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miércoles, 1 de julio de 2015

LA CIENCIA DEL MORIR




       


     La expresión “muerte” se refiere tan sólo a la forma, el espíritu no conoce la muerte. También nacimiento y muerte son términos relativos: lo que nosotros llamamos muerte es realmente un nacimiento en el mundo espiritual, y lo que llamamos nacimiento es temporalmente una muerte en el mundo espiritual.

            Cada vez que hemos agotado las posibilidades de una vida particular, se hace necesario el que pasemos a esferas superiores por medio del procedimiento del morir, que se teme sin razón. En el corazón se halla depositado lo que es conocido como el átomos simiente del cuerpo físico. Este Atomo simiente se llama en lenguaje Rosacruz el Libro de Dios porque todas las experiencias pasadas están inscritas en él. La muerte se ocasiona por la ruptura de la unión entre el átomo simiente y el corazón, después de lo cual las fuerzas inherentes del átomo simiente, a la vez que los vehículos superiores, es decir, el cuerpo vital, el de deseos y la mente, salen fuera por la bóveda de la cabeza. Sin embargo, un contacto con el cuerpo es mantenido por medio del cordón de plata durante aproximadamente tres días y medio.

            El cordón de plata es triple, un segmento se compone de éter, otro de materia de deseos y otro de materia mental y estos segmentos están unidos a los átomos simientes correspondientes. La ruptura de la unión entre el átomo simiente denso y el corazón produce el efecto que el corazón cesa de latir, pero el cuerpo no está muerto todavía, ni lo está hasta que no se rompe el cordón de plata.

            En  este lapso de tiempo un proceso importante tiene lugar, que es la revista retrospectiva del panorama de la vida pasada y la operación de grabar en el cuerpo de deseos las imágenes contenidas en este panorama. Durante la vida el éter reflector del cuerpo vital obra como una placa sensitiva, en la cual están recordados todos los pensamientos, emociones, incidentes y escenas de la vida. El éter que se aspira con la respiración lleva consigo estas imágenes y por medio de la sangre se imprimen en el cuerpo vital. Ellas constituyen la base de las experiencias después de la muerte.

            Durante un período de aproximadamente tres días y medio después de la muerte, el ego está ocupado en concentrarse sobre este panorama que está desarrollándose delante de él hacia atrás; es decir, los incidentes de la última parte de la vida son los primeros que aparecen en el panorama. Si la concentración del ego es profunda y no estorbada por ruidos o molestias de ninguna clase, la grabación  se hace  de un modo profundo y limpio, y en la vida después de la muerte el ego estará en situación de asimilar la totalidad del valor espiritual de la vida que acaba de terminar. Pero si el ego es molestado por emociones, llantos y lamentaciones de los parientes o el tumulto de un campo de batalla, su concentración es interrumpida y las experiencias de la vida pasada se graban sólo muy ligeramente  o dejan de grabarse totalmente en el cuerpo del deseo. El resultado es que la vida pasada se pierde prácticamente, es decir, las cualidades espirituales que normalmente hubieran debido haberse adquirido no las asimilamos. Por esta razón deberíamos tener mucho cuidado para que alrededor de una persona que acaba de morir haya una gran tranquilidad; de manera que esta vida retrospectiva del panorama de su vida no quede perturbada en vista de que de esto depende el desarrollo de la conciencia y la tendencia hacia una buena conducta en las vidas futuras.

            No es recomendable dar estimulantes a los moribundos porque producen considerable dolencia al ego y ningún bien, esto es sólo respecto a los casos en que se ve claramente que la vida no puede prolongarse más que algunas horas o días. Los estimulantes hacen volver violentamente dentro del cuerpo a los vehículos superiores y mantienen la agonía del individuo durante horas y días mientras que de otro modo pudiera extinguirse relativamente con poco sufrimiento.

            Después de la muerte, el cuerpo debería ser mantenido en frío durante un período de no menos de tres días y medio. 

            Se debería evitar el embalsamamiento porque interfiere con la retrospección panorámica, igualmente se debería evitar la cremación durante este período porque el ego está aún en contacto con el cuerpo por medio del cordón de plata y, hasta cierto punto aunque limitado, nota dolor como resultado de cualquier mutilación del cuerpo. Una cremación prematura disipa los éteres y destroza el recuerdo panorámico que contienen, sin embargo, después del período de tres días y medio la cremación es de aconsejar porque desintegra el cuerpo físico y los dos éteres inferiores con su magnetismo de residuo, dejando así al ego en libertad completa para pasar en seguida a los mundos suprafísicos.

            En el enterramiento, el magnetismo del cuerpo y de los éteres inferiores tienen al ego ligado a la tierra durante un tiempo variable, generalmente hasta que la descomposición ha llegado a un estado avanzado y está completa. Así, en algunos casos, se ocasiona para el ego un retraso de años.

            Conociendo los hechos que se refieren a la muerte según lo determina la ciencia oculta y utilizando este conocimiento podemos prestar un gran servicio a aquellos de nuestros amigos y conocidos que mueren antes que nosotros. Igualmente podremos dejar instrucciones para que cuando nos toque morir se nos preste el mismo servicio a nosotros.

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