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lunes, 31 de agosto de 2015

LA LUZ ESPIRITUAL, EL NUEVO ELEMENTO Y LA NUEVA SUBSTANCIA






           Los solsticios de verano e invierno, junto con los equinoccios de primavera y de otoño, forman puntos alternos o de viraje en la vida del gran Espíritu de la  Tierra, de la misma manera que la CONCEPCIÓN marca el comienzo del descenso del Espíritu Humano al cuerpo terrenal, de lo cual resulta un NACIMIENTO  que inaugura el período de desarrollo hasta que se alcanza la madurez.

Al llegar a este punto se inicia una época de fructificación y de madurez junto a una declinación de las energías físicas que terminan con la MUERTE. Este acontecimiento libra al hombre de las trabas de la materia manifestándose entonces una época de metabolismo espiritual, por cuyo conducto nuestra cosecha de experiencias terrenales se transforma en poder del alma, en tendencias y talentos que serán puestos a rédito en vidas futuras, con el fin de que podamos prosperar y hacernos más ricos en tesoros, hasta hacernos merecedores del título de “Fieles Administradores” que nos hará ocupar mayores y mejores puestos entre los sirvientes de la Casa del Señor.

Este ejemplo descansa sobre la base de la gran ley de analogía, tan fielmente expresada por el axioma hermético: “Como es arriba, así es abajo”. Sobre este axioma, que es la llave maestra de todos los problemas espirituales, debemos también depender como de un “ábrete sésamo” para aplicarlo a nuestra lección sobre la Navidad de este año, la cual esperamos que corrija, confirme o complete puntos de vista previos de nuestros estudiantes, como cada uno de ellos lo requiere.

Los cuerpos originalmente cristalizados en la terrible temperatura de Lemuria, estaban excesivamente calientes para contener la suficiente humedad que permitiera al espíritu acceso libre y sin traba alguna a todas las partes de aquella anatomía, como lo tiene actualmente por medio de la sangre circulante. Más tarde, a principios de la Epoca Atlántida, ya tuvo sangre, pero ésta fluía con dificultad y se hubiera secado rápidamente por causa de la alta temperatura interna, a no ser por la circunstancia de la abundante humedad aportada por la atmósfera acuosa que entonces prevalecía. La inhalación de este disolvente disminuyó gradualmente el calor y adaptó el cuerpo hasta que pudo ser retenido en el interior un grado de humedad suficiente para que fuera posible respirar en la atmósfera relativamente seca que se presentó más tarde .
Los cuerpos de los primitivos atlantes estaban compuestos de una substancia granulosa y acordonada no muy diferente de nuestros tendones actuales y semejante a la madera, pero con el tiempo su dieta de carne, permitió al hombre asimilar albúmina en suficiente cantidad para construir el tejido elástico necesario para la formación de los pulmones y arterias que permitiera la circulación de la sangre sin restricciones, como lo obtiene en la actualidad el sistema humano. Al tiempo que tenían lugar estos cambios, interior y exteriormente apareció en el firmamento cargado de lluvia el grande y glorioso  arco iris para señalar el advenimiento del Reinado del Hombre, en el cual las condiciones venían a ser tan variadas como los matices con que la atmósfera  reflejaba la unitaria luz del Sol. Así fue como la primera aparición del arco iris en las nubes señaló el comienzo de la edad de Noé, con sus estaciones y períodos alternos, de los cuales la Navidad es uno de ellos.

Las condiciones que dominan en esta edad no son, no obstante, permanentes, ni más ni menos que las de las edades procedentes. El proceso de condensación que transformó el fuego de la niebla de Lemuria por la atmósfera de densa humedad de los Atlantes y que más tarde convirtióesta humedad en el agua que inundó las cavidades de la Tierra con el Diluvio y empujó al hombre a las  alturas de las tierras, continúa todavía. Tanto la atmósfera como nuestras propias condiciones fisiológicas van cambiando, sirviendo de heraldos para el ojo vidente y para la mente comprensiva del alba de un nuevo día sobre el horizonte del tiempo; una edad de unificación que la Biblia llama el Reinado de Dios. Ninguna duda nos deja la Biblia respecto a los cambios. Cristo dijo que aquello que sucedió en los días de Noé así sucedería en los días por venir. La ciencia y la inventiva encuentran condiciones desconocidas anteriormente. Es un hecho científico el de que se está consumiendo el oxígeno de una manera alarmante para la alimentación de los fuegos de la industria; así como también los incendios de los bosques merman considerablemente nuestra existencia de este importantísimo elemento, a la par que contribuyen al proceso de desecación que soporta la atmósfera naturalmente. Eminentes científicos han señalado que llegará el día en que nuestro globo no podrá  sostener la vida que dependa del agua y del aire para sus existencias. Sus ideas no han excitado mucha ansiedad a causa de la lejanía de la fecha que para el futuro han señalado, pero por lejano que sea este día, el destino de la raza Aria es tan inevitable como lo fue el de los atlantes inundados.


