Entradas populares

lunes, 31 de agosto de 2015

LA LUZ ESPIRITUAL, EL NUEVO ELEMENTO Y LA NUEVA SUBSTANCIA






           Los solsticios de verano e invierno, junto con los equinoccios de primavera y de otoño, forman puntos alternos o de viraje en la vida del gran Espíritu de la  Tierra, de la misma manera que la CONCEPCIÓN marca el comienzo del descenso del Espíritu Humano al cuerpo terrenal, de lo cual resulta un NACIMIENTO  que inaugura el período de desarrollo hasta que se alcanza la madurez.

Al llegar a este punto se inicia una época de fructificación y de madurez junto a una declinación de las energías físicas que terminan con la MUERTE. Este acontecimiento libra al hombre de las trabas de la materia manifestándose entonces una época de metabolismo espiritual, por cuyo conducto nuestra cosecha de experiencias terrenales se transforma en poder del alma, en tendencias y talentos que serán puestos a rédito en vidas futuras, con el fin de que podamos prosperar y hacernos más ricos en tesoros, hasta hacernos merecedores del título de “Fieles Administradores” que nos hará ocupar mayores y mejores puestos entre los sirvientes de la Casa del Señor.

Este ejemplo descansa sobre la base de la gran ley de analogía, tan fielmente expresada por el axioma hermético: “Como es arriba, así es abajo”. Sobre este axioma, que es la llave maestra de todos los problemas espirituales, debemos también depender como de un “ábrete sésamo” para aplicarlo a nuestra lección sobre la Navidad de este año, la cual esperamos que corrija, confirme o complete puntos de vista previos de nuestros estudiantes, como cada uno de ellos lo requiere.

Los cuerpos originalmente cristalizados en la terrible temperatura de Lemuria, estaban excesivamente calientes para contener la suficiente humedad que permitiera al espíritu acceso libre y sin traba alguna a todas las partes de aquella anatomía, como lo tiene actualmente por medio de la sangre circulante. Más tarde, a principios de la Epoca Atlántida, ya tuvo sangre, pero ésta fluía con dificultad y se hubiera secado rápidamente por causa de la alta temperatura interna, a no ser por la circunstancia de la abundante humedad aportada por la atmósfera acuosa que entonces prevalecía. La inhalación de este disolvente disminuyó gradualmente el calor y adaptó el cuerpo hasta que pudo ser retenido en el interior un grado de humedad suficiente para que fuera posible respirar en la atmósfera relativamente seca que se presentó más tarde .
Los cuerpos de los primitivos atlantes estaban compuestos de una substancia granulosa y acordonada no muy diferente de nuestros tendones actuales y semejante a la madera, pero con el tiempo su dieta de carne, permitió al hombre asimilar albúmina en suficiente cantidad para construir el tejido elástico necesario para la formación de los pulmones y arterias que permitiera la circulación de la sangre sin restricciones, como lo obtiene en la actualidad el sistema humano. Al tiempo que tenían lugar estos cambios, interior y exteriormente apareció en el firmamento cargado de lluvia el grande y glorioso  arco iris para señalar el advenimiento del Reinado del Hombre, en el cual las condiciones venían a ser tan variadas como los matices con que la atmósfera  reflejaba la unitaria luz del Sol. Así fue como la primera aparición del arco iris en las nubes señaló el comienzo de la edad de Noé, con sus estaciones y períodos alternos, de los cuales la Navidad es uno de ellos.

Las condiciones que dominan en esta edad no son, no obstante, permanentes, ni más ni menos que las de las edades procedentes. El proceso de condensación que transformó el fuego de la niebla de Lemuria por la atmósfera de densa humedad de los Atlantes y que más tarde convirtióesta humedad en el agua que inundó las cavidades de la Tierra con el Diluvio y empujó al hombre a las  alturas de las tierras, continúa todavía. Tanto la atmósfera como nuestras propias condiciones fisiológicas van cambiando, sirviendo de heraldos para el ojo vidente y para la mente comprensiva del alba de un nuevo día sobre el horizonte del tiempo; una edad de unificación que la Biblia llama el Reinado de Dios. Ninguna duda nos deja la Biblia respecto a los cambios. Cristo dijo que aquello que sucedió en los días de Noé así sucedería en los días por venir. La ciencia y la inventiva encuentran condiciones desconocidas anteriormente. Es un hecho científico el de que se está consumiendo el oxígeno de una manera alarmante para la alimentación de los fuegos de la industria; así como también los incendios de los bosques merman considerablemente nuestra existencia de este importantísimo elemento, a la par que contribuyen al proceso de desecación que soporta la atmósfera naturalmente. Eminentes científicos han señalado que llegará el día en que nuestro globo no podrá  sostener la vida que dependa del agua y del aire para sus existencias. Sus ideas no han excitado mucha ansiedad a causa de la lejanía de la fecha que para el futuro han señalado, pero por lejano que sea este día, el destino de la raza Aria es tan inevitable como lo fue el de los atlantes inundados.


Si un atlante pudiera ser transferido a nuestra atmósfera, se asfixiaría como el pez que se arrebata a su elemento nativo. Las escenas que se conservan en la Memoria de Naturaleza prueban que los aviadores primeros de aquella fecha se desvanecieron instantáneamente al encontrarse con una de las corrientes de aire que descendían gradualmente sobre la tierra que ellos habitaban, y sus experiencias provocaron vivos comentarios e hipótesis. Nuestros actuales aviadores encuentran, así mismo, un nuevo elemento y experimentan la asfixia igual que sus precursores atlantes, y por idénticas razones se han hallado frente a un nuevo elemento que viene de arriba para reemplazar el oxígeno de nuestra atmósfera.

Hay también una nueva sustancia que se está introduciendo en el cuerpo humano para reemplazar la albúmina. Por eso, así como los aviadores de la antigua Atlantida se desmayaban y se veían imposibilitados por las descendientes corrientes de aire de penetrar prematuramente en Ariana, la tierra prometida, así el nuevo elemento desconcertará a los aviadores de la actualidad y a  la raza humana en general hasta tanto todos hayan aprendido a asimilar sus aspectos materiales, y de la misma manera que los atlantes, cuyos pulmones no estaban desarrollados, perecieron en el diluvio, así también la edad nueva encontrará algunos sin el “vestido de bodas” o incapacitados, por consiguiente, para entrar en ella hasta que se hayan preparado para tal objeto en tiempos sucesivos. Es, por consecuencia, de la máxima importancia para todos saber tanto como sea posible acerca del nuevo elemento y de la nueva substancia. La Biblia y la ciencia combinadas nos facilitan una amplia información acerca del asunto.

Hemos dicho antes que en la antigua Grecia la religión y la ciencia se enseñaban en los templos de misterios junto con las bellas artes y oficios, como una doctrina unida de la vida y del ser; pero este método ha sido sustituido temporalmente para facilitar ciertas fases de nuestro desarrollo. La unidad de las religiones y el lenguaje científico de la antigua Grecia  hacían esta materias relativamente muy fáciles de comprensión, pero actualmente las complicaciones impuestas obedecen al hecho de que la religión ha traducido y la ciencia ha transferido simplemente sus términos del griego original, lo que ha producido muchos desacuerdos aparentes y la pérdida del eslabón entre los descubrimientos de la ciencia y las enseñanzas de la religión.

Para llegar al deseado conocimiento acerca de los cambios fisiológicos que está sufriendo nuestro organismo, nosotros podemos recordar las enseñanzas de la ciencia de que los lóbulos frontales del cerebro son unos de los más recientes desarrollos del esqueleto del cuerpo humano y hacen a este órgano del hombre enormemente mayor en proporción de cualquier otro ser. Ahora preguntémonos a nosotros mismos: ¿Hay en el cerebro alguna substancia peculiar de tal órgano, y si es así, cuál puede ser su significado?
La primera parte de la pregunta puede contestarse tomando cualquier libro de texto científico que trate de la cuestión; pero nuestro “Concepto Rosacruz del Cosmos” en la página 170 nos da más detalles, los cuales podemos detallar aquí como sigue:

“El cerebro está construido de la misma substancia que el de las otras partes del cuerpo, pero con la adición del fósforo, lo cual es exclusivo del cerebro solamente. La conclusión lógica, pues, es que el fósforo es el elemento particular por cuyo medio del Ego puede expresar el pensamiento. La proporción y variación de esta substancia es correspondiente al estado de la inteligencia del individuo. Los idiotas tienen muy poco fósforo y los pensadores profundos tienen mucho . Es, por lo tanto, de gran importancia que el aspirante que usa su cuerpo para trabajo mental y espiritual, suministre a su cerebro esta substancia necesaria con este propósito”.

La religiosidad indiscutible de los católicos es parcialmente debida a su práctica de comer pescado los Viernes durante la cuaresma, cuyo producto es rico en fósforo. Aunque el pescado es una especie baja de vida, el “Concepto Rosacruz del Cosmos” no aprueba que se le mate, sino que indica al estudiante ciertos vegetales como medios de obtener físicamente una abundancia de esta substancia valiosa y deseable. Hay otros y mejores medios que se indican en el párrafo siguiente.

No fue, ciertamente, por coincidencia, que los maestros de las Escuelas de Misterios griegas nombraran a esta luminosa substancia del modo en que la conocemos, es decir fósforo. Para ellos era patente que Dios es Luz –la palabra griega es “phos”-. Por lo tanto, llamaron de la manera más apropiada a la substancia  del cerebro que es la avenida del ingreso del impulso divino, “phos-phorus,” o sea, literalmente, “portador de luz”. En la proporción de que nosotros seamos capaces de asimilar esta substancia, podemos llenarnos y saturarnos de luz y comenzar a brillar desde adentro, con un  halo circular a nuestro alrededor que es la marca de la santidad. El fósforo no obstante, es solamente un medio físico que permite que la luz espiritual se exprese por medio del cerebro físico, siendo la luz en sí un producto del desarrollo del alma. Sin embargo, el desarrollo del alma permite al cerebro que asimile una cantidad creciente de fósforo; de aquí que el método de adquirir esta substancia en mayor cantidad no es por un metabolismo químico, sino por un proceso alquímico de desarrollo del alma, según fue explicado a fondo por Cristo en su plática a Nicodemo:

“Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo. Aquel que ha creído en El no será condenado, pero aquel que no ha creído en Él está condenado ya. Y esta es la condenación, que la luz está viniendo al mundo, y los hombres han preferido la obscuridad, más bien que la luz. Pues todo aquel que hace mal odia la luz, y tampoco viene hacia la luz, y, por lo tanto, sus hechos serán reprobados. Pero aquel que practica la verdad va hacia la luz, y sus obras serán manifiestas y ellas están formadas por Dios.” San Juan  3: 17 – 21.


No hay comentarios: