitido en las filosofías orientales es el Cristo. Cristo no fue Jesús el hombre. Cristo no es solamente un estado de conciencia elevado o un concepto abstracto. Cristo es una Esencia Divina con conocimiento de Sí, el Más Alto Iniciado de la oleada de vida arcangélica. Es el representante de la Trinidad, el Verbo que “fue hecho carne y habitó entre nosotros” (Una 1:14). Su encarnación en el cuerpo de Jesús fue única en la historia del mundo., Esto fue lo que facilitó a la humanidad el poder vencer el mundo físico, a transmutar el cuerpo físico y finalmente conquistar la muerte.
La entrada de Cristo en la Tierra durante la crucifixión, lo convirtió en Regente de la Tierra. Este evento fue el impulso espiritual más importante en la evolución de nuestro planeta. Antes de la venida de Cristo, el Regente de la Luna, Jehová, había guiado nuestro planeta desde afuera. El tomó las fuerzas solares e hizo que se reflejaran indirectamente hacia la Tierra, porque la humanidad todavía no era capaz de soportar los rayos espirituales que venían directamente del Sol. así le dio a la humanidad religiones nacionales, de tribu y de raza, incluyendo el budismo, hinduismo, zoroastrismo y todas las demás religiones orientales. Con la venida de Cristo, la humanidad recibió el primer impulso espiritual directo desde el Sol. Desde entonces el Espíritu Crístico encarna en nuestro planeta durante el equinoccio de otoño cada año; nace en el centro de la Tierra entre la Navidad y muere y resucita en los mundos superiores en la Pascual de Resurrección, trayendo el fuerte impulso espiritual del Sol, la fuente de toda vida y luz en nuestro sistema solar. Todos estos grandes acontecimientos cósmicos son de mucha importancia para que sean ignorados por una filosofía que pretende mostrar a la humanidad el camino hacia Dios.
Solamente por medio de las fuerzas solares aportadas por el Cristo podremos entrar en la condición etérea de la próxima época. Aún los orientales, después de pasar a través de una etapa de materialismo, finalmente tienen que dar el próximo paso en su desarrollo espiritual y responder a las más elevadas vibraciones de Cristo. El concepto de las enseñanzas orientales con respecto a Cristo es deficiente. Por lo cual es de esperarse que los Misterios de las Enseñanzas Cristianas representen un concepto más elevado de Cristo que las enseñanzas de origen oriental.
No es que haya solamente una seria discrepancia entre los enfoques de Oriente y Occidente en cuanto al impulso central del desarrollo humano, sino que también los métodos para los logros espirituales son muy diferentes. En primer lugar, las Enseñanzas Occidentales enfatizan sobre la acción física como un método para espiritualizar los cuerpos superiores del individuo. Cada acto en armonía con el impulso Crístico produce desarrollo en los cuerpos espirituales. Es solamente por medio de una labor cristiana ordenada y sistemática en el mundo material que el aspirante occidental construye lo que Cristo llamó “el dorado vestido de bodas”.  En una de sus parábolas (Mateo 22:11), o que San Pablo llamó “soma psujicón” o cuerpo-alma. La meditación, los cambios de alimentación y los cánticos pueden sensibilizar los cuerpos occidentales hacia los mundos espirituales, pero sólo el trabajo con la materialidad puede hacer que el cuerpo-alma crezca. Es vital que el cuerpo-alma se construya si es que vamos a pasar hacia la era etérea que se avecina. De no ser así, nuestro desarrollo futuro se retardará y nos quedaríamos rezagados en la evolución.
En segundo lugar, hay dos grandes diferencias en el tipo de ejercicios que se hacen para el desarrollo espiritual. Es muy importante que se haga una distinción entre los dos enfoques, ya que la organización del cerebro en los cuerpos orientales es diferente a la de los occidentales. El cerebro oriental está especialmente adaptado al pensamiento metafísico, porque los éteres del cuerpo etérico están muy flojamente entretejidos con el cuerpo físico, por lo cual el aspirante oriental recibe los impactos espirituales de un modo pasivo. Sin embargo, la falta de una firme organización le causa dificultad al individuo oriental en su lucha pro dominar el mundo externo. Por otro lado, el occidental tiene el cerebro bien organizado, muy capacitado para trabajar en el mundo material objetivo. Puesto que los éteres están muy firmemente entretejidos en el cerebro del hombre occidental, los métodos orientales de desarrollo tienden a trastornar las facultades del occidental en lugar de espiritualizarlas.
Las posiciones para el cuerpo que causan que las corrientes etéricas fluyan en direcciones específicas, pueden ser muy perjudiciales para un occidental, pero la más grave y dañina de las prácticas es la de los ejercicios de respiración. Estos pueden causar reacciones muy graves, desde susceptibilidad a enfermedades infecciosas en algunos hasta locura o muerte o otros.

