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domingo, 1 de diciembre de 2013

LA NATURALEZA DE DIOS





La palabra  “Dios” significa diferentes cosas para diferentes personas. En las Enseñanzas de la Sabiduría Occidental, Dios es el Creador de nuestro sistema solar y es distinguible  del Ser Supremo, de quien ha procedido. El Ser Supremo es el Arquetipo de todo lo que existe en el Universo, y él mismo es distinto del Absoluto, que es la fuente incomprensible, indefinible, de todo lo que existe.

Lejos de ser una deidad personal con atributos físicos, como creen muchas personas, Dios es en realidad una Fuerza, Espíritu, en quien nosotros muy literalmente existimos. Dios es el poder que compenetra, mueve y sostiene todo el en el sistema solar y su Vida abarca todo átomo de materia.

El Poder de Dios es la única Fuerza que existe en el sistema solar, aunque este Poder primario, en concepto humano, parezca descomponerse en muchas facetas y factores individuales. Dios emitió este Poder a través del espacio bajo la forma de la Palabra o Verbo Creador, el cual, por medio de la vibración sonora, ordenó los millones de átomos en estado caótico en las miríadas de figuras y de formas que se encuentran en el sistema solar.

Dios es una expresión de la energía positiva del Espíritu Universal. La Sustancia Raíz Cósmica, considerada por los científicos materialistas simplemente como “espacio vació”, es una expresión del polo negativo del Espíritu universal. Todo lo que vemos a nuestro alrededor en el sistema solar ha resultado del trabajo del primero sobre la última como sigue:
Al construir el sistema solar, Dios extrae de la Substancia Raíz Cósmica exterior su inmediata esfera. Esta substancia, entonces, se vuelve más densa de lo que es en el espacio universal entre sistemas solares. Se llena con la consciencia de Dios, y cada división fue puesta en vibración con diferente fuerza. De esta manera los diferentes mundos del sistema solar vinieron a la existencia y están equipados para servir a diferentes propósitos en el esquema evolutivo.

Dios también diferenció dentro de Sí Mismo una multitud de  inteligencias espirituales potenciales, como chispas de una llama. Dotados de la omni-consciencia de Dios, estos Seres, a quien ahora llamaos los Espíritus Virginales que comprender la oleada de vida humana, carecían de consciencia de sí mismos. Por lo tanto, su omnipotencia potencial estaba latente, y tuvo que ser desarrollada mediante el intrincado proceso de involución evolución y Epigénesis. Durante la involución en la materia, cada Espíritu Virginal fue encerrado en varios vehículos de suficiente densidad como para cerrar con el tiempo los mundos espirituales a su consciencia. El Espíritu, incapaz de discernir lo externo, entonces se dirigió hacia adentro, y se descubrió a sí mismo. En esta forma, habiendo llegado al nadir de la materialidad y pasado más allá de este, el Espíritu comienza su lucha por liberarse de la prisión física. Finalmente, sus varios vehículos serán espiritualizados al convertirse en alma y al final de la manifestación, el Espíritu habrá obtenido tanto consciencia de sí mismo como poder anímico. Entonces retornará a Dios, sin embargo, y más consciente que nunca como una parte de El, pero capaz, por derecho propio de ejercer sus divinos poderes.

Además Dios diferenció otras oleadas de vida dentro de Si mismo que están tanto mucho más allá como muy atrás de nuestra propia categoría evolutiva. Los Angeles y los Arcángeles son fruto de Sus pasadas manifestaciones, y los reinos animal, vegetal y mineral aparecieron en este Día de Manifestación cuando se presentaron las condiciones necesarias para el comienzo de estas evoluciones. Así, pues, en Dios están contenidos seres de todo grado de inteligencia y estado de consciencia, desde la omnisciencia hasta la inconciencia más profunda que la del más absoluto estado de trance.

Las Inteligencias Espirituales conocidas como Espíritus Planetarios son Ministros de Dios, también diferenciados dentro de El, quienes guían la evolución de los seres de los varios planetas del sistema solar. El Sol es el campo de evolución para los seres más exaltados del sistema solar. También es lo más cercano que tenemos aun símbolo visible de Dios, per aun así oculta al Sol espiritual que es invisible.

De eta manera vemos, como respuesta a aquellos que niegan Su existencia, que Dios es una necesidad lógica como primera causa. El sistema solar no pudo existir sin su esfuerzo, y no pude continuar sin su eterno cuidado. En realidad, se ha dicho que si Dios distrajese su atención por un instante, el sistema solar entero se desintegraría.