Si un atlante pudiera ser transferido a nuestra atmósfera, se asfixiaría como el pez que se arrebata a su elemento nativo. Las escenas que se conservan en la Memoria de Naturaleza prueban que los aviadores primeros de aquella fecha se desvanecieron instantáneamente al encontrarse con una de las corrientes de aire que descendían gradualmente sobre la tierra que ellos habitaban, y sus experiencias provocaron vivos comentarios e hipótesis. Nuestros actuales aviadores encuentran, así mismo, un nuevo elemento y experimentan la asfixia igual que sus precursores atlantes, y por idénticas razones se han hallado frente a un nuevo elemento que viene de arriba para reemplazar el oxígeno de nuestra atmósfera.

Hay también una nueva sustancia que se está introduciendo en el cuerpo humano para reemplazar la albúmina. Por eso, así como los aviadores de la antigua Atlantida se desmayaban y se veían imposibilitados por las descendientes corrientes de aire de penetrar prematuramente en Ariana, la tierra prometida, así el nuevo elemento desconcertará a los aviadores de la actualidad y a  la raza humana en general hasta tanto todos hayan aprendido a asimilar sus aspectos materiales, y de la misma manera que los atlantes, cuyos pulmones no estaban desarrollados, perecieron en el diluvio, así también la edad nueva encontrará algunos sin el “vestido de bodas” o incapacitados, por consiguiente, para entrar en ella hasta que se hayan preparado para tal objeto en tiempos sucesivos. Es, por consecuencia, de la máxima importancia para todos saber tanto como sea posible acerca del nuevo elemento y de la nueva substancia. La Biblia y la ciencia combinadas nos facilitan una amplia información acerca del asunto.

Hemos dicho antes que en la antigua Grecia la religión y la ciencia se enseñaban en los templos de misterios junto con las bellas artes y oficios, como una doctrina unida de la vida y del ser; pero este método ha sido sustituido temporalmente para facilitar ciertas fases de nuestro desarrollo. La unidad de las religiones y el lenguaje científico de la antigua Grecia  hacían esta materias relativamente muy fáciles de comprensión, pero actualmente las complicaciones impuestas obedecen al hecho de que la religión ha traducido y la ciencia ha transferido simplemente sus términos del griego original, lo que ha producido muchos desacuerdos aparentes y la pérdida del eslabón entre los descubrimientos de la ciencia y las enseñanzas de la religión.

Para llegar al deseado conocimiento acerca de los cambios fisiológicos que está sufriendo nuestro organismo, nosotros podemos recordar las enseñanzas de la ciencia de que los lóbulos frontales del cerebro son unos de los más recientes desarrollos del esqueleto del cuerpo humano y hacen a este órgano del hombre enormemente mayor en proporción de cualquier otro ser. Ahora preguntémonos a nosotros mismos: ¿Hay en el cerebro alguna substancia peculiar de tal órgano, y si es así, cuál puede ser su significado?
La primera parte de la pregunta puede contestarse tomando cualquier libro de texto científico que trate de la cuestión; pero nuestro “Concepto Rosacruz del Cosmos” en la página 170 nos da más detalles, los cuales podemos detallar aquí como sigue:

“El cerebro está construido de la misma substancia que el de las otras partes del cuerpo, pero con la adición del fósforo, lo cual es exclusivo del cerebro solamente. La conclusión lógica, pues, es que el fósforo es el elemento particular por cuyo medio del Ego puede expresar el pensamiento. La proporción y variación de esta substancia es correspondiente al estado de la inteligencia del individuo. Los idiotas tienen muy poco fósforo y los pensadores profundos tienen mucho . Es, por lo tanto, de gran importancia que el aspirante que usa su cuerpo para trabajo mental y espiritual, suministre a su cerebro esta substancia necesaria con este propósito”.