Los intentos de elevar el fuego espiritual espinal y abrir los centros espirituales o chakras, son muy difíciles para el occidental y acarrearían resultados severamente nocivos si se llevaran a la práctica sin el desarrollo adecuado de los cuerpos espirituales. Los ejercicios mas sanos para el estudiante de Occidente son los indicados por la Escuela de Misterios de  la Religión Cristiana.
Entre Oriente y Occidente existe una gran diferencia de enfoques con respecto a la reencarnación o  renacimiento. Los estudiantes de los Misterios Occidentales están de acuerdo con su contraparte, los orientales, en que los seres humanos renacen cada cierto tiempo en cuerpos diferentes y en distintas circunstancias. Parece ser que el punto en que difieren es en el significado detrás del hecho del renacimiento. El objetivo oriental es el de escapar de la rueda de la reencarnación hasta llegar al estado de nirvana o de iluminación. Este estado se logra retirándose del mundo material, suprimiendo deseos y actividades. La idea es que al refrenarse de toda causa nueva, finalmente no tendrá más karma o destino futuro que liquidar. Por lo tanto no habrá razón alguna para regresar en otra existencia al plano físico. Es por esta razón que el aspirante oriental adopta una actitud pasiva y desinteresada hacia la vida.
El aspirante occidental, en cambio, ve la vida material como una escuela de experiencias que debe dominar si es que ha de llegar a ser un creador como su Padre Celestial. Cristo dijo: “El que en mí cree, as obras que yo hago también él las hará” (Juan 14:12). El aspirante occidental, lejos de tratar de liberarse del ciclo de renacimiento, se sirve de esta morada en el mundo material para su mayor ventaja espiritual. Así es como construye su cuerpo-alma y a su tiempo, después de haber aprendido todas las lecciones que el mundo material le ofrece, se convierte en un adepto y transciende la ley de renacimiento. Sin embargo, aun en ese estado de exaltación no evade su obligación hacia sus hermanos menores, sino que toma un cuerpo físico con el cual pueda serviles. Aun Cristo tomó la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. El servicio en nuestro presente medio, es el camino más corto más seguro y más gozoso que conduce hacia Dios.
Las filosofías orientales enfatizan sobre el hecho establecido del karma, o sea, la ley de causa y efecto. Cada acto que ejecutamos genera causas que más tarde vuelven a nosotros. Si hemos hecho mal en vidas anteriores, tenemos que pagar este mal en una vida futura, experimentando el mal nosotros mismos. Por eso los orientales llevan vidas de ascetas.
La Biblia reconoce esta ley. “Lo que el hombre sembrase, eso también cosechará” (Gal. 6:7). El Cristo, sin embargo, cumplió y transcendió esta ley, trayendo una nueva que es la ley de gracia. La ley de gracia afirma que no tenemos que sufrir las consecuencias de nuestros actos pasados si nos arrepentimos de ellos de tal modo que no volvamos a cometerlos. Entonces caemos bajo la gracia por medio del arrepentimiento y nuestros pecados son perdonados. El perdón de los pecados, en lugar de la dolora y penosa expiación de ellos, es único en las Enseñanzas Occidentales.
Otra gran diferencia entre los dos enfoques es que la Escuela Cristiana de Misterios no tiene gurús. El Cristo dijo: “Nadie tiene mayor amor que esto, que alguien ponga su vida por sus amigos. Ya no os llamará siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, mas os he llamado amigos porque todas las cosas que oí de mi Padre os las he hecho notorias” (Juan, 15. 13-15) Hay un inmensa diferencia entre la posición de sirviente y al de amigo, El sirviente sin preguntar obedece las órdenes de su amo, así como el aspirante oriental obedece las órdenes de su gurú. En cambio, la palabra “amigo” implica igualdad. En vez de continuar dependiendo de fuentes externas, el estudiante occidental debe valerse por sí mismo, dependiendo de su propio poder interno. Como resultado, desarrolla confianza en sí mismo, independencia y autodeterminación. Si es que vamos a convertirnos en creadores por nuestra propia cuenta, no podemos apoyarnos en los demás. Tenemos que desarrollar nuestra propia fuerza de voluntad para poder aplicarla en la ayuda y la curación de los demás. Solamente cuando somos fuertes en nosotros mismos, podemos aspirar a ayudar a otros.

Los aspirantes espirituales, tanto de Oriente como de Occidente, tienen que enfrentarse al extenso crecimiento del materialismo. La Escuela de Misterios Cristiana enseña que los métodos occidentales son los más apropiados para los individuos de Occidente. Es más, enseña que los métodos occidentales algún día abarcarán a los orientales. En el libro “Concepto Rosacruz del Cosmos”, Max Heindel dice que el Cristianismo esotérico está destinado a ser la religión del mundo: “Buda, grande y sublime, podrá haber sido la luz de Asia, pero puede afirmarse que Cristo será la Luz del Mundo. Así como la luz del Sol desvanece la de las más brillantes estrellas y obra todo vestigio de oscuridad iluminando y vivificando a todos los seres, así también, en un futuro no muy lejano, la verdadera religión de Cristo sobrepasará y anulará todas las otras religiones para eterno beneficio de la humanidad.


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