Entradas populares

miércoles, 25 de febrero de 2015

PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE LOS ANIMALES



¿Cómo es que los animales, que pertenecen a una evolución inferior, tienen un instinto que parece mucho más sabio que la razón de los seres humanos?
  Respuesta: La respuesta a esta pregunta está relacionada con el descendimiento del Ego en la materia, pero en primer lugar debemos distinguir entre los espíritus animales separados y el Espíritu colectivo que es su guardián, Los espíritus animales separados no son todavía conscientes de si mismo, y de ahí que obren sin rebelión de acuerdo con las gestiones de su Espíritu Colectivo. Este último es una entidad que pertenece a diferente evolución y funciona en los Mundos Invisibles, en el que las cosas son mucho más aparentes que aquí. Es, pues, muy claro que lo que llamamos instinto no es, en realidad, más que la expresión de las sugestiones del espíritu-grupo en el Mundo Invisible, quien guía a sus animales.
  Los espíritus humanos, por otra parte, han descendido directamente al Mundo Físico y están, por consiguiente, cegados hasta cierto punto por la materia densa de este plano de existencia. Una ilustración dilucidará quizás el hecho de que, aunque el espíritu es sumamente sabio en los mundos superiores, la aumentada materialidad que alcanza en su descenso necesariamente oscurece esa sabiduría.
  La mano es el instrumento más valioso del hombre y su agilidad es quizás más notable en el caso del músico. Un profesor de música puede producir en su instrumento preferido las más maravillosas melodías con el toque acariciador de sus educados y sensibles dedos, pero si se pone un par de guantes su habilidad se desvanece en el acto. Si agrega aún otro par de guantes más gruesos, será incapaz de producir la más ínfima melodía, y si se pone otro tercer par solo obtendrá desagradables sonidos. Los diversos guantes de la mano del músico encuentran su contraparte en los diferentes vehículos que el espíritu se pone en su descenso hacia la materia. El último par correspondería al cuerpo físico.
  Cualquiera que observara las tentativas del músico con los guantes puestos para tocar, y que no lo hubiera oído antes de ponérselos, lo supondría incapaz de producir la menor melodía, pero esa suposición será completamente errónea. El ego humano se encuentra en una situación análoga, pues sus poderes espirituales han quedado obscurecidos por los vehículos en los que ahora se encuentra encerrado, pero llegará un tiempo en que habrá aprendido como emplear estos vehículos apropiadamente, y entonces su poder espiritual volverá a brillar con un esplendor inconcebible.

¿Cuál debería ser nuestra actitud hacia las formas inferiores de la vida? ¿Tenemos el derecho de matar algo inofensivo, desde el momento en que todas las cosas vivientes son, en cierro sentido, nuestros hermanos? ¿Y respecto a los insectos o reptiles venenosos?
  Respuesta: Sólo existe Una Vida en el Universo, que es la Vida de Dios. En el vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Y no solo nosotros, sino todo lo que vive es una manifestación análoga de Dios. A su debido tiempo nos convertiremos en creadores, así como El es Creador. Pero mientras brutalmente destruyamos las formas de otros seres nos creamos un obstáculo. El preguntante está en lo cierto al afirmar que los animales inferiores son nuestros hermanos; pero, triste es decirlo, en vez de cuidar de ellos y de inspirarles confianza y amor, nos hemos arreglado de manera tal como para hacernos temibles de todo ser viviente que habite en la tierra, por la carnicería que hemos hecho con ellos, y parece una retribución justísima el que nosotros, a nuestra vez, estemos en temor constante de las vidas microscópicas, los bacilos, que no podemos matar ni a tiros ni a cuchilladas.   En cuanto a los insectos o reptiles venenosos, puede decirse que, en muchos casos, son encarnaciones de nuestros propios pensamientos maléficos, producidos también por nuestros hábitos sucios. La ciencia nos ha demostrado que una higiene apropiada nos libere de ellos, por lo menos en gran extensión, sin necesidad de matarlos. Los grandes reptiles, tales como las serpientes, no son tan peligrosos como se cree que son. En los templos de la India, en la que ciertas clases del pueblo han cultivado una actitud de absoluta inofensividad, rehusando matar hasta al animalejo más insignificante, pueden verse diariamente serpientes venenosas que circulan entre los fieles allí congregados, sin hacerles jamás el menor daño, y si cultiváramos una actitud de inofensividad respecto a los seres inferiores, pronto aprenderían a tener confianza en nosotros, en vez de temernos, como ahora.
  Muchos relatos se cuentan de marineros que han llegado a islas en las que nunca había pisado el pie humano y han encontrado aves allí perfectamente faltas de temor, hasta que algunas de ellas fueron asesinadas por los salvajes invasores. Entonces han aprendido a huir apenas el hombre se aproxima.
  Hemos también convertido algunos seres humanos en bestias de presa a quienes llamamos ladrones y
salteadores, que despojan a sus semejantes y los privan de sus bienes, hiriéndolos a veces y aún matándolos; y todo ello es el resultado de nuestros tratamientos crueles, que son dictados por el miedo. Si sintiéramos amor no tendríamos miedo, "porque el verdadero amor purifica de todo miedo," y si no tuviéramos temor nada podría dañarnos, porque una actitud confiada y tranquila es un protector más seguro que el revólver y la cerradura. Por lo tanto, debemos cultivar esa actitud de simpatía para todas las cosas que viven y respiran; debemos dejar de matar los animales a millones para comer o por deporte, que es la peor de todas las formas de la crueldad. Una actitud de amor hacia nuestros semejantes provocaría en ellos similares emociones y los cerrajeros y fabricantes de cañones pronto serían inútiles. Nos lamentamos de los enormes impuestos que soportamos para mantener una potente fuerza policial, el complicado mecanismo de los tribunales y los grandes presidios y casas de corrección, pero todas esas instituciones desaparecerían tan pronto como reemplazáramos el miedo por el amor. La Biblia nos habla de un tiempo cuando el león y el buey, el niño y el venenoso reptil, jugaban juntos en paz. Esto puede ser muy bien un hecho real, porque las bestias de presa no han sido siempre carnívoras. En un antiquísimo pasado el hombre tuvo su papel que llenar en su desarrollo, y en el futuro será de su deber el modificar esas condiciones.

