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martes, 19 de enero de 2016

CAUSAS DE LOS DESORDENES MENTALES






  Las afecciones que sufre la humanidad pueden ser divididas en dos grandes clases: mentales y Físicas. Las afecciones mentales tienen su origen particularmente en el abuso de las funciones
creadoras, cuando son congénitas, con una excepción que notaremos más tarde. Lo mismo ocurre cuando hay perturbaciones en la facultad del lenguaje. Esto es razonable y fácil de comprender. El cerebro y la laringe fueron formados con la mitad de la energía creadora, por los Ángeles de tal manera que el ser humano, que antes de la adquisición de dichos órganos era bisexual y capaz de
crear cuerpos por sí mismo, cuando se formaron aquellos órganos perdió esa facultad y tiene que depender ahora de otra persona del sexo opuesto para poder generar un nuevo vehículo para un
alma encarnante.
  Cuando empleamos la visión espiritual para contemplar a un ser humano en la Memoria de la Naturaleza, durante el tiempo en que aquél se está formando, observamos que donde ahora existe
un nervio, antes existía una corriente de deseo; que el cerebro mismo fue hecho de substancia de deseo en primer lugar y también la laringe. Fue el deseo el que lanzó primeramente un impulso
motriz a través del cerebro y creó esas corrientes nerviosas, para que el cuerpo pudiera moverse y obtener para el espíritu la gratificación que quería el deseo. El lenguaje también se emplea con el fin de obtener algún objeto o propósito. Gracias a esas facultades, el ser humano puede lograr cierto dominio sobre el mundo, y si pudiera pasar de un cuerpo a otro, el abuso de sus poderes no tendría fin realmente, tratando de satisfacer todos sus caprichos y deseos. Pero, bajo la Ley de Consecuencia, lleva consigo al nuevo cuerpo las facultades y los órganos semejantes a los que abandonara en una vida precedente.
  Cuando la pasión ha arruinado un cuerpo en una vida, esa experiencia queda grabada en la simiente atómica, y en su próxima reencarnación le es imposible reunir substancia sana para formar

un cerebro de construcción estable. Entonces suele nacer bajo uno de los signos comunes, y generalmente también estos signos se encuentran en los ángulos, porque el deseo apasionado
encuentra grandes dificultades en expresarse a través de estos signos. Así pues, el poderoso impulso que anteriormente había gobernado su cerebro y que pudo haber sido utilizado para
rejuvenecerse, permanece ausente: carece de incentivo en la vida y se vuelve un abandonado -un leño en el océano de la vida-, a veces un insano.   Pero el espíritu no está insano: ve, sabe y tiene un gran deseo de utilizar el cuerpo aunque ello pueda ser imposible y no pueda ni siquiera enviar un impulso adecuado por los nervios. Entonces los músculos del rostro y del cuerpo no están bajo el control de la voluntad. Y ello explica la falta de coordinación que hace del maniático un espectáculo tan triste. Y es así como el espíritu aprende una de las lecciones más duras de la vida, esto es, que peor que la muerte es estar atado a un cuerpo vivo y ser incapaz de expresarse por él, porque la fuerza del deseo necesaria para realizar las funciones del pensamiento, del lenguaje y del movimiento han sido dilapidadas en una forma indebida en una vida anterior, dejando al espíritu sin la energía necesaria para hacer funcionar su instrumento corporal actual.
  Aunque las afecciones o desordenes mentales, si son congénitos, tienen por causa general el abuso de las funciones creadoras en vidas pasadas, existe una excepción notable de esta regla:
cuando un alma, que tiene una vida especialmente dura ante sí, desciende para renacer, y al entrar en la matriz siente o percibe el panorama de la vida que va a comenzar, y considera esa existencia
como demasiado terrible para ser soportada, trata a veces de escapar de la escuela de la vida. Pero como en ese entonces los Ángeles Registradores o sus agentes han hecho ya la conexión necesaria entre el cuerpo vital y los centros de los sentidos en el cerebro del feto en formación, el esfuerzo del alma para escapar de la matriz de su madre se ve frustrado, y el tirón que da el Ego desajusta la conexión entre los centros sensoriales físicos y etéricos, de manera que el cuerpo vital ya no queda concéntrico con el físico, haciendo así que la cabeza etérica se salga del cráneo físico. Entonces es imposible que el alma pueda usar su vehículo denso, encontrándose atado a un cuerpo sin mente, que puede utilizar, y la encarnación queda prácticamente perdida.
Un gran choque hace que el alma trate de escapar con los vehículos invisibles, dando por resultado un desajuste similar entre los centros sensoriales etéricos y el cerebro, causando dicho choque
desequilibrios mentales. Casi todos hemos tenido una sensación similar si hemos sufrido un gran susto; una sensación como si algo tratara de escaparse del cuerpo físico, esto es, los cuerpos vital
y etérico que son tan rápidos en su acción como un tren expreso lo es con respecto a un caracol. Ven y sienten el peligro antes que el miedo haya sido transmitido al comparativamente inerte cuerpo
físico, en el que están anclados y que les impide escapar en condiciones normales.
  Pero, como decimos, a veces el susto o choque es lo bastante fuerte como para darles un impulso tal que se desajustan los centros etéricos sensoriales. Esto ocurre más frecuentemente con las
personas que han nacido en signos comunes, que son los más débiles del zodíaco. Sin embargo, de la misma manera que un ligamento, después de haber sido estirado con exceso y hasta desgarrado, puede recuperar gradualmente una elasticidad relativa, así, en estos casos, es más fácil restaurar las facultades mentales que en los casos de insania congénita, traída de las vidas pasadas y causada por una conexión o ajuste inadecuado.