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sábado, 15 de marzo de 2014

CLARIVIDENTES VOLUNTARIOS E INVOLUNTARIOS



  ¿Por qué los clarividentes educados no se prestan a experimentos concluyentes bajo el contralor de hombres de ciencia, lo que demostraría y convencería a todo el mundo de esa facultad que trasciende a los sentidos ordinarios? 
 
  Respuesta: En primer lugar, los clarividentes educados no tienen por qué molestarse con eso; no les importa nada lo que la gente crea o deje de creer; y si bien puede importarle mucho a ésta lo que crea, al clarividente no. Este no busca dinero ni ninguna otra consideración que el mundo pueda ofrecerle si lo convence; no desea tampoco el poder mundano, no se alaba de su facultad ni se da auto bombos, sino que cuando habla de ella, si es que llega a hacerlo, se expresa con toda modestia. Si hace obras meritorias para ayudar al prójimo no se preocupa de que eso se conozca. Generalmente, no permite que “su mano izquierda sepa lo que hace la derecha."
  Un ciego no ve los colores ni la luz, aunque están en torno suyo, y si nos viniera a pedir que nos sometiéramos a pruebas para probarle, sin dar lugar á dudas, que nosotros percibimos la luz y el color, nos maravillaríamos de que esas pruebas pudieran convencerle de esos hechos. Igualmente el clarividente educado se maravillaría de que las
pruebas convencieran a todo el mundo. Nunca se ha inventado prueba alguna que no se preste a otra explicación y, desgraciadamente, el clarividente que se prestase a tales experimentos se vería obligado a prestarse siempre, lo que no impediría que generaciones enteras de escépticos lo denunciaran como defraudador. Se vería obligado a someterse a los experimentos de cada uno de los hombres de ciencia, y los hombres de ciencia no creen ni siquiera lo que ven sus propios ojos. Si su razón les dice que una
cosa es imposible no la creen, aunque se les demuestre. Los hombres de ciencia se ven obligados a contentarse con obedecer las leyes de la Naturaleza cuando están haciendo experiencias o investigaciones químicas, etc, de lo que conocen algo, pero se creen con derecho a prescribir condiciones cuando sé experimenta con cosas suprafísicas, de las que están ignorantes por completo. Cuando los médium piden un cuarto oscuro para sus
experimentos, los hombres de ciencia dicen generalmente: "Ah; sí; eso demuestra en seguida que hay fraude; quieren un cuarto oscuro para que no se vean sus trampas. Los médium, generalmente, no saben por qué tiene que estar el cuarto cerrado, y, por consiguiente, no pueden explicarlo; pero hay una ley que rige el pedido del médium.
  Los rayos luminosos ponen al éter en vibración violenta, lo que dificulta a esas entidades comunicantes para trabajar en esas condiciones, para formar con éter un cuerpo, un órgano vocal, una mano o cualquier otra manifestación material.
  Cuanto más oscuro está el cuarto, tanto menos vibra el éter y tanto más fácilmente pueden esas entidades producir los fenómenos espiritistas.
  Hay otras muchas leyes que rigen los fenómenos suprafísicos, leyes que la ciencia ni sospecha siquiera, ignorancia que descalifica al hombre de ciencia para poner y establecer condiciones. Pero el camino está siempre abierto para todos, y por esta razón todos pueden conocer directamente. Ellos nos dicen: procuraos un cierto número de lentes, redondeadlos en tal forma, colocadlos en un tubo en cierta forma apuntad en determinada
dirección al cielo y veréis ocho lunas que giran en torno de Saturno. Si seguimos sus indicaciones veremos que lo que dicen ellos es cierto. Si nos negamos a proveernos de los instrumentos necesarios no podremos ver las lunas de Saturno. Y nosotros les decimos: Vivid la vida necesaria y realizad los ejercicios para que podáis desarrollar en
vosotros mismos la facultad de la que hablamos. Entonces veréis como hemos dicho la verdad y os veréis obligados a sostener lo que sostenemos. Si no quieren seguir nuestras indicaciones no se convencerán de la existencia de los mundos suprafísicos, así como el hombre que no se procure un telescopio puede dudar de la existencia las lunas de Saturno. Por todas esas cosas los clarividentes educados se abstienen.

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