viernes, 6 de febrero de 2015

MEDIUMNIDAD





Para comprender la mediumnidad, es necesario saber algo de los varios cuerpos del ser humano. Además del cuerpo denso, instrumento que el Ego usa para propósitos materiales, poseemos un cuerpo vital compuesto de éter, un cuerpo de deseos o emocional y una mente. El espíritu individualizado Ego, vive dentro de estos vehículos que se interpenetran y los usa para adquirir experiencia en la escuela de la vida.
En el estado de vigilia, el cuerpo denso y el cuerpo vital, (este último interpenetrando y sobresaliendo como una pulgada y media del primero), quedan dentro de una nube en forma de ovoide. Esta nube ovoide está compuesta por el cuerpo de deseos y la mente. Todos estos vehículos son concéntricos y es la interpolación del uno dentro del otro, quedando los centros de percepción de unos propiamente alineados con los centros de los otros, lo que facilita al Ego manipular el complejo organismo y ejecutar en forma metódica los procesos de vida llamados razonamiento, habla y acción.
Cuando el cuerpo denso duerme, hay una separación de los vehículos. El Ego y la mente revestidos del cuerpo de deseos se retiran de los cuerpos vital y denso, estos últimos permaneciendo en la cama mientras los cuerpos más sutiles flotan sobre el cuerpo que duerme conectados a él por el cordón plateado. El proceso de restauración comienza poco después. En casos normales, el cuerpo de deseos que ha sido armonizado en el Mundo del Deseo, imparte energía rítimica al cuerpo vital, y éste a su vez, comienza a trabajar sobre el cuerpo denso, eliminando los productos de descomposición principalmente por medio del sistema nervioso simpático. El resultado es que el cuerpo denso queda restaurado y repleto de vida cuando por la mañana el cuerpo de deseos, la mente y el Ego entran nuevamente en él despertándolo.
Al morir, la separación entre los cuerpos es la misma que durante el sueño. Los llamados muertos tienen Ego, mente y cuerpo de deseos. Algunas veces, por algún tiempo, permanecen conscientes del mundo material que han abandonado. Algunos se apegan a la vida terrenal y no  se deciden a aprender sus nuevas lecciones. Estos son los llamados espíritus apegados a la Tierra. No pueden, sin embargo, funcionar en los mundos visibles sin un cuerpo y hacen uso de aquellos seres vivos, cuyos cuerpos densos y vitales están flojamente conectados. El grado de laxitud entre los vehículos denso y vital no es el mismo en todas las personas. Hay quienes cuyos cuerpos denso y vital están más estrechamente entrelazados. Estos son los materialistas. Las personas cuyos cuerpos no están tan fuertemente entrelazados pueden en cierta forma percibir y responder a las vibraciones espirituales y se desarrollan por su propia voluntad convirtiéndose en ocultistas o clarividentes entrenados. Aquellos de voluntad débil se desarrollan solamente con ayuda de otros y en forma negativa. Estos seres son víctimas propicias para los espíritus apegados a la Tierra que simulando ser guías espirituales desarrollan sus víctimas como médiums de trance o como médiums de materialización, si la conexión entre los vehículos denso y vital de la víctima es especialmente floja.

Un médium es un clarividente involuntario o negativo que tiene los cuerpos denso y vital flojamente conectados y bajo el control de un espíritu del mundo del deseo. Es el mismo caso de un hipnotista y su víctima en el mundo físico. En el caso de un médium de trance, todas sus experiencias espirituales tienen lugar mientras su cuerpo físico permanece inconsciente o en trance. El Ego revestido de los cuerpos mental y de deseos abandona el cuerpo físico. El espíritu-guía o control lo ocupa. Esta misma separación ocurre en el estado de sueño con la diferencia de que en el ensueño el cuerpo  permanece inhabitado. El espíritu control se apodera del cuerpo físico del médium y lo usa para sus propios fines, a veces con gran perjuicio para éste. Por ejemplo, cuando tal espíritu-control ha sido en vida un adicto a las drogas o un libertino, usará ese vehículo para satisfacer su sed de licor o sus bajas pasiones. Nunca recalcaremos suficientemente la importancia del cuerpo físico como nuestro más valioso instrumento, y el grave error que se comete cuando lo entregamos a un espíritu-control o un hipnotista.
Un espíritu errante es una réplica exacta de un hipnotizador excepto que el espíritu errante es invisible y tienen más poder sobre su víctima. Este espíritu es considerado como un ser elevado  o un ángel incapaz de hacer daño, y deseoso de ayudar a diseminar la verdad. De hecho no hay poder transformador en la muerte. El pecador no se convierte en santo ni el ignorante en sabio al morir, y es una triste realidad para el clarividente entrenado ver cómo los espíritus-guía o controles se imponen a sus incautas víctimas quienes no pueden distinguir ni comprender el verdadero carácter de estos impostores, aceptando sus frases melosas y huecas como sabiduría divina. Aunque estos espíritus han hecho algún bien al probar fuera de toda duda la continuidad de la vida después de la muerte, han hecho también mucho daño a los médiums.
Es de esperarse que espíritus de alta naturaleza ética o gran desarrollo espiritual, no traten de controlar al médium totalmente. Los espíritus errantes o de baja categoría lo hacen para tener un vehículo con el cual satisfacer sus ansias de bebidas y sexo. En esta forma causan estragos en el cuerpo del médium.
En el caso de médiums materializadores, el espíritu guía pone la víctima en trance y extrae el éter de su cuerpo vital a través del bazo. Este éter lo usa para las materializaciones. Como hemos dicho anteriormente, la única diferencia entre un médium y una persona normal, es la laxitud entre sus cuerpos denso y vital. Esta laxitud permite al espíritu-control o guía extraer el éter casi por completo. El cuerpo vital es el vehículo que especializa la energía solar que nos da vitalidad. Privado de su principio vitalizante, el cuerpo del médium en el momento de la materialización, se encoge aproximadamente a la mitad de su tamaño. La carne se torna blanda y la chispa de la vida apenas arde. Cuando termina la sesión y el cuerpo vital le es devuelto al médium, éste despierta. Se siente muy cansado y algunas veces recurre a la bebida para reponer sus fuerzas. En estos casos la salud se quebranta y el médium se convierte en una ruina humana. Desgraciadamente, la gran mayoría  de los médiums no están conscientes de estos peligros, especialmente de los peligros que le amenazan al morir. Entonces su guía puede apoderarse del cuerpo de deseos. Aún en vida, si el médium trata de evitar que él use su cuerpo impunemente, hallará que no tiene poder para impedirlo. Al morir el médium y hallarse los dos espíritus frente a frente, los peligros son aún mayores. Se sabe de casos donde el médium ha repudiado y tratado de escapar del agarre de su guía, pero sin poder lograrlo. Estaba indefenso. Algunos médiums han confesado como han sido empujados irresistiblemente al crimen o suicidio por estos guías o espíritus control. Han rogado que los dejen en paz, pero en vano. Muy raras veces se oye decir que estos guías hayan mostrado piedad. Una vez que la persona se convierte en médium no tiene escapatoria. No puede impedir que el guía entre en su cuerpo. Mientras el médium es dócil y obedece al guía, todo marcha bien, pero si protesta y desobedece, encontrará que el guía tiene dominio y espuelas y las usa sin misericordia.
El guía saca los cuerpos superiores y el espíritu del médium que no ofrecen resistencia y toma posesión completa. Al retirarse se lleva parte del cuerpo vital del médium lo que le sirve para dominarlo permanentemente. En algunos casos no se conforma con tomar prestados los vehículos, sino que se apodera de ellos y deja fuera al dueño para siempre. El cuerpo es el mismo, pero el poseedor es un extraño y sus hábitos cambian. Esto es la obsesión.
Puede comprobarse fácilmente, pues el iris de sus ojos no responde a la luz ni a la distancia. No contrae ni expande. Solamente el dueño de un cuerpo puede manipular los ojos. En el médium estos  están cerrados o tienen una mirada fija y vidriosa.
La lección por aprender de estos conocimientos es que debemos mantener completo dominio  sobre nuestros vehículos y bajo ningún concepto permitir que se nos hipnotice o controle desde afuera. Tampoco debemos asistir a sesiones espiritistas o demostraciones hipnóticas porque  la actitud negativa que se observa en esas reuniones  hace a uno vulnerable a la obsesión.
Nuestro lema debe ser: dominio propio y no dominio sobre los demás.