Al construir, mantener y desarrollar el sistema solar, que es un proceso que sigue adelante y que continuará hasta el final de este día de Manifestación, Dios geométrica, esto es, El ha encontrado todos los procesos involucrados en el cálculo sistemático. No se permiten nengunas desviaciones de sus “formulas” y el ser humano está aprendiendo a menudo, con considerable esfuerzo para la humanidad, a no transgredir la Ley Natural.

Los tres principales atributos de Dios son Voluntad, Sabiduría y Actividad: la voluntad de crear, la sabiduría de planear sabiamente la creación y la actividad que pone en movimiento todo. Las tres principales funciones de Dios son la creación, la conservación, y la disolución. Cuando ejerce la función de la creación, Dios aparece como Jehová, el Espíritu Santo, Señor de la Ley y la generación. Emite e irradia  el principio fertilizador solar indirectamente por medio de los satélites lunares de todos los planetas en que sea necesario suministrar cuerpos a los seres en evolución. Cuando ejerce la función de conservación con el propósito de mantener la forma, Dios aparece como el redentor, Cristo, el Hijo, e irradia los principios de amor y de regeneración directamente a cualquier planeta en que las criaturas de Jehová necesiten esta ayuda para liberarse de la mortalidad y el egotismo y alcanzar la inmortalidad. Cuando ejerce la función de disolución, Dios aparece como el Padre que llama a Sus hijos a su hogar celestial para asimilar los frutos d ela experiencia del precedente período de manifestación.

Al final de un Día de Manifestación, Dios mismo se absorbe en el Absoluto durante la noche Universal de asimilación y preparación para otro gran Día.

La naturaleza triuna de Dios se hace evidente cuando consideramos la afirmación de San Juan de que “Dios es luz”. La luz blanca esencia del color, que es Dios, se refracta en la atmósfera de la Tierra, en tres colores primarios. De estos, el rayo azul del Padre, el rayo más fuerte y más espiritual, es el único que penetra hasta el asiento de la consciencia del reino mineral. Esto explica la neblina azul que a menudo se ve alrededor de las montañas. El rayo amarillo del Hijo, mezclado con el azul del Padre, da vida y vitalidad a las plantas. Estas son incapaces de conservar el rayo dentro de ellas, sin embargo y vuelven a reflejar el verde. En el reino animal y en el ser humano, los rayos azul y amarillo, así como el rojo del Espíritu Santo, son los que se absorben. Esto explica el color rojo de la sangre. La mezcla de azul y rojo es evidente en la sangre púrpura del ser humano pecador, pero el rayo amarillo aparece sólo cuando se manifiesta en su cuerpo del alma. 

Somo ahora conscientes de Dios como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, porque así es como El se manifiesta en los mundos que la humanidad puede ahora conocer. El Dios triuno como Entidad única completa, aparece sólo en el Mundo de Dios ,y no se manifestará al ser humano en ese estado de plenitud hasta que la humanidad concluya su jornada evolutiva y entremos en el Mundo de Dios.

Puesto que todo en el Universo está en un sendero de desarrollo “hacia arriba y hacia adelante”, Dios está evolucionando en el Universo así como nosotros individualmente estamos evolucionando en El. Nuestra evolución en El lo ayuda en su propia evolución; de esta manera nosotros estamos obligados con El, así como con nosotros mismos, a progresar tan bien y rápidamente como podamos. En su evolución, como en la nuestra, tanto la discordia, como la armonía existen. La nota discordante de los Espíritus de Lucifer es el propio y divino reconocimiento de Dios acerca de las imperfecciones de su creación que deben ser transmutadas. 

Los seres humanos, por supuesto, llegan a Dios a través de varios estados y senderos. Muchos de entre nosotros han comenzado a reconocer el Dios de amor como sucesor del Dios de temor y sacrificio a quien antiguamente adoraban. Ambos concentos fueron necesarios en nuestra evolución, pero el tiempo ha llegado ahora de verle con una perspectiva más amplia. Su plena inmensidad todavía será por largo tiempo incomprensible para nosotros, pero nuestro reconocimiento de sus atributos debe desarrollarse a medida que crecemos. Debemos aprender a adorarle en espíritu y en verdad, lo que significa, entre otras cosas, que ya no podemos partir nuestras vidas, ofreciendo esto a Dios y reteniendo aquello para nosotros mismos. Debemos ahora comenzar a dedicar todo nuestro trabajo, todos nuestros esfuerzos, todos nuestros pensamientos y todas nuestras mismas vidas a Aquel en quien literalmente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

1 comentario:

Victor Jiménez Sepúlveda dijo...

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