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miércoles, 15 de abril de 2015

INTERPRETACIÓN ESOTÉRICA DE LA BÍBLIA




 

 

LA INDIVIDUALIZACIÓN DEL HOMBRE

REFERENCIAS: Génesis 5; Deuteronomio 25

            Cristo vino a preparar el camino para la emancipación de la humanidad de la guía de los diferenciadores Espíritus de Familia y de Raza, y a unificar a toda la familia humana en una Fraternidad Universal.
            Enseñó que la “simiente de Abraham” se refería sólo a los cuerpos, y llamaba su atención al hecho de que antes de que Abraham viviera (el) “Yo” –el Ego- ya existía. El Triple Espíritu individual tuvo su ser antes que todas las Tribus y Razas y permanecerá cuando éstas hayan desaparecido y ya ni se recuerden. El Triple espíritu en el hombre, el Ego, es el Dios interno, a quien el hombre corpóreo, la personalidad, debe aprender a seguir. Por eso, el Cristo dijo que para ser Su discípulo, el hombre tenía que abandonar todo cuanto tuviera. Sus enseñanzas significan la emancipación del Dios interno. Él llama al hombre para que ejercite su prerrogativa como un individuo y se eleve por encima de la familia, de la tribu y de la nación; pero no en el sentido que desprecie a la familia y al país. Debe cumplir todos los deberes, pero debe cesar de identificarse con una parte y reconocer una igualdad de parentesco con todo el mundo. Ese es el ideal dado a la humanidad por el Cristo.
            Bajo el gobierno del Espíritu de Raza, la nación, tribu, o familia eran considerados primero y el individuo de último. La familia debía conservarse intacta. Si cualquiera moría sin dejar descendencia para perpetuar su nombre, su hermano debía “llevar simiente” a la viuda, de modo que no desapareciera (Deu. 25: 5- 10) El matrimonio fuera de la familia era considerado con horror en los tiempos primitivos. El miembro de una tribu no podía unirse con otra sin perder su casta en la suya. No era un asunto fácil llegar a ser miembro de otra familia.
            Todas estas costumbres son el resultado del trabajo del Espíritu de Raza y de Tribu en la sangre común. El admitir como miembro a alguien en quien esa sangre común no fluya, hubiera causado “confusión de casta”. Mientras más unida la procreación sin mezcla de razas, más grande el poder del Espíritu de Raza y mucho más fuertes los lazos que atan el individuo a la tribu, porque la fuerza vital del hombre está en la sangre. La memoria está íntimamente conectada con la sangre, la cual es la expresión más elevada del cuerpo vital.
            El cerebro y el sistema nervioso son las más elevadas expresiones del cuerpo de deseos. Ellos revisan los cuadros del mundo externo, pero en un proceso mental de ideas, a saber, imaginación, para lo cual la sangre trae el material para las imágenes; por consiguiente, cuando el pensamiento es activo la sangre fluye a la cabeza. Cuando la misma corriente no mezclada de sangre fluía en las venas de una familia por generaciones, las mismas figuras mentales creadas por el tatarabuelo, el abuelo y el padre, eran reproducidas en el hijo por el Espíritu de Familia que vivía en la hemoglobina de la sangre. Él se consideraba como la continuación de una larga línea de ancestros quienes vivían en él; veía todos los acontecimientos de las vidas pasadas de la familia como si él hubiera estado presente y, por lo tanto, no se comprendía a sí mismo como un Ego. Él no era simplemente “David,” sino “el hijo de Abraham”; no “José,” sino “el hijo de David.”
            Por medio de la sangre común se dice que los hombres han vivido por muchas generaciones, porque a través de ella los descendientes tienen acceso a la Memoria de la Naturaleza, en la cual están preservados los records de las vidas de sus ancestros. Ese es el porqué, en el capítulo quinto del Génesis, se menciona que los patriarcas vivieron por centurias. Adán, Matusalén, y los otros patriarcas no alcanzaron personalmente tanta edad, sino que vivieron en la conciencia de sus descendientes, quienes veían las vidas de sus ancestros como si ellos la hubieran vivido. Después de la terminación del período mencionado, los descendientes ya no pensaban de  ellos como Adán o Matusalén. La memoria de esos ancestros se borró y por eso se dice que murieron.
            Las Razas primitivas no se hubieran atrevido a desobedecer el mandamiento dado por el Dios de tribu de no casarse fuera de la tribu, ni tampoco tenían inclinación para hacerlo así, pues no poseían mente propia.
            Los primitivos Semitas fueron los primeros en desarrollar la Voluntad y enseguida se casaron con las hijas de los hombres de otras tribus frustrando temporalmente el designio de su Espíritu de Raza, siendo prontamente expulsados como personas malignas quienes habían “ido a adorar dioses extraños,” e incapacitándose, por lo tanto, para ser la “simiente” de las siete Razas de nuestra actual Época Aria. Los Semitas Primitivos fueron, para entonces, la última Raza que el Espíritu de Raza cuidó de mantener separada.
            Más tarde, fue dado al hombre el libre albedrío. Había llegado el momento en que debía estar preparado para la individualización. La anterior conciencia “común,” la clarividencia involuntaria o segunda vista que constantemente mantenía ante el hombre de tribu los cuadros de las vidas de sus ancestros y que originaba que se sintieran más íntimamente identificados con la tribu o familia, debía reemplazarse entonces por una estricta conciencia individual confinada al mundo material, de modo que se dividieran las naciones en individuos a efecto de que la fraternidad del Hombre, sin tomar en consideración las circunstancias externas, pueda llegar a ser un hecho. Esto está fundado en el mismo principio de que si tenemos un número de edificios y deseamos hacer de ellos una estructura mayor, es necesario destruirlos en ladrillos separados. Solamente entonces, puede ser construido el edificio mayor.
            A fin de poder lograr esta separación de naciones en individuos, fueron dadas leyes que prohibían la endogamia o matrimonio entre los miembros de una misma familia y, desde entonces, los matrimonios incestos gradualmente fueron considerados con horror. Sangre extraña fue así introducida en todas las familias de la Tierra y gradualmente ha ido eliminando la clarividencia involuntaria que promovía el sentimiento exclusivista y segregaba a la humanidad en grupos. El altruismo está superando al patriotismo y la fidelidad a la familia está desapareciendo en virtud de la mezcla de la sangre.
            El espíritu humano está individualizado, el Ego está desarrollando el libre albedrío y la responsabilidad. Es atraído al nacimiento por la irresistible Ley de Consecuencia, de modo que está más allá del poder de raza, comunidad o espíritu de familia el mantenerlo de retornar al estado actual de desenvolvimiento humano y, por la admisión de la sangre extraña, por el matrimonio entre familias de tribus o naciones diferentes, los guías del hombre están poco a poco ayudándole a echar fuera de la sangre al espíritu de familia, de tribu o nación. Pero con esto, necesariamente, se ha perdido la clarividencia que era debida a su trabajo en la sangre, donde por su medio alentaba las tradiciones de familia en las personas y, de esta manera, vemos que también en el caso del hombre, una facultad ha sido destruida por la mezcla de la sangre. Esa pérdida fue una ganancia, sin embargo, porque ha concentrado la energía del hombre en el mundo material y ahora está mejor capacitado para dominar sus lecciones que si aún estuviera distraído por las visiones de las regiones superiores.
            Por las razones mencionadas, los matrimonios entre tribus y más tarde los matrimonios internacionales llegaron gradualmente a ser considerados como deseables y preferibles a los matrimonios entre parientes.
            Conforme el hombre ha progresado a través de estos estados y, gradualmente, ha perdido el contacto con el mundo interno, se ha sentido entristecido por la pérdida y ha anhelado el regreso de la visión “interna.” Pero poco a poco fue olvidando y el mundo material gradualmente apareció ante su mente como la única realidad hasta que, por fin, ha llegado a rechazar la idea de la existencia de tales Mundos internos y considerar la creencia en ellos como una tonta superstición.
            Las cuatro causas que contribuyen a esta condición fueron:
1ª. El aclaramiento de la atmósfera neblinosa del continente Atlante.
2ª. La atracción del cuerpo vital, de modo que un punto que está en la raíz de la nariz corresponda a un punto similar en el cuerpo vital.
3ª. La eliminación de la procreación entre parientes y su substitución por los matrimonios fuera de la familia y tribu.
4ª. El uso de productos intoxicantes.
            Los Espíritus de Raza aún existen dentro del hombre y trabajan con él, pero mientras más avanzada es la nación mayor libertad es concedida al individuo. En los países en los que la gente está más encadenada, el Espíritu de Raza es más fuerte. Y mientras el hombre se encuentra en mayor armonía con la Ley del Amor y sus ideales son más elevados, se libera más del Espíritu de Raza.
            Cuando se le ve por medio de la visión espiritual, el Espíritu de Raza aparece como una nube que cobija todo el país y es respirado dentro de los pulmones de la gente con cada respiración que se hace. Es un hecho real de que viven, se mueven y tienen su ser en él. Por medio de este proceso llegan a ser imbuidos con el sentimiento de interés nacional que llamamos “patriotismo” que es tan poderoso para incitar en tiempo de guerra a que todos se sientan impelidos sobre un mismo asunto y estén listos para sacrificar todo por su país.
            Los Estados Unidos de Norte América, aún no tienen Espíritu de Raza. Es el crisol en donde las varias naciones se están amalgamando para levantar un sentimiento universal que hará que todos se muevan como uno sólo en cualquier asunto. Sin embargo, esta nueva raza está comenzando a aparecer. Se les puede conocer por sus largos brazos y piernas, cuerpos flexibles, cabezas alargadas y angostas, elevadas coronillas y frente casi rectangular.
            El Cristo vino a reunir las razas separadas con los lazos de paz y buena voluntad, con lo que todos seguirán, voluntaria y conscientemente, la Ley del Amor.
            La Cristiandad actual no es aún ni una sombra de la verdadera religión del Cristo. Esta permanecerá en estado latente hasta que todos los sentimientos raciales hayan sido superados. En la Sexta época no habrá sino una Fraternidad Universal bajo la Guía del Cristo que Ha Vuelto, pero el día y la hora no la sabe nadie, pues no está fijado sino que depende de la prontitud con que un número suficiente de gente haya comenzado a vivir la vida de fraternidad y Amor, que ha de ser la marca del contraste de la nueva dispensación.

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