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sábado, 9 de agosto de 2014

LA CIENCIA DEL MORIR





Cuando se espera el nacimiento de un niño, los padres se preparan para llegada meses por adelantado, usualmente con una gran alegría. Algunas veces la familia entera, especialmente la parte femenina de ella, ayuda a preparar las creaciones más maravillosas para la comodidad del pequeño extraño que todavía no ha hecho su aparición. Por unos pocos años, esta pequeña vida es protegida, si es lo suficientemente afortunada como para ser  atraída a padres que han sido bendecidos con los bienes de este mundo; pero el mayor número de nacimientos sucede entre las clases más pobres, que no pueden suministrar al niño las necesidades materiales para su bienestar. Si bien sus padres pueden darle la bienvenida y amarle, con todo, sus vidas están más o menos llenas de adversidades y penas; y el niño crece hasta el estado de adulto en medio de tristezas y sufrimientos. No obstante, con todo este sufrimiento que a menudo convierte la vida de un hombre en una carga, se aferra a la vida tenazmente y el pensamiento de la muerte le llena de horror.
Quien esto escribe, visitó a algunos de los inválidos desamparados, incurables y ancianos de uno de los grandes hospitales del condado. Halló que un cierto número de ellos tenía temor a la muerte. Algunos leían repetidamente sus Biblias, pero el miedo a la muerte no podía quitárseles. Encontramos ancianos débiles y vacilantes, rodeados de nietos cuyas maneras petulantes y más modernas a menudo suscitan la crítica de los olvidados y solitarios abuelos. A estos últimos con frecuencia se les hace ver que ya están para irse de este mundo y que incomodan, y sin embargo, cuando para alguno de ellos llega el tiempo de emprender el viaje hacia el Más Allá, habitualmente enfrenta ese momento con temor y pesar. Se llama al médico y los familiares que en un tiempo le hicieron ver al abuelo que ya estaba para morirse, ahora hacen lo imposible para impedir la salida de este espíritu al mundo desconocido.
¿Por qué el pensamiento de este viaje hacia la vida del más allá tiene que teñirse de tanto horror, especialmente en naciones cristianas donde se acepta las enseñanzas del Gran Maestro, El Cristo, cuya misión sobre la tierra fue quitar el aguijón de la muerte?
La historia antigua de la humanidad, tal como está registrada en la Biblia desde el tiempo de Adán y Eva, cuando el Señor arrojó a la humanidad del Jardín del Edén, demuestra que la muerte ha sido siempre asociada con la idea del castigo. En le Génesis, capítulo 20, versículo 17, el Señor amenaza a Adán con la muerte si come del Arbol del conocimiento. A través de la historia de los antiguos israelitas, encontramos que su Señor, Jehová, constantemente les amenazaba con el castigo de muerte por sus pecados. Este temor fue implantado en las mentes de estas primeras razas, cuyas mentes infantiles todavía no eran capaces de razonar, y que únicamente podían comprender a través del miedo. Ellos no podían concebir que Dios fuese un dios de amor, y respondían únicamente a un Dios iracundo que podía arrojarles a las tinieblas por sus pecados.
Los pueblos antiguos eran muy supersticiosos y usaban gran cantidad de ritos para librarse de los poderes de las tinieblas. El miedo a la muerte creó en ellos un deseo de conservar sus cuerpos, de lo cual resultaron las varias clases de embalsamamiento. Entre los antiguos egipcios, el embalsamamiento llegó a ser un arte. Después que el cuerpo había sido sometido a un proceso de conservación por parte de los sacerdotes, se colocaba en una caja de sicomoro a la cual se le daba la forma del cuerpo, y luego era devuelto a los parientes, quienes muy frecuentemente lo conservaban en la casa, y algunas veces en una bóveda o sepulcro privado.
Las ideas acerca de la muerte han sufrido varias alteraciones de acuerdo con la evolución del ser humano, pero el profundo misterio de la vida después de la muerte no fue explicado sino hasta la venida de Cristo, quien mediante su muerte en la cruz trajo a la humanidad la esperanza de la salvación.
En San Juan, capítulo 50, versículo 24, leemos: “ De cierto os digo que el que oye mi palabra y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, ya que pasó de muerte  a vida.”. El Apóstol Pablo afirma en la segunda epístola de Timoteo, capítulo 1, versículos 9 y 10, que “ Dios nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme a nuestras obras, mas según el deseo suyo y  gracia, la cual nos es dada en Cristo-Jesús antes de los tiempos de los siglos. Mas ahora es manifestada por la aparición de nuestro Salvador, el cual derrotó a la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio”.
¿Cómo ha recibido el mundo la oportunidad del supremo sacrificio de Cristo para llevar al mismo la esperanza de la inmortalidad? Ha disminuido el miedo a la muerte? ¿Ha cambiado el método de tratar los cuerpos de los fallecidos desde los días de los antiguos judíos y griegos? ¿Se ha conservado la ciencia de la muerte a la par de la evolución? Veamos si se percibe algún cambio. Entre las razas más avanzadas, los trajes de luto están lentamente desapareciendo. El método de embalsamamiento ha cambiado: las vísceras y el cerebro ya no se sacan, como en los tiempos antiguos, sino que se inyecta un líquido en las principales arterias que proteja temporalmente al cuerpo de la putrefacción. Pero el miedo a la muerte y el gran pesar todavía prevalecen. Se gastan sumas fabulosas en costosos funerales y ofrendas florales. Estas extravagancias han sido llevadas a grandes extremos y han llegado a convertirse en una costumbre que con frecuencia es muy costosa para los parientes, que pueden estar restringidos en cuanto a los bienes s de este mundo. Los familiares deben pagar por el terreno de la sepultura; hay que pagar por todo el servicio fúnebre, etc. Como si la pérdida de sus seres queridos fuera poco, los gastos del funeral son menudo una carga para los familiares. También muchos sacerdotes prolongan los servicios, y en su gran celo por convertir a las gentes, se aprovechan de esta oportunidad de apelar a las emociones de los presentes, añadiendo así más pesar a los familiares del fallecido, aumentando el miedo a la muerte y a la vida futura.
Desde la Gran Guerra y posteriores Segunda Guerra Mundial, Korea, Vietnam y los innumerables conflictos bélicos que han salpicado y salpican al mundo, la humanidad se ha interesado grandemente en la vida después de la muerte. El mundo se ha llenado de libros que se supone han sido dictados por los así llamados muertos, quienes han usado mediums para transmitir su mensaje. Numerosas personas, a través de su gran dolor y anhelo de comunicarse con los seres queridos, han rasgado el velo y han sido capaces de ver en el más allá. Pero con el miedo a la muerte eliminado, lo cual es un gran paso hacia delante y un maravilloso consuelo para la humanidad, ¿qué se ha hecho para preparar al espíritu para el cambio llamado muerte?. ¿Se hacen tan cuidadosos preparativos para este viaje como al entrada del espíritu en el cuerpo físico? ¿Se hace placentera esta salida de la vida física mediante el amor y los buenos deseos de los amigos?. Por desgracia. NO.
El mayor y más importante de todos los viajes, la partida al hogar del espíritu, todavía se acompaña de llantos; el camino está empedrado con miedo y lágrimas. El viajero no va acompañado por el amor y la alegría que esperaron su entrada en la vida de la Tierra. Es espíritu frecuentemente entra en la esa nueva vida falto de preparación, apenado por causa del dolor de los parientes.  Puede hacerse la siguiente pregunta: ¿Cual es la ciencia de la muerte? La contestaremos desde el punto de vista Rosacruz
La así llamada muerte no es sino el tránsito del espíritu a una esfera más amplia o nacimiento. Debe ser preparado este tránsito con el mayor de los cuidados. El cuerpo físico no es sino un vehículo que el espíritu usa para obtener experiencia en este día de clases de la vida. Al final de esta vida, el Ego debe asimilar lo que ha experimentado, y con el fin de extraer lo mejor de sus experiencias, hay ciertas condiciones que se debe preparar para que cuando llegue el momento del la rotura del cordón plateado, que ocurre normalmente alrededor de tres día y medio después de la muerte, el fallecido esté lo más preparado posible. Ahora con el fin de explicar por qué el período que sigue inmediatamente después de la partida del espíritu es de importancia vital, tenemos que comprender que el cuerpo de un ser humano es cuádruple y consiste en el cuerpo físico, el cuerpo vital, el cuerpo de deseos y la mente o cuerpo mental. En lo que se llama la muerte, el espíritu sale con los dos vehículos superiores, que están unidos a los cuerpos físico y etérico por medio de un delgado cordón. Este, cuando es visto con los ojos del espíritu, tiene brillo plateado y tiene la forma de dos números seis, conectados en los puntos de los dos ganchos. El extremo superior está conectado con los dos vehículos superiores, mientras que el extremo inferior todavía permanece en contacto con el cuerpo físico.
Al morir, los cuerpos de deseos y mental abandonan el cuerpo físico, llevándose con ellos sólo un átomo permanente, que durante la vida estuvo depositado dentro del ventrículo izquierdo del corazón. Este átomo, como la película negativa de la cámara, ha recogido todas las experiencias de la vida que acaba de terminar. Al tiempo de la muerte, las fuerzas de este átomo abandonan el cuerpo y todas las grabaciones son transferidas del cuerpo vital (que es el almacén de estas experiencias) al cuerpo de deseos y forman la base de la vida del ser humano en el purgatorio y en el primer cielo. Esta transferencia es hecha por el espíritu durante los primeros tres días y medio después de la rotura de la conexión entre el átomo simiente y el corazón, ordinariamente conocida como -muerte-. Podemos ver así que la muerte no es completa sino hasta que este traspaso ha finalizado. La sensación está todavía presente y el espíritu sufre a causa de lamentos, lágrimas, gritos, etc. Puede sentir algo durante la autopsia o el embalsamamiento. Cuando el cuerpo es mutilado o quemado antes de que se haya roto el cordón plateado, el espíritu siente dolor. Los médicos y los empresarios de pompas fúnebres, creyendo a la persona ya muerta, usualmente no manejan el cuerpo con el mismo cuidado que tendrían si conociesen los hechos reales.
Hay muchos casos verídicos en los que aquellos cuyos cuerpos fueron mutilados inmediatamente después de la muerte, pudieron comunicarse con los que todavía estaban vivos y se quejaron acerca de lo que sufrían. Si se aceptara en mayor medida que nuestros difuntos pueden sentir el dolor físico hasta después de cierto tiempo, se interrumpirían los embalsamamientos inútiles al igual que las autopsias sin sentido; y el cuerpo del fallecido permanecería, en cámara frigorífica,  en paz y calma durante el tiempo indicado
Cuando el panorama de la vida ha sido completamente grabado sobre el cuerpo de deseos y se ha roto el cordón plateado, los dos éteres inferiores del cuerpo vital gravitan de regreso hacia el cuerpo físico, dejando al espíritu libre para continuar su viaje a los reinos superiores. Los dos éteres superiores se incorporan al cuerpo de deseos. Cuando se entierra el cuerpo físico, la parte del cuerpo vital que queda se desintegra sincrónicamente con el cadáver. Cuando el cuerpo se incinera, el espíritu es liberado mucho más rápidamente de todos los vínculos que le unen al “traje físico gastado”.
Conforme el interés y la creencia en una vida después de la muerte se hagan más universales, la gente comprenderá la necesidad de contar con un método científico de cuidar a los que están pasando a la vida superior, y entonces tendremos enfermeras, médicos  y sacerdotes tan versados en la ciencia de la muerte como en la ciencia del nacimiento. Entonces el espíritu estará rodeado no solamente de amor, sino también de paz y quietud cuando esté de regreso a los planossuperiores. Tendrá también una grabación más profunda y clara del panorama con lo cual podrá  iniciar su nueva vida de una manera más provechosa.

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