La religiosidad indiscutible de los católicos es parcialmente debida a su práctica de comer pescado los Viernes durante la cuaresma, cuyo producto es rico en fósforo. Aunque el pescado es una especie baja de vida, el “Concepto Rosacruz del Cosmos” no aprueba que se le mate, sino que indica al estudiante ciertos vegetales como medios de obtener físicamente una abundancia de esta substancia valiosa y deseable. Hay otros y mejores medios que se indican en el párrafo siguiente.

No fue, ciertamente, por coincidencia, que los maestros de las Escuelas de Misterios griegas nombraran a esta luminosa substancia del modo en que la conocemos, es decir fósforo. Para ellos era patente que Dios es Luz –la palabra griega es “phos”-. Por lo tanto, llamaron de la manera más apropiada a la substancia  del cerebro que es la avenida del ingreso del impulso divino, “phos-phorus,” o sea, literalmente, “portador de luz”. En la proporción de que nosotros seamos capaces de asimilar esta substancia, podemos llenarnos y saturarnos de luz y comenzar a brillar desde adentro, con un  halo circular a nuestro alrededor que es la marca de la santidad. El fósforo no obstante, es solamente un medio físico que permite que la luz espiritual se exprese por medio del cerebro físico, siendo la luz en sí un producto del desarrollo del alma. Sin embargo, el desarrollo del alma permite al cerebro que asimile una cantidad creciente de fósforo; de aquí que el método de adquirir esta substancia en mayor cantidad no es por un metabolismo químico, sino por un proceso alquímico de desarrollo del alma, según fue explicado a fondo por Cristo en su plática a Nicodemo:

“Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo. Aquel que ha creído en El no será condenado, pero aquel que no ha creído en Él está condenado ya. Y esta es la condenación, que la luz está viniendo al mundo, y los hombres han preferido la obscuridad, más bien que la luz. Pues todo aquel que hace mal odia la luz, y tampoco viene hacia la luz, y, por lo tanto, sus hechos serán reprobados. Pero aquel que practica la verdad va hacia la luz, y sus obras serán manifiestas y ellas están formadas por Dios.” San Juan  3: 17 – 21.


domingo, 9 de agosto de 2015

JESÚS Y JESUCRISTO





JESÚS Y JESUCRISTO
REFERENCIAS: Mateo 1,2,3; Lucas 1,2.

            Para comprender la misión del Cristo como fundador de la Religión Universal del futuro, es necesario que reconozcamos primero su naturaleza exacta, e incidentalmente con la de Jehová, que es la cabeza de tales religiones de raza como el taoísmo, budismo, hinduismo, judaísmo, etc.; Así como también la identidad de “El Padre” a Quien Cristo entregará el Reino a su debido tiempo.
            
 En el credo cristiano se encuentra esta sentencia: “Jesucristo el único bien amado Hijo de Dios”. Por esto se entiende generalmente que cierta persona que apareció en Palestina hace unos 2000 años, de quien se habla como Jesucristo –un individuo solamente- era el único bien amado Hijo de Dios.
            
 Ese es un gran error. Hay tres Seres bien distintos y muy diferentes caracterizados en esa sentencia. Es de la mayor importancia que el estudiante comprenda claramente la naturaleza exacta de esos tres Grandes y Exaltados Seres, que difieren enormemente en gloria; aunque todos ellos merecen nuestra más profunda y devota adoración.
           
 Rogamos al estudiante observe el diagrama número 6 de “El Concepto Rosacruz del Cosmos” escrito por Max Heindel, y notará que “El Único Hijo” (el “Verbo” del que habla San Juan), es el segundo aspecto del Ser Supremo.
          
  Este “Verbo”, únicamente Él, fue “engendrado por su Padre (el primer aspecto) antes que todos los Mundos”; “Sin Él no fue hecho nada de cuanto ha sido hecho”, ni aún el tercer aspecto del Ser Supremo, que precede a los dos aspectos anteriores. Por lo tanto, el “único engendrado” es el exaltado Ser que está más allá de todo el Universo, salvo únicamente el aspecto “Poder” del que lo creó.
           
 El primer aspecto del Ser Supremo concibe o imagina el Universo antes del comienzo de la manifestación activa, incluyendo los millones de Sistemas Solares y las Grandes Jerarquías que habitan los Planos Cósmicos de existencia sobre el séptimo, que es el campo de nuestra evolución. (ver diagrama Nº. 6) Esta es también la Fuerza que disuelve todo lo que se ha cristalizado más allá de toda posibilidad de ulterior crecimiento y, por último, la que cuando ha llegado al final de la manifestación activa, reabsorbe en sí misma todo lo que es, hasta el alborear de otro nuevo Período de Manifestación.
          
  El segundo aspecto del Ser Supremo es el que se manifiesta en la materia como fuerza de atracción y cohesión dándole así la capacidad de combinarse en varias clases de formas. Ese es el “Verbo”, el “Fiat Creador” que moldea la Substancia-Raíz Cósmica primordial, en una forma semejante a como se forman las figuras por medio de vibraciones musicales, como se indicó previamente, el mismo tono formando siempre las mismas figuras. Así que ese gran y primordial Verbo trajo a la existencia, en sutilísima materia, a todos los diferentes mundos, con todas sus miríadas de formas, que desde entonces han sido copiadas y trabajadas en detalle por las innumerables Jerarquías Creadoras.
          
  Sin embargo, el “Verbo” no pudo haber hecho eso hasta que el tercer aspecto del Ser Supremo hubiera preparado la Substancia-Raíz Cósmica y la hubiera despertado de su estado normal de inercia poniendo los innumerables átomos inseparables girando sobre sus ejes colocando esos ejes en diferentes ángulos unos de otros, dando así a cada uno diferente “grado de vibración.”
         
   Esa diversidad de ángulos de inclinación de los ejes y las intensidades vibratorias, habilitaron a la Substancia-Raíz Cósmica para formar diferentes combinaciones que son la base de los siete grandes Planos Cósmicos. Hay, en cada uno de esos Planos, diferente inclinación de los ejes y también diferente intensidad vibratoria y, por consiguiente, las condiciones y combinaciones de cada uno de ellos, es diferentes de las de cualquier otro debido a la actividad del “Único Engendrado”.
          
  El diagrama 14 de “El Concepto Rosacruz del Cosmos”, de Max Heindel, muestra que:
            “El Padre” es el más elevado Iniciado de la humanidad del Período de Saturno. La humanidad ordinaria de aquel Período son ahora los “Señores de la Mente”.
            “El Hijo” (Cristo) es el más elevado Iniciado del Período Solar. La humanidad ordinaria de aquel Período son ahora los Arcángeles.
            “El Espíritu Santo” (Jehová) es el más elevado Iniciado del Período Lunar. La humanidad ordinaria de este Período son ahora los Ángeles.
         
   Este diagrama muestra también cuales son los vehículos de estas diferentes órdenes de Seres y, al hacer una comparación en el diagrama número 8 del “Concepto Rosacruz del Cosmos”, se verá que sus cuerpos o vehículos (indicados por cuadros en el diagrama número 14) corresponden a los Globos de los Períodos en que fueron humanos. Este es siempre el caso en lo que concierne a las humanidades ordinarias ya que, al final del Período, durante el cual cualquier oleada de vida se individualiza como seres humanos, esos seres retienen los cuerpos que corresponden a los Globos en los que han funcionado.
          
  Por otra parte, los Iniciados han progresado y desarrollado vehículos superiores para ellos mismos, abandonando el uso ordinario del vehículo inferior, cuando han obtenido la capacidad de emplear un vehículo nuevo y superior. Ordinariamente, el vehículo inferior de un Arcángel es el cuerpo de deseos, pero Cristo, que es el más alto Iniciado del Período Solar, emplea el Espíritu de Vida como vehículo inferior, funcionando tan conscientemente en el Mundo del Espíritu de Vida como nosotros en el Mundo físico. Rogamos al estudiante note este punto en particular, porque el Mundo del Espíritu de Vida es el primer Mundo Universal. Es el mundo en el que cesa la diferenciación  la unidad comienza a ser manifiesta, por lo menos en lo que concierne a nuestro sistema solar.
         
   Cristo tiene el poder de construir y funcionar en un vehículo tan inferior como el cuerpo de deseos, como el que usan los Arcángeles, pero no puede descender más de ese Mundo. El significado de esto se verá ahora.
         
   JESÚS pertenece a nuestra humanidad. Cuando el hombre, Jesús, se investiga en la Memoria de la Naturaleza, puede seguirse hacia atrás, vida tras vida, en las que vivió bajo diversas circunstancias, bajo varios nombres, en diferentes vidas, es lo mismo, en ese respecto, que cualquier otro ser humano. Esto mismo no puede hacerse respecto al Ser Cristo. En su caso, sólo puede encontrarse una sola manifestación en la Tierra.
        
    No debe suponerse, sin embargo, que Jesús fuera un individuo corriente. Era un ser singularmente puro de mente, muy superior a la gran mayoría de nuestra presente humanidad. A través de muchas vidas estuvo recorriendo el Sendero de Santidad, preparándose así para el mayor honor que haya podido tener un ser humano.
       
     Su madre, la Virgen María, era también un tipo de la más elevada pureza humana y, debido a ello, fue elegida para ser la madre de Jesús. Su padre era un elevado Iniciado, virgen, capaz de realizar el acto de la fecundación como un sacramento, sin ningún deseo o pasión personal.
        
    De esta manera, el hermoso, puro y amante espíritu que conocemos bajo el nombre de Jesús de Nazareth, nació en un cuerpo puro y sin pasiones. Este cuerpo  era el mejor que podía producirse en la Tierra y la tarea de Jesús, en esa vida, era la de cuidar y desarrollar su cuerpo hasta el mayor grado de eficiencia posible, preparándolo para el gran propósito que debía servir.
        
    Jesús de Nazareth nació, más o menos, en el tiempo indicado por la Historia y no en el año 105 antes de Cristo, según se indica en algunas obras ocultistas. El nombre de Jesús era común en el Oriente y un Iniciado llamado Jesús vivió en el año 105 A. C., pero obtuvo la iniciación egipcia y no fue Jesús de Nazareth, con el que estamos nosotros relacionándonos.
     
       Jesús fue educado por los Esenios y alcanzó un elevado grado de desarrollo espiritual durante los treinta años en que usó su cuerpo. Es el único ser de nuestra humanidad que ha pasado todas las iniciaciones posibles sobre la Tierra.
        
    Podemos decir aquí, como paréntesis, que los Esenios eran una tercera secta que existía en Palestina, además de las dos mencionadas en el Nuevo Testamento: los Fariseos y los Saduceos. Los Esenios eran una orden extremadamente devota, muy diferente de los materialistas saduceos y completamente opuesta a los hipócritas y vanidosos fariseos. Evitaban toda mención de sí mismos así como de sus métodos de estudio y de adoración. A esta última particularidad se debe el que no se sepa nada de ellos y que no estén mencionados en el Nuevo Testamento.
        
    Es una ley del Cosmos el que ningún Ser, por elevado que sea, pueda funcionar en cualquier mundo sin tener un vehículo construido con el material de ese mundo. (Véase los diagramas 8 y 14) Por lo tanto, el cuerpo de deseos era el vehículo inferior del grupo de espíritus que habían alcanzado el estado humano en el Período Solar.
      
      Cristo era uno de esos espíritus y era por consiguiente incapaz de construir para Sí Mismo un cuerpo vital y un cuerpo denso. Podía haber trabajado sobre la humanidad con un cuerpo de deseos como hicieron sus hermanos más jóvenes, los Arcángeles, como Espíritus de Raza. Jehová les había abierto el camino para entrar en el cuerpo denso por medio del aire que el hombre inhalaba. Todas las religiones de las razas fueron religiones de ley y creadoras del pecado por la desobediencia a esa ley. Estaban bajo la dirección de Jehová, cuyo vehículo inferior es el Espíritu Humano, que lo correlacionaba con el Mundo del Pensamiento Abstracto, donde todo es separatista y por lo tanto conducente al beneficio propio.
         
   Esta fue precisamente la razón que hizo necesaria la intervención de Cristo. Bajo el régimen de Jehová la unidad era imposible. Por lo tanto, el Cristo que poseía como vehículo inferior el unificante Espíritu de Vida, debía entrar en un cuerpo humano denso. Debía aparecer como un hombre entre los hombres y entrar en ese cuerpo, porque únicamente desde adentro es posible conquistar la Religión de Raza, que influencia al hombre desde afuera.
         
   Cristo no podía nacer en un cuerpo denso, porque nunca había pasado por una evolución semejante el Período Terrestre y, por lo tanto, tenía que adquirir primero la capacidad de construir un cuerpo denso como el nuestro. Pero aunque hubiera poseído esa capacidad, hubiera sido inconveniente que un ser tan elevado empleara con ese propósito la energía necesaria para construir el cuerpo durante la vida prenatal, infancia y juventud hasta llevarlos a la madurez necesaria para su uso. Él había cesado de usar ordinariamente vehículos tales como el Espíritu Humano, Cuerpo Mental y de Deseos, aunque hubiera aprendido a construirlos en el Período Solar y retuviera la capacidad de construirlos y funcionar en ellos cuando quiera fuese requerido. Él usó todos sus vehículos propios, tomando únicamente el cuerpo vital y el denso de Jesús. Cuando el último tenía treinta años de edad, Cristo entró en esos cuerpos y los empleó hasta el final de Su Misión en el Gólgota. Después de la destrucción del cuerpo denso, Cristo apareció entre sus discípulos en el cuerpo vital, en el que funcionó aún durante algún tiempo. El cuerpo vital es el vehículo que Él empleará cuando aparezca nuevamente, porque nunca tomará otro cuerpo denso.
          
  Cuando Cristo penetró en el cuerpo de Jesús, éste último era un discípulo de grado elevado y por consiguiente su Espíritu de Vida estaba bien organizado. Por lo tanto, el vehículo inferior en el que funcionó Cristo y el vehículo mejor organizado de los vehículos superiores de Jesús, eran idénticos; y cuando Cristo tomó el cuerpo vital y el denso de Jesús, se encontró con una cadena completa de vehículos, desde el Mundo del Espíritu de Vida hasta el Mundo Físico.
        
    El significado de que Jesús pasara varias iniciaciones es debido al efecto que éstas tienen sobre el cuerpo vital. Jesús ya había alcanzado las más elevadas vibraciones del Espíritu de Vida. El cuerpo vital de un hombre ordinario se habría paralizado instantáneamente bajo las terribles vibraciones del Gran Espíritu que entró en el cuerpo de Jesús. Aún ese cuerpo, purísimo y supersensible como era, no podía soportar del todo los tremendos impactos durante muchos años y, cuando leemos que ciertas veces se separó Cristo de sus discípulos, o cuando caminó sobre el mar para ir en busca de ellos, el ocultista sabe que Cristo había abandonado momentáneamente los vehículos de Jesús para darles descanso, dejándolos al cuidado de los Hermanos Esenios, que sabían mejor que Cristo cómo había que tratar tales vehículos.
       
     Este cambio fue consumado con el pleno y libre consentimiento de Jesús, quien supo durante esa vida entera que estaba preparando un vehículo para Cristo. Y se sometió alegremente para que la humanidad pudiera recibir el gigantesco ímpetu que se le daría en su desenvolvimiento por el misterioso sacrificio del Gólgota.
       
     De esa manera (como se ve en el diagrama 14) Cristo Jesús poseía los doce vehículos que forman una ininterrumpida cadena desde el Mundo Físico hasta el mismo Trono de Dios. Por lo tanto, Él es el único Ser del Universo que está en contacto a la vez con Dios y con el hombre, capaz de mediar entre ellos, porque Él ha experimentado, personal e individualmente, todas las condiciones y conoce todas las limitaciones incidentales a la existencia física. Nadie, salvo Él, es capaz de sentir tal compasión ni comprender tan ampliamente la situación y las necesidades de la humanidad; nadie salvo él, está calificado para traer el remedio que satisfaga todas nuestras necesidades. Él tomó los cuerpos vital y denso de Jesús para poder funcionar directamente en el Mundo Físico y aparecer como un hombre entre los hombres. Si hubiera aparecido de una manera milagrosa, hubiera sido contrario al plan evolutivo, porque al final de la Época Atlante la humanidad obtuvo la libertad de obrar bien o mal. Para que aprendiera a dominarse a sí misma, no podría emplearse coerción alguna. Antes de entonces la humanidad había sido conducida voluntariamente o no, pero después se les dio a los hombres la libertad, bajo las diferentes Religiones de Raza, estando cada religión adaptada a las necesidades de su Tribu o Nación